¿Es el yoga un ejercicio fascista?

2026-03-12

Hace poco, una entrevista en un diario español lanzaba al tablero ideológico esta cuestión, lo cual plantea un anacronismo del tamaño de un centurión romano que luciera un reloj made in Japan en mitad de una película de peplum y coturnos. Escribe Joaquín G. Weil.

Es el yoga un ejercicio fascista

Considero, desde mi humilde perspectiva de profe de yoga y filosofía, que los autores de estos textos deben tener cuidado, pues existe el serio riesgo de que, formulando estas preguntas, se abran portales interdimensionales que afecten la estructura axial del Universo. Cabe figurarse, a través de dichos agujeros gusano espaciotemporales, a Mussolini y sus camisas pardas transitando hacia las calles de Mohenjo-Daro y Harappa, varios milenios antes de Cristo. No he podido dejar de imaginarme tampoco a Hitler y Franco, no en Hendaya, sino haciendo sus matutinas abluciones junto al río Ganges, en tiempos del Raja Kashi, para lavar su karma después de practicar salutaciones al sol en los templos de Shiva.

Preguntarse si el yoga es fascista o no, como hace Matthew Remski, es como estudiar el impacto de las redes sociales durante la baja Edad Media. Que el yoga es una tradición psicofísica atestiguadamente milenaria es algo que explico suficientemente en Breve historia y filosofía del yoga. No es un invento de la New Age, o de la Alemania de entreguerras, como pretende, a lo que parece, este señor.

Un fémur fracturado y sanado

Antes de aventurar peligrosas y enrevesadas hipótesis sociopolíticas, pondero mucho la conveniencia de leerse, de nuevo, el abc de los tratados sobre el totalitarismo, digamos una Hannah Arendt (La banalidad del mal) que, en el palíndromo de su nombre, personifica la definición primera y última de lo que es el “totale Herrshaft”. La tiranía tradicional quiere el poder. La tiranía totalitaria no se conforma con el poder, sino que ansía abarcar todas las esferas del ser humano: por ejemplo, en qué emplean su tiempo libre los ciudadanos, si acudiendo a un centro deportivo a practicar yoga, o si, en la intimidad de su casa, acendrando su propio espíritu en la oración. Cuando el pensamiento político quiere inmiscuirse también en estas áreas tan personales de los gustos, hábitos y costumbres de los individuos, como es el yoga y la espiritualidad, es hora de que se activen las alarmas rojas. Pues existe el peligro del licántropo que, cazando al lobo, se convierte en el lobo mismo. El fachilla acusando a de facha a todo lo que se menea, se convierte él mismo en el más peligroso fascistilla, aunque sea bienintencionadamente izquierdoso o comunistilla.

Aunque semejantes tratados tengan menos visualizaciones que un vídeo random de cualquier youtuber de Andorra, de buenas intenciones están empedrados los infiernos, que decían nuestros abuelos.

Puesto que la acusación de fascismo no se frena en las técnicas del bienestar, sino que quiere abarcar también la espiritualidad, he tenido que recordar la célebre frase de la antropóloga estadounidense Margaret Mead. Cuando le preguntaron sobre qué resto arqueológico determina el principio de la especie humana, no respondió sobre los restos de utensilios, o sobre una determinada capacidad cerebral medida en cm2, sino que dijo: «Un fémur fracturado y sanado». Esto era señal de que un homínido, allá por los tiempos de Atapuerca, había tenido un accidente, y sus congéneres, movidos por la compasión y la solidaridad, le habían atendido y ayudado a curarse. Venerar a los mayores y enterrar a los difuntos, la convicción en la vida espiritual ultraterrena, es también lo que nos distingue de los animales.

Cuando he leído el palabro “conspiritualidad” (a lo neolengua 1984), y la sospecha de fascismo extendida sobre toda convicción espiritual, he podido imaginarme a los neanderthales leyendo el Mein Kampf después de celebrar los oficios fúnebres en honor a sus ancestros fallecidos durante las cacerías del mamut lanudo, tal como representan, de modo manifesto, las pinturas rupestres de Altamira, La Pileta y Lascaux.

Creíamos que habíamos visto todo, amigos, pero no hemos visto todo. De vez en cuando, puede aparecer alguien preguntándose, por ejemplo, si el yoga es un ejercicio fascista.

Joaquín G Weil es profesor de yoga, de filosofía y de psicología, autor de Breve historia y filosofía del yoga. Entra a iayoga.org/blog para conocer sus próximas convocatorias.