Vivimos en una cultura que nos invita constantemente a definirnos, que fomenta la hiperinflación del ego cuando decimos: “Soy ansiosa.” “Soy impaciente.” “Soy así”. Las etiquetas psicológicas y sociales acaban convirtiéndose en identidades sólidas. Cuanto más repetimos ese “soy”, más parece fijarse en nuestra narrativa personal. Escribe Isabel Ward.

Sin embargo, mucho antes de que el yoga clásico sistematizara su enseñanza, las antiguas Upaniṣad ya advertían sobre una confusión esencial: ignoramos quiénes somos en realidad. Siglos después, Patañjali recogió esta intuición y la formuló con precisión en los Yoga Sūtra.
En el Sūtra II.5 define Avidyā así:
अनित्याशुचिदुःखानात्मसु नित्यशुचिसुखात्मख्यातिरविद्या ॥२.५॥
Anitya-aśuci-duḥkha-anātmasu nitya-śuci-sukha-ātma-khyātir avidyā
“Confundir lo transitorio con lo eterno, lo impuro con lo puro, el dolor con placer y lo que no es el Ser con el Ser”.
No se trata de ignorancia intelectual; es una confusión experiencial. Una identificación casi automática.
El instante casi invisible de la identificación
En la práctica cotidiana, el proceso es sutil. Surge una emoción. Aparece un pensamiento. Se activa una reacción corporal. Y, casi sin darnos cuenta, pasamos de “hay miedo” a “soy miedosa”. De “hay enfado” a “soy una persona con mal carácter”. Este es el territorio de Avidyā . La consciencia que observa queda velada por aquello que observa.
Desde la perspectiva del Sāṃkhya-Yoga , la mente y sus fluctuaciones pertenecen a Prakṛti, la naturaleza cambiante. La consciencia testigo, Puruṣa, permanece inalterada. El sufrimiento no surge por tener emociones, sino por identificarnos con ellas. Pero esta enseñanza no cobra sentido real hasta que se experimenta.
El discernimiento como práctica viva
El antídoto que propone Patañjali es Viveka, el discernimiento sostenido.
En el Sūtra II.26 afirma:
विवेकख्यातिरविप्लवा हानोपायः ॥२.२६॥
Viveka-khyātir aviplavā hānopāyaḥ
“El discernimiento ininterrumpido es el medio para la cesación del sufrimiento”.
No un momento esporádico de lucidez, sino una cualidad cultivada con constancia.
T. K. V. Desikachar, discípulo de T. Krishnamacharya, explicaba que Viveka es la capacidad de percibir la diferencia entre lo que cambia y lo que permanece. Y esa distinción, cuando deja de ser teórica y se vuelve experiencia, transforma nuestra forma de estar en el mundo.
En mi experiencia, ese discernimiento no aparece como una teoría brillante, sino como un instante de desidentificación.
Recuerdo haber sostenido una emoción intensa, de esas que parecen definirlo todo. Y, de pronto, algo cambió. La emoción seguía ahí, pero dejó de ser “yo”. En ese espacio apareció una paz inesperada. No porque la emoción desapareciera, sino porque dejó de apropiarse de mi identidad.
Ahí comprendí, no intelectualmente sino vivencialmente, la metáfora: no soy las nubes; soy el cielo que las contiene.
El laboratorio del cuerpo y la respiración
Los āsanas y el prāṇāyāma no son meros ejercicios físicos; son espacios de observación.
En una postura mantenida, cuando surge el temblor o la incomodidad, aparece también la narrativa mental: “no puedo”, “esto es demasiado”. Practicar Viveka consiste en distinguir entre la sensación y la historia que construimos alrededor de ella.
En prácticas como Nāḍī Śodhana, el equilibrio del sistema nervioso favorece una claridad interna donde la mente deja de oscilar con tanta intensidad. Esa quietud no elimina los contenidos mentales, pero permite observarlos sin fusión.
La práctica se convierte así en un entrenamiento del discernimiento.
Yoga Nidra y la experiencia del espacio
En Yoga Nidra, la vivencia puede volverse aún más evidente. Sensaciones, emociones e imágenes aparecen y se disuelven como nubes en movimiento. Lo que permanece es la consciencia que observa.
No se trata de negar lo que surge. Se trata de reconocer que aquello que surge no agota nuestra identidad. Esa experiencia de desidentificación trae una coherencia profunda. Una sensación de mayor alineación con la forma en que queremos estar en el mundo. No reaccionar desde el impulso automático, sino responder desde un espacio más amplio.
Aquí resuena también la conocida reflexión de Viktor Frankl: entre el estímulo y la respuesta existe un espacio, y en ese espacio reside nuestra libertad. El yoga llama a ese espacio Viveka.
Dualidad, integración y madurez
El yoga clásico distingue claramente entre consciencia y naturaleza. Esa distinción es pedagógica y liberadora: nos ayuda a dejar de confundirnos con cada fluctuación mental. Con el tiempo, esa claridad no fragmenta; integra. Comprendemos que los patrones, los saṃskāras y el karma forman parte de nuestro proceso humano, pero no definen nuestra esencia.
Las nubes pueden surgir por condicionamientos antiguos, pero el cielo no se mancha. Y en la medida en que recordamos esto, aunque sea por instantes, podemos vivir con mayor responsabilidad y mayor libertad.
Una revolución silenciosa
Viveka no nos invita a huir del mundo ni a reprimir emociones; nos invita a mirar con precisión. Cada vez que pasamos de “soy esta emoción” a “estoy experimentando esta emoción”, algo cambia. La vida no se vuelve más fácil necesariamente, pero sí más consciente.
Y tal vez esa sea la verdadera revolución silenciosa del yoga: no eliminar las nubes, sino dejar de creer que somos ellas.
Para aquellos que deseen profundizar en esta enseñanza y experimentarla en un entorno de práctica y estudio, Yoga Anandamaya ofrece el ciclo mensual «El Corazón del yoga: Encuentros de filosofía y Yoga Nidra». La próxima sesión, dedicada enteramente a Viveka, tendrá lugar el viernes 27 de febrero de 19:00 a 21:00. Un espacio para convertir la filosofía en experiencia vivida.
Isabel Ward es fundadora de Yoga Anandamaya, Escuela de Yoga y Meditación
Los encuentros “Corazón del Yoga” se celebran con carácter mensual el último viernes de cada mes. El tema y la fecha de cada sesión, no obstante, se anuncian en los canales habituales de web y WhatsApp 647 51 22 78. / Para hacer tu reserva escribe a info@yogaanandamaya.com
Notas y referencias bibliográficas:
[1] Patañjali. Yoga Sūtra II.4. «Avidyā kṣetram uttareṣām prasupta-tanu-vicchinnodārāṇām». Avidyā es el campo de cultivo de las demás aflicciones (kleśas).
[2] Bryant, Edwin F. The Yoga Sūtras of Patañjali: A New Edition, Translation, and Commentary. North Point Press, 2009. Bryant ofrece un análisis exhaustivo del II.5, contextualizándolo dentro de la metafísica Sāṃkhya.
[3] Feuerstein, Georg. The Yoga Tradition. Hohm Press, 2001. Feuerstein explica en detalle el proceso de identificación errónea y la estructura de la psique en el yoga.
[4] Iyengar, B. K. S. Luz sobre los Yoga Sūtras de Patañjali. Kairós, 2003. Iyengar glosa el Sūtra II.26, enfatizando la cualidad de aviplavā (constancia, sin vacilación) como la clave del éxito.
[5] Desikachar, T.K.V. The Heart of Yoga: Developing a Personal Practice. Inner Traditions International, 1995. Desikachar presenta Viveka como una cualidad esencial para adaptar la práctica a las necesidades cambiantes del individuo.
[6] La relación entre la práctica de āsana y el cultivo de la atención plena (smṛti) y el discernimiento (viveka) es un tema recurrente en las enseñanzas de Krishnamacharya y sus discípulos.
[7] En la fisiología sutil del yoga, el equilibrio de Iḍā y Piṅgalā permite que la energía fluya por Suṣumṇā, el canal central, conduciendo a un estado de pratyāhāra (retiro de los sentidos) y dhāraṇā (concentración). Ver Feuerstein, G. The Shambhala Encyclopedia of Yoga.
[8] La distinción entre Puruṣa (consciencia pura, testigo) y Prakṛti (naturaleza, incluyendo cuerpo, mente y emociones) es la piedra angular de la filosofía Sāṃkhya, adoptada por el yoga. La experiencia en Yoga Nidra puede ser una vislumbre de esta dualidad.
[9] Frankl, Viktor. El hombre en busca de sentido. Herder, 2015. La idea de Viktor Frankl sobre el espacio entre estímulo y respuesta resuena profundamente con el concepto de viveka como la capacidad de elegir una respuesta consciente.
