El agua llega del cielo a las montañas en forma de nieve. El agua es el origen de la vida, pero en los fríos tiempos ancestrales no existían la nieve ni el hielo. Una mujer cambió el destino del universo físico y con su generosidad llegó el calor y el agua brotó en la Tierra. Así los ríos sagrados dieron vida al planeta y purificaron nuestro cuerpo y mente. Escribe Pedro López Pereda.

Foto de AJAY KUMAR
Esta es su historia:
El nacimiento de los ríos sagrados: La Leyenda de Zué y el Llanto del Cristal
Hace muchos siglos, cuando las montañas no tenían nombre y en los valles no existían ríos, vivía en las alturas una joven llamada Zué. Ella no era una humana común; era la encargada, con su esencia glacial, de cuidar que la nieve nunca se derritiera para mantener el equilibrio del planeta.
Zué vivía en una cueva de obsidiana, rodeada solo por el viento y el eco de las piedras. Sin embargo, su corazón albergaba una soledad profunda.
Una tarde de sol intenso, Zué escuchó una melodía que no provenía del viento. Era un canto subterráneo, una voz que vibraba desde lo más profundo de la montaña.
El encuentro imposible
Zué puso su oído contra el suelo y descubrió que era el Espíritu del Fuego, que habitaba en las raíces del mundo. Él entonaba un canto sobre el calor, sobre los colores rojos del atardecer que ella nunca veía y sobre la pasión interna que hace que la tierra tiemble.
Zué consiguió conversar con él, a través de las rocas durante lunas enteras y se enamoró de aquel calor que nunca podría tocar, y el Espíritu del Fuego se enamoró de la pureza de la nieve cristalina que ella protegía.
El sacrificio de cristal
El destino de ambos era imposible: si él subía, la montaña se destruiría; si ella bajaba, su esencia glacial se derretiría.
Desesperada por estar cerca de su amado, Zué tomó la decisión de entregar su cuerpo a la naturaleza. Se sentó en la grieta más profunda de la cumbre y se dispuso a inmolar su propia esencia.
Zué permitió que el calor del Espíritu del Fuego la envolviera por primera vez. Al hacerlo, su cuerpo de escarcha comenzó a transformarse. No se evaporó, sino que se convirtió en una sustancia nueva, pura y transparente: el agua, y sus lágrimas nacidas del cristal se transformaron en el símbolo del amor en la tierra y se mezclaron con el hielo que al expandirse acabó de romper la roca que siempre les había separado. Este lugar se convirtió en el primer “portal de energía” donde el calor salió para expandirse por la atmósfera.
El nacimiento del primer río sagrado
En el lugar donde Zué entregó su cuerpo, brotó un hilo de agua cristalina que corría con la fuerza del latido de un corazón. Fue el primer cauce de aquella montaña, pero no el último.
El agua nació fría como la esencia de la guardiana, pero brilló con destellos dorados cuando el sol la tocó, recordando el calor de su amante.
Desde entonces, en el nacimiento del primer río sagrado, el aire siempre es más puro y las flores que crecen en sus orillas nunca mueren, pues se alimentan del amor que logró unir el cielo con el corazón ardiente de la Tierra.
Muy importante
Durante siglos, los humanos que ascienden a las altas montañas dicen que el murmullo del agua no es más que Zué susurrándole secretos al Espíritu del Fuego que sigue bajo la tierra y algunas veces brotan juntos en los llamados portales energéticos en forma de fuentes termales.
En 1995 pude sentir, o posiblemente me imaginé, el espíritu de Zué junto al monasterio de Phuktal en el Himalaya. Es uno de los más aislados del Tibet, ubicado muy cerca de los 4.000 metros de altura y en su parte alta tiene una cueva vinculada al rey maligno Zué y a otros personajes vinculados a este nombre. En cambio, lo que yo veía por las mañanas, cuando los rayos del sol llegaban a la tierra, era el milagro de la conversión de la nieve que cubría toda la montaña en agua que bajaba por los regatos en busca de un río sagrado que bañase los valles de la India. Yo sentía solo el espíritu de la bondad de nuestra Zoé, no la de los otros personajes del mismo nombre relacionados con la cueva del monasterio.
«El agua no es solo vida; es el recuerdo de un abrazo de amor que la tierra no pudo contener.»
Ríos sagrados en el hinduismo
En la India los ríos sagrados se consideran diosas vivientes como Zué, y son centros de peregrinación y rituales de purificación.
Bañarse en sus aguas borra el karma negativo y purifica cuerpo y mente.
Morir cerca del Ganges o la inmersión en sus aguas concede la liberación del ciclo de reencarnaciones.
La tradición hindú destaca a siete ríos, conocidos como los Saptanadi:
→Ganges (Ganga): El más sagrado, se cree que sus aguas eliminan pecados y otorgan inmortalidad; sus orillas son cruciales para ritos funerarios. Desciende del Himalaya y es símbolo de purificación y vida.
Se cree que el Ganges nació de los cabellos del dios Shiva para bendecir a la humanidad, y que sus aguas tienen el poder de liberar el karma.
Es cuna de la civilización. Es la cuenca fluvial más poblada del mundo, vital para la vida de cientos de millones de personas.
Millones de personas se bañan en él para purificarse, y las cenizas de los difuntos se esparcen en sus aguas para alcanzar la liberación del ciclo de reencarnaciones.
→ Yamuna: Unido al Ganges en Prayag, es personificado por la diosa Yamuna.
→ Sarasvati: Es quizás el más fascinante de todos los ríos de la India, porque, a diferencia del Indo o el Kaveri, el Sarasvati es un río «perdido» que hoy existe principalmente en los textos sagrados y en la memoria espiritual, aunque actualmente, la ciencia moderna ha encontrado rastros físicos de su existencia.
En el Rigveda (el texto más antiguo de la India), el Sarasvati no es solo un río; es el más grande de todos. Con el tiempo, la pureza del río se personificó en la diosa Sarasvati, la deidad del conocimiento, las artes y la música.
Hace unos 4,000 años, el Sarasvati comenzó a desaparecer de los registros históricos.
En la ciudad de Prayagraj (anteriormente Allahabad), ocurre uno de los eventos espirituales más importantes del mundo: el Triveni Sangam. Es la unión de tres ríos: Ganges, Visible y terrenal; Yamuna, Visible y profundo; y Sarasvati, Invisible y espiritual.
Los peregrinos creen que, en este punto exacto, el Sarasvati emerge desde el subsuelo para mezclarse con los otros dos, creando el lugar más sagrado para el baño ritual.
→ El Indo (Sindhu): Es un río transfronterizo que atraviesa tres países: China (Tíbet), India y Pakistán. Nace en la meseta tibetana, cerca del sagrado Monte Kailash, a unos 5,500 metros de altura. El nombre del río es la raíz de las palabras «India» e «hindú». Los antiguos griegos lo llamaron Indós, derivado del persa Hind y el sánscrito Sindhu.
Civilización del Valle del Indo (3300 – 1300 a.C.): Fue una de las primeras civilizaciones urbanas del mundo
Para las tradiciones hindú, jainista y budista, representa la fuerza, la abundancia y la purificación.
→ Krishna: Es uno de los ríos más largos y sagrados de la India, considerado el «hermano» o la contraparte meridional del Ganges
Lleva el nombre del Señor Krishna, una de las deidades más veneradas del hinduismo. Se cree que bañarse en sus aguas durante festivales como el Pushkaram (que ocurre cada 12 años) purifica el alma.
A lo largo de sus orillas se encuentran centros espirituales milenarios como el templo de Mallikarjuna.
→ Kaveri (Cauvery): El río Kaveri (también escrito como Cauvery) es el tercero más importante del sur de la India y, para los habitantes de los estados de Karnataka y Tamil Nadu, es tan sagrado como el Ganges. Se le conoce cariñosamente como la «Ganga del Sur» (Dakshina Ganga).
Según la leyenda, el sabio Agastya tenía el río en su kamandalu (recipiente de agua). El dios Ganesha, en forma de cuervo, lo volcó para que el agua fluyera y aliviara la sequía de la región.
Se dice que incluso el río Ganges viene a bañarse en el Kaveri una vez al año (en forma de flujo subterráneo) para limpiar los pecados que los humanos dejan en ella.
Pedro López Pereda. Creador del centro Namaskar de yoga y autorrealización en la línea de Antonio Blay. Presidente de la Fundación Yoga y de la Asociación Yoga Meditativo. Miembro de la Asociación Nacional de Profesores de Yoga. Maestro de Reiki.
Ha publicado, entre otros libros: El mandala oculto (2017), El cuenco vacío (2018) y Las leyendas del Yoga. El origen mitológico de la meditación, el pranayama y las posturas de yoga (2021).
