Aclara tus dudas/ ¿Por qué debe cultivar la veracidad (satya) el practicante de yoga?

2021-12-27

En esta sección Javier Ruiz Calderón ofrece respuestas a nuestras dudas sobre el yoga, su filosofía y sus técnicas desde una visión de la tradición yóguica actualizada y crítica. Todos estamos invitados a escribir a Javier a info@yogaenred.com planteando nuestras dudas o incertidumbres.

Pregunta: ¿Por qué debe cultivar la veracidad (satya) el practicante de yoga?

Respuesta: Satya significa, ante todo, la realidad, lo verdadero. La meta del yoga es conocer esa verdad y vivir desde ese conocimiento de lo real.
Los maestros dicen que la mayor parte de nosotros vivimos en un mundo falso (mithya), ilusorio. Estamos locos, porque no percibimos las cosas tal como son sino deformadas por las lentes de los apegos y las aversiones (raga / dvesha). Y los apegos y las aversiones proceden de la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza (svarupa): según las diversas tradiciones del yoga, somos lo Absoluto (Brahman), o un sujeto espiritual (púrusha), o una parte de la realidad divina (Bhagaván) o una parte del cosmos.
Pero en lo que están de acuerdo todas las tradiciones es que la idea que tenemos de nosotros mismos como organismos psicofísicos individuales separados del resto de la realidad es falsa. Esta visión errónea es la ignorancia (avidya), de la que proceden el apego, la aversión, la codicia, la ira, la cólera, el miedo… todas nuestras aparentes limitaciones y negatividades. Por el yoga adquirimos un equilibrio del cuerpo y de la mente que nos permite percibir correctamente la realidad y, en consecuencia, alcanzar un estado de paz y libertad interior y de amor incondicional a todos los seres.
Los yamas (abstenciones) son hábitos de conducta que hay que cultivar y que consisten en abstenerse de actitudes que nos alejan del conocimiento liberador: la violencia, la mentira, la codicia, la lujuria… son incompatibles con la libertad interior que buscamos.
El segundo de los yamas es satya, la veracidad. La veracidad es la coincidencia entre lo que pensamos y lo que expresamos. No solo es abstenerse de mentir (es decir, de decir algo diferente de lo que pensamos), sino de toda forma de doblez, disimulo y ocultamiento. Consiste en ser franco, transparente en nuestras palabras y nuestras acciones.
¿Por qué hay que practicar la veracidad? Porque, como vimos al principio, el yoga pretende ayudarnos a vivir en la verdad, en la realidad; ¿y cómo vamos a encontrar la verdad si con nuestras palabras y nuestras acciones contradecimos nuestros pensamientos? ¿Cómo puede alcanzar la verdad quien no la practica en su vida cotidiana?  Conozco personas que supuestamente hacen yoga y que, sin embargo, tienen el hábito de decir mentirijillas aparentemente sin importancia; no se dan cuenta de que cada vez que mentimos, que disimulamos, que ocultamos algo por motivos egoístas, nos alejamos de esa realidad a la que aspiramos, nos alejamos de la liberación, de la meta del yoga. Hay que cultivar, pues, la veracidad porque no se puede llegar a la Verdad viviendo en la mentira.
Sin embargo, satya no es soltar cualquier cosa que se nos pase por la cabeza; hay gente que dice: «es que yo soy muy sincero». Eso suele querer decir: «soy un egoísta charlatán, maleducado y cotilla que no respeto a los demás y los insulto y los critico sin pensar en sus sentimientos».
Recordemos: el primer yama es la no violencia. La no violencia en la palabra consiste en hablar siempre bondadosamente, respetuosamente, buscando el bien de los demás, intentando no hacer daño con nuestras palabras, no criticando innecesariamente a nadie, no quejándonos inútilmente. El habla debe ser positiva, constructiva. Eso es lo primero.
Patáñjali expuso los yamas por orden de importancia. Nunca hay que mentir… excepto cuando decir la verdad suponga hacer daño a otros seres, es decir, hacer violencia. En ocasiones están justificadas las «mentiras piadosas»: decimos algo falso porque si dijéramos la verdad haríamos sufrir inútilmente a alguien. Y hay ocasiones en que debemos mentir para evitar males mayores. Por ejemplo: al asesino no le podemos decir dónde se encuentra su víctima, aunque lo sepamos. La veracidad solo puede subordinarse a la no violencia, que, recordémoslo, es nuestro deber supremo (párama dharma).
Todas las virtudes están interrelacionadas. Gandhi, por ejemplo, hablaba de satya-ágraha, es decir, de la perseverancia o firmeza en la verdad. Así era como llamaba a su método de lucha no violenta por la justicia y por el bien común. Por su parte, Swami Shivananda decía que cultivando a fondo cualquier virtud se llega a obtener todas las demás. Es como las cerezas, que coges una y las demás vienen detrás, enganchadas por el rabito.
En último término, satya no es solo abstenerse de mentir sino vivir en la Verdad; y, por eso, podemos decir sin exagerar que toda la práctica del yoga no es más que un esfuerzo por abrirnos a lo Real, que se va revelando gradualmente en nosotros cada vez que hacemos un ásana, que meditamos, que ayudamos a alguien. Cultivemos, pues, la veracidad y vayamos manifestando poco a poco en nuestras vidas esa Verdad que buscamos y que ya somos desde siempre.

Javier Ruiz Calderón (Shánkara) es doctor en filosofía especializado en pensamiento indio y filosofía de la religión. Es profesor en la Universidad Comillas (Madrid) y discípulo de Amma. Lleva más de cuarenta años estudiando y practicando yoga, vedanta y meditación. Enseña esas disciplinas, así como sánscrito y canto védico, y ha publicado seis libros y docenas de artículos sobre esos temas (www.jruizcalderon.com).

Cursos en marcha en Madrid y en línea (en directo y en diferido): «Introducción a la Bhagavadgita. El yoga en la vida cotidiana» (30 horas), info: https://www.ashtangaciudadjardin.es/bhagavadguita ; «Historia y filosofía del yoga» (21 horas), info: Curso Historia y Filosofía del yoga.