Aprendiendo del yogui Émile

¡Cuántas cosas aprendo día a día de mi gato Émile desde hace diez años! Cuando yo estaba en la UCI y mi vida corría todos los días un riesgo cierto, Luisa recogió a un gato inhumanamente atendido por su dueño y lo trajo a casa. Escribe Ramiro Calle.

Ramiro Calle

Cuando por fin superé, casi contra todo pronóstico, la listeriosis contraida en Sri Lanka, volví a casa y allí encontré un personaje adorable y enigmático que mientras estuve convaleciente se apoyaba en una de mis piernas que padecía secuelas. Su nombre era Emilio, pero dada mi profunda admiración por el escritor francés Émile Zola, le afrancesé el nombre.

Que la capacidad de percepción de Émile es infinitamente mayor que la mía, eso ni puede ponerse siquiera en duda, como tampoco su desarrollado sentido del equilibrio, su elasticidad a pesar de que igual ya ronda los dieciocho años de edad, su capacidad telepática –de la que cada día tengo menos dudas– y su sabiduría para relacionarse, encontrando el exacto punto de equilibrio de la interdependencia, donde quedan excluidas la excesiva independencia y la excesiva dependencia.

Come y duerme cuando es necesario y cuando es oportuno toma el sol sin excederse o deja de tomarlo; si las circunstancias lo requieren, se purga, o se somete a un profunda e insuperable relajación, o es capaz de emitir toda clase de registros con sus maullidos para que no quede la menor duda de sus intenciones.

Sabe poner límites y defender sus intereses, pero siempre con firme suavidad. A pesar de su óptima disponibilidad afectiva, sabe poner los límites necesarios y no hacer inútiles concesiones. Sabe, además, hacer de su soledad una fuente de descanso e inspiración; hace de la compañía un nexo de verdadera comunión.

A todo ese aprendizaje al que me someto diariamente mediante una escrupulosa observación debo añadir cualidades que son en Émile indiscutibles, como la ausencia de rencor, su incapacidad para juzgarme, su benevolencia cuando no le dejo en paz o su contagiosa ternura.  Su habilidad para la concentración es tal que parece quedarse absorto en samadhi.

Por mucho que lo intento, no logro entrar en su misterioso cerebro y ver qué palpita en su interior, pero cuando me miran sus ojos dorados, parecen decirme: «No llegarás a mí por el pensamiento, sino por el corazón»

Quizá eso es lo más esencial que aprendo de Émile todos los días: que el pensamiento es insuficiente y que en el corazón es donde se hallan las verdaderas respuestas.

Ramiro Calle

Más de 50 años lleva Ramiro Calle impartiendo clases de yoga. En enero de l971 abrió su Centro de Yoga Shadak, por el que ya han pasado más de medio millón de personas. Entre sus 250 obras publicadas hay más de medio centenar dedicadas al yoga y disciplinas afines.

En su canal Youtube podéis visionar gratuitamente los documentales Viaje a los adentros, Ramiro Calle, El Ramiro más íntimo y Sadhaka, la senda del yoga. Asimismo decenas de clases de hatha-yoga y meditación a partir de sus conferencias, talleres y seminarios. https://www.youtube.com/results?search_query=ramiro+calle

Y en Facebook: https://www.facebook.com/pages/Ramiro-ACalle/118531418198874

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Por • 29 Ene, 2021 • Sección: Firmas, Ramiro Calle