Practica, estudia, profundiza…

Quien nada conoce, nada ama, decía el maestro; y tenía razón. Los practicantes de yoga, antes o después queremos saber más sobre sus mecanismos internos. Para ello, además de practicar, leemos, asistimos a retiros, seminarios, cursos de formación… No siempre con la intención de ser profesores, sino de permanecer vinculados a la sensación de libertad que nos proporciona el yoga. Escribe José Manuel Vázquez.

 

El yoga requiere tiempo, dedicación y una guía adecuada. El pensamiento es el sutil horizonte de la ignorancia, decía el maestro. La madurez atesora fracasos y la constancia los convierte en lecciones de amor y conocimiento. Quien cuida y se cuida, respeta y se hace respetar. El yogui de largo alcance conoce el resultado de una praxis adecuada. El yoga no es una solución instantánea que puede ser aplicada de forma estándar; sentirse libre es una experiencia compleja.

También decía el maestro que sin amor no hay conocimiento y mucho menos libertad. El amor no significa necesariamente la ausencia de conflicto, dolor o tristeza; sino más bien la capacidad de gestionar estas experiencias. El carácter terapéutico de la práctica del yoga descansa en su hondura y capacidad de transformación; no en la aplicación de fórmulas milagro. Los límites son “bendiciones” que atienden a un nivel profundo de nuestra realidad. Los mantras son algo más que plegarias para alcanzar el éxito.

El yoga es una experiencia personal que trasciende lo personal; es diferente para cada uno, y por eso, en nuestra escuela valoramos los procesos de aprendizaje. No somos consumidores pasivos de yoga. Todos somos diferentes y tenemos algo que aportar al colectivo. Nos equivocamos y aprendemos. La creatividad estimula nuestra salud y la de los demás, pues de algún modo, todos estamos conectados.

La formación y el estudio nos centra, nos invita a gravitar en torno a nuestra capacidad de aprender. Los detalles insignificantes se valoran de otra manera, los importantes también. Nos parece oportuno parar sobre nuestros pies antes de ponernos en marcha y aprender de nuestra particular conexión con el mundo. Entrenamos a diario para saber cómo invertir energía en aquello que amamos. Decía el maestro que el amor es producto de la libertad, pero sin conocimiento y esfuerzo no hay libertad que valga ni amor que dure.

En esta época confusa, no parece mala idea practicar, estudiar y profundizar en el yoga.

José Manuel Vázquez preside la Asociación Shiva-Shakti de Yoga Integral. Es profesor y formador de profesores certificado por la Yoga Alliance. Desde 2001 dirige su propia escuela de yoga, Yoga Orgánico, donde dirige una formación de profesores. Es autor de Los valores terapéuticos del yoga y de Manual de yoga para occidentales (ambos en Alianza Editorial). Acaba de lanzar su nueva creación musical Moon.

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Por • 10 Sep, 2020 • Sección: Firmas