Amor del ladrón de corazones

Febrero se lo dedico al amor más humano y pasional, pues la reunión del ser personal con el ser trascendental se explora a través de la espiritualidad erótica de un modo muy especial en las tradiciones Bhakti del yoga. Escribe Zaira Leal.

En estas tradiciones, el sentimiento y la atracción sensual se transforman en la vía para encontrarnos con lo divino, y existe toda una corriente de práctica exquisitamente maravillosa en torno a esta temática. Espero que este artículo nos permita sentir el amor incondicional y eterno que ya hay en nuestras vidas.

Si hay una imagen que me ha acompañado toda mi vida es la del “Rasa Lila”, la danza amorosa entre Krishna y Radha, su devota más fiel. Cuando era una niña muy pequeña e íbamos al templo, me fascinaban la belleza y la armonía de esta representación extática de la unión mística. Fui cautivada irremediablemente por el ladrón de corazones, pero déjame que explique de dónde viene y qué significa este pasatiempo divino.

Los primeros indicios aparecen en el Hari Vamsha, un apéndice al Mahabharata que suele fecharse en el siglo I d.C., se desarrolla en textos devocionales posteriores como el Bhagavata Purana o el Gita Govinda. Desde hace siglos se representa en India como un acto teatral, ha dado lugar a todo un linaje de danza clásic y ha sido inspiración para numerosos artistas, poetas y místicos que han utilizado este motivo para plasmar el amor en sus obras.

Raisa Lila, la dulce danza del amor

Rasa significa jugo, néctar, emoción o sabor. El sabor dulce del ayurveda, por ejemplo, se llama “madhura rasa”, y Madhura o Mathura es el lugar de nacimiento de Krishna. Lila es el acto de representar o de jugar, por lo que podríamos traducir Rasa Lila como el dulce juego de la emoción o la danza del amor. El despertar sucede gracias al sentimiento y a los aspectos más tiernos del corazón humano. En las tradiciones Vaishnavas, lo divino es personal y concreto, los devotos nos entregamos en cuerpo y alma al Amado, quien en el caso de estas corrientes yóguicas está personificado en la figura del dios Krishna. Krishna es una encarnación de Vishnu, la deidad sostenedora del cosmos, y su encanto es tal que nos embruja irremediablemente. Él es la belleza y el amor supremos, despierta en nosotros la pasión más pura, el deseo ardiente de volver a fusionarnos con él.

Se cuenta que una noche de luna llena en la que la temperatura era perfecta y la esencia del jazmín permeaba el ambiente, las melodías de la murali de Krishna se podían escuchar con nitidez por toda la aldea. Cuando era jovencito a Krishna le encantaba tocar la flauta y encandilar a las gopis, las lecheras que se encargaban de ordeñar las vacas sagradas. El sonido de la murali es el símbolo de la liberación que emana del amor supremo, y esa noche las muchachas, al escuchar las melodías, escaparon de sus casas sin hacer el más mínimo ruido y acudieron a la llamada de su adorado. Se reunieron en un claro hermosísimo del bosque y allí bailaron, jugaron y se dejaron amar por Él hasta el amanecer. Era una noche sobrenatural que duró más de cuatro billones de años, y es que la concepción temporal en el yoga se mide desde la eternidad y no desde las limitaciones de la mente humana.

La escena es interesante, pues en el centro se encuentran Krishna y Radha, pero a su alrededor bailan el resto de las gopis, también en brazos de Krishna.

Hoy en día, esto podría interpretarse de un modo machista o incluso como un reflejo de desigualdad de género, pero existe un significado profundo del “Rasa Lila” que va mucho más allá y desvela aspectos del corazón humano que nos acercan a la realización del Ser. Durante mucho tiempo yo tampoco podía comprender por qué Krishna aparecía replicado o clonado y bailando con todas las chicas a la vez. Mi mente de mujer me decía :“vale, son Dios y Diosa en estado de unión perfecta, pero ¡¿qué narices hacen las otras ahí?!”

Amor incondicional

La explicación es muy bella también. Aquí, el devoto juega el papel de la amante femenina, de Radha, quien, al ser recipiente del principio femenino divino, baila y se funde con el amante masculino hasta la eternidad. Ella representa el alma personal, el yo. Aparece en el centro porque la mente personal necesita sentirse especial, pero el amor que Krishna siente por Radha es tan intenso y auténtico como el que siente por las demás gopis. Lo divino no excluye, sino que las sostiene a todas por igual, está en todas partes, es universal e incondicional. En esencia, el “Rasa Lila” es muy tántrico, no trata de acallar la mente ni de parar sus movimientos o fluctuaciones, sino de orientar el corazón hacia lo divino y permitir que la agitación de sus emociones exaltadas encienda el deseo por fusionarnos con ello.

Por fin he comprendido que el amor devocional sucede en dos direcciones: de mí hacia la vida y de la vida hacia mí, que yo soy amante y amada. Mis células están impregnadas por el amor que lo divino profesa hacia mí porque el Dios, la Consciencia o como quieras llamarlo, nos ama apasionadamente a cada uno de nosotros. Si prestamos atención, todos podemos escuchar la melodía cósmica que nos saca del letargo y que nos lleva a bailar y a celebrar el amor a lo grande. Se dice que aquel que escuche o represente la historia del Rasa Lila adquiere el amor devocional de Krishna y cuando eso sucede, nuestras relaciones de pareja se llenan de su néctar supremo, juguetón y chispeante.

¡Haribol!!

Haribol es un saludo utilizado por los devotos de Krishna. “Hari” es otro de sus nombres y significa “ladrón de corazones”. La palabra entera nos dice que “¡Cantemos al ladrón de corazones!”.

Zaira Leal es autora de Una fiesta para el alma y de Yoga en la cocina, Ed. Urano. Se considera yoguini desde la cuna y empezó a enseñar yoga en el año 2000. zaira@zairalealyoga.com / T +34 636814338

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Por • 6 Feb, 2020 • Sección: Zaira Leal