Religión, espiritualidad y Yoga

El hombre religioso busca a Dios, el espiritual busca la Verdad. No es lo mismo, aunque lo pueda parecer. Finalmente, el Yoga es un instrumento idóneo para experimentar y realizar la Verdad. Sin embargo, una vez más nos preguntamos: ¿qué es la Verdad? Escribe Emilio J. Gómez.


(c) Can Stock Photo / coka

Siempre que surge esta pregunta nos acordamos de aquella antigua historia en la que varios invidentes se aproximaron a un elefante con la intención de saber cómo era. Palparon al paquidermo y después cada uno de ellos expuso su propia definición. De este modo, para uno el elefante era sólido como una gran columna. Otro opinó que era dúctil y flexible, igual que una enorme manguera. Alguno afirmó que era grande, fino y plano, y que se movía igual que un abanico. Incluso hubo quien lo definió como una brocha… ¿Quién llevaba razón? Todos. ¿Quién estaba equivocado? Todos.

No es posible definir el estado de aquello que Es porque tal estado es anterior a la mente, aunque la contenga. Cualquier intento de definirlo está inevitablemente avocado al fracaso. Por este motivo, en nuestra enseñanza nunca osamos hablar de la Verdad, limitándonos a poner las condiciones idóneas para que cada practicante encuentre su propia Verdad, ya que ésta sería la única válida.

Tampoco realizamos ningún tipo de ritual que parezca que pueda aproximarnos a ella. De lo único que hablamos es de nuestra propuesta de trabajo interior basada en invitar a la práctica del Yoga. Por ello mismo, nuestra única ocupación es poner las condiciones apropiadas para que tal práctica se realice con efectividad, pues sabemos que sólo a través de la práctica sobreviene la experiencia.

Sobre el origen del Yoga

Aunque el Hinduismo ha absorbido al Yoga como una de sus seis Darshanas o doctrinas filosóficas que lo componen, es preciso advertir que el Yoga es anterior al Hinduismo. Historiadores de la talla de Mircea Eliade han confirmado que el Yoga era conocido y practicado en la antigua civilización del Valle del Indo, la cual floreció en el tercer milenio a. C. Excavaciones arqueológicas realizadas en la antigua ciudad de Mohenjo-Daro así lo evidencian, descubriéndose numerosas figuritas de personas practicando posturas yóguicas y meditación, ratificada su edad por el carbono 14, lo que demuestra que el Yoga era conocido antes de que los arios invadieran el subcontinente indio. Motivo por el que estamos en condiciones de poder afirmar que el Yoga es anterior cualquier tipo de religión o sistema filosófico, y por lo tanto también independiente.

Por ello consideramos que el Yoga puede ser practicado por cualquier persona, al margen de sus creencias religiosas o filosóficas, ya que el Yoga en sí mismo es un instrumento psicofísico cuya labor principal consiste en potenciar la comprensión del practicante a todos los niveles. De este modo, a través de la profunda labor física y psíquica que se realiza por medio de las posturas corporales, características del Hatha yoga; de la meditación llevada a cabo mediante la postura del despertar, propia del Radja yoga; y del refinado trabajo basado en el discernimiento, especialidad del Jnana yoga, quedan instauradas las condiciones idóneas para experimentar la dimensión espiritual, cuya puerta de acceso se encuentra en el interior de todo individuo.

Experiencia versus creencia

Gracias a la confianza en una práctica sistemática del Yoga cada practicante obtendrá una u otra respuesta, siempre fundamentada en su propia experiencia, en vez de en una creencia. Sabemos que la experiencia desplaza a la creencia. Es natural que así ocurra, pues la creencia es un producto mental, mientras que la experiencia es el fruto de una vivencia esencial. Como se puede observar, entre sí tienen poco que ver.

Por ejemplo, un hombre dice: “Este es mi hijo”. Una mujer expone: “Este es mi hijo”. En ambos casos las palabras son las mismas, pero la fuente es bien diferente. En el primer caso es una cuestión de fe, mientras que en el segundo se trata de experiencia.

Zapatero, a tus zapatos

Aun habiendo estudiado diferentes tipos de religiones y filosofías e incluso practicado algunas de ellas, en tanto que profesores de Yoga reconocemos nuestra incompetencia a la hora de hablar sobre temas religiosos. Consideramos absurdo, por ejemplo, que antes de una clase de Yoga habláramos sobre el mensaje de Cristo. Lo cual sería igual de absurdo que un sacerdote celebrara una eucaristía o hiciera una homilía después de dirigir una práctica de meditación basada en técnicas yóguicas o budistas.

“Zapatero, a tus zapatos”, dice el viejo refrán. Y esto es exactamente lo que consideramos que es preciso hacer. Que los sacerdotes se dediquen a sus textos sagrados, rezos, oraciones y ceremonias, mientras que los practicantes y profesores de Yoga nos dedicamos a lo que tenemos que hacer: practicar y compartir la enseñanza con aquellos que la deseen.

En Oriente así es como sucede. ¿Por qué en Occidente es de otra manera? ¿Por qué razón aquí comienzan a aparecer voces que se alzan en contra del Yoga en una especie de campaña (consultar internet) más o menos soterrada de desprestigio al advertir de los supuestos peligros que conlleva su práctica? Ignoramos la motivación que puede estar detrás de tales falacias carentes de sentido, pues a poco que se conozca el Yoga con un mínimo de rigor y objetividad resulta evidente que todo ello tan sólo puede estar basado en una total ignorancia sobre el tema.

Yoga, instrumento de búsqueda espiritual

Tal y como se ha visto, la tradición del Yoga, a pesar de no ser proselitista, cuenta con un historial de más de cinco mil años de antigüedad. Suponemos que por algo será. El Yoga precede a los conceptos de bien y mal, culpa y pecado, cielo e infierno, premio y castigo, pues su objetivo es otro: despertar la consciencia. La consciencia despierta siempre contiene la moral más elevada. Porque los seres humanos no están despiertos a su propia consciencia es por lo que son necesarias las leyes.

El Yoga ya existía mucho antes de que los arios invadieran la India con su pesada carga de deberes y obligaciones, ritos y rituales, premios para los “buenos” y castigos para los “malos”. El Yoga auténtico no busca a quien no lo busca. Pero aquél que mantiene viva la llama de la búsqueda espiritual, no conformándose con sucedáneos estereotipados que tratan de homogeneizar a todos los seres, tarde o temprano terminará por encontrarse con él.

Mientras el mundo sea mundo, sobre la faz de la Tierra siempre habrá buscadores sinceros y auténticos de la Verdad, aunque tal número sea ínfimo si se lo compara con la masa gregaria. Minoría, sí, pero siempre ha sido esa inmensa minoría de seres despiertos la que a lo largo de la historia ha logrado cambiar los paradigmas en que se fundamenta la sociedad. Esa misma sociedad que después aliena al hombre que se duerme en el sueño de la identificación con un ego arropado de personalidad.

Yoga, sinónimo de libertad

El Yoga es sinónimo de libertad y posibilidad de liberación. Por este motivo nos gustaría matizar que el alumno, amigo y compañero de camino, siempre está en completa libertad de elegir sus propias creencias, que las mantenga o que las abandone siempre será según su propio criterio y decisión. A fin de cuentas, para eso está la libertad que el Yoga concede y despierta en el individuo.

Añadir para finalizar que en nuestra docencia tan solo ha habido, hay y habrá una sola cosa: Yoga. Todo lo demás no es tema de nuestra competencia. Tan sólo sabemos una cosa, pero lo sabemos por propia experiencia: la práctica continuada y sistemática del Yoga lleva a la comprensión última de nuestra auténtica y común naturaleza a través de la propia experiencia. En tanto que practicantes y profesores de Yoga es lo único que nos impulsa e interesa.

Gracias por tu atención.

Emilio J. Gómez es profesor de yoga y coordina el Círculo de Yoga Silencio Interior

www.silenciointerio.net

Más información: T 616 660 929 / info@silenciointerior.net

Otros artículos sobre
Por • 10 Ago, 2018 • Sección: Silencio Interior