O significado da meditação 1

Julián Peragón Arjuna escreve em seu livro Síntese de meditação (Ed. Acanto) sobre o significado desta jornada de transformação pessoal que é a meditação. Começamos esta série de reflexões para desenhar um mapa que nos aproxima dele.

Meditar

No início, é possível que a palavra "meditação" possa causar perplexidade ou confusão em nossas latitudes, pois na deriva que nossas línguas vêm fazendo, meditando significa refletir sobre um evento ou repensar algo até encontrarmos a solução. Meditação, assim, em um barco em breve, nos fala de um pensamento cuidadoso e cuidadoso sobre um assunto ... No entanto, a partir da perspectiva oriental meditação não tem nada a ver com o pensamento, mas com a sua ausência; aproxima-nos da intuição do que da razão. O conceito de Contemplação que envolve olhar com cuidado e cuidadosamente observar o que produz prazer, traz os ocidentais mais perto do significado oriental da meditação.

Definir o que é meditação não é fácil porque, no fundo, meditação não para de definir, Assim como nossos dedos não podem segurar o ar, não importa o quanto eles apertam. Meditação é projetado para ser experimentado, sentido, viveu ... mas não deve ser explicado. Deixe para trás o lastro de rótulos mentais e buscar a liberdade sem moldes cognitivos de onde é possível contemplar a realidade sem fissuras. É um todo. classificá-lo é constrição, manipulação, ou banalisá-lo. No entanto, o verdadeiro problema não é tanto em defini-lo como um dicionário faria, mas sim em anular o saco de preconceitos e expectativas, desejos e medos com aqueles que vamos para ele.

Na verdade, quando sentenciamos nossa prática por "eu medito", já começamos com uma adição que dificulta a própria experiência: um pronome pessoal que espirra a nitidez da consciência. Além disso, a meditação parece ter muitas sobras, se é verdade que promete nudez ontológica.

No entanto, podemos dizer algo sobre isso se quisermos apontá-lo, em vez de defini-lo; lembre-se o que não é, mais do que dizer o que é. Em suma, abordamos a meditação como faz o porteiro do cinema, que nos guia para a poltrona para que todos experimentem o filme, mas não para nos dizer - isso é o que esperamos - quem é o assassino. Cna beirando o mistério, mas nunca revelando-o completamente, como ele continua a se expandir; podemos marcar sinais ao longo do caminho para que não se perca ... A única coisa que podemos fazer com a meditação é desenhar um mapa orientador.

Mapa

Todos los libros de meditación que vemos en las bibliotecas o en nuestras estanterías son trozos pequeños de un hipotético gran mapa que los meditadores de todas las épocas han ido dibujando. Gracias a ellos nos orientamos en la práctica meditativa. Sin embargo, es necesario recordar que los mapas dibujan el territorio, pero no son el territorio. El camino de la meditación lo tenemos que recorrer nosotros solos, aunque en un territorio tan ignoto no nos venga mal llevar algún mapa en el bolsillo.

Un buen caminante, además de mapas lleva brújula. Afortunadamente, las brújulas marcan el norte tanto si estamos en la montaña como en el valle. Cualquier tradición meditativa que nos sirva de brújula deberá, por tanto, tener esa misma adaptabilidad, y señalarnos el norte tanto si estamos en oriente como en occidente, tanto en la antigüedad como en la actualidad. Lo importante es caminar en la dirección correcta. La meditación se asemeja al caminar del peregrino: si sólo mirara el horizonte que marca la brújula, probablemente tropezaría con la piedra, pero si se obsesionara con el paso y los accidentes del terreno, podría perder entonces la orientación de su marcha. Por eso es importante que sienta cómo cada paso se adapta al terreno, pero sin perder de vista el horizonte, congregando el instante de cada huella sin por ello olvidar una dirección intuida. Difícil equilibrio. La meditación en sí parece dramatizar aún más esta paradoja: buscamos aterrizar en el presente pero sin olvidar que estamos en un proceso. Cada meditación es, al mismo tiempo, medio y meta, descanso y lucha.

Espelho

Ahora bien, de nada nos serviría contar con todos los mapas que reflejan cada milímetro del camino si no supiéramos dónde estamos, cuál es el punto de partida. Sólo así sabremos si hemos de avanzar o retroceder, si nos conviene ir a la izquierda o a la derecha. El paisaje de las tradiciones meditativas es muy amplio: las hay devocionales, las que ponen el acento en la concentración, en la atención plena, en el fluir de la experiencia, las que buscan el desapego o el trance. Y es posible que, en este preciso momento de nuestra vida, no nos vayan bien todas. Habrá que saber elegir, sabiendo lo que nos conviene y lo que no nos conviene. En este sentido, gran parte de los problemas que tenemos son errores de cálculo: tropezamos con la puerta o llegamos tarde a una cita porque hemos calculado mal el tiempo o nuestra posición en el espacio. A menudo creemos que estamos en un lugar cuando, en realidad, estamos en otro. Es posible que, a un nivel más interno, también estemos perdidos.

La meditación es como un espejo: cuando hemos arrinconado ciertas dispersiones, el coraje de mirarnos directamente en el espejo nos coloca, en primer término, nuestro rostro real aquí y ahora, y no tanto el rostro fantaseado o prefijado que mantenemos dentro como autoimagen. La meditación es eso: un gran espejo que nos habla, a su manera, de cómo está en este momento nuestra agitación, sufrimiento, fantasía o desgana, así como nuestra alegría, confianza o aceptación. El espejo no puede reflejar ni más ni menos que lo que hay, la pura realidad de este momento. No podemos hacer puntería en nuestra vida si no sabemos dónde está la mirilla y cómo mirar a través de ella. Saber de nuestra realidad es necesario para conocer la realidad, la de dentro y la de fuera, la única que todo lo abarca.

Calmar

No obstante, un espejo sólo reflejará nuestro rostro con nitidez si el cristal está limpio. Así, si no hacemos previamente un trabajo de limpieza de los sedimentos de nuestro inconsciente que están adheridos a la pantalla mental, no podremos conocer dónde estamos para usar adecuadamente el mapa, ni podremos saber cuál es nuestra realidad, para no errar en nuestras decisiones.

El primer sedimento es nuestra agitación. A menudo, las aguas de nuestro mar interno están embravecidas: corrientes emocionales, olas de pensamientos, abisales complejos se mueven, impidiéndonos ver con claridad. Todos sabemos que para poder ver el fondo del lago hay que esperar a que la superficie esté en calma. Sabemos también que necesitamos a veces horas o días después de un conflicto para ver con una cierta claridad.

Sin duda, la primera estrategia de la meditación es calmar, dejar de remover las aguas internas y esperar que una sedimentación a través del tiempo aclare nuestro estado interno. A veces basta con sentarse en quietud, cerrar los ojos, respirar profundamente y visualizar un estado de paz para que ese viento que crea tormentas se apacigüe. La meditación es una vía hacia la serenidad. Infinidad de técnicas en las diferentes tradiciones meditativas van dirigidas a conseguir esta calma pero, a todas luces, conseguir calma no es suficiente. No tendría sentido calmar la superficie si no es para ver lo que hay en el fondo.

Esta es una primera entrega de El Sentido de la Meditación, primer capítulo del libro Meditación Síntesis, de Julián Peragón Arjuna.

Síntese de meditação está de venta en librerías. Pero se puede pedir el libro en:
http://www.editorialacanto.com/

E para comprar el libro a la editorial:
http://www.editorialacanto.com/203/1/Novedades/Meditacion_Sintesis.html

Arjuna (foto: Guirostudio 2013)Quem é

Julian Peragón, Arjuna, Formador de professores, dirige a escola de síntese de Yoga em Barcelona.

http://www.yogasintesis.com

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Por • 26 Nov, 2014 • Sección: Arjuna, Assinaturas, Meditação, Prática