El mundo en llamas

El mundo que conozco se diluye ante mis ojos. Hipnotizado por el estremecimiento de la catástrofe, suspendido en la nada y sin poder respirar, me voy haciendo pequeño e insignificante…. Pero no todo está perdido… Escribe José Manuel Vázquez.

La sensación de peligro me devuelve a la infancia. El enemigo está en todas partes. Las voces de alarma resuenan noche y día. Unos señores muy serios diseccionan la realidad. La situación es preocupante. Podemos morir. Nadie quiere morir.

Las retorcidas estadísticas muestran hechos que hablan por sí solos. No hay más verdad que la que arde y es la que me quema por dentro. He tropezado con el infierno de los otros. Intoxicado, cegado, confuso, he vuelto a caer en la trampa. Parece no haber salida.

Pero no todo está perdido. Me siento con la columna erguida, invocando algo de dignidad en medio del desastre. Mi cuerpo se tambalea. Cierro los ojos y expando los huesos en el espacio. La destrucción se ralentiza. Por unos momentos no pasa nada…

Al poco rato siento los nervios a punto de estallar. Todo vibra en mi interior. Creo que estoy teniendo un ataque de pánico. Respiro, sigo respirando, la respiración se agita y me sacude. El abismo se abre ante mis pies. El vértigo me tensa el estómago. Una oleada de negación y de vergüenza me hiela la sangre. Hace un rato que tiemblo. Debo de tener fiebre. Es miedo. Tranquilo, me digo, sólo es miedo, déjalo ir.

Dejo de luchar. Floto a la deriva, mareado, arrastrado por raras ideas. Pasa el tiempo y todo se calma. El subidón de adrenalina deja paso a una oleada de calor y placer. Vuelvo lentamente a la vida. Estoy exhausto, pero contento de recuperar el milagro de mi cuerpo.

Abro los ojos. Los vuelvo a cerrar. Muchas cosas en muy poco tiempo, necesito descansar. Me tumbo. Me siento ligero y con la mente despejada. Respiro aliviado. He regresado a un lugar seguro y extrañamente conocido. El cuerpo me protege, me cuida; no es territorio enemigo. Parece obvio, pero tengo que recordar que esta verdad es esencialmente útil y profundamente curativa. El cuerpo es nuestro aliado. Pero son tiempos confusos. Somos parte de batallas que desconocíamos.

Nos ha pillado desprevenidos. El mundo está en llamas y nadie va a venir a salvarnos. Así que, sal ahí afuera y recupera tu vida; recupera tu cuerpo. Haz yoga, sal a correr, baila, descansa, estudia, saca adelante un nuevo proyecto, implícate en tu trabajo, vete al campo, comparte con los que quieres, toma el sol, respira profundo y no vuelvas a caer en la trampa.

Cuídate de forma activa y estarás cuidando de todos.

José Manuel Vézquez preside la Asociación Shiva-Shakti de Yoga Integral. Es profesor y formador de profesores certificado por la Yoga Alliance. Desde 2001 dirige su propia escuela de yoga, Yoga Orgánico, donde dirige una formación de profesores. Es autor de Die therapeutischen Werte von Yoga Und Yoga-Handbuch für Westler (ambos en Alianza Editorial). Acaba de lanzar su nueva creación musical Moon.

Curso 2020-2021. La formaciones comienzan en octubre 2020

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Von • 17 Sep, 2020 • Sección: Signaturen, José Manuel Vézquez