Yoga und verbotene Spiritualität

Es gibt diejenigen, die vorgeben, Yogi zu sein, agnostiker oder atheistisch zu sein, obwohl klar ist, dass Agnostizismus oder Atheismus in den ersten Sekunden von Samadhi flüchtig wird, wie der Schweißtropfen eines Läufers im Hintergrund, der von der Stirn auf den heißen, trockenen Boden fällt in einem heißen Sommer Roso. Joaquín G. Weil schreibt.

Foto: Jorge Zapata. Im Bild ist Yogalehrerin Lucia Urquiza

Als Philosoph muss ich vier Schlüsselsteine in der Architektur antispiritistischer Ideologien im Westen aufzeigen:

Freud Sex (die Libido oder Eros) an Gottes Stelle gesetzt. Spiritualität war sublimierte Erotik.
Marx Geld (Kapital) an Gottes Stelle gelegt. Spiritualität war eine Ideologie, die von den herrschenden Klassen aufgezwungen wurde, um das Volk zu unterdrücken.
Nietzsche er machte das Individuum (das Ego) zu Gottes Platz. Spiritualität war ein Verrat am Leben, am Vitalismus und an der Erde.
– Und Comte war der erste von vielen, die die Wissenschaft an Gottes Stelle etablierten. Und das ist heute der vorherrschende Glaube: Spiritualität oder Bewusstsein können oder können in einem Winkel im Gehirn lokalisiert werden, als so genannten "Neurowissenschaften"-Fortschritt. Und es hat daher einen Ursprung und eine biochemische Erklärung.

Was mich an Agnostikern und Atheisten am meisten überrascht, ist nicht, dass sie die Existenz Gottes in Frage stellen, sondern gerade, dass sie nicht einen Begriff des kindlichen und vereinfachenden Gottes in Frage stellen, der im Westen allgemein akzeptiert wird, den sie gleichzeitig zugeben und leugnen (es ist sagen, das Macho-Konzept eines bärtigen und im Wesentlichen gepissten Gottes; wenn, wenn es eine Sache klar ist, ist es, dass Gott in erster Linie eine Liebe und ein Licht der Macht, der Kraft und der unvorstellbaren Reichweite von unserem bescheidenen menschlichen Maßstab ist.)

Auf dem Giebel der Tempel von Apollo, Gott der Weisheit, wurde der Slogan im antiken Griechenland geformt: "Kennt euch selbst". Ich meine der Weg zum Zugang zu göttlicher Weisheit war der Weg der Selbsterkenntnis. Dasselbe im Yoga der letzte Schritt in den Grundsätzen, die Erkenntnis Gottes, ishvarapranidhana, wird durch das vorherige Niyama erreicht, Svadhyaya sich selbst zu studieren.

Spiritualität ist der Rahmen für die Entwicklung und Praxis von Yoga. Wenn wir dieses mächtige Werkzeug des Gleichgewichts, der Weisheit, der Gesundheit und des Wohlbefindens beseitigen, öffnen wir die Tür für alle Arten von Kulten, die ihren Platz einnehmen: vor allem den Kult des Körpers und die Anbetung des Individuums (Ego).

Schlecht gesehene Spiritualität

Por su parte, el racionalismo agnóstico o ateo y cientifista niega la existencia de cualquier realidad que no sea perceptible por los así llamados “cinco sentidos”, que no sea mensurable y matemáticamente cuantificable. Como aquella historia del yogui de Benarés, que dejó de practicar su yoga cotidiano porque había diseccionado un cadáver, de esos que flotan sobre el Ganges, y no había encontrado en él los siete chakras. Ahora bien, el racionalismo materialista se da de bruces contra la realidad sensorial, consciencial, sensitiva, intuitiva y sentimental. Es una realidad vital para la persona, que evidentemente no cabe dentro de los conceptos científicos, y es precisamente con lo que trabaja el yoga.

Por su puesto, que, mediante las así llamadas “neurociencias”, el racionalismo materialista ha querido adentrarse en estos misteriosos ámbitos. Con el siguiente mecánico y absurdo procedimiento: reducir a materia, electricidad, biología o química cualquier fenómeno consciencial, sentimental o humano, que quedaría por completo situado en el cerebro. Lo cual, como señalaran muchos, desde Penrose, contraviene el más elemental sentido común: un pequeño órgano como el cerebro, con sus neurotransmisores, sinapsis, etc. no puede contener un fenómeno tan complejo y misterioso como es la consciencia y el sentimiento. Basta con hacer una sencilla proyección matemática comparativa con la limitada eficiencia de un megaordenador del tamaño de un camión de dieciséis ruedas y que consuma entera la electricidad producida por un generador diesel.

En el libro que gentilmente me envió el escritor, editor y librero Álvaro Enterría, El científico y el santo, el autor, Avinash Chandra vinculado con ambas esferas generalmente tan reñidas, la ciencia y la espiritualidad, hace la siguiente crucial reflexión en el introito (cito de memoria): Hoy en día se puede hablar de cualquier cosa, sexo, drogas… lo que se quiera. Lo único que está realmente prohibido, depende en qué ámbitos, sobre todo en los ambientes y salones académicos y científicos, es la espiritualidad.

Es lo que podríamos llamar “la espiritualidad prohibida”.

Y, sin embargo, la inspiración espiritual, onírica, febril o extática está en el principio de muchas de las grandes teorías científicas contemporáneas: como el célebre sueño de la serpiente mordiéndose la cola, que le dio a August Kekule la idea de la circularidad de la molécula de benceno; o el sueño con el ángel matemático de René Descartes durante su acampada como soldado en Ulm; o bien aquel otro ángel o espíritu que, en mitad de unas altas fiebres palúdicas, le dictó a Russell Wallace el principio de la selección natural en la evolución de las especies, luego atribuida en exclusiva a Darwin.

Convivencia posible

Pese a que lo espiritual o mistérico esté en el origen de una parte crucial y relevante de las teorías científicas, o acabe coincidiendo con éstas, basta que un científico aborde el asunto espiritual para que su carrera se vea seriamente comprometida. Dice la Wikipedia del mencionado Wallace: “Su defensa del espiritualismo y su creencia en el origen no material de las facultades mentales humanas dificultó su relación con los miembros del ‘establishment’ científico”.

En efecto, los científicos (al menos los más brillantes e inspirados, no hablo de los burócratas de la ciencia) tienen su toque místico, como un Albert Einstein declarando que el Amor es la gran fuerza que rige el universo. Y, por su parte, los místicos, no dejan de tener su parte mundana y práctica, al estilo de Santa Teresa (la autora preferida del moderno maestro zen norteamericano Adyashanti), la cual decía que Dios anda entre los pucheros de la cocina.

Si hay algo que tendremos que agradecer a la física cuántica es la certeza precisamente científica de que no todo es cero o uno, un sí o un no, sino que diversas posibilidades, aparentemente incompatibles, son en realidad posibles al mismo tiempo.

Y no es que sea posible que la esfera de lo espiritual por un lado y la de lo mental o intelectual, por otro, convivan amigablemente, sino que necesitamos que así sea, pues lo espiritual es fuente de inspiración para lo racional y lógico, al mismo tiempo que ésta forma intelectualmente deglutida es, en nuestro plano humano terrestre, el modo más básico para que lo espiritual pueda ser explicado, transmitido o enseñado.

Considero que en todo ámbito de acción humana, y particularmente en el ámbito del yoga, es necesario recuperar y reconocer abiertamente la perspectiva inspiracional, consciencial y espiritualista, porque es precisamente esta perspectiva espiritualista la que, tal como numerosos casos históricos atestiguan, nos puede permitir avanzar en los terrenos más prácticos y científicos.

La ciencia inspirada por el espíritu

Todavía y para concluir: más que aplicar la ciencia sobre el yoga, nosotros yoguis con conocimientos acerca de lo que es la ciencia, deberíamos de asumir como tarea la observación de la ciencia, sus métodos y objetivos desde un punto de vista espiritual. Qué son, qué cualidad y significado tienen o deben tener la ciencia, sus procedimientos y objetivos en la evolución de la persona y de la humanidad. Esto es lo que nunca es cuestionado, ni siquiera puesto en observación.

Ante todo, la ciencia ha de tener un carácter noble, ponderado y ético, sabedora de su ámbito y su limitación. Y uno de sus límites es precisamente el ámbito de lo espiritual, y el de los valores esenciales del ser humano, como son la libertad y la dignidad. Ahí no llega la ciencia; ahí comienza la humanidad o las humanidades. Es por pura lógica: pertenecen al ámbito de lo humano. El lugar de la ciencia no es colocarse sobre la humanidad, su espiritualidad y sus valores, sino evidentemente subordinarse a ellos.

Joaquín G. Weil es autor del Manual Formativo Dominio de las Técnicas Específicas del Yoga (Temario Oficial)

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Von • 30 Dec, 2019 • Sección: Joaquín G. Weil