Mi experiencia de “la iluminación” I: ilusión, riesgos, sucesos, aclaraciones

El concepto no es la experiencia, así que hasta que no experimenté lo que llaman “iluminación” leí y rebusqué. Tras esa experiencia de “ampliación de identidad” me di cuenta de que no hay más. No es la solución a todo, ni el paraíso continuo. De hecho, conlleva un proceso de integración en mi opinión complejo. Escribe Rodrigo Muñoz.

Este artículo lo escribo para los que la experimenten puntualmente o de forma más frecuente, para los que reflexionen y para los que la busquen con la intención de desmitificar lo que en mi opinión es un ideal. Lo escribiré todo desde mi experiencia, por lo que claramente habrá un sesgo cognitivo, una manera de expresarse y unas opiniones que, acertadas o no, considero honestas y personales. Es un tema al que hay que quitarle fantasía e idealismo.

En mi caso la experiencia llegó, como suele ser, por un acontecimiento muy doloroso que de forma natural me llevo a experimentar este estado intermitente e inexplicable en momentos durante los primeros años de intenso dolor emocional. Este estado lo describiría como una experiencia de comprensión de qué era todo, pero no poéticamente, sino una experiencia que no podría explicar, que me dejaba sin palabras.

Las palabras que salían después, puras reflexiones, siempre tenían una línea poética, artística y con una energía generalmente muy pausada, atenta, observadora y compasiva. En las primeras veces que experimenté este estado tenía la sensación de haber descubierto algo increíble, inmenso y un tanto prohibido, como si hubiese descubierto el mayor secreto del mundo. (Como veis, suena muy interesante e intrigante, propio del suspense que engancha a miles de personas en una ilusión que genera frustraciones y angustias, mercadillos espirituales, sectas y líderes espirituales, etc., pero este artículo no tiene esa intención.)

Para no caer en comparaciones ni en una literatura metafórica y de símbolos, la cual me apasiona pero suele llevar a engaño (como las escrituras indias, las sufís, las griegas,egipcias, etc.), enumeraré una lista de los riesgos que me parecen importantes en base a lo que personalmente he experimentado:

1. Pensar que eres diferente a los demás: Para mí, lo complicado ha sido/está siendo integrar esta ampliación de consciencia en mi día a día (al final es un cambio en la percepción). He pasado por diferentes etapas que he compartido por momentos con maestros, principalmente con el que me formé en yoga integral durante tres años, con personas con las que me entendía y con las que le podía quitarle hierro a un proceso en mi opinión complejo que pone en entredicho tu identidad, tus creencias y tu propósito vital entre otros. El riesgo de pensar que eres diferente, un iluminado, una persona brillante, radica mucho, aparte de tu fantasía personal, en lo que los demás te pueden comentar como: “Cuando estoy contigo siento mucha paz” , “Explícame tu experiencia porque a mí me gustaría sentirla”, “Eres un maestro espiritual”,etc, etc, etc. Este tipo de cosas y tu experiencia pueden incluso desviarte completamente hacia un adormecimiento mayor, cayendo en nuevas fantasías con un tinte espiritual que pueden llevarte a creerte elegido, especial o sobrenatural. Y lo peor es que muchas personas pueden admirarte, seguirte o adorarte como si lo fueras.

2.La dimensión personal no te importa: Al experimentar la comprensión de que eres “el ser”, “el que observa”, “la totalidad” o como se quiera llamar, puedes caer en que todo lo demás te deje de importar. Al experimentar algo diferente a lo que considerabas lo cotidiano, tus objetivos pueden convertirse en demasiado sutiles, espirituales y de percepciones transpersonales, lo que te puede llevar a dejarte de interesar por las tareas diarias, el trabajo, los amigos o la pareja. En India a estas personas las aconsejan ir a un ashram o las consideran santas. Los ascetas se van a una cueva y viven años en silencio alimentándose con lo que les dan los demás. En otras religiones se busca renunciar al cuerpo, al sexo, a la pareja, a los hijos, incluso mortificar el cuerpo y el ego (dimensión personal) para identificarse con un espíritu.

3. Desolación por la desaparición de creencias: La creencia no deja de ser una ilusión más. La creencia es aprendida de lo que ya sabemos (padres, colegio, entorno) y también en base a nuestras experiencias. La creencia nos hace un mapa (completamente sesgado y desvirtuado) de lo que es la realidad y de lo que será si seguimos ciertos pasos o un camino. Claramente, a medida que vivimos vemos que lo que creíamos no es así, que lo que planeamos no sale adelante o lo que imaginábamos no existe. La realidad siempre es diferente. No peor, diferente. Imaginaos, en vez de ir viéndolo con el tiempo, que la experiencia de envejecer paulatinamente con los años nos sucediera de golpe. Una de las cosas que me dejó literalmente “desnudo” fue el experimentar que todas mis creencias sobre lo que creía que sería mi vida (todas mis ilusiones, todas las ideas preconcebidas) se diluían a la luz de la presencia de mi propia consciencia.

Al experimentar el silencio mental que conlleva la expansión de identidad y ver que todo lo construido eran estructuras mentales, me sentía literalmente desnudo ante todo.Sin ninguna creencia firme más que la del momento a momento. Al hablar con los demás, al contestar, al preguntar, me sentía como si me estuviesen viendo por dentro y yo a ellos sin ningún filtro. La intensidad que esto conlleva me dejaba agotado. Cualquier conversación tenía profundidad, el mirar a los ojos a alguien me permitía atravesar y que me atravesase una energía impropia de ese momento. Era como si hubiese abierto una dimensión nueva que me dejaba desprovisto de recursos para limitar, restringir y decidir cuándo “intimar” de esta forma y cuándo no. La solución: otro ejercicio de meditación para regular y limitar mis percepciones del exterior y el interior. (Este es un tema que da para otro artículo)

4.”No es la solución, ni un trono en el que asentarte”: Sin tapujos, iluminarse suena a algo bueno. Suena incluso al paraíso, al punto final, “la muerte antes de la muerte” dice Eckhart Tolle. Parece que es un sitio al que llegas en el que te conviertes en un dios. Ya no hay dolor, ni dudas, ni hay que trabajar, ni luchar por lo que quieres, ni desengaños, etc… Parece que es llegar al Olimpo en la tierra. Pues bien, todo esto vuelve a ser una ilusión.

Por mi experiencia, todo permanece del mismo modo que antes: todo cambia, sube, baja, aparece, desaparece, empieza y se acaba. Lo que cambia, lo que realmente cambia, es tu experiencia de todo eso. Pero no mejor, ni peor, simplemente diferente. Ves, diría yo, más cosas, lo que supone también un mayor trabajo de gestión, de variables a tener en cuenta, de responsabilidad, etc. Conectas más con la energía de tu alrededor de manera prácticamente instantánea, lo que a veces es fantástico y otras veces horrible. Experimentas ratos de paz magníficos que se interrumpen una y otra vez por un ruido mental que se hace notar de nuevo.

Rodrigo Muñoz es profesor de Yoga. Puedes seguirle en su blog: https://aprendiendoavivirhoyblog.wordpress.com/

 

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Por • 18 Mar, 2019 • Sección: General