Las franquicias en el yoga (1)

2026-04-23

El yoga comercial contemporáneo es el que busca la popularidad del yoga para atraer al máximo de personas que desean mejorar su forma física y su bienestar general, pero sin estar demasiado interesadas en profundizar en la tradición. Se prioriza que la oferta sea atractiva para un gran público, con clases accesibles, horarios extendidos, tarifas low cost, marketing y sistemas de gestión que siguen un modelo de negocio.

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Foto de un estudio de Bikram Yoga Spain, que funciona como franquicia.

Mucha gente llega al yoga buscando alivio para sus dolencias pero también un camino de equilibrio y sentido, o un refugio de paz frente al ruido del exterior. Las clases de yoga comercial en gimnasios y estudios franquiciados pueden ofrecer estructura, ofertas de precios, servicios cuidados, horarios non stop… pero no tanto apoyo profundo o acompañamiento de procesos reales de conexión espiritual. Esto no es una crítica, es una constatación.

¿Qué es una franquicia? Es un modelo de negocio cuyas características propias marcan ya un diferencial respecto a otras formas de conducir un estudio de yoga. En la franquicia, una marca ya establecida, con una imagen y un nombre registrados, aporta su conocimiento técnico sobre impartir clases de yoga en un local que hará de estudio.

Al frente del negocio habrá una persona (el franquiciado) que seguirá el modelo de gestión probado que contrata con el franquiciador, sin que necesite poseer experiencia empresarial previa ni formación en yoga.

El yoga comercial contemporáneo es el que busca atraer al máximo de personas que desean mejorar su forma física y su bienestar general, pero sin estar interesadas en profundizar en la tradición. Se prioriza que la oferta sea atractiva para un gran público, con clases accesibles, horarios extensos, marketing y sistemas de gestión comunes.

En suma, es una experiencia más homogénea y orientada a bienestar/fitness, sin un enfoque espiritual o filosófico profundo ni de pertenencia a una comunidad. Esto puede influir en que las personas se sientan más clientes que practicantes.

Ventajas y desventajas

Es evidente que tanto las desventajas como las ventajas que citamos en este artículo sobre el yoga de las franquicias y gimnasios se refieren a una visión generalizada, y por tanto no siempre exacta, dependiendo de cada centro.

En general, las opiniones negativas respecto al yoga de grandes cadenas no se suelen referir al profesorado, que se suele juzgar como “implicado”, sino a que se recibe una experiencia parcial del yoga, donde algunas personas consideran que falta dimensión espiritual o filosófica en la mayoría de clases.

–Los franquiciados tienen la ventaja de que invierten en una marca ya conocida y utilizan un modelo probado, lo cual disminuye el riesgo si no tienen experiencia empresarial. En contra, tienen menos libertad creativa y han de seguir las reglas del franquiciador.

–Los profesores que trabajan en un centro franquiciado buscan una mayor estabilidad laboral. En contra, su libertad para diseñar clases está mediatizada por el modelo a seguir, con lo cual resulta bastante lógico que se les exija que den “imagen de marca” y que lleguen a sentirse más monitores que profesores.

–En cuanto a los alumnos, han de saber que en esta lógica de yoga como producto, la práctica carece de la profundidad espiritual derivada de la filosofía y de las herramientas del yoga tradicional, aunque ocasionalmente se ofrezcan (más como parte del márketing) prácticas simplificadas de kirtan o incluso de meditación, o se haga uso superficial o estético de símbolos yóguicos. Es más que probable, pues, que la experiencia no esté vinculada a la meditación, ética y práctica interna.

Las clases, de una hora de duración, suelen seguir un formato repetitivo basado en ejercicios físicos para un grupo numeroso y no siempre estable de alumnos, por lo que la valoración individualizada de lesiones, del estado físico propio de la edad o del estado emocional puede ser escasa. Lógicamente, el seguimiento global del grupo tiene más peso que la atención personalizada.

Algo, por otra parte, que ya está muy generalizado en el yoga moderno (comercial y menos comercial).

Yoga moderno, yoga comercial

¿A qué llamamos yoga comercial? Si atendemos a su práctica, si algo lo define es la “homogenización”, derivada de una apropiación cultural que prescinde de alusión a origen, contexto y tradición.

El trabajo físico sobre el cuerpo es el objetivo central, con frecuencia hasta límites de acrobacia, por lo que se incentiva la juventud, la delgadez y la flexibilidad… y se aumenta también el riesgo de lesiones. Dos principios “sagrados” del yoga, la seguridad y la inclusión, quedan relegados.

El yoga pasa de ser una práctica educativa, ética y espiritual a un producto comercial: se venden membresías, certificaciones, moda, accesorios, clases de corta duración o servicios complementarios. Las críticas más duras encuentran que eso excluye a personas de bajos recursos, con lo que el yoga deja de ser “un camino accesible para todos” y se convierte en una actividad de bienestar elitista.

Por el contrario, en la escuela tradicional se forja un “espíritu de comunidad” más íntimo, fruto de los vínculos positivos que se crean entre alumnos y profesor, con participación en eventos, retiros o prácticas grupales profundas. Los enfoques especializados (espiritual, terapéutico, clásico) son nucleares y más importantes que la variada oferta de estilos.

Sin embargo, entre las sombras brillan las luces. Muchos alumnos valoran precisamente esa gran variedad de estilos de yoga de las cadenas franquiciadas y de gimnasios, que permite encontrar clases para diferentes objetivos (relajación, fuerza, equilibrio), horarios extendidos y clases ilimitadas. También se valora que los profesores puedan adaptar sus clases a diferentes niveles, desde principiantes hasta avanzados.

Ante el avance del yoga-producto, un buen número de profesores tradicionales se consuela con este argumento: “Muchas personas entran al yoga tradicional gracias a ese yoga comercial”. Pero sería ingenuo no pensar que también otras muchas personas saldrán definitivamente justo por ello.

Las formaciones de instructores

En cuanto a la formación de instructores, las escuelas tradicionales suelen ofrecer formación intensiva con filosofía, anatomía, ética, historia… y mucho contacto presencial.  Los centros ligados a franquicias y gimnasios pueden tener su propio plan de formación interno o aceptar certificaciones genéricas. El nivel de profundidad puede depender más de la decisión empresarial que del interés por la continuidad del legado de un linaje o una pedagogía específica.

Las certificaciones rápidas sin formación profunda dan lugar a profesores con conocimientos técnicos limitados. Esto impacta la calidad educativa general y la percepción del yoga, ya que muchos estudiantes pueden completar cursos rápidamente y sin la inmersión tradicional necesaria.

Pero más que fijarnos en el lugar donde se aprende y se practica el yoga, habría que pensar en si se sitúa el beneficio económico por encima del cuidado que requiere el yoga.

Distinguir yoga sano (aunque sea comercial) de no recomendable

Desconfía…

  • Si el método es cerrado y semiautomático.
  • Si sus prácticas incluyen secuencias de riesgo.
  • Si no se interesan por las lesiones que puedas tener o te animan a ignorarlas.
  • Si te presionan a menudo con su oferta de formaciones, talleres o productos caros y/o de dudosa utilidad.
  • Si la monotonía o repetitividad de las prácticas se te hacen insoportables.

Por el contrario, un yoga sano, más allá del logo, también puede ser identificado así:

  • ¿Los profesores cuidan sus clases, sin piloto automático?
  • ¿Te hacen sentir segura/o?
  • ¿Se habla de adaptaciones y límites con naturalidad?
  • ¿Hay diversidad real de cuerpos y edades?
  • ¿Puedes preguntar sin sentirte intimidado por el grupo o distante del profesor?
  • ¿El ambiente es más cálido que frío?
  • ¿Dedican un espacio, siquiera mínimo, al pranayama y la meditación?
  • ¿Sales más conectada/o contigo misma/o que con tu rendimiento?

Cómo protegerte si eres profesor/a en una cadena

Puedes seguir estas recomendaciones:

  • Pon límites claros desde el inicio (horarios, sustituciones, extras).
  • Lee la letra pequeña: cláusulas de exclusividad, penalizaciones.
  • No pongas toda tu identidad ahí: sigue formándote fuera.
  • Cuida tu red: otros profesores, terapeutas, espacios no corporativos.
  • Escucha tu cuerpo y tu intuición: el burnout espiritual existe (agotamiento, fatiga emocional y vacío interior).
  • Ten un plan B: clases privadas, online, colaboraciones.
  • No traicionas al yoga por cuidar de ti; lo honras.

→Nota: Esperamos, lector/lectora, tu participación en este informe abierto. Tus opiniones son bienvenidas y deseadas.

(Próxima entrega: El mercado del yoga: precios, competencia y testimonios)