Observadores del yoga contemporáneo nos comentan que Jivamukti no es un caso extraordinario, sino un ejemplo significativo de lo que está pasando en la actualidad: el yoga está siendo invadido por un sectarismo elitista y esnob, basado en la apariencia de espiritualidad, que le amenaza desde dentro.

Sharon Gannon y David Life, fundadores de Jivamukti Yoga. Foto wikicommons
Iniciamos aquí una serie de artículos en los que reflexionamos sobre la ola de elitismo revestido de espiritualidad que se contrapone al yoga real, que es por su propia esencia inclusivo, compasivo y desinteresado.
Para documentar esta serie, en YogaenRed hemos contado con testimonios de alumnos que han compartido sus experiencias, observaciones de profesores y fuentes contrastadas.
Pero ¿qué caracteriza al que llamamos “yoga elitista”? De acuerdo con la opinión de los expertos consultados sigue un patrón muy claro:
– Hay un liderazgo carismático que no debe cuestionarse.
– Es económicamente abusivo en sus tarifas, como “expresión” de su valor superior.
– Tiene un ideario rígido, revestido de aspiraciones espirituales, que no admite réplica y ha de ser seguido so pena de marginación.
– Se penaliza, sutilmente o no, la disidencia a su control ideológico.
– Cultura sistemática de silenciamiento. Se silencian las quejas y los testimonios de quienes se han sentido abusados.
– El elitismo es estructural: se da valor a la estética, a la imagen, a la superioridad física, en todas sus prácticas. Y llega “más lejos” quien paga más cursos y actividades.
– Todo ello envuelto en un lenguaje de compasión, devoción y liberación que no concuerda con lo anterior.
El caso Jivamukti
Jivamukti no es solo una escuela de yoga: es una marca internacional. Durante más de treinta años construyó una reputación internacional como sinónimo de conciencia ética, compasión y espiritualidad radical. Durante su etapa de mayor expansión (años 2000–2015), la organización funcionó en centros propios y afiliados en ciudades como Nueva York, Londres, Berlín y Sídney, además de retiros y formaciones internacionales. Hoy día, Jivamukti está desplegando cada vez más presencia en España con sedes en Madrid y Barcelona y profesores autorizados.
Fundado en 1984 en Nueva York por Sharon Gannon y David Life, Jivamukti Yoga se forjaría buena parte de su éxito a presentarse como una alternativa ética y consciente de estilo occidental (piel blanca y clases caras) dentro del yoga contemporáneo. Ceñido a un rígido ideario en torno a valores como la compasión, la defensa de la vida animal, el vegetarianismo o la liberación espiritual, con el tiempo se fueron documentando un volumen significativo de demandas y testimonios que describen un sistema marcado por la exigencia abusiva, el interés económico y un elitismo estructural incompatible con los valores que proclama.
El caso más conocido de abusos dentro de la organización salió a la luz en 2016, cuando la profesora Holly Faurot presentó una demanda civil contra Jivamukti Yoga, sus directivos y su instructor principal, en la que describía un sistema en el que la autoridad espiritual del maestro anulaba la capacidad de consentimiento real de la alumna, mientras que la organización no solo miraba hacia otro lado sino que protegía al agresor. Aunque el caso se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial sin admisión de culpa, dejó constancia de un entorno oscuro controlado por la jerarquía institucional.
Tras años de presión, Sharon Gannon y David Life se retiraron progresivamente de la gestión directa, si bien continúan en activo impartiendo talleres y charlas por todo el mundo.
Medios estadounidenses señalaron en aquella época de la demanda de Holly Faurot que este no era un caso aislado dentro del yoga moderno, sino un ejemplo paradigmático de cómo la espiritualidad puede blindar abusos cuando en una escuela se siguen dinámicas de culto y silenciamiento, y no existen mecanismos reales de rendición de cuentas.
Por desgracia, antes y después de este caso hemos conocido muchos otros, como ya hemos ido informando desde YogaenRed (volveremos a recordarlos en esta serie).
Sí, Jivamukti Yoga es un caso emblemático de las sombras del yoga elitista globalizado, un ejemplo de que una práctica como el yoga nacida para la integración, la inclusión y la liberación, en manos de una estructura rígida y lucrativa puede convertirse en un sistema basado en la apariencia, la exaltación de la vanidad, la exclusión y control.
Todo esto nos obliga a replantear una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cuántas veces se ha usado el lenguaje espiritual para justificar el poder, el culto al ego y el dinero?
Pero somos muchos los que amamos el yoga y nos negamos a que deje de ser un camino inclusivo de liberación de todo ser humano para convertirse en un producto elitista y excluyente.
(Continuará la próxima semana)
Redacción de YogaenRed.
