La opacidad y la mitificación propias de las dinámicas de culto en el yoga han sido caldo de cultivo priopicio para abusos de todo tipo. Hoy hablamos del trato que se dispensa a quienes denuncian malas prácticas y de la necesidad de sanear las relaciones en la enseñanza del yoga para lograr más transparencia, inclusión y pluralismo.

Varias mujeres que acusaron de abusos sexuales a Bikram Choudhury fueron cuestionadas o desacreditadas por otros practicantes e instructores.
(Ver primera parte)
Con frecuencia se argumenta que las víctimas de abusos que denuncian en contextos del yoga podían haber elegido no entrar en ese escuela, no escuchar, negarse, irse. Se incrimina a la parte más débil con objetivo de exculpar de responsabilidad al fuerte y liberar, de paso, la mala conciencia de su grupo de apoyo.
«Si observas que se está haciendo daño a un compañero y callas por miedo o por creerte ‘más espiritual’, eso no es ecuanimidad: es, si no complicidad, al menos omisión», dice un exalumno de una escuela de yoga víctima de maltratos.
Opinan los expertos que la mayoría de las personas no entra a una organización de culto por debilidad, sino por necesidades humanas normales, como pertenencia a un grupo, búsqueda de sentido, deseos de transformación y de sanación.
Bajo el control encubierto de esas organizaciones sectarias han caído no solo personas vulnerables sino también expertas y fuertes. Y es que la influencia envolvente propia de de la dinámica de culto resulta un mecanismo difícil de detectar: no hay coerción evidente o visible; el alumno siente que elige libremente y que obtiene beneficios reales al principio (en forma de bienestar, apoyo, reconocimiento…), hasta que va descubriendo contradicciones, incoherencias, decepciones y, finalmente un malestar que no puede superar cuando se da cuenta de que su vida personal se ha empequeñecido en vez de crecer.
Víctimas de abusos de poder, afectivos, psicológicos, emocionales, sexuales, económicos. Si no escuchamos a las personas abusadas, perjudicadas o maltratadas, ¿dónde queda la compasión? ¿Es normal ocultar prácticas que atentan contra el respeto debido a las personas en un sistema ético como el yoga?
Sanar la estructura de enseñanza del yoga
Leslie Kaminoff, que fue estudiante en los comienzos de Yoga Jivamukti en Nueva York, dice en un artículo de la revista Slate sobre un caso de abusos en esta escuela: «Por muy avanzados espiritualmente que a la gente le guste creer que son estos individuos (los líderes carismáticos), se producen dinámicas psicológicas fundamentales que son completamente opacas para las personas involucradas». Y también: “Las proyecciones que se producen en una situación tan intensa como esa (en referencia a la dinámica de culto) son muy fuertes. No conozco ninguna organización espiritual que tuviera a un líder carismático al frente que haya escapado a eso”.
¿Es posible que esa dinámica de culto elitista que se instauró en el yoga “remitificado” (según propuesta de Sharon Gannon, cofundadora de Yoga Jivamukti) esté haciendo que mucha gente huya hacia otras prácticas?
¿No convendría reflexionar sobre ello y debatirlo?
Seamos optimistas, sin embargo. Hoy día, la “desmitificación” de la relación gurú-discípulo y de las prácticas de culto parece haber llegado por fin al yoga… si bien buena parte del sector se ha instaurado en el extremo opuesto, el del culto al cuerpo, la superficialidad y el materialismo.
En el medio, mantienen credibilidad y confianza las tan necesarias escuelas y centros que defienden un yoga no jerarquizado, honesto, inclusivo, fiel a sus esencias espirituales y respetuoso de la integridad de las personas, donde no hay una cúspide reservada a unos pocos, sino múltiples modos legítimos de realización. En la práctica, esto significa fundamentalmente que no hay «líderes carismáticos» sino instructores y profesores honestos y competentes; no hay «grados de progreso espiritual»; se valora tanto el yoga fuera de la esterilla (ética en el estilo de vida cotidiano) como la práctica formal; y se trata a cada persona con el debido respeto a su integridad física, psíquica y emocional singular.
Nota→ El próximo reportaje sobre «el estado del yoga en la actualidad» lo dedicaremos al Yoga franquiciado.
Equipo YogaenRed
