La práctica de yoga y los medicamentos

En febrero de 1998, coincidiendo con una de las visitas de B. K. S. Iyengar a España, fue entrevistado por la revista Muy Interesante. En su número 201 se publicaría este titular: B. K. S. Iyengar: “Si todo el mundo practicara yoga, las farmacias tendrían que cerrar”. Escribe Olga Jiménez.

Quién le iba a decir a este centenario maestro que sus palabras, más de 20 años después, sufrirían censura en nuestro país. Sus afirmaciones eran muy potentes, pues hablaba desde su propia experiencia. Su infancia fue muy dura, llegando a confesar que se planteó muchas veces el suicidio; no podía salir de la cama y apenas sujetaba su propia cabeza. Los médicos dijeron que no viviría más allá de los 14 años. No tuvo acceso a medicinas al proceder de una familia muy pobre. Estas circunstancias le llevaron a agarrarse con fuerza a la práctica del yoga, y se mantuvo con plena salud hasta los 96 años.

Para reflexionar sobre la rotunda frase «si todo el mundo practicara yoga, las farmacias tendrían que cerrar” utilizaré mi experiencia personal.

Mis males de «joven deportista»

Soy practicante de yoga Iyengar desde 1993. Tenía entonces 23 años y era, supuestamente, «una joven y sana deportista». La realidad estaba bastante lejos. Sí es cierto que era muy deportista; provenía de una familia de tenistas y tenía pasión por las carreras. Mi marca en 1.000 metros (3 minutos 40 segundos) aún no se ha batido en el que fue mi colegio. Pero la realidad es que pesaba 45 kg con 1,72 m de altura y que mi exceso de actividad física me llevó a padecer durante dos años amenorrea, por lo que tuve que recurrir a medicación hormonal pautada por un médico. También tenía trastornos intestinales, especialmente en las épocas de exámenes, diarreas y prolongados estreñimientos que me hacían la vida bastante complicada, y tomaba medicación según el periodo en el que me encontraba.

El ejercicio físico había convertido mis músculos en fuertes pero su rigidez era tal que apenas me podía alcanzar a tocar mis propias rodillas. En las fases severas de tensión tenía que dejar de conducir, pues las contracturas del cuello me impedían girar la cabeza y hacía que la conducción fuera peligrosa.

Tuve la suerte de ser consciente de mis numerosos problemas y buscar ayuda. Sentía atracción por el yoga, aunque durante años no me atreví a probar pensando en sectas o grupos peligrosos. Pero localicé un estupendo profesor con el que trabajé sin interrupción durante más de 15 años, recibiendo dos clases por semana, realicé numerosos intensivos y cursos de verano y posteriormente me formé como profesora.

Mapa para la salud holística

El primer cambio notable que experimenté a nivel de salud fue la posibilidad de dejar la medicación de hormonas y conseguir una regulación hormonal natural de los periodos menstruales. Existen posturas de yoga con ese efecto. La práctica regular de Sarvangasana me permitió poder suprimir el tratamiento que tenía pautado por el médico.

Un tiempo después, con la práctica regular de posturas invertidas, especialmente las posturas pasivas, como Sirsasana en cuerda, Salamba Sarvangasana en silla, Setubandha Sarvangasana con ladrillos, Supta Baddhakonasana, pude ir calmando el sistema nervioso, y en consecuencia los periodos de diarreas y estreñimientos fueron distanciándose hasta su completa desaparición. Hace aproximadamente 10 años que no sufro estos cambios y consigo una regulación perfecta a nivel intestinal, incluso en los viajes.

Existen series de posturas pautadas según distintos trastornos. Yoga, el sendero hacia la salud holística, de B. K. S. Iyengar (Blume) es un buen libro para conocerlas. Es fundamental contar con la guía de un profesor experto que haya trabajado y profundizado primero en su propio cuerpo y tenga la visión para ayudarnos. Las patologías más complicadas solo deberían quedar en manos de profesores senior con una larga trayectoria.

B. K. S. Iyengar trazó el plano: sus posturas nos marcan la colocación de un cuerpo sano. Él además decidió proporcionarnos la brújula para alcanzar esas líneas, y esa brújula son los soportes. Fue consciente desde muy pronto que ni nuestra inteligencia ni nuestra capacidad de trabajo estaban a la altura de su mapa; necesitábamos una guía para trazar las direcciones de trabajo correctas. Los ajustes a través de la referencia de los soportes nos marcan el gran abismo entre una práctica casual y la potencia de una práctica correcta, una práctica que esculpe, que va puliendo nuestras numerosas imperfecciones. Esta práctica, él reiteraba una y otra vez en sus textos, nos conduce a descubrir «el alma que mora en nuestro interior».

Medicina y yoga, un trabajo complementario

Voy a cumplir los 50 años y puedo afirmar que realizo posturas que jamás soñé con hacer a los 23, y continúo trabajando sobre mis limitaciones. Actualmente puedo afirmar que mi salud física es magnífica. No consigo recordar la última vez que tomé un medicamento, seguro fue hace más de 20 años. Tampoco recuerdo la última vez que tuve un dolor de espalda o contractura, probablemente haya transcurrido ese mismo periodo de tiempo. La salud mental y la estabilidad emocional siguen en proceso de conquista, con muy buenas perspectivas y con un inmensa mejora.

Este pequeño artículo no pretende ir en contra de la medicina convencional; es más, considero que la medicina y el yoga deberían ser disciplinas complementarias que trabajaran en busca de la salud perfecta. Provengo de familia de médicos con gran vocación y admiro profundamente su trabajo y sus conocimientos. Nunca estamos libres de tener una situación que nos ponga en sus manos.

Actualmente trabajamos en un bonito proyecto de investigación con la Facultad de Medicina de la UCM de Madrid.

Olga Jiménez es directora de la Escuela Luz Sobre el yoga: Aravaca
www.yogaiyengararavaca.wixsite.com/valdemarin

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Por • 20 Abr, 2020 • Sección: Firmas, Olga Jiménez