Satya, el profundo relajo de la sinceridad

2017-01-09

Concédete el existir tal cual eres, en tu casa, en tu esterilla, en tu centro, en mitad de la única realidad posible del momento presente. Ya verás que bien y qué descanso. Escribe Joaquín G. Weil. Ilustración de Julia Arteaga.

Salamba sarvangasana

Hay un momento singular en las relaciones, y es cuando la persona se muestra ante el otro o la otra tal cual es, o cree ser. Quiere mostrar una cara sombría o pedestre de su personalidad, y no basta con eso. Además dice: “Este o esta soy yo. Ámame”.

Y ahí llega una santa o un santo del amor infinito y abraza a la persona no por los aspectos más bellos y luminosos, no por las mermeladas, las ambrosías y los perfumes, sino tal cual es. Y la persona, claro, se desarma, se derrite. El santo o la santa ama el atman, tu esencia verdadera.

Si te costó trabajo permanecer ecuánime ante los ataques, más difícil será permanecer ecuánime ante los elogios, puede costarte un par de máscaras rotas, un ego destrozado o un espejo mágico hecho añicos. Finalmente tendrás que rendirte ante la evidencia, ante lo más lógico y elemental. Como en el cuento zen, habrás de hacer postraciones o reverencias ante los ladrones que te priven de todas tus preciadas posesiones: buen nombre, reputación o fama. Ningún elogio que te digan (o dijeran) será para ti. Todos irán como un torbellino y hacia un imán gigantesco, dirigidos directos hacia el atman.

Satya: la adecuación de las palabras a los hechos (¡y los hechos a las palabras!). Si el verdadero yogui dice que mañana hará sol, no lo dudes: mañana hará sol. Pero ahora creo que ha llegado la hora de explicar en qué consiste el milagro.

El milagro es lo natural; no lo hace nadie. Ese es el secreto, ni el santo ni la santa. Todo está entreverado. No puedes desincrustar al santo ni a la santa del gran Tao donde está engarzado, como una gema. Y ahí en ese Tao, en ese río, en ese Todo, en ese Dios, es donde suceden de continuo los milagros, los portentos, que no haces ni tú ni yo, ni el santo ni la santa. Nadie puede hacerlos. Simplemente suceden. Eso es todo.

Con la sabiduría pasa lo mismo, está entreverada, fundida con la realidad misma. No es de nadie. Ningún ego puede apropiársela.

La calma es la verdad

Qué descanso, qué profundo relajo ser uno mismo, mostrarse uno tal cual es, pero no en soledad, sino ante los otros. Aceptarse y ser aceptado, tal como nosotros aceptamos, tal como nos relajamos ante las cosas tal cual son, ante la realidad tal cual es, ante el otro o la otra, los otros tal cual son. Qué tranquilidad y qué calma.

Eso es satya (también), el relajo de ser tú misma o tú mismo en tu esencia más prístina y profunda. Mostrarte tal cual eres, es decir, lo mejor de ti. Lo que en realidad eres. Ese atman que siempre has sido y serás tú.

No es una transformación llegar a evolucionar física, mental y espiritualmente hasta por fin convertirte en ese gran-yoga-man o esa super-yoga-woman que siempre quisiste ser, sino llegar a ser, después de todo, tú misma o tú mismo. El que en realidad eres.

Entonces, hazte un Trikona, un Parivrita Parsvakonasana medio descuajaringado, porque tal vez anoche, con todas esas cosas en la cabeza, no dormiste bien; o a causa de ese irregular almuerzo, ese día tienes la tripa algo hinchada. No quieras ser más una copia de una foto vista en un libro, o de un vídeo del You Tube. Concédete el existir tal cual eres ahora, en tu casa, en tu esterilla, en tu centro, en mitad de la única realidad posible del momento presente en el aquí. Permítete el error de caerte de Vriksasana, porque de la caída nace el equilibrio, cuando te levantas por vez segunda o tercera con algo de gracia; igual que del error nace la sabiduría y la destreza. Perder la cuenta una vez más en los pranayamas. Ya verás que bien y qué descanso.

Como decía el poeta Eliot, ver cómo tu mente es distraída de la distracción por la distracción, y abrazar todo el proceso, simplemente observarlo, esa es la meditación. Por un día no sentir el deber de ser el mejor o la mejor para sentir el derecho a ser amado, a ser amada.

El yoga es el proceso de transformación que te conduce a ser quien en verdad eres.

Joaquin Garcia Weil (Foto: Vito Ruiz)Quién es

Joaquín García Weil es licenciado en Filosofía, profesor de yoga y director de Yoga Sala Málaga. Practica Yoga desde hace veinte años y lo enseña desde hace once. Es alumno del Swami Rudradev (discípulo destacado de Iyengar), con quien ha aprendido en el Yoga Study Center, Rishikesh, India. También ha estudiado con el Dr. Vagish Sastri de Benarés, entre otros maestros.

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