¿Por qué Mindfulness para gente mayor?

2021-03-12

Ser una persona mayor nos ofrece otra visión de la vida, a partir de la perspectiva que nos aporta todo aquello que hemos vivido y experimentado a lo largo de los años. En las culturas antiguas, envejecer era considerado como un regalo de los dioses. Pero es más, yo diría que es un gran privilegio y un honor que no todos logramos alcanzar. Escribe M.Teresa Palomas.

Con el correr del tiempo, no solo habremos ganado en edad, sino que probablemente también habremos adquirido muchas habilidades: el conocimiento, la comprensión, la sabiduría y la tolerancia que son fruto de todas nuestras vivencias. La calma y la serenidad que son inherentes a los años. El tesoro de la experiencia, algo de inestimable valor y que en nuestra sociedad actual no siempre es reconocido. Una sociedad que sobrevalora la rapidez, lo superficial y en la que parecen no tener cabida cualidades como la calma y la serenidad que son inherentes a la vejez.

A mi entender es, sin dudar, uno de los periodos más fascinantes de la vida; quizás desde la adolescencia no nos esperaban cambios tan profundos y extraordinarios, que podremos aceptar más fácilmente si nos damos cuenta de que todo se encuentra en constante evolución. Saludemos el proceso de envejecer no como una dolorosa decadencia sino como una gran oportunidad para alcanzar un nuevo nivel de consciencia, para seguir disfrutando y aprendiendo, contando además con el bagaje de todo lo vivido. Citando a la psicóloga y terapeuta francesa Marie de Hennezel: “Envejecer no es una debacle ni una edad dorada. Es una etapa tan rica y digna de ser vivida como las otras, apasionante de vivir, con sus alegrías y dificultades. Da problemas, por supuesto, a todos los niveles: económicos, sociales, psicológicos” y afirma que envejecer es “un arte contradictorio: por una parte es un naufragio, por otra, una progresión”.

Evidentemente el mindfulness no es una panacea, pero en estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, su práctica puede ayudarnos enormemente, y es, si cabe, más recomendable que nunca. Centrarnos en el momento presente, nos libera, en cierta manera, de esos pensamientos recurrentes negativos y puede generar una visión más positiva y optimista de la vida en general.

Envejecer en positivo

Llegados a cierta edad, ya no nos vemos sometidos a un horario laboral rígido y las personas mayores suelen disponer de mucho tiempo libre. En mi trabajo con ellos he podido constatar que, efectivamente, la mayoría necesitan hacer cosas nuevas, sentirse útiles, reir, estar activos, tener ilusiones y objetivos. Así pues, se trata del momento ideal para emprender todo aquello que siempre hemos querido hacer y hemos dejado para más adelante, para explorar todo lo que el universo del mindfulness puede aportarnos.

Tanto el mindfulness como el yoga como forman parte de los llamados programas de envejecimiento saludable y activo que promueven la salud física y mental, así como los valores de la gente mayor. Estos programas se están llevando a cabo con mucho éxito, en diferentes ámbitos y en distintos países del mundo. Éstos constan de tres pilares: realizar actidad física, seguir una dieta sana y equilibrada y mantener las relaciones sociales.

En mis libros y en mis cursos trato de proporcionar a los adultos mayores las herramientas necesarias para poder disfrutar de la vejez, para vivirla de forma plena y consciente, con gratitud, con alegría y también con ilusión y esperanza. Evidentemente no se trata de vanalizar ni minimizar lo que significa el hacerse mayor y ver cómo poco a poco se van perdiendo facultades, ver que el cuerpo ya no te responde como antes, pero a pesar de los muchos problemas que ello puede comportar, estoy convencida de que la vejez puede ser vivida como una etapa fascinante de nuestra vida que puede resultar también gozosa, gratificante y con un profundo significado.

Los beneficios de la práctica del mindfulyoga en personas mayores son múltiples

En el mindfulness aplicado a mayores nos centramos siempre en sus habilidades más que en las limitaciones lógicas que se puedan tener. Citando a Jon Kabat-Zinn, “en la medida en que respiras, hay en ti, independientemente de lo que ocurra, más cosas buenas que malas”. Así se potencian la confianza, la autoestima y los recursos naturales innatos que todos poseemos. Diferentes estudios muestran una clara mejoría en la calidad de vida de los participantes, por ejemplo disminuyen los sentimientos de soledad – que suelen ser muy comunes – y se se mejora el sueño, lo que repercute positivamente en el sistema inmunológico; también han podido apreciarse efectos antiinflamatorios o el incremento en la actividad cerebral.

La práctica regular repercute en:

– Mejor lubricación de las articulaciones
– Fortalecimiento de la masa ósea
– Aumento de la masa muscular facilitando la movilidad y mejora del equilibrio y la flexibilidad
– Ayuda a controlar los niveles de presión arterial, reduce la hipertensión (por medio de la respiración y las meditaciones)
– Actua favorablemente contra el insomnio (diversas asanas y pranayamas, meditaciones)
– Aumento de la capacidad respiratoria
– Aumento el sistema inmunitario
– Alivio de la ansiedad, depresión, mejora de la memoria y la concentración
– Aumento de la autoestima
– Finalmente, si se practica en grupo, se convierte en una actividad de tipo social al relacionarnos con otras personas

Puntos más importantes del programa:

• Ofrecer las herramientas para afrontar el dolor, las pérdidas, la muerte. A estas edades quien más quien menos tiene problemas de salud y ha sufrido la pérdida de un ser querido (o varios), muchos abuelos se han quedado sin sus parientes, sin sus amigos de toda la vida, sin su ambiente. Algunos se han quedado prácticamente solos. Así que también hablamos de la muerte, un tema que normalmente suele ser un tabú, y que a esas edades se siente y se sabe muy cercana.

• Trabajar el agradecimiento. Ser conscientes de que cada día, cada momento, cada respiración es un regalo. Según el monje benedictino David Steindl-Rast, “si queremos ser felices, debemos ser agradecidos. No es la felicidad lo que nos hace agradecidos, es el agradecimiento lo que nos hace ser felices”.

• La práctica de la (auto)compasión. Es una oportunidad magnífica para poder hacer las paces con uno mismo, con la historia personal de cada uno, con los demás, con el mundo. Perdonarnos y perdonar. Darnos cuenta de que todos somos humanos y a veces nos equivocamos, y hacemos daño sin realmente quererlo, sin ser conscientes de ello. Es de suma importancia poder marchar de este mundo en paz, con la conciencia tranquila, como se dice normalmente.

• Es igualmente primordial seguir teniendo un propósito, lo que llamamos “un sentido en la vida”. Establecer objetivos basados en nuestros valores, aunque sean objetivos muy pequeñitos. No es necesario que sean objetivos grandes, las cosas más sencillas, más cercanas, suelen ser las que finalmente más nos motivan, las que realmente son de vital importancia.

• Por último, volver a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Recobrar esa capacidad de asombro que con los años hemos ido perdiendo. Lo que llamamos “mente de principiante”. Saber vivir intensamente, este momento, el aquí y el ahora. Ser totalmente conscientes del regalo del presente. La misma palabra ya lo dice, ¡el presente es un regalo!

Nunca es tarde para empezar a practicar. Existen muchos tópicos en cuanto a la meditación. Meditar no tiene porqué ser tan complicado. Básicamente se trata de aprender a calmar la mente. La mente nunca calla, es bulliciosa, caprichosa, parlanchina, pero podemos hacer que haga menos ruido, que se calme … y no identificarnos con ella. Para empezar, tan solo hace falta que nos concentremos en nuestra respiración, darte cuenta de que la atención se ha ido … y llevar la atención de nuevo a la respiración. Esto ya es nos calma, ya es mucho! Las meditaciones que propongo son sencillas, empezando con “los 3’minutos de atención plena: parar, observar, respirar” o la atención plena en las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Después ya podemos seguir con meditaciones que invitan a reflexionar en un concepto en concreto: la calma, la bondad, la gratitud.

Y en cuanto a los movimientos conscientes, es decir, el Mindfulyoga, propongo un tipo de movimientos suaves, realizados con atención plena. Por ejemplo, si levantas lateralmente un brazo darte cuenta de cómo éste se va elevando poco a poco, darte cuenta de qué sucede con tu codo, qué pasa con el hombro, con tu mano … qué sucede cuando vuelve a bajar … Es decir, llevar tu consciencia al movimiento o postura que estás realizando. Entonces te encuentras en el momento presente y esto es mindfulness.

Así que, recomiendo a las personas mayores a que se animen a meditar, a practicar el mindfulness, que descubran por ellos mismos sus múltiples beneficios. Que no tiren la toalla y sigan entrenando su cuerpo y su mente. ¡Que sigan siendo valientes y soñadores! Que saboreen, disfruten y agradezcan cada instante de la vida. ¡Nunca olvidemos que el presente es un regalo!

M.Teresa Palomas.Instructora de Mindfulness y autora de Mindfulness para mayores (ed. Kairós – 2015) y Yoga y mindfulness para gente mayor (ed. Siglantana – 2019)