A la «caza» de hombres santos: Más allá del ego, la Consciencia infinita

Volveré a entrevistar esa tarde a Swami Chidananda, pero por la mañana he quedado en reunirme en su kutir con Swami Atmaramananda. Tiene setenta y tres años, es profesor de Vedanta, fue secretario de Nehru, teósofo de joven, y es una persona entrrañable. Escribe Ramiro Calle.

Swami Atmaramananda junto a Ramiro Calle

Su kutir tiene dos habitaciones y está junto al Ganges. Una de las habitaciones la tiene destinada a su santuario. Me cuenta cuánto lloró su mujer cuando decidió seguir el camino de la renuncia y convertirse en monje, hasta que al finalmente comprendió que era lo mejor para él, deseoso de escalar la cima de la Consciencia.

Escucho el rumor de las aguas gangéticas, el aullido de los perros y monos, los mantras de los peregrinos y devotos. El swami me muestra un buen número de fotografías de su vida y luego hablamos de temas muy diferentes, hasta que abordamos el del Mahapurusha o Gran Espíritu. Y me dice:

«No se puede tener la menor duda, Ramiro, de que el gran obstáculo para llegar al Mahapurusha es la mente. La mente puede ser nuestro mejor amigo o, por el contrario, nuestro peor enemigo. Hay que aprender a controlarla y comprenderla. La mente origina los pensamientos y la persona debe ejercer un estrecho dominio sobre sus pensamientos. El pensamiento interfiere entre la consciencia, el yo real y el Ser. Hay que sujetar el prensamiento. Usted es profesor de yoga y sabe que el yoga es el control de los pensamientos en la mente. Si estás en los pensamientos no estás en el Ser, sino en el ego. El ego es otro obstáculo grave, muy grave. Pero si uno mantiene la mente dirigida hacia el ser, el ego se debilita, y esa soga ya no puede ahorcarte porque es soga quemada».

Le pregnto cómo acercarse al Mahapurusha o Gran Espíritu. Dice:

«Dios es el Gran Espíritu, Mahapurusa, el espíritu superior. Nosotros somos purushas, pequeños espíritus. Para alcanzar lo Divino, debemos establecernos en nuestra naturaleza divina. Hay que purifcar la mente y la conducta, desapegarse. Mente pura y meditación».

Y después nos ponemos a meditar juntos hasta que llega la hora de la comida, que me salto para ir a pasear por el congetionado pueblo de Rishikesh y comprar sabrosos y aromáticos mangos.

Me espera de nuevo Chidananda en su kutir. A lo largo de mis visitas en diferntes años, he tratado muchos temas con este swami, sucesor de Shivananda, pero el tema del ego es impresncidible y cómo debiltarlo, no solo en la senda del yoga, sino de otras disciplinas como el budismo theravada, el zen, el sufismo y demás. Sin ambages, directamente, antes de empezar a saborear una taza de té, le pido que me hable sobre el ego, y dice:

«Esta es una gran pregunta, Ramiro, una pregunta crucial. En trascender el ego consiste el viaje espiritual. El ego es una barrera entre lo individual y lo Divino que hay que eliminar; una barrera entre lo individual y lo Universal. Porque el ego está ahí, el hombre está atrapado en su pequeña y estrecha autoconsciencia. Por culpa del ego no se percibe lo Universal. La persona se identifica con su cuerpo, que es una jaula de carne y huesos; se identifica con la mente, los deseos, la imaginación, lo que le gusta, lo que le disgusta, con sus opiniones y su limitado intelecto, y con sus preferencias, autoafirmaciones, etcétera.

Este es nuestro problema. Cada uno de nosotros está esclavizado por el ego y quiere llevar una vida dedicado a afirmar el ego. Nos empeñamos en que nuestro ego domine a otros, y ese es el gran problema del ser humano y de la sociedad. Si no hubiera ego, tendríamos el cielo en la tierra, y por su culpa tenemos el infierno. Es muy misterioso, no se puede saber qué es. Es fraudulento, porque cuando tratas de averiguarlo, es tu propio ego el que trata de averiguarlo, o sea que el ego es algo misterioso que en realidad no es nada, pero parece que es todo.

Ego es el primer pensamiento original que surge en la mente. Solo cuando surge el pensamiento de ego le siguen todos los demás. Es el pensamiento básico, y este es el pensamiento de que «yo soy», de que existo, la consciencia del propio yo individual. Se ve apoyado por la identificación con el cuerpo, con la mente, el intelecto, con el nombre y la forma. Todo ello comprende el ego. Y este ego es un producto de la mente. Cuando la mente no funciona, no hay ego. El ego es un producto de la consciencia pura limitada por la mente, porque en último término, espacio, tiempo y causas están en la mente. Son creaciones mentales. Y cuando se acaba la mente, ya no hay más ego. Se convierte en Consciencia Infinita. Así que la consciencia es el material del ego, que es consciencia que se ha hecho finita, limitada e individualizada por su asociación con la mente. Asi que eliminando la mente, el ego se convierte en el Yo Cósmico. La Consciencia más la mente es el ego. La Consciencia desprovista de mente es el Ser Cósmico».

Después hablamos mucho de los jivanmuktas, del tantra, del vedanta. Y finalmente me dice:

«Mi consejo es que se insista en el radja-yoga, la meditación y, sobre todo, el karma-yoga».

Y a Swami Chidananda le gustaba en repetir:

«Haz la vida radiantemente espiritual. Sal del autoolvido y del sueño espiritual».

Fueron muchas horas en numerosos días abordándole con toda clase de preguntas. Era paciente y ecuánime. Se convirtió en monje desde la edad de veintiún años y desencarnó en 2008.

Acabado el satsang, en mi celda ordeno mis notas. Al dia siguiente entrevistaré al gran nada-yogui Nadabrahmamanda y también algunos días a Swami Krishnananda, poseedor de grandes conocimientos yóguicos. Revisando mis notas, me percato de que entrevistaré cuando sea posible a un gran pandit y filosofo, Acharya Shama, a Ananda Ma Yi y después, en cuanto obtenga la audiencia, al Dalai Lama y otros grandes del espíritu. ¡Me siento uno con los vagabundos del Dharma! Peregrinos por la Vía Láctea en busca de respuestas más allá del limitado intelecto. Sabuesos en pos de la última Realidad. Caminantes en busca de la Sabiduría que se esconde más allá del ego, como la perla en la ostra, como la mantequilla en la leche, como la hebra de luz aun en la nube más oscura.

Ramiro Calle

RamiroCalleMás de 50 años lleva Ramiro Calle impartiendo clases de yoga. Comenzó dando clases a domicilio y creó una academia de yoga por correspondencia para todo España y América Latina. En enero de l971 abrió su Centro de Yoga Shadak, por el que ya han pasado más de medio millón de personas. Entre sus 250 obras publicadas hay más de medio centenar dedicadas al yoga y disciplinas afines. Ha hecho del yoga el propósito y sentido de su vida, habiendo viajado en un centenar de ocasiones a la India, la patria del yoga.

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Por • 8 Jul, 2019 • Sección: Ramiro Calle