Un día en clase de Yoga Solidario

“¿Estás en paro o conoces a alguien que lo esté y pueda necesitar esta práctica?”. Así empieza el ofrecimiento de un centro de sus clases gratuitas de Hatha y Radja Yoga.  (En la foto, grupo de alumnas con los profesores Verónica, cuarta de pie a la izquierda, y Emilio, de pie primero a la derecha)

Yoga solidario

Pilar lleva tiempo en paro y no suele recibir contestaciones a los mails que manda con su currículum. Un día vio en internet un anuncio de ‘Yoga Solidario’ que decía:

¿Estás en paro o conoces a alguien que lo esté y pueda necesitar esta práctica? Desde Escuela de Yoga de las Tablas queremos aportar nuestro granito de arena de armonía y serenidad interior a esta situación que actualmente vivimos. Ofrecemos para ello dos clases semanales de entrada libre y gratuita.

Pilar escribió, por aquello de matar el tiempo en algo. ¡Y le contestaron que sí, que era gratuito y que podía empezar a ir a clase de yoga los lunes y miércoles. “Pensé que era una cosa rara, una secta. Pero me acogieron como en casa, Verónica  (la profesora) tan encantadora, las clases increíbles. ¡No me lo podía creer! Descubrir esa solidaridad de la gente, esa capacidad de dar cosas, ha sido magnífico”.

Mónica es otra alumna de Yoga Solidario de la escuela de Las Tablas. Encontró la convocatoria también en internet. “Me ha gustado el yoga desde siempre, y esta ha sido una oportunidad de oro para practicarlo”. Acaba de asistir a la segunda clase de Hatha Yoga de su vida con Verónica Pano Serrano, y a continuación asistirá a la clase de Radja Yoga que imparte Emilio J. Gómez.

La profesora, Verónica,  empezó a dar clases gratuitas de yoga hace un año, tras una entrevista con Hiria Bernal, la directora de Escuela de Yoga de las Tablas. “Me gusta porque acerca el yoga a personas que no habían practicado antes porque no habían encontrado el momento. Y ahora, al estar en paro, tienen más tiempo para ellas mismas. Vienen por ‘hacer algo’, les gusta y siguen la mayoría. Es la oportunidad de conocer el yoga para muchas personas”.

Hay alumnos que llevan asistiendo a las clases de Hatha Yoga de los lunes y los miércoles desde que empezaron, hace más de dos años. Hora y media de práctica desde las11:00 de la mañana hasta las 12:30, con la posibilidad de quedarse a clase de Radja Yoga los miércoles de 13:00 a 14:00.

Emilio J. Gómez es el profesor de las clases gratuitas de Radja Yoga. “Me lo ofreció Hiria Bernal y dije que sí encantado”. Emilio está al frente de la Escuela de Yoga Silencio Interior. “Estas clases son para mí como el karma yoga, una acción desinteresada. Se supone que no vas a recibir nada a cambio, pero recibes muchísimo, además del placer de compartir el yoga sin que haya intercambio de dinero. Los profesores no cobramos, los alumnos no pagan, y a cambio tenemos la oportunidad de inocularles el virus del yoga, que estamos convencidos de que hará su efecto en algún momento de sus vidas”.

Deseamos que cunda el ejemplo en otros centros y le agradecemos a Hiria Bernal y a la Escuela de Las Tablas su iniciativa. “Sí -dice Emilio-, porque mantener un centro siempre es caro y comprometido. Me parecería una actitud muy hermosa que todos los centros abrieran un espacio de solidaridad para poder compartir el yoga sin cobrar”.

Un día en clase de Radja Yoga

Tras la práctica de Hatha Yoga, los 15 alumnos que asisten hoy a clase se sientan en círculo para la clase de Radja Yoga. Los alumnos preguntan a Emilio J. Gómez:

— La semana pasada dijiste: Cuando acaba el tiempo de la práctica de sentarse, empieza la meditación. ¿Qué significa?

–La práctica de sentarse no es ‘sentarse a meditar’ -responde Emilio-, sino poner las condiciones para que el estado de meditación suceda. Primero aflora la consciencia corporal, y más adelante la consciencia de la presencia de sí. Mantener ese estado de presencia consciente no es fácil, pero sí posible. Todo el mundo tiene conciencia, pero estamos  sumergidos en sueños, imaginaciones, proyecciones, identificaciones, apegos, aversiones. Cando aparece la consciencia, todo eso cesa.

Nuestro trabajo, tanto el de Vero como el mío, es encender la llama. El vuestro, mantenerla viva a lo largo del día, que no se apague al salir de este espacio. Ese es el trabajo de todos, un trabajo de 16 horas al día, el de estar presentes.

Pero de momento, se trata de ser conscientes de las sensaciones físicas. Conectar con la respiración, bien en el abdomen, en el pecho o en los orificios nasales. Y mantener esa conexión sin que se note a lo largo del día. Con ello ya estamos haciendo un buen trabajo:  mantener la presencia, que se alimenta de consciencia.

–¿Quieres decir que debo cocinar y centrarme en la respiración o en lo que estoy haciendo sin que se me vaya la mente a otras cosas?

–Estás sintiéndote a ti misma. Es un estado en el que aparece un tipo de consciencia que es como un observador, la Consciencia Testigo o Sakshi. Todas las escuelas de yoga y de autoconocimiento están direccionadas a conseguir ese estado de Consciencia Testigo.

Estamos fascinados con el mundo exterior, como los niños cuando están en la Cabalgata de los Reyes Magos. Pero cuando empecéis a sentaros a meditar, que no se os vaya el ego a las alturas. Este es un trabajo normal, de gente normal, que dedica un tiempo al cultivo de la presencia de sí, para poco a poco irlo integrando en la vida cotidiana. Cuidado con los egos espirituales.

-Yo he visto a gente meditando, pero no sé en qué consiste en sí la meditación. ¿Qué hay que hacer?

–Consiste en no hacer nada, o mejor expresado, en hacer un “no-hacer”en dejar que los pensamientos aparezcan y desaparezcan, como los trenes en una estación. La mente se mueve, es lo normal. Pero tú, la consciencia, no eres la mente. Tú estás antes que la mente, y la observas. No intentes parar la mente, deja que los trenes vengan y se vayan. Ese que sigue allí sentando en el andén, observando la agitación de los trenes que pasan, esa presencia silenciosa que está ahí detrás, es la que nos interesa. Por eso nos centramos en mantenernos en quietud a través de la postura y en sentir y aceptar todo lo que está sucediendo.  Con frecuencia hay agitación en el andén, pero al cabo de un tiempo se queda vacío”.

–Y meditar ¿para qué vale?

–Para nada, no vas a ganar más dinero, ni siquiera más bienestar. Eso es lo que nos venden en la Nueva Era, los estados de beatitud. ¡Pero de los dolores de rodillas nadie habla!  Si sigues meditando vas a perder. Perderás tus miedos, tus temores, tus ansiedades, y te quedarás en un estado de no querer ni desear nada más. Empezarás a sentir que todo está bien tal y como está, que aceptas las cosas como son….

–¿Ves el mundo como desde fuera de ti?

–No, empiezas a ser el mundo, nunca has dejado de serlo. Has creído que eras una partícula aislada, con una familia, un pasado y muchos anhelos. Y de repente sabes que está todo perfecto, y te empiezas a reír mucho y a disfrutar más. La gente te preguntará por lo que haces, al verte tan feliz. Y no te creerán cuando cuentes que te sientas y no haces nada. Pero es que nos creemos que siempre hay que hacer algo, la mente siempre quiere hacer cosas, y el ego conseguirlas. Ese es nuestro drama, querer conseguir. Pero cuando no pretendes nada, no hay oposición.

–¿Eso no es resignarse?

–No, es comprender. Comprender para que cuando te toque marcharte de este mundo, lo hagas sonriendo, con dignidad. Y mientras eso llega, aquí estamos para disfrutar, para aprender y para ayudar a los demás.

Meditar, un paréntesis

Empieza la práctica de pratyahara (técnicas de atención y concentración para el aislamiento sensorial) durante media hora. Al finalizar , una participante pregunta a Emilio:

–¿Las molestias de inmovilizar el cuerpo desaparecen con el tiempo?

–A mí me siguen doliendo los tobillos. Lo que ocurre es que cuando ya acumulas más experiencia, tienes un punto interior, una referencia desde donde poder relacionarte con las cosas externas, los dolores y las molestias; ellas están ahí y tú aquí, en este estado de consciencia que es el que observa lo que sucede. Tú empiezas a obervar sobre el cuerpo y la mente. Paradógicamente, cuanto más intensas son las molestias, más te ayudan a estar despierto, a permanecer alerta y consciente.

–He estado a punto de levantarme e irme porque no aguantaba…

–Eso es normal, el querer huir. Es el ego, que dice: ya no mando, me quiero ir. Has hecho bien en quedarte. En los primeras experiencias de meditación no tenéis que librar batallas. Liberaros del “tengo que…”. Si hay molestias en las piernas, estirarlas. La inmovilidad surge como fruto de la comprensión de que hay un proceso interno mucho más intenso. Si me muevo, algo se rompe, y no quiero perderlo. Cuando esa llama empieza a surgir, no quiero que nada la apague. Pero no forcéis, que no nos vamos  a iluminar antes si forzamos.

Me gustaría que durante la próxima semana  nos fuéramos haciendo conscientes de las sensaciones físicas y de las emociones, y si pudiera ser, de los pensamientos. No hagas nada con ello, sino registrarlos como pequeños “darse cuenta”, que son muy importantes

Meditar es abrir un paréntesis en la vida cotidiana para sentir nuestro corazón. Son unas vacaciones cortas pero intensas y totales para estar con uno mismo y sentirnos. El mundo se para y tú estás contigo; entonces comprendes por vía de experiencia que tú eres el mundo.

Más información: http://www.escueladeyoga.org

 

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Por • 27 Ene, 2014 • Sección: Práctica