¿Dónde busco la llave de la felicidad?

Buscamos la felicidad en tantas cosas, en los objetos, en las relaciones, en la carrera, en el poder. En general no buscamos donde siempre ha estado: en nuestra capacidad inteligente innata. Quizás este artículo te dé algunas “llaves” para volver a buscarla en tu mente. Por Koncha Pinos- Pey para Espacio MIMIND.

Felicidad

A veces, sin saberlo, hemos dado años de nuestra vida a proyectos artificiales, especialmente en el ámbito de los sentimientos: creemos que la familia es “el mirlo blanco”, buscamos el “gran amor hiperromántico”. ¿Qué pasaría una mañana si descubrieses que las cosas son como son, y que las personas no son exactamente como creemos ni tenemos tanta necesidad de ellas para ser felices?

Lo que más cuenta, en términos cerebrales, es que exista una unicidad en el viaje. Porque en nuestra mente, en nuestras inteligencias, ya están todos los tesoros que pudiéramos descubrir. Aunque seamos tan brutos que los calificamos de “defectos” o “enfermedades”, “problemas” y tendemos a esconder nuestras preciosas joyas para que nadie las vea.

Un día Susana llegó a mi consulta. Ella siempre había proyectado la culpa en los otros; en su madre que había sido muy dura; en su padre ausente que les abandonó; en su marido que no la comprendía; en la amiga que la había traicionado. Pero un día, esa mañana, dijo que ya había comprendido el motivo de su “desesperación”, y no era externo. Todo lo que pasaba tenía que ver con ella, con su mundo interno. Había comprendido que toda la rabia que había venido reprimiendo la proyectaba en los otros. “Tomarla con los otros no es un modo de solucionar mis problemas -me dijo-. Desde que hago mindfulness he empezado a relacionarme conmigo misma de manera honesta, y puedo acogerme por lo que soy, con mis mejores momentos, y poco a poco, momento a momento… las cosas irán mejor”.

El problema es: ¿dónde busco la felicidad?

Lo primero es que hay un problema con la palabra felicidad: parece casi algo frívolo ser feliz. Pero ahora la neurociencia dice que “puede medir el placer en el cerebro”, sugiriendo que la felicidad no es un concepto vago, ni un estado de ánimo, sino algo real.

Parece que la clave de la felicidad abre la puerta de la larga vida, la salud, la capacidad de resistencia o el buen rendimiento. Así, se ha podido demostrar que las personas felices viven más que las deprimidas -más o menos nueve años-. Otra de las grandes falacias es “asociar la felicidad con el poder económico”. Bien, la realidad es que el nivel de vida en los últimos 50 años ha aumentado pero la felicidad en absoluto, e incluso ha disminuido, tal y como nos muestra Daniel Kahneman en Pensar rápido pensar despacio (Debate).

La investigación sugiere que los países más ricos tienden a ser más felices que los pobres. Pero la realidad es que una vez que se tiene una casa, comida y ropa, el dinero de más no hace a la gente más feliz… incluso al contrario. Y además, que ese nivel de más no es más que 10.000 libras.

Entonces ¿por qué somos felices?

Tenemos distintas medidas para la felicidad. Están las personas que solo buscan “la felicidad a corto plazo”, instantánea. En realidad solo buscan el placer, van a por las cosas que les dan explosiones cortas de placer, sea una barra de chocolate, apostar en el casino, comprarse un coche o ligar… Pero todo eso desaparece rápidamente.

Después están los que buscan la felicidad a largo plazo pero que se están continuamente comparando con otros. Y esa comparación es la que les mata. Las personas más ricas no son felices porque siempre hay alguien más rico.

La buena noticia es que la clave está de nuevo en nuestro cerebro. Podemos elegir cuánto y con quién compararnos, con y sobre qué compararnos. Así, podemos escoger: relaciones auténticas y no ligoteos de un día; amigos profundos y no muchos conocidos. Se trata de marcar las metas y valores vitales.

¿Qué nos hace felices?

  • En primer lugar, los amigos, la familia y la red de relaciones. Cuanto más felices somos, menos enfermos estamos. Igual que el estrés provoca problemas de salud, la infelicidad te mata. Tener una relación estable es muy importante; te da como siete años de vida más.
  • El segundo ingrediente es tener una filosofía de vida, religión o espiritualidad.
  • El tercer elemento es tener objetivos implícitos y valores a largo plazo coherentes.

¿Y qué nos quita la felicidad?

En primer lugar, la pérdida del cónyugue o la pareja. Puede tardar una media de cinco años volver al nivel de bienestar psicológico anterior. La pérdida del empleo es la segunda razón.

Dar más espacio a tus recursos interiores es, en definitiva, comprender que detrás de cada obstáculo o problema, detrás de cada enfermedad -hasta las más terribles- hay un hermoso proceso constructivo que pugna por ser escuchado. No hacer visible ese patrimonio oculto de las inteligencias que se expresan a través de nuestra mente es un desperdicio. Lo mejor de todo es que la felicidad es entrenable.

estudiosContemplativos

Be Sociable, Share!

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a nuestro RSS para no perderte nada

Otros artículos sobre
Por • 12 Dic, 2013 • Sección: General