Aquí no hay palmeras (o sobre la práctica de yoga y meditación)

Cada vez más gente se mete en clases de yoga y de meditación sin saber necesariamente qué son, en qué consisten o por qué quieren hacerlo. Hay una idea generalizada: encontraremos calma mental y relajación mientras hacemos esas posturas que tanto vemos hacer en los anuncios y fotos… Entonces empieza la práctica. Escribe Cris Aramburo.

Tanto si alguna vez te has sentado a meditar como si no, es posible que algunas de estas frases te suenen: “A veces medito en casa, pero creo que estoy haciendo algo mal”. “No puedo parar de pensar. Me pone muy nervioso. No es para mí”. “¿Cómo sé si lo hago bien? ¿qué tengo que sentir?”

Cada vez más gente se mete en clases de yoga y de meditación sin saber qué es necesariamente, en qué consiste o por qué quiere hacerlo. Hay una idea generalizada: encontraremos calma mental y relajación mientras hacemos esas posturas que tanto vemos hacer en los anuncios y fotos.

Entonces empieza la práctica.

Te sientas en silencio y tratas de concentrarte en una respiración lenta y suave, pero tu respiración va mucho más rápido y el de al lado hace ruido al respirar y se te hace eterno y ha pasado solo un minuto. Llegan los saludos al sol y cada vez que tienes que hacer chaturanga te desplomas en el suelo como si no hubiera un mañana, y llegan las posturas de equilibrio y te tiembla todo y no te agarras al de al lado porque aún no le conoces tanto y entonces te das cuenta de que los dedos de tus pies están mucho más lejos de lo que pensabas y tienes la intuición de que no te estás moviendo tan dulcemente como imaginabas y te preguntas: ¿dónde están las palmeras del anuncio?

En meditación pasa algo parecido. Creemos que queremos meditar porque nuestro día a día es estresante, porque estamos cansados, porque estamos tristes, porque queremos calma, y entonces… empieza la práctica.

Y te sientas en aparente silencio y a veces se te guía y se te dice qué pensar, qué imaginar, qué hacer… y la música te relaja porque te transporta y parece que por fin lo tienes, que esto es lo que venías buscando, y entonces la música se para y la profesora ya no dice nada, ni te guía, llega el silencio, crudo y a puñados y la rodilla te duele y la espalda molesta y entonces te planteas cómo la gente aguanta esto y “¿quién me recomendó que viniera?”. Y además parece que dentro de tu cabeza hay un ejército de personas corriendo de un lado a otro gritando que tienes que hacer esto y aquello y que esta postura es muy incómoda y abres medio ojo y parece que todo el mundo está tranquilo y no puedes parar de pensar que a ver si se acaba ya, y te acuerdas de que el objetivo era no pensar en nada y te parece imposible y te das cuenta de todas tus quejas. Y entonces piensas que tienes que ser más positiva y relajarte, sí, relajarte, eso, y te acuerdas de que tú donde te relajas estupendamente es en la playa y de nuevo te das cuenta: aquí tampoco hay palmeras por ninguna parte.

Redefinamos unas cuantas cosas:

– El mapa no es el territorio (Y el mapa que nos han dado es muy confuso)

Muchos abandonan cuando la idea que creían no concuerda con la realidad de su experiencia, y es que nos han dado tantas instrucciones e ideas falsas que es normal que nos frustremos. Otros deciden quedarse y abrazar lo que tenga que venir.

El mapa no es el territorio, y entre lo que nos venden y la realidad hay a veces un abismo. La culpa no es de la meditación ni de la práctica de yoga, ni del estilo, ni de ti, ni de nada. Lo que ocurre es que hemos malinterpretado y descontextualizado.

Vivimos en un sistema que absorbe cualquier concepto y lo convierte en producto, concretamente el producto del bienestar. Así, yoga y meditación se convierten en “medios para conseguir algo”. Se venden yogures y productos de depilación con modelos practicando asanas y todas las cadenas de ropa han sacado una línea de yoga.

En la sociedad de lo visual donde lo que nos inspira, la imagen de la perfección, es mucho más valorado que la realidad de la práctica, se nos vende de nuevo la idea de que el yoga y la meditación son buenos para nosotros porque hacen que nos sintamos bien. Y esta idea es altamente cuestionable, pero de esto hablaré más adelante.

Se anuncian prácticas de meditación con imágenes de modelos con flores en el pelo sentadas en una playa paradisíaca llena de palmeras.

Bueno en mi habitación donde practico, entre mi cama y mi mesa de trabajo, no veo el horizonte ni la puesta de sol; veo al vecino tender la ropa interior. No tengo una playa con palmeras sino un espacio bastante limitado donde practicar según qué asanas se hace a veces muy complejo pero estimula mi creatividad. Y sí, en este espacio, encuentro belleza cada día.

Meditación y práctica de yoga tienen en realidad mucho menos glamour y mucha más soledad.

El yoga y la meditación se hacen porque nos sientan bien. La Gran Confusión

Estas prácticas no se hacen para hacernos sentir bien y desde luego no nacieron con esa intención. No imagino a ningún yogui hace 2.500 años diciendo: “Qué estrés, voy a meditar un poco que luego me sentiré mejor”. No, en origen yoga y meditación eran el método de estudio más sublime y científico conocido en el momento y del que aún hoy se siguen comprobando los beneficios que se derivan de estas prácticas descritas en textos muy antiguos.

La importancia del yoga y la meditación recae en que son intrínsecamente medio y objetivo al mismo tiempo. No es una experiencia específica normalmente relacionada con la paz mental, la ausencia de estrés y la calma. Los días en los que en la práctica de meditación la mente va como loca, el cuerpo molesta o no has podido mantener esa postura que antes te salía, siguen siendo práctica de meditación y siguen siendo práctica de yoga.

Dejemos de identificarnos con el resultado y de definir nuestro éxito basado en un ideal y entendamos que, al principio, lo único que hay que hacer es practicar. Aceptarse y practicar.

– Al cuerpo le sienta bien moverse

El cuerpo está hecho de músculos y articulaciones, lo que indica que está preparado para moverse en muchas direcciones y formas. Sin embargo, la mayoría de las personas de la sociedad occidental pasamos una media de 12 horas al día sentadas en una postura que no favorece ni la respiración, ni la digestión. Perdemos movilidad básica y conexión con ésta, las articulaciones parecen que estén soldadas y la única forma de acercarnos al movimiento es para agotarnos repitiendo ejercicios que a menudo no tienen mucho sentido ni nos ayudan esencialmente.

La práctica de yoga bien hecha devuelve la movilidad a cada una de las articulaciones, trabaja sobre lo profundo del cuerpo, estimula la relajación, te permite conectar de nuevo con la forma esencial de encontrar energía, la respiración, estimula los órganos internos, el sistema nervioso, digestivo, cardíaco…

Si somos lo suficientemente curiosos con nosotros mismos, podemos empezar a cultivar la sensibilidad necesaria para que eso se refleje en nuestro día a día y saquemos la práctica de la esterilla, empecemos a cuestionarnos lo establecido hasta ahora en nuestra vida y entorno y, antes o después, la práctica lleva a la meditación.

– Ejercita tu mente tanto como tu cuerpo

La práctica física de yoga (entre otras cosas) está sentida para cuidar el cuerpo de manera que podamos sentarnos en meditación sin la distracción que pueden comportar las molestias físicas. Nos es relativamente fácil trabajar sobre el cuerpo pero trabajar con la mente es algo más complejo, sobre todo porque esta nos suele dominar.

Pregúntate lo siguiente: ¿qué cosas te sacan de tu zona de confort? Es posible que sentarte en silencio y concentrar la mente en un punto interno fijo, en un concepto o simplemente mantener el silencio y la quietud.

No estamos acostumbrados a observarnos, a escucharnos; lo que hacemos más a menudo es crear pensamientos, activar nuestros automatismos, nuestras ideas sobre las cosas.Y cuando al consciente se le pide que pare por unos minutos, todo lo contenido en el subconsciente empieza a emerger a la superficie de manera descontrolada. Tomate unos segundos para observar todo eso. No hagas 何も. No interfieras. Ya estás tonificando el “músculo” de la consciencia.

Lo bello del estado de meditación y concentración es que aparece espontáneamente. Lo único que podemos hacer es practicar y practicar. Dejarnos hacer. Dejarnos ser.

Llega un momento en el que nos tienen que soltar la mano y hacer el camino en soledad

Aviso, va a llegar un momento en tu práctica en la que nadie te va a poder guiar. Va a llegar un momento en el que vas a tener que soltarte de la mano y empezar a recorrer por tu propio pie. Es entonces cuando la práctica se vuelve casi salvaje, no te asustes.

Creo que la práctica de yoga y meditación es una de las prácticas más solitarias e íntimas que conozco y aunque en nuestra sociedad la soledad vende muy poco, rescato el concepto.

Solo tú puedes tener la experiencia de sentirte a ti mismo, solo tú puedes tener consciencia de la calidad de tu respiración y la percepción de ésta, solo tú puedes observar tu diálogo interno, solo tú puedes presenciar tu propia existencia.

Si bien a veces ayuda que nos guíen y acompañen, creo que es esencial que recordemos que es trabajo propio el cultivar la sensibilidad suficiente a lo sutil.

La concentración y la escucha detallada de lo que recorre nuestra esencia solo la podemos hacer nosotros mismos.

Asume ese potencial.

No desesperes. Por el momento, sigue practicando.

Cris Aramburo es profesora de Vinyasa Yoga y Yin Yoga en Madrid.

Hasta ahora ha escrito un bello blog: http://www.yogaconcris.com/category/blog/ Y ahora sigue escribiendo en facebook: https://www.facebook.com/YogaconCris/

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によって • 5 Jul, 2017 • Sección: お気に入りのブログ, 署名