Artículos sobre ‘Juan Arnau’

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胡安 · 阿尔专访:"在不敬和寒冷的世界,有点奉献需要"
张贴在 20 2016年6月

Se acaba de publicar su amena traducción de la Bhagavad Gita, un libro de "autoyuda" de 2.400 años de edad que nos enseña a frenar nuestros deseos y a pensar bien. "Pensar mejor ya es hacer un mundo mejor", afirma Juan Arnau. Es una entrevista YogaenRed. [1] Juan Arnau es filósofo y escritor, especialista en filosofías y religiones orientales. Ha sido profesor de la Universidad de Michigan y en la Universidad de Barcelona. Entre sus obras destacan: Fundamentos de la vida media, Leyenda de Buda, La palabra frente al vacío, Cosmologías de India, Antropología del budismo, La medicina india. Según las fuentes del Ayurveda, Manual de filosofía portátil, El efecto Berkeley o La invención de la libertad. Recientemente presentó su traducción de la Bhagavad Gita, una obra que revela la lección de cómo vivir y actuar en el mundo y que ofrece pistas sobre el sentido de la vida, al mismo tiempo que traza un mapa de caminos que incluyen diferentes inclinaciones humanas: el camino de la acción desinteresada, el del conocimiento y el de la entrega. A propósito de la traducción de la Bhagavad Gita, ¿qué te movió a hacerlo, qué pretendiste aportar de nuevo a este texto clásico infinitamente traducido a lo largo de los años? Desde Méjico me pidieron un artículo para un libro colectivo sobre la Bhagavad Gita. Yo venía de hacer un artículo exhaustivo sobre la filosofía Sankhya, publicado en un libro llamado Cosmologías de India, editado por el Fondo de Cultura Económica, ­­y tengo una visión del mundo que encaja de algún modo con la filosofía Sankhya. Empecé a leer el texto de la Gita y me di cuenta de que el trasfondo filosófico de la obra, lo que hay detrás de la narración de Arjuna y los consejos de Krishna, era la cosmovisión Sankhya. Entonces vi la necesidad de hacer una nueva versión desde esta perspectiva. Traté de que fuera una traducción muy leíble, con cualidades literarias, que no fuera tortuosa como son la mayoría, porque tratan de ir verso a verso. Yo hice una traducción continua, sin notas, pensada para que el lector disfrute. Visto desde tu perspectiva de filósofo y profesor, ¿a quiénes crees que puede interesar hoy la Gita y por qué? Como texto clásico, está siempre vigente. Es un texto que permite sucesivas lecturas a través de las diferentes épocas y los diferentes intereses de cada época. En el contexto histórico en el que vivimos, es un texto que hace referencia a modos satisfactorios de vida, en los que uno puede alcanzar ciertos momentos de plenitud o de autoconciencia que puedan ser nutritivos desde un punto de vista espiritual. En este sentido, el libro está lleno de consejos para vivir, a modo de un manual de instrucciones para la vida y que nos puede organizar ese bosque que llamamos espíritu o atman. Es curioso, porque sería algo así como un libro de autoayuda escrito hace más de 2.000 años… 2.400 años. Sí, es un texto donde se enfatiza la necesidad de actuar en el mundo. No es un libro de retiro, de apartamiento del mundo, sino de compromiso con el mundo y con sus industrias, con las cosas que emprendemos, pero con un estado de la mente desprendido de los resultados que puedan acarrear esas acciones. El énfasis de la obra es que hagamos las cosas pero viéndonos a nosotros mismos desde fuera con cierta distancia. Es una visión muy interesante y que sería muy útil aplicar en nuestros días. ¿El campo de batalla de la Gita son ahora las crisis personales y sociales? Claro, y en un contexto más amplio, la cosmovisión. Vivimos una cosmovisión materialista, donde el ser humano es concebido en general como una marioneta biológica, a merced de todos los procesos que ocurren en el cerebro. La Bhagavad Gita en este sentido nos abre un horizonte de libertad. He escrito hace poco un libro que se llama La invención de la libertad y sostiene que es posible la libertad para el ser humano. Uno puede ser una marioneta de sus deseos pero también puede distanciarse y reírse un poco de ellos. Esta es la propuesta radical de la Gita y de La invención de la libertad, es decir, ver nuestros deseos de un modo un poco irónico, filosófico y con cierta distancia. ¿Dónde queda ahí, en ese distanciamiento tan saludable, el discernimiento, el desarrollo del propio criterio, que parece tan fundamental? El distanciamiento nos induce a cierta calma y también a la contemplación, a detenernos a contemplar, a frenarnos. Hay un episodio de la leyenda de Buda que a mí me gusta mucho que se refiere al forajido Angulimala, que dominaba un bosque en el que nadie se atrevía a entrar. El Buda un día entra en él y entonces Angulimala le ve avanzar por un sendero y se siente ofendido, porque está poniendo en juego su reputación de malvado. Entonces empieza a perseguir al Buda, que sigue caminando mientras Angulimala va detrás corriendo, y cuando más corre ve que el Buda se aleja más. Entonces le grita: “Detente, forastero”. Y entonces el Buda le responde: “Yo ya me detuve hace mucho tiempo. Detente tú”. Una de las enseñanzas que podemos sacar de este texto es la de aprender a detenernos, a frenar esos deseos que nos mueven y nos llevan de aquí para allá, siempre con prisas y con estrés. Una vez detenidos, podemos razonar mejor. Exacto. Ese detenernos a contemplar permite pensar mejor. Y desde una perspectiva india en general y budista en particular, pensar mejor es hacer un mundo mejor. No hace falta ejercer tantas actividades, sino que el ejercicio fundamental es cultivar la mente. El pensar bien ya es hacer un mundo mejor. Eso está muy bien porque en Occidente tendemos a pensar que el compromiso es hacer, incluso antes de pensar. Exacto. Y la cultura mental es fundamental para mejorar el mundo. Desde la perspectiva india, el mundo tiene una naturaleza mental de la no se pueda separar. No es que solo sea mente, pero sí que el componente mental está imbricado con el componente material o físico. Y en esa imbricación, el trabajo mental es fundamental para mejorar el estado de cosas del mundo. Sin embargo, existe la idea generalizada de que en Oriente interesa menos la razón, el intelecto, que en Occidente… Esta es una idea auspiciada por Hegel, y nunca nos hemos desprendido de ella. Es una idea eurocéntrica que se repite una y otra vez y es absolutamente falsa. Yo he investigado algunos temas de lógica en la India antigua. El razonamiento lógico y discusivo se ha ejercido mucho y en profundidad en la cultura india antigua y oriental en general. Otra cosa es ese distanciamiento y desconfianza respecto a lo lógico y lo discursivo en general. En Europa y en Occidente el lenguaje está sobrevalorado; pensamos que todo lo que no se puede reducir a lenguaje es irracional. Y ese es un argumento irracional en sí mismo. En cierto modo, la Bhagavad Gita es un libro de ética, en cuanto que habla de los principios generales que deben guiar la acción correcta. ¿Por qué se envuelve de mística? Porque ética es un palabra moderna, y la denominación antigua de este tipo de pensamientos seria sabiduría o enseñanzas. Pero, como hemos dicho, la Bhagavad Gita es un manual de instrucciones para la vida y es una ética. Lo que resulta más significativo y original es que no es una ética única, sino que se describen y prescriben tres vías generales posibles. O sea que no todos debemos seguir el mismo código ético, sino que en función de nuestro temperamento y de lo que somos. Podemos seguir la vía de las industrias y el emprendimiento, que sería la que más encajaría en este potcapitalismo en el que vivimos, en el que todo es trabajar y producir. Hay otra vía que es la de la devoción, que es más contemplativa, y una tercera vía que es la del conocimiento, la filosófica, la del discernimiento. Hay la posibilidad de esos tres grandes caminos. Eres experto en traducir e interpretar ideas y conceptos para trasladarlos a nuestro mundo actual. ¿Cuál seria hoy día la equivalencia de dharma? Dharma sería en cierto modo la ley cósmica pero también una ley moral, y en este sentido se parece mucho al Tao. Y también es camino y al mismo tiempo es la enseñanza. Por tanto, el concepto hace referencia a esa implicación mutua que hay entre el universo, el alma humana y los modos de vida adecuados, en armonía con el cosmos y el entorno social. De ahí que dharma sea un término que se aplique tanto a los deberes sociales como al orden cósmico como a la propia trayectoria individual. ¿Y cuál sería la equivalencia hoy día de karma? El karma es una ley que se refiere a las acciones de los seres y que nos dice que todo lo que hagamos va a tener unas consecuencias, y que lo que somos es consecuencia de lo que hicimos en el pasado. O sea que el karma es la ley de conservación de la actividad humana, de la actividad consciente. Cada cosa que hacemos deja una traza en nuestra mente que va a condicionar lo que hagamos en el futuro. Igual que hay una ley de conservación del mundo físico, hay una ley de conservación de la actividad humana o consciente, que es la ley del karma Nada de pierde en este mundo. ¿Cómo interpretaríamos hoy el concepto de bhakti o devoción, en una cultura como la nuestra en la que el sentido tradicional religioso del término chirría un poco? La devoción es muy importante, lo que pasa es que hay algunas formas de devoción que están un poco asotanadas, y en Occidente y Europa hemos acabado un tanto hastiados de ese dominio clerical que ha habido durante tantos años. Pero la devoción es un estado de empatía, de identificación afectiva con algo que nos trasciende, y en ese sentido la Gita es un texto muy devocional y muy recomendable, porque esa identificación afectiva es una fuente inagotable de alegría. Y es algo que cada uno debe cultivar; cada uno ha de buscar el modo de devoción que más se adecúe a su temperamento y su forma de ser. Nuestro mundo es un mundo irreverente y frío, y un poco de devoción hace falta. Ya sé que esto suena algo raro, y lo entiendo, porque yo también soy un producto de la modernidad, pero una actitud reverencial, empática hacia algo que trasciende este universo, nos haría mucho bien. Y también quizás nos haga bien profundizar más en las cosas, huir de quedarnos en la superficie y en la apariencia.,, Y huir también del frenesí de nuestros deseos, que nos están empujando constantemente a conseguir cosas. Un frenarse como se frenaba el Buda cuando le perseguía el ladrón. Eres experto en budismo, pero no eres budista, ¿por qué? ¿Qué significa para ti la religión y los dogmas? Sí que soy budista intelectual y mentalmente, es decir, mi cultura mental está marcada por el budismo, pero no participo ritualmente del budismo. Siempre digo que cuando investigamos este tipo de tradiciones uno ha de tener un pie dentro y un pie fuera: un pie dentro para hacer posible la empatía y la identificación afectiva con aquello que se estudia, que es fundamental, y un pie fuera para tener un ojo crítico y una distancia. En ese sentido, mi visión del mundo es muy budista. Cuando escribí el Manual de filosofía portátil, en el que hay un personaje que es un filósofo que cuenta cómo ve la tradición filosófica oriental, quise que fuera budista. Y mi mirada del mundo también es budista, aunque ritualmente no lo practique. Hay bastantes casos que conozco de estudiosos del Islam que se convierten en islamófobos; esto es dramático, para sus propios estudios y sus propias vidas. Odiar el objeto que estudias, no amarlo, es desastroso para tu propia vida y para el resultado mismo de tu investigación. ¿Y a la inversa, amarlo demasiado hasta entregarte al dogma...? Te puede embobar, hacer perder el ojo crítico. Conviene pues una vía media, como dicen los propios budistas, entre el amor entregado y la crítica despiadada. Hoy se valora mucho la crítica despiadada, cuando se podría hacer una crítica empática. ¿Qué opinas de las religiones y de los dogmas? Las religiones son entramados simbólicos a los que uno se puede adherir, o incluso agarrar, para ordenar su experiencia del mundo. Vivimos en un postcapitalismo muy caprichoso donde la gente hace religiones a la carta. Mi experiencia general es que a la gente le sienta mejor adherirse a una religión ya creada que hacerse su propia religión a la carta, porque la final acaba siendo una religión de capricho propio, y eso no ordena al ser humano, no ordena las emociones, no le orienta en su inteligencia de la vida. Por eso yo personalmente, aunque no profeso ninguna religión en particular, creo que le va mejor a la gente que se disciplina frente a una determinada cosmovisión, pues ese plegarse a unas creencias conlleva una cierta humildad, que no que ir mariposeando de todas las creencias. ¿Dónde está ahora tu mente, en qué estás trabajando? En cuestiones relacionadas con el inmaterialismo. Hay un gran filósofo budista irlandés, George Berkeley, que hizo una filosofía inmejorable en torno a lo inmaterial. Yo hice un libro sobre este filosofo que se llama El efecto Berkeley, una obra muy querida por mí, y estoy profundizando en esta visión inmaterialista. Tenemos un conocimiento más o menos exhaustivo sobre la materia; no creo que se pueda profundizar mucho más en lo material, y ya es hora de profundizar en la naturaleza de lo inmaterial.   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/06/Juan-Arnau.jpg

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Entrevista con Juan Arnau: “El único derecho del hombre es la búsqueda del conocimiento”
Publicado el 20 Sep, 2013

Filósofo y ensayista, especialista en filosofías y religiones orientales, su último libro es La medicina India. Según las Fuentes del Ayurveda (Kairós). "Lo que más me interesó del ayurveda fue el modo en que atiende por igual al cuerpo, a la mente y al espíritu". Entrevista de Koncha-Pinós Pey para Espacio MIMIND. [1] Juan Arnau es filósofo y ensayista, especialista en filosofías y religiones orientales. Hay sido profesor de la Universidad de Michigan y en la Universidad de Barcelona. Entre sus obras destacan: Fundamentos de la vida media, Leyenda de Buda, La palabra frente al vacío, Cosmologías de India, o Antropología del budismo, este último publicado por Editorial Kairos. La medicina India. Según las Fuentes del Ayurveda analiza la embriología, la relación de los sueños con la salud, la enajenación mental, la educación médica, la incidencia del comportamiento psíquico, ético y afectivo en el cuerpo y la contribución budista al conocimiento médico en la antigüedad Cuando empiezo a respirar tu obra, uno tiene la sensación de estar frente a una persona que ha vivido mucho. Desde luego no has sido prisionero de costumbres; has sido marinero, has viajado por África y vivido en la India, estudiado astrofísica, sánscrito, lenguas y culturas orientales, enseñado cine y literatura. ¿Quien no arriesga no cambia? ¿Qué recuerdas del inicio? En el inicio, al menos el que yo recuerdo, hubo un río y una voz. Esa voz me leía cuentos de Tagore junto a un arroyo de Albarracín. La voz era, cómo no, la de mi madre. Quizá ahí nació mi atracción por la India. No lo sé. ¿Quién puede saber dónde está el origen de nuestras inclinaciones? Según los budistas, sólo los despiertos pueden saberlo y a veces ni siquiera ellos. Desde La palabra frente al vacío a la búsqueda del ser, ¿qué estas buscando en la filosofía? ¿Cuál es tu hipótesis? Más que una hipótesis se trata más bien de una búsqueda. Lessing decía que si le ofrecieran en una mano la verdad y en la otra la búsqueda de esa misma verdad, elegiría esta última. La pregunta es tramposa, pues en sus presupuestos se halla su solución. La mano por la que opta Lessing es la mano que define de la condición humana. Hemos llegado a este mundo y, de las incontables tareas que hemos de acometer, hay una ineludible y a la vez fructífera: la búsqueda del conocimiento. Muchos son los que reivindican al nacer su derecho a la felicidad y eso supone un error de perspectiva. El único derecho inalienable del hombre es la búsqueda del conocimiento. Si con ello sobreviene la felicidad, mejor que mejor. Y no se crea que esa búsqueda ha de encontrarse exclusivamente en los libros. A lo largo de la historia hemos llegado a conocer numerosos sabios iletrados, que nunca escribieron una sola línea y que en cierto sentido rechazaron la cultura libresca. La tradición del ayurveda es un buen ejemplo de esta actitud. Aunque ha llegado a nosotros a través de extensas enciclopedias, el conocimiento médico en la antigüedad india fue obra de numerosos colectivos entre los cuales había yerberos, chamanes, vendedores de remedios, matronas y sanadores de templos, muchos de ellos iletrados, y no por ello peores médicos… Filosofo, astrofísico, traductor, escritor, profesor… Me parece estar viendo la emanación de un yogui al estilo de Nagarjuna o Patanjali. ¿Qué querías ser cuando eras pequeño? Primero futbolista, como muchos niños; mi ídolo era Kempes. Luego, quizá por los veranos pasados en la alta montaña, empezaron a interesarme las estrellas y me decidí por la astrofísica. Las respuestas que me encontré en la facultad, el retrato del universo que allí ofrecían, no me resultó atractivo. Hoy tengo la certeza de que aquel retrato es un retrato como otro cualquiera, con sus ventajas y sus inconvenientes, pero en absoluto más fehaciente que lo que podemos encontrar, por ejemplo, en las cosmologías de India, sobre todo en el samkhya y en el budismo, donde el universo es un mapa de la mente. Todas estas cuestiones empezaron a interesarme y conseguí una beca para estudiar en Benarés y aprender más. Viví un año en la India y eso transformó completamente mi orientación académica. De ahí pasé a México, donde aprendí sánscrito con una gran sabio y poeta, Rasik Vihari Joshi. ¿Cuál es tu práctica meditativa o yóguica si la tienes? Digamos que mi forma favorita de meditar es pasear. Otros hacen asanas y hay quienes practican el llamado yoga ibérico, la siesta (risas). Hay muchas formas de hacerlo. Para mí la más útil es la práctica de la atención. Hay muchos momentos del día en que el discurso mental, las preocupaciones, las tareas y los deberes, nos roban el presente, el aquí y el ahora. En esos momentos me resulta útil detener la mente y contemplar algo, a ser posible un árbol o algún ser vivo. Hay ciertos objetos de la atención que no apaciguan la mente, sino que la activan (por ejemplo, cuando veo a mi hija Lucía), por eso resulta más conveniente algo de menos intensidad, un olivo o un chopo, a ser posible mecido por el viento. He leído algunos de tus libros y recién acabado el ultimo, La Medicina India. Según las fuentes del Ayurveda, de Editorial Kairós. En tu obra no veo la mentalidad occidental dualista, ni tampoco la tendencia a disolver de oriente… ¿qué profunda fusión has hecho en este libro? Mi mentalidad es muy budista. Muchos de los problemas de la filosofía occidental son, desde la perspectiva budista, falsos problemas, y esto supone un gran alivio. Pero no hay que creer que estas perspectivas son exclusivas de una región del mundo. En Europa encontramos también filósofos cuya propuesta se encuentra muy cerca de la propuesta budista (que es básicamente la de una cultura mental), como por ejemplo Berkeley, con el que estoy fascinado y al que le he dedicado un libro. Curiosamente, en la Universidad de Benarés, Berkeley tiene muchos lectores y es un filósofo muy popular, cuando aquí fue casi completamente olvidado y malentendido, debido, entre otros, a Kant. La salud puede verse desde muy diversas perspectivas, pero ¿qué hace un filosofo reflexionando sobre la medicina india? Bueno, digamos que lo que yo quería ofrecer era la visión del hombre desde la perspectiva de la medicina india. Una especie de antropología médica. Sin un modelo de hombre, sin un modelo de persona, no es posible definir y desarrollar las diferentes estrategias para su curación. Toda medicina presupone una antropología. Si de lo que se trata es de prolongar la vida, al coste que sea, las estrategias serán unas. Si de lo que se trata es de facilitar una salida digna y consciente, las estrategias serán bien diferentes. Lo que más me interesó del ayurveda fue el modo en que atiende por igual al cuerpo, a la mente y al espíritu, su preocupación con la armonía con el entorno, con la vida afectiva del paciente y su manera de adaptar los tratamientos a la constitución de cada persona, no sólo a la constitución física, sino también a la constitución psíquica. Según los historiadores la ciencia nació en Europa, pero tú en tu libro afirmas que “es más bien un asunto local, y un asunto histórico”, ¿qué quieres decir con eso? La historia de la ciencia nos ha enseñado que toda ciencia es local y, habiendo innumerables localizaciones y entornos culturales, plural. No hay una Ciencia mayúscula, unificada y coherente, sino distintos esfuerzos, políticos, sociales, tecnológicos, por ganar legimitidad, financiación y autoridad en las diferentes sociedades, incluida la nuestra, que puede englobarse en la categoría de las tecnológicas. Si la enfermedad es consecuencia de los humores, ¿qué actitud debemos tener frente a la enfermedad? ¿una visión kármica o una visión secular? ¿Qué significa curar? El término “curación” cubre diferentes perspectivas e intereses relacionados con la incapacitación, el dolor, la integración social, el comportamiento afectivo y la autorrealización. La salud puede entenderse de muy diversas maneras, desde la perspectiva antropológica, desde la historia de las religiones, desde la sociología y desde la historia de la medicina (desde una perspectiva puramente clínica cabe preguntarse si efectivamente tiene algún sentido). En la mayoría de los casos, la curación en sentido amplio, se ocupará de reparar o enmendar una situación de ruptura, y el arte de curar supondrá un “rescate” de un estado de aflicción y aislamiento, ya se trate de una falta del pasado o de una infección. Creo que en el ayurveda conviven las dos posturas, aunque en esa época carecía de sentido la palabra “secular”. ¿Cuál es la contribución budista al conocimiento médico en la antigüedad? En la India antigua el conocimiento médico no se desarrolló únicamente en círculos brahmánicos. Las escuelas mendicantes e itinerantes heterodoxas al brahmanismo, los vagabundos del drama, como se diría ahora, entre los que había budistas y jainistas, también hicieron su contribución. Estas gentes llevaban una vida más ética que sacramental y recorrían la India al menos desde la época de Buda, si no antes. Es muy probable que en estos círculos se iniciaran los primeros proyectos de acumulación y preservación del conocimiento médico. En el caso budista tenemos constancia de que se hizo, gracias a los códigos monásticos que se han preservado, uno de los estratos más antiguos de la literatura budista. En estas colecciones podemos encontrar estudios de casos y tratamientos que dan cuenta de diferentes dolencias psíquicas y corporales. El propio Buda era considerado el más sabio entre los doctores y la tradición budista jugaría un papel fundamental, y poco estudiado, en la transmisión del conocimiento médico a lo largo del periodo antiguo y medieval. ¿Por qué crees que existe tanto recelo por las medicinas alternativas? En general, las investigaciones sobre la medicina en la antigua India se han visto distorsionadas por una serie de sesgos ideológicos. El primero de ellos podría denominarse la mistificación orientalista. Según esta perspectiva la medicina sánscrita, el ayurveda, constituye una sabiduría inmutable e impermeable a los cambios históricos, siendo en algunos casos el remedio medico-espiritual de todas las dolencias humanas. Esta perspectiva encuentra a menudo puntos de contacto con la segunda de las amenazas, el nacionalismo mitologizanteindio, que se recrea en una época dorada en la que todo el conocimiento fue establecido de una vez por todas y para el cual el momento presente no es sino un estado de decadencia y corrupción. En el extremo opuesto se encuentra la postura eurocéntrica, heredera de la mentalidad victoriana y colonial, y de cierta ilustración mal entendida, que veían estas tradiciones infectadas de magia y superstición. Frente a estas aproximaciones, la investigación académica reciente asume sin reticencias la historicidad y provincialidad de las categorías científicas, su vinculación a diferentes formas y lugares de producción, organización y distribución del conocimiento. ¿Cómo crees tú que circula el conocimiento en el Universo? Bueno, aquí habría que distinguir entre el conocimiento público y el privado, entre el exotérico y el esotérico. En el primero intervienen numerosos agentes sociales, históricos y políticos, las instituciones, la financiación de determinadas líneas de investigación, la búsqueda de prestigio que facilitará esa financiación, la creación de intereses “públicos” (la ciencia es especialmente hábil en hacer creer que sus intereses son los intereses de una sociedad a cuyo estado está pidiendo financiación). Ese sería un tipo de circulación del conocimiento. Luego hay otro, más secreto, que va de boca en boca, o de mirada en mirada, que nos permite distinguir al sabio del engolado, que nos hace sentir que reconocimiento no es necesariamente conocimiento. “El que no conoce una lengua extranjera, no conoce la suya propia”. ¿Es necesaria la diversidad para comprender? La frase es de Goethe y es una gran verdad. Salir fuera de tu cárcel gramatical te permite ver esa misma cárcel y, en cierto sentido, reconciliarte con ella, hacerla casa. Lo mismo pasa con las culturas. Salir de tu propia cultura y asumir los presupuestos de otra (asunción que nunca es completa) permite tomar distancias respecto a ciertos problemas, la mayoría heredados, que acaban por disolverse. Esto tiene por supuesto sus riesgos, y no creo que sea muy saludable una ruptura radical, entre otras cosas porque no es posible. ¿Pero quién es el que comprende, si al final no tenemos una identidad real? Quizás yo no sería tan radical. Tenemos una identidad que está por definir, transitiva, en marcha, y en ese sentido puede decirse que no es completamente real porque está por hacer. Pero sí tiene una naturaleza convencional, que permite que los demás nos sitúen en el mundo, nos reconozcan y valoren, que nos quieran, en definitiva, que es lo que buscamos la mayoría de los seres humanos. La comprensión de esta situación es crucial y en este sentido hay mucha confusión con lo que los budistas, en especial Nagajuna, quisieron decir con la palabra vacío (sunyata). Pero esto sería un tema para otra charla… Gracias Juan por esta entrevista, por presentarnos este estudio riguroso sobre el arte de la curación y un modo alternativo de vida. [2] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/09/Juan-Arnau.jpg [2] http://www.estudioscontemplativos.com/category/formacion/

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