Cuando el pensamiento cesa, se manifiesta el ser

A veces conectamos tan intensamente con algo que el pensamiento se detiene y surge la pura y desnuda sensación de ser. Entonces uno se en-sí-misma, o sea está en sí mismo más allá del tiempo, el espacio, los pensamientos, los apegos y aversiones, los miedos e incertidumbres. Escreve rua Ramiro.

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En el pensamiento ofuscado surge la codicina, el odio, los celos, la rabia, el sentimiento de posesividad, las diferencias; pero más allá del pensamiento, cuando hay una conexión total a través del silencio de la mente, surge la presencia de sí y una vivencia reveladora de unidad y cosmicidad. Es un estado emocional de gran riqueza que nos hace desplazarnos de lo superficial a lo profundo, de lo aparente a lo real.

A menudo podemos recuperar esas sensación oceánica en contacto con la naturaleza, sobre todo en la alta montaña, pero también observando un atardecer, escuchando el rumor de las olas marinas, abrazando a un ser muy querido o quedando absortos en la contemplación de un fuego o en un reconfortante bosque. Y por supuesto a través de la meditación, que es el arte de detenerse para ser, de suspender los pensamientos mecánicos para conectar con “aquello” que se esconde tras ellos como lo hace la nata en la leche.

Hay muchas técnicas de meditación para inhibir el pensamiento, interiorizarse y beber en las aguas reconfortantes del silencio interior. Mediante la práctica de la meditación aprendemos a estar en nosotros mismos, libre de artificios y ligaduras. Desconectamos de todo lo externo, para conectar con lo interno. Dejamos de hacer para ser. Es una experiencia trasnformativa y enriquecedora.

El Gran Viaje

Siéntate y trata de relajar e inmovilizar tu cuerpo. Pausa la respiración y siéntela como fuente de vida más allá de las ideas, de los ires y venires de la mente, del pasado o del futuro. Conecta con tu cuerpo sosegado y con tu respiración calma. Siente. No pienses, no analices, no reflexiones, no divagues, no elucubres. Permanece en conexión con tu cuerpo y tu respiración. Vive la corporeidad como si fuera tu fortaleza inexpugnable; vive la respiración como el aliento que anima toda tu vida. En estos momentos, ni abrigues ideas de pasado ni de futuro, porque el sentir es aquí y ahora. El cuerpo relajado; la respiración como una apacible ola que va y viene; la mente en un espacio de reconfortante vacío. Los pensamientos son como nubes que vienen y se marchan; pero la mente continúa quieta y vacía.

Somos seres de aprendizaje y también podemos aprender serenidad. El pensamiento incontrolado nos la roba, y por eso hay que aprender a no dejarse afectar por él y mantener la conexión con lo que es: con el té que saboreas, con las caricias a tu animal de compañía, con la luz clara que asoma entre las nubes o con el trino de un pájaro.

Todos los días podemos sentarnos unos minutos, desconectar de todo y adentrarnos en nosotros mismos. Por eso el mundo no se para y nosotros podemos sustraernos a inútiles preocupaciones o innecesarios disgustos. El viaje a los adentros es el Gran Viaje.

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Por • 29 Oct, 2018 • Sección: Calle Ramiro