Artículos sobre ‘Isabel Solana’

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Por qué y para qué sufrimos
Publicado el 23 Sep, 2015

El sufrimiento humano es una luminaria. Hay una hoguera encendida desde el principio de los tiempos donde el hombre arde, llora, grita y se retuerce llamando la atención. Ese resplandor nos obliga a hacernos preguntas. Todos reflexionamos cuando sufrimos: ¿por qué? ¿para qué? ¿cómo se podría evitar? Escribe Isabel Solana. [1] La respuesta a esta pregunta toma miles de formas: medicinas, terapias. También el concepto de amor romántico nace como una solución al sufrimiento, que nos pondrá a salvo de los avatares de las relaciones, al garantizarnos “para toda la vida”. El consumo como lo conocemos nosotros, infinidad de productos que se comercializan con apetitosas fotografías en los envases, prometedoras de llenar el vacío existencial, moda para sentirnos atractivos y poner bálsamo en la herida autoestima, viajes para animar nuestra desgana por la vida. Me atrevo a decir que todo lo que hacemos o dejamos de hacer, decimos o dejamos de decir es, en última instancia, para evitar el sufrimiento. Pero sigue siendo inútil; ni el amor de nuestros padres y nuestros novios, ni la infinita oferta de placeres y distracciones son la solución. No solo tú te devanas los sesos para descubrir qué pasa con el sufrimiento. También para Buda esta pregunta fue un filón. En la primera de sus Cuatro Nobles Verdades, Buda dijo: “La naturaleza de la vida es sufrimiento (dukkha). Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad del Sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, asociarse con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es sufrimiento, no obtener lo que se desea es sufrimiento.” Para descubrir esa verdad no hacía falta iluminarse, digo yo, pero sí que había que estar iluminado para encontrar una solución. La receta de Buda consiste en eliminar lo que él pensó que era el origen del sufrimiento, el apego y el deseo, con unas técnicas concretas que llamamos Budismo. La receta para la paz y la plenitud que nos llega desde la tradición yóguica a través de los sutras de Patanjali es la misma: ponernos a salvo de los altibajos de la mente quitándole credibilidad a los deseos y a las aversiones. Las técnicas son otras, lógicamente. Las llamamos Yoga. Osho dijo que cuando estás desesperado es el momento mejor para entrar en el camino del yoga porque te entregarás completamente, ya habiendo experimentado que nada en el mundo saciaba tu sed. Tocar fondo para poder darse impulso usando el propio fondo como trampolín. En el Bhagavad Gita, otro de los pilares del yoga y la espiritualidad humana, Krishna enseña su receta a Arjuna, en la que ofrece más o menos los mismos ingredientes pero, en mi opinión, su fórmula destaca por presentar el Amor devocional y la Acción incondicional como remedio incontestable. Amma nos dice que nos rindamos, dóciles como corderos, ante los zarandeos de la vida, y que a base de soltarnos y rendirnos, las Manos del Sufrimiento se convertirán en las Manos Cariñosas de la vida. Es con amor a la divinidad y sentados en el trono de la incondicionalidad ciega y radical hacia el amor que podemos dejarnos amasar dócilmente por el sufrimiento y encontrar la puerta escondida hacia la dicha. Caminos devocionales para quienes han venido a este mundo a pisarlo con la dulzura del amor.Efectivamente el sufrimiento es el punto de partida del desarrollo humano, pero aun así no le agradezco al sufrimiento su existencia. No. En mi paradigma, aprendido en Un Curso de Milagros, el sufrimiento es diseño nuestro, hemos creado un sistema de creencias que nos lleva a sufrir irremediablemente. La salida entonces consiste en transformar ese sistema por otro que nos dé una interpretación de la vida siempre graciosa, luminosa y plena. No creo en un dios que me enseña a través del sufrimiento. No, gracias. Ese no es mi concepto de divinidad. Pero sí creo sin ninguna duda que si entregamos el sufrimiento al amor, aprendemos lecciones que nos elevan a la estratosfera de las posibilidades humanas. Entonces, tienen razón Buda, Amma, Patanjali, Krishna, Jesús… Se puede transformar el sufrimiento en dolor vacío. Existe la vida plena y dichosa. Aprovecha tu sufrimiento como si fuera un diamante en bruto. No lo niegues, no lo escondas, vívelo, deja que te queme y en el ardor de su fuego ríndete, y en el ardor de su fuego ama, y en el ardor de su fuego canta, medita, practica asanas, reflexiona, reza, revisa tu paradigma… según cual sea tu estrategia. Cuando sufrimos es sin duda El Gran Momento. De eso nos advierten todos. No lo dejes escapar. Cariño, buscabas una vida feliz. Intuías su existencia. Tenías razón. El dolor está vacío si no lo llenas de significados para tu martirio. Es posible pasar por esta vida con gracia. Aquí te he presentado algunos de los caminos para alcanzarlo. Sigue uno de ellos con profundidad y hasta el final. Verás que se abrirá ante ti un hermoso horizonte donde alborea la dicha y la armonía. Si no fuera así, tendríamos que denunciar a todos esos maestros por estafa. No nos han mentido, somos muchos los estudiantes aplicados, los discípulos entregados, los buscadores incansables que damos fe de ello. Tenías razón, la felicidad existe. [2]   Isabel Solana. Profesora y formadora de Kundalini Yoga. Cocreadora de Happyyoga. www.happyyoga.com [3]       [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/09/sufrimiento.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/09/Isabel-Solana.jpg [3] http://www.happyyoga.com

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Es por eso que practicamos
Publicado el 10 Sep, 2015

No sabíamos que realmente el yoga nos iba a transformar de una manera tan profunda. Ya no somos los mismos. Hemos dejado de ser importantes. El contacto con la conciencia, en el silencio de la asana o de la meditación, nos da una experiencia demoledora. No somos nada. Nada. Y todo. Escribe Isabel Solana. [1] El estudio de los textos yóguicos y tu propia experiencia de quien eres realmente, te lleva, como el agua se desliza por la pendiente, a una nueva identificación de ti mismo. Es la revolución más extraordinaria que podíamos imaginar. El personaje que creíamos ser deja paso a la conciencia. Suavizado el vínculo con la personalidad, ¿qué queda? Ese espacio abierto, sin fronteras, dichoso, natural que es el ser humano real. Las palabras para describir quien eres siempre rondan esos conceptos abstratos. ¿Somos abstractos entonces? ¿Es para eso que practicamos? ¿Para confirmar que el yo convencional no tiene solidez? ¿Qué ya no hay que luchar para defenderlo, mejorarlo, recrearlo? Que cosa más increíble es esta práctica. Demasiado corazón, demasiada libertad, demasiada grandeza. La visión de la belleza primordial, el ser humano inocente y libre de juicios. Hemos salido del corredor de la muerte. La vida sí que era digna de ser vivida. Es por eso, es por eso… Practica a diario para crear un nuevo sistema nervioso que pueda asimilar la grandeza del ser. Te conviene dar cabida en tu mente a esa experiencia de la conciencia. Y luego generar una continua atención, llena de devoción, de gracia, de tozudez, para observar a tu mente antigua (Jasmuheen le llama la mente mono; la mayoría lo llaman ego) cómo sigue debatiéndose con las viejas estructuras, cómo sigue queriendo tener la razón, defenderse, vengarse, sentirse avergonzada, acomplejada, envidiosa, confundida, perezosa… Qué divertido, qué interesante ver pasar delante de ti la vieja película cuando ya no tiene tu credibilidad como soporte y energía. Sigue, sigue… sigue practicando. [2]Isabel Solana. Profesora y formadora de Kundalini Yoga. Cocreadora de Happyyoga. www.happyyoga.com. [3]   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/09/practicamos-yoga.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/09/Isabel-Solana.jpg [3] http://www.happyyoga.com.

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Disciplina de la buena
Publicado el 20 Aug, 2015

Ante la palabra "yoga" algunos dan un respingo. Está asociada a una persona cabeza abajo, a hojas de lechuga y granos germinados, a ejercicios inverosímiles y limpiezas intestinales. La caricatura de esta hermosa técnica es una persona adoptando una postura retorcida y una disciplina férrea para domesticar a un cuerpo de natural perezoso, gordito y travieso. Una disciplina militar para domesticar al rebelde y cazar a la escurridiza mente en una red de Om, Om, Om… Escribe Isabel Solana. [1] Algo de todo eso hay. Las posturas de yoga no son las que hacemos delante del ordenador, rompen nuestra rutina corporal y nos dan otra experiencia. La mayoría necesitamos cambiar la inercia de hábitos y adicciones que nos llevan derechito a la degeneración y la enfermedad. Nos hace falta disciplina. Pero... como dijo Krishnamurti, la meditación no puede ser un problema más. El yoga no debe ser otra posibilidad para sentirnos culpables o fracasados. La disciplina sin culpa. La fuerza de voluntad sin violencia. Eso es yoga. Estamos troquelados por el pasado y cuando decidimos cambiar, hemos de echar mano de nuestro poder personal para liberarnos de esa cárcel y construir un nuevo sistema nervioso. Enfrentemos ese reto con firmeza y suavidad a la vez. Todo un arte. Repito: hacer yoga es ser firme y suave a la vez, stira-suka. Hacer yoga es hacer arte con la vida, es bailar con las dificultades, cantar con las emociones, ser arquitecto de tu postura, poeta de tus dudas, chef de tus decisiones, director de tus personajes. Es el arte de deshacerse, descreerse, reinventarse, reconstruirse, renacerse, reevaluarse, desmontarse y volverse a montar usando la destreza de una actitud que no hiere y que no descalifica. Hacemos yoga cuando dejamos que la crisis nos revuelque, como cuando nos soltamos dentro de las olas grandes, el cuerpo flojo y salimos de ella despeinados pero interesados por el nuevo escenario. El yoga de la vida nos pide una destreza especial para evolucionar sin matar al que fuimos, que todavía vive dentro de nosotros y que merece respeto, caray. Me cae bien el rebelde, perezoso, gordito y vicioso que hay en nosotros. Trátalo con ternura; ya sabemos que ese tramposo no debe dirigir nuestras vidas pero enriquece nuestro trasfondo, nos da la sonrisa de la tolerancia cuando nos equivocamos y la generosidad de la camaradería cuando nuestros amigos de antes siguen acostándose demasiado tarde y demasiado borrosos. Disciplina de la buena, eso es yoga. [2]Isabel Solana. Profesora y formadora de Kundalini Yoga. Cocreadora de Happyyoga. www.happyyoga.com [3]. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/Disciplina-yoga.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/11/Isabel-Solano150x150.jpg [3] http://www.happyyoga.com

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Es la hora del Yoga
Publicado el 17 Dec, 2013

El yoga puede devolvernos la respiración y calmar nuestro sistema nervioso. El yoga y la meditación pueden ayudarnos a hacer los cambios personales y sociales que sin duda estos tiempos nuestros nos van a obligar a hacer por las buenas o por las malas. Escribe Isabel Solana. [1] Hemos caminado en excursión hacia la cumbre de una montaña y hace rato que sospechamos habernos equivocado. Cada vez el camino es más escarpado pero volver sobre nuestros pasos da tanta pereza que seguimos con la esperanza de que en el próximo recodo nos crucemos de nuevo con el buen camino. Éste es el momento en que nos encontramos, demasiado lejos para que el regreso se pueda hacer fácilmente, pero reconozcamos a tiempo para reconocer que nos hemos equivocado y deshagamos cuanto antes lo andado para emprender una nueva senda. Para deshacer el camino nos hace falta el yoga. Hemos de disolver nuestros patrones de comportamiento o samskaras. Si seguimos haciendo las cosas de la misma manera seguiremos perdiéndonos más y más. Hemos de cambiar, nos hace falta yoga. Hemos de respetar la vida y la belleza: comer menos, masticar más, cultivar nosotros mismos si es posible y si no comprar a quienes lo hacen con amor a la naturaleza, volver a la artesanía, la local o la de comercio justo, para promover la vuelta a las aldeas y apoyar las microeconomías. Hemos de andar más, compartir el coche, cuidar el agua como a una joya. Dar cabida en nuestras casas a los que llegarán, cada vez más pobres y más engañados (en Barcelona hacemos surf sobre el euro y la especulación de las viviendas de alquiler). Viajar en avión lo menos posible, volver a usar servilletas de algodón. Hemos de cambiar nuestras costumbres, la necesidad obliga. El sacrificio de los apegos es una meta del yoga. Hemos de compartir para sincronizarnos con el futuro. Está abierta una profunda reflexión sobre el arte y la conveniencia de compartir coche, lavadora, huerto, casa… sobre la nueva forma de relacionarnos. Si millones de hermanos de Oriente medio, de África, de Europa del este, están pagando con sus vidas nuestra opulencia, ahora tendremos que aligerarnos. Como decía el jefe Seattle, el río no es mío, el aire no es mío, los siete pares de zapatos no son míos, mi casa no es mía, todo lo usufructo, no es mío, es de la familia humana. Si por tener lo que tengo otros mueren de sed, ha llegado el momento de cambiar de hábitos y compartir. La apertura del corazón para el amor incondicional y el desarrollo de la compasión es una meta del yoga. Hemos de deshacer el camino equivocado con alegría, necesitamos yoga. Entona un mantra de tu gusto: sat nam, om namo shivaya, om shanti, y regresa a la simpleza. Que padres y madres tengan tiempo para sus hijos, que las noches sean para ver estrellas y contar cuentos. Lo bello habla de salud y futuro. Es bello un árbol, un relámpago, una gallina libre con sus polluelos detrás. Es feo el cielo ciego de las ciudades y las granjas de gallinas ponedoras. Volvamos gallardamente, volvamos renacidos, enriquecidos por nuestras experiencias. Tenemos que desapegarnos de las posesiones físicas y mentales, pero cómo hacerlo sin yoga. Una vez deshecho el error, abriremos nuevas sendas, el futuro espera detrás de cada niño. Volvamos a intentarlo, ahora somos más sabios si aprendemos las lecciones de la historia. Necesitamos la mente neutral de un yogui para crear... Un nuevo concepto de frontera. Un nuevo concepto de familia. Un nuevo concepto de perdón. Un nuevo concepto de justicia. Un nuevo concepto de Dios. Los políticos del futuro se prepararán para su discurso meditando. Los médicos usarán también el impacto de su aura sanadora para curar. Los consejos de administración elevarán un rezo para tomar las decisiones más inspiradas en beneficio, no de sus empresas, sino de la humanidad. La publicidad de consumo desaforado se declarará delito ecológico. Aquellas empresas que sacrifiquen a sus empleados o la calidad de sus productos para mejorar la rentabilidad, serán juzgadas por crímenes de lesa humanidad. Ahora, yoga. Aprovechemos la invitación de la vida. No hay mejor momento para un ser humano que cuando llega la profunda crisis; entonces, rendido, arrodillado, puede entregarse al dulce y firme flujo del Amor. el que siempre ha sido y siempre será, el que siempre estuvo esperando y que susurra en una asana, en un mantra o en una consciente respiración. Isabel Solana [2]Nombre espiritual: Hari Dev Kaur. Nació en 1957, tiene dos hijos. Fundó y co-dirige HappyYoga en Barcelona (www.happyyoga.com [3]). Da clases cada día de Kundalini Yoga y Meditación, cursos de crecimiento personal y kinesiología. Forma profesores de Kundalini Yoga hace años. Antes -y durante mucho tiempo- fue directora creativa de una agencia de publicidad, y ganó premios nacionales e internacionales. Es estudiante de Un Curso de Milagros. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/12/Hora-Yoga.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/07/Isabel-Solana.jpg [3] https://www.yogaenred.comwww.happyyoga.com

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Entrevista a Isabel Solana: “El yoga nos despierta a la vida plena”
Publicado el 14 Nov, 2013

Es una mujer carísmática que sabe lo que quiere.Y lo que quiere es seguir volcada en el yoga. En su vida hay un antes y un después del descubrimiento del Kundalini yoga. "Es una escuela de vida: con yoga aprendemos a respirar, a hacer el amor, a estirarnos, a descansar en el trabajo, a dormir...". Entrevista Yoga en Red. [1] Su nombre espiritual es Hari Dev Kaur. Nació en 1957, tiene tres hijos. Fundó y codirige HappyYoga en Barcelona (www.happyyoga.com). Da clases cada día de Kundalini Yoga y Meditación, cursos de crecimiento personal y kinesiología. Forma profesores de Kundalini Yoga desde hace años. Antes -y durante mucho tiempo- fue directora creativa de una agencia de publicidad, y ganó premios nacionales e internacionales. Es estudiante de Un Curso de Milagros. He leído en algún sitio que en un momento de tu vida decides dejar atrás tu presente al frente de una agencia de publicidad y cambiar de paradigma. ¿Qué le ocurre a uno para caerse del caballo y decidir dar un giro a su vida? En mi caso y en el de mucha gente, nos caemos del caballo cayéndonos; es decir, por una crisis. Yo tuve la crisis de los 40. Desde los 16 años estaba en el mundo de la publicidad, me lo había pasado muy bien, había creído ser muy feliz (luego me di cuenta de que no lo era, que había estado muy distraída con muchos retos y satisfacciones para el ego). Pero llegó un momento que empecé a hacerme preguntas, y se juntó con una crisis de relación de pareja. Y entonces empecé a plantearme qué hacer; ya no me servían las cosas de antes para calmar mi ansiedad, mis ganas de llorar. Busqué y encontré. Pero fue porque estaba en un bache, un grueso bache. El yoga siempre me había gustado, y surgió una de esas ‘casualidades’. Me encontré con una amiga, le dije que estaba fatal, y me empezó a ayudar. Era profesora de Kundalini yoga y me invitó a un curso que acaba de empezar. Fui y dije: ¡guau! Fue agua fresca, poesía, desbloqueo, vitalidad. Me encantó. Y empecé a practicar y practicar, y ella me mandó a su maestro, Hargobind (a quien mando un mensaje de mucho agradecimiento y amor). Me metí en las clases y lo entregaba todo, puro fuego, porque digamos que venía desde la desesperación. El Kundalini yoga tiene eso tan directo, se trabaja con los chakras, los meridianos, la energía Kundalini. Y desde las primeras clases empecé a recordar la inocencia de cuando era niña, la esperanza que tenía en la vida, cuando pensaba que era algo lleno de magia y de oportunidades. Y me di cuenta de que no sabía amar, de que estaba hecha un desastre, y me dije: no quiero seguir así. Al cabo de dos o tres meses fui a un retiro y en una de las meditaciones, cantando mantras, me dije a mí misma algo que no se me olvidará nunca: “Yo no quiero hacer otra cosa en la vida”. Y no me estaba refiriendo tanto a Kundalini en concreto como a tener ese tipo de elevación, de vida plena, libre. Miraba mi vida y todo lo que tenía que hacer cada día, los negocios, las reuniones, y pensé: no, no, nunca más. Llegó el lunes y le dije al consejero delegado: despídeme, por favor, te lo ruego. Estábamos en reconversión, la crisis de publicidad empezaba, y me contestó: bueno, vale. Tenía yo 40 años… Hace de ello 16 años. Y todo ha ido bien. Yo nunca he mirado atrás. Me decían: qué valiente. Y no, lo valiente hubiera sido quedarme donde estaba… Tendrías otra cara hoy... Seguramente; estaría toda con bótox, operada y deprimida, no, no. Vendí la casa, el coche, el móvil, reuní a mis hijos y les dije: se os ha acabado la buena vida. Y como llevaba tantos años corriendo a 150 kilómetros por hora, pues seguí, y en año estudié Kundalini yoga, medicina china, naturopatía, kinesiología.., y aún sentía culpa por perder el tiempo… Pero lo disfruté; busqué local para tener una escuela y anclar mi vida porque pensé que si no, me iría no se sabía dónde. Y en ese momento conocí a mis socias Fedora y Jessica y buscamos juntas local. Más tarde firmamos un pacto de amor que es la raíz de la escuela, en el que subrayamos que nos apoyamos incondicionalmente y no dejamos entrar al ego en nuestra relación. ¿Qué tiene el Kundalini yoga que la mayoría de la gente lo ama con pasión o lo rechaza? Es que es así. En la escuela tenemos Hatha y Kundalini. Cuando viene alguien a la escuela y me pregunta qué diferencia hay entre ambos, digo que el Kundalini o gusta mucho o no gusta nada, tiene una manera muy particular de entrar y proponer; es un poco intrusivo, el profesor es como una estrella de rock que en la clase te toma la energía y te lleva, y te poner el mantra, y te sube, y te sacude…. Esto uno puede perfectamente no quererlo, y no me parece nada extraño. Mi impresión es que a los que nos atrae el Kundalini solemos ser piratas, venimos de vidas difíciles, no sabemos meditar, nuestra mente está hecha un lío, tenemos adicciones. Entonces, si nos ponen a hacer Hatha, todos quietitos, nos cuesta mucho. En cambio, una clase de Kundalini es muévete, sube, baja, salta, calla, canta… no te da tiempo a aburrirte. Esa es la ciencia del Kundalini. Y mientras estás entre asana y asana, hay un breve momento de silencio y tú, que no sabes qué es la meditación y tu mente es un caos, meditas. Y eso empieza a generar en cada uno distintos movimientos… También se puede dirigir una clase de Kundalini Yoga de manera sobria, más parecida a una de Hatha. Hay profesores que prefieren hacerlo así, y hay momentos en que intuyes que esa es la mejor vibración para el grupo, pero la forma que nos transmitió Yogui Bhajan es con un rol fuerte. ¿Y cómo se siente una profesora de Kundalini en clase? El rol de un profesor de Kundalini yoga es muy particular; nos enseñan a ser profesores en el día y en la noche, es como un camino de vida. Y cuando estamos en la tarima, se nos enseña que no somos nada, que estamos canalizando una energía, y que nuestra aura está detonando y acompañando al aura del grupo, y tú como profesor aprendes a proyectar tu aura en ese grupo. En una clase de Kundalini yoga pasa como en un concierto: cuanta más gente, mejor; entre todos lo hacemos. El profesor se hace cargo de modular, pero él solo no haría nada si no tuviera a 300 o a 30 personas abiertas y entregadas, moviendo su energía para estar muy presentes. Te puede no gustar, pero si te gusta dices: ¡guau! Y también hay gente que prefiere una clase de Kundalini a la semana y dos de Hatha. Yo recomiendo combinar estos dos yogas, que son muy complementarios. Hatha es el silencio, la paciencia, la sobriedad, la individualidad, y el Kundalini es el aura del grupo, la fuerza, la energía. Eres una mujer que está en el mundo, muy activa y llena de capacidades. ¿Qué le dirías a quien te pregunte por qué hacer yoga? Creo que el yoga, como es una tecnología tan amplia, tan holística, tiene muchísimas cosas que ofrecernos, casi a cada persona le puede ofrecer algo. Me gusta verlo como una escuela de vida: con yoga aprendemos a respirar, a hacer el amor, a estirarnos, a descansar en el trabajo, a dormir… ¡a todo! Yogui Bhajan decía una cosa muy bonita: “Qué suerte tienes que eres un adulto y vuelves a aprender”. Y es que aprendimos a vivir a los 13 o 14 años, y les dijimos a los padres: se acabó, yo ya lo sé todo. Y normalmente ahí empezamos a hacer chapuzas y llegamos hasta el final sin ni siquiera haber aprendido a respirar. Pero un yogui o una yoguini que tienen un buen linaje y maestros que les enseñan, se dan otra oportunidad. Entonces, lo que hace el yoga por nosotros es despertarnos a la vida, enseñarnos a vivir en plenitud, a ser felices. Leí en un libro que hay dos maneras de andar el camino del yoga; una es como un camino de higiene personal, y la otra como un camino iniciático. Y las dos están muy bien. En realidad, las palabras mayúsculas del yoga encaminan a la iniciación, al despertar de la conciencia. Pasamos de estar zombis, dormidos, apesadumbrados, compensando, solapando, viviendo como podemos, a despertar a la vida consciente, a iluminarnos. El ser humano que ha despertado es un ser humano normal, solo que hay un deleite de vivir que está por debajo de los avatares de la vida.Es una relación con Dios, entendiendo por Dios al amor perfecto, que no es humano pero que lo podemos experimentar. Entonces, para mí, yoga no es ‘estar un poquito mejor’. Para eso me voy a ver una película bonita, o me voy a clase de yoga y cuando salgo estoy ‘un poquito mejor’. Pero tengo que volver a los dos días porque vuelvo a estar caída. La finalidad es que, a medida que vas practicando yoga, van encajando tus centros, tus cuerpos, y pasan cosas que te hacen despertar. Y ahí empieza una vida consciente, feliz, plena, responsable. Ese despertar es un proceso gradual, no un click repentino, ¿no? Todos hemos vivido experiencias de despertar, lo que pasa es que no las hemos interiorizado, memorizado, mantenido. Eso del click… yo creo que vas teniendo experiencias de esa plenitud, aunque no estás preparado y no las puedes sostener. Y esas experiencias son plenas. Y luego, entre una experiencia y la otra, está bien que aprendamos en escuelas, linajes, libros, caminos, para ir construyendo un nuevo sistema nervioso capaz de gestionar toda esa luz. Eso es muy importante porque una cosa es tu consciencia y otra tu sistema nervioso. Hasta que éste se hace cómplice de aquélla hace falta un proceso y un tiempo. Pero no estás perdido durante ese tiempo; cuando entras en un sistema solvente y potente como es el yoga, tú ya vas teniendo insides, experiencias de plenitud de verdad, que no son para menoscabarlas. No esperes que se abra un tercer ojo ni que el despertar sea solo para el Buda. Es para ti, y ya te está pasando. Y todo ello en la vida real, no hace falta retirarse del mundo… No, la vida real es fantástica para eso, es un gimnasio a medida. Pero uno tiene que saber qué hacer, porque si no puede ser muy frustrante. Me gustaría que todos tuviéramos la oportunidad de conocer libros, maestros, caminos, escuelas que nos ayuden a hacer este proceso lo más rápido posible, para que no nos frustremos. Porque si no, podemos seguir con nuestras cervecitas, con los amigos que nos dan la razón y las películas para quedarnos dormidos sin tener que entrar en nuestros infiernos; con eso ya nos compensamos y podemos llegar hasta el final así, medio bien, medio mal. Pero si cuando abrimos los ojos , decimos: 'No yo no quiero esta mediocridad en mi mente, yo quiero sacarle el máximo jugo a mi vida, honrarla', mejor que nos echen una manita, mirar qué camino nos viene bien, cuál nos resuena, cuál nos gusta, y ponernos serios y seguirlo más allá de las primeras resistencias, siempre más adelante. Eso es lo que recomienda la disciplina del yoga, cuando crees que no te sirve, sigue; cuando te irías corriendo, sigue. Eso es lo que aprendemos en la esterilla, a seguir más allá de lo que al ego le gustaría. Creo que tenemos mucha suerte, que estamos de rebajas con el yoga y todo se nos va a poner bien, y debemos agradecerlo en buena parte a todos los que trajeron yoga a Occidente, por lo bien que lo hicieron. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/11/Isabel-Solano.jpg

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ダーク旅客
Publicado el 10 Oct, 2013

Freud hizo un descubrimiento mayúsculo para el hombre blanco occidental: escondida en el armario, junto a los cadáveres, se encuentra una grabación en la que tenemos registrada nuestra vida y los patrones que, a través de las experiencias, se han ido guardando. Estamos habitados por clichés que repetimos, unos son aparentemente benéficos y otros claramente macabros. Escribe Isabel Solana. [1] En estos clichés se generan tanto los pensamientos sociabilizantes como los de venganza, se planea lo que tranquiliza a la comunidad así como los crímenes ocultos. La programación es secreta y ni nosotros mismos queremos recordarla… El instinto de mantener oculta nuestra propia narración nos viene de lejos, de por allí el pecado original. El oscuro pasajero, como lo llama Dexter, nos posee. Se aprecia su existencia por el deslucimiento de nuestra vida. Drena hacia afuera en los sueños y en los actos fallidos. Si no somos libres, si sufrimos, si somos molestos para quienes nos rodean y para nosotros mismos es porque el ego tiñe nuestra historia. No queremos reconocer al oscuro macabro que hay en nosotros y hasta lo que pareciera amor, no es más que una estrategia de ese programa. Ya sabíamos todo esto, pero no está de más un repaso rápido habida cuenta de la importancia de sus consecuencias. En el diván del psicoanalista se da la oportunidad de traer a la conciencia los clichés inconscientes. Le hablas a alguien que, silencioso y detrás de ti, escucha y siente más allá de las palabras. No lo alcanzas a ver, además la penumbra y el recogimiento te llevan a entrar en estado alfa. En esa semivigilia el ego baja la guardia y se muestra poco a poco. El profesional atento puede ver cuál es tu culebrón oculto. Con sensibilidad, respeto y recursos técnicos no invasivos, te acompañará a ver, te ayudará a descubrir las claves de tu ego, si es que no las has visto tu mismo en la sesión. Freud, Jung y compañía le han hecho mucho bien a esta parte de la humanidad. Nos han dado una visión más humana, y hasta cierto punto entrañable, del diablo. La reflexión me lleva hasta el Yoga. En yoga recargamos el inconsciente con nuevo y sano material, en su propio lenguaje. ¿Qué son si no los mudras, las postraciones, las reverencias, las asanas, los pranayamas? ¿No crees que actúan benéficamente porque mandan mensajes no verbales de paz, armonía y salud al inconsciente? En Yoga nos metemos en una suerte de psicoanálisis de 5.000 años de antigüedad. ¿No es sobre el mat o cantando mantras como distraemos al ego para que se nos muestre? ¿No son acaso los maestros que nos miran desde el altar de la clase, la ternura y empatía necesarias para observar más profundo, en las cavernas del infierno psicológico? ¿Qué son los fantasmas, resistencias y crisis que aparecen cuando comienzas el camino del Yoga? ¿Qué crees que ocurre cuando te sientas a meditar? ¿Qué crees que observa el observador? Pongámonos a salvaguarda de la ingenuidad de creer que el camino espiritual nos liberará de nuestra sombra sin más. A veces ponemos perfume sobre la suciedad, maquillaje sobre la herida, pastel rosa sobre la podredumbre. Es una cobardía natural y humana, con la que tratamos de postergar lo inevitable, como los niños piden moratoria para ir a la bañera. Salimos de una clase de Yoga tranquilos y felices, pero sabemos que las sombras nos esperan a la vuelta de la esquina. Damos largas para ver si llega un milagro y nos libramos de entrar en el oscuro laberinto. Nos mantenemos en la periferia de las formas, nadamos y guardamos la ropa… Tal vez es que intuitivamente esperamos el momento en que sepamos cómo se hace, en que nos sintamos confiados... El tic tac se ha puesto en marcha, estás practicando Yoga… Pero tienes miedo… miedo no, terror. Me miras con los ojos húmedos cuando te digo que eres inocente. No sé si me entiendes en realidad; cometes errores, matas y mientes, atentas contra la armonía y la paz, pero aún y así eres inocente. Tú solo quieres oír que eres inocente; te comprendo, la culpa es un veneno mortal. Proceso de renacimiento Cariño, puedes confiar. Y dejarte llevar por el proceso que ya se ha iniciado, el cual te pondrá, si perseveras, ante la secreta fortaleza, para tu dicha y liberación. En el camino del Yoga y en cualquier camino con corazón, todo es bello y armonioso. Para un yogui la experiencia de la meditación le lleva a la visión de su inocencia primordial, la cual es la vaselina para enfrentar los propios errores. Y ver esos errores es el modo de volverse un ser sabio y compasivo. Reconocer los secretos aposentos supone un tremendo descanso porque pone fin al gran esfuerzo que requiere disimularlos. Ver lo humano es lo que, paradójicamente, nos permite descubrir eso otro que brilla encendido de amor y que se presenta inequívocamente como nuestra verdadera naturaleza. No hay por qué temer, ni por qué postergar el momento de abrir la luz en la estancia olvidada. Si este proceso de renacimiento nos aportara sufrimiento sería por habernos dejado engañar una vez más por el engañador, el cual nos trae en bandeja el sentimiento de culpa. El ego intentará engañarnos con esa vieja treta. Pero hemos aprendido que la culpa no sirve para sanar sino para empeorar el panorama. Que no se nos olvide. Es vital que no se nos olvide. En ninguna línea de los Yoga Sutras de Patanjali, ni en el Bhagavat Gita, ni en el Hatha Yoga Pradipika, en ninguna conferencia de Yogui Bhajan, en ningún libro de los maestros Yoguis hay una sola recomendación al sufrimiento y la culpa. Repitámoslo de nuevo, para asegurarnos que lo hemos entendido, por lo terrible de no comprender bien las claves iniciáticas de este proceso hacia el Dharma. Yoga es un camino de héroes, de Arjunas que liberarán al Ser del ser torpe y en transición pero solo con la fuerza y la estrategia del Amor. Una muerte que dará paso a una vida. Todo en Yoga nos lleva a desvelar a nuestro pasajero atrapado, que se nutre de círculos viciosos. Desvelarlo es un drama existencial, un rito de iniciación ineludible. Para llegar a la luz “Ru” hay que pasar por la oscuridad “Gu”. Ahí llegamos al Gurú. Es un pasaje amenazante porque en la puerta están los cancerberos, monstruos sangrientos de afilados colmillos y rostro demoníaco. Los maestros, los que pasaron antes, nos tranquilizan, esa es su función. Nos dicen que no temamos, que no son más que percepciones falsas, que entremos, que hagamos como ellos han hecho ya, que seamos testigos conscientes de la propia vida, que nos enfrentemos a la mente, al karma, que no hay nada que temer, que no hay culpa que pagar, repito, que no hay culpa que pagar sino sabiduría por metabolizar. Y sobre todo que no hay otra manera de hacerlo. Al conocer tu sombra la iluminas, al esconderla la acrecientas. Al ver a tu aterrado pasajero ante tus ojos espirituales, descenderá la inocencia y la tranquilidad para ti desde el mismísimo cielo. Abriendo tus aposentos secretos penetrará el aire y la luz. El inconsciente se volverá consciente. El ego dará paso al Ser (el Self de Jung). Y eso nos llevará a mejorarnos, enriquecernos, sanarnos, liberarnos, iluminarnos. El psicoanalista y el psicoanalizado están sentados y abrazados en el cojín de meditación. El observador y el observado se iluminan juntos, jamás separados. Isabel Solana [2]Nombre espiritual: Hari Dev Kaur. Nació en 1957, tiene dos hijos. Fundó y co-dirige HappyYoga en Barcelona (www.happyyoga.com [3]). Da clases cada día de Kundalini Yoga y Meditación, cursos de crecimiento personal y kinesiología. Forma profesores de Kundalini Yoga hace años. Antes -y durante mucho tiempo- fue directora creativa de una agencia de publicidad, y ganó premios nacionales e internacionales. Es estudiante de Un Curso de Milagros. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/10/Oscuro-pasajero.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/07/Isabel-Solana.jpg [3] https://www.yogaenred.comwww.happyyoga.com

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ヨガは自由
Publicado el 15 Jul, 2013

La palabra libertad está preñada: tiene dentro de sí mil semillas. Soy de la generación que creció al rebufo de históricas dictaduras; tal vez por eso tengo la piel fina. Me produce quemazón la mera sugerencia de una alambrada, me pican las puntas del sujetador, los zoológicos, las escuelas para adiestrar perros y niños, los cotilleos, la prensa manipuladora, las modas y las opiniones no consentidas. Escribe Isabel Solana. [1] Me duelen las cárceles, las fronteras, las imposiciones religiosas, las sectas de todo tipo y la gran secta todopoderosa de la sociedad que somos. La palabra libertad, en cambio, me llena de profunda alegría. Por eso me gusta tanto el yoga. Todo en él pugna para realizar el encuentro de ser yo misma. En su filosofía puedo desenrollar mis ramas y raíces a mi antojo. He aprendido a oxigenarme mejor abriendo un poco más la cárcel de mis costillas y en la meditación sé que formo parte de una vida infinita e ilimitada. Aprendo a liberarme de verdad, liberándome de mis propios deseos. Canto, ando, pienso y respiro a pleno pulmón. Para mí, yoga es libertad. En mi gusto por la libertad, imagino que todas las técnicas y filosofías yóguicas son patrimonio de la humanidad. ¿Cómo reservar con prohibiciones lo que es tan bello, lo que nos salva, lo que nos cura? Me complazco al ver a los que venden cursos de pranayama a las empresas, disfrazados de modernas técnicas norteamericanas y cómo salen nuevos yogas y versiones multicolor del yoga clásico de debajo de las piedras. Pienso en los budistas tibetanos, que salieron exiliados en diáspora hacia todos los rincones del mundo y comparten con quien quiera sin límite de copyright. O en Yogui Bhajan, el maestro que enseñó Kundalini yoga a Occidente y nos dio las secretas combinaciones sin pestañear: su gurú interior le había dado permiso. Y punto. El camino de la vida se abre en millones de pequeños senderos. La selva es tan exitosa porque alberga millones de especies. Los campos monocultivo se tienen que proteger con potentes insecticidas, pero los huertos donde conviven diferentes vegetales, legumbres y flores no necesitan esa protección. La variedad es resistente. Yoga significa unión, pero lo contrario de la unidad no es la variedad, sino la desunión. Mi propuesta es que andemos unidos expresando una infinita variedad, permitiendo la infinita diversidad. Tomarnos de la mano y celebrar que vistamos, pensemos y hagamos yoga de distintas maneras. No hay nada que temer siendo como somos de idénticos en nuestra identidad espiritual. Defendamos nuestro derecho a tantear, a explorar, a equivocarnos. Nuestra aportación enriquecerá el legado de los que nos precedieron. Nuestro serio trabajo y amor al linaje de origen será la base para llegar más arriba. Quién es [2]Isabel Solana. Nombre espiritual: Hari Dev Kaur. Nació en 1957, tiene dos hijos. Fundó y co-dirige HappyYoga en Barcelona (www.happyyoga.com) [3]. Da clases cada día de Kundalini Yoga y Meditación, cursos de crecimiento personal y kinesiología. Forma profesores de Kundalini Yoga hace años. Antes -y durante mucho tiempo- fue directora creativa de una agencia de publicidad, y ganó premios nacionales e internacionales. Es estudiante de Un Curso de Milagros. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/07/mariposa.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/07/Isabel-Solana.jpg [3] https://www.yogaenred.comwww.happyyoga.com

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ヨガはパスを開始
2013 年 6 月 26 日に掲示されます。

¿Qué es el Yoga? ¿Qué es eso que me abre de un modo en el que cosas nuevas comienzan a pasar? Me prometieron una vida plena y así ha sido. Que todo sería tocado por la Gracia, y así es. ¿Qué ha pasado, qué está pasando? ¿Qué nos ha ocurrido? ¿Qué demonios es esto del Yoga? Escribe Isabel Solana. [1] ¿Qué pasa en la mente de un yogui para que pueda bailar con la muerte y la enfermedad? ¿Qué teclas toca para que unos potenciadores energéticos de los que no sabíamos su existencia se pongan a rugir? ¿Qué nos ponen en el té? Son muchas preguntas. Estamos tan agradecidos… lo decimos cada día, en cada encuentro, con cualquier excusa… Veo algunas revistas de yoga con esas fotografías de chicas guapas marcando asana y sonrío. Yo sé que es una trampa: ven a ponerte bonita, ven, verás lo que te pasa... Veo a los que se acercan a practicar para aliviarse de algunos dolores, o para desentumecer su cuerpo sedentario. Encontrarán lo que están buscando y también algo que no sabían que estaban buscando. Y como no sabían que lo buscaban no les dijimos que lo encontrarían. Y les sonreímos y ellos nos sonrieron. Y entraron en clase como si nada... Hablando claro Tal vez es el momento de hablar claro, de dejar el pudor a un lado y advertirte seriamente. Como lo hicieron conmigo. Mis maestros no tenían pelos en la lengua (gracias Hargobind, gracias Yogui Bhajan). Ellos no tuvieron miedo de hablar en nombre del Yoga más alto, en nombre del Infinito. Siento que ya estamos preparados: El Yoga es un camino iniciático. Se nos ha enseñado para despertarnos, eso es. A ti profesor de yoga quiero hablarte muy especialmente. Tienes una conmovedora responsabilidad. Grande, trascendente… Cuida de tu vida y de tu práctica porque eres un canal de iniciación. A través de tu aura es tocada el aura del grupo. Tus silencios están llenos de tus propias realizaciones, tu lengua se desatará como un látigo y sacudirá la pereza y el miedo. Aquello de lo que tú te liberes provocará en tus alumnos una conmoción. Sepámoslo todos: esta bendita técnica, con su anclaje en unos linajes poderosos de santos y yoguis, con sus antiquísimos libros de filosofía, con sus mantras sagrados, con sus sofisticados pranayamas, con sus curiosas posturas, te sacudirá, te quitará las cataratas de los ojos, te arrancará los tapones de los oídos, avivará en tu humanidad los más altos anhelos espirituales. Tu vida será tocada por la Gracia; tu Corazón se unirá al Corazón de la humanidad. Tu energía se levantará y quemará las impurezas. El espacio que parece separarte de los demás se convertirá en el reino de los cielos. Queda dicho, estás advertido. Esto es el Yoga. Isabel Solana, nombre espiritual Hari Dev Kaur. Nació en 1957, tiene dos hijos. Fundó y co-dirige HappyYoga en Barcelona (www.happyyoga.com [2]). Da clases cada día de Kundalini Yoga y Meditación, cursos de crecimiento personal y kinesiología. Forma profesores de Kundalini Yoga hace años. Antes -y durante mucho tiempo- fue directora creativa de una agencia de publicidad, y ganó premios nacionales e internacionales. Es estudiante de Un Curso de Milagros. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/06/Cielo.jpg [2] http://www.happyyoga.com/

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