Pratyāhāra a través de Ājñā Chakra

Mi búsqueda espiritual a través del yoga y la meditación me han impulsado a escribir este artículo con la intención y el ánimo de compartir experiencias sobre la expansión de la conciencia y el autoconocimiento. Escribe Isabel Alcojor.

En la práctica de yoga siempre estamos buscando una experiencia (anubhāvana) reuniendo y unificando los cuatro elementos que la conforman: Kaya, el cuerpo; Prāna, la energía vital, la respiración; Indriyas, los sentidos y la actividad sensorial; Manas, la mente. Estos cuatro componentes se acercan y producen una integración de nuestro ser a través de una atención constante. Como resultado tenemos una experiencia directa e integrada.

El proceso para despertar el tercer ojo me ha sido enseñado como la base para poder acceder a los cuerpos sutiles y, como en cualquier método, su tangibilidad y riqueza se va desarrollando a lo largo de la práctica y el tiempo. Está basado en la experiencia directa propia como motor de transformación interior.

Este órgano o estructura sutil tiene un vínculo especial con nuestro cuerpo de energía, Pratyāhāra kosha, y se activa con la respiración Ujjâyi o lo que mi escuela denomina “respiración con fricción” con conexiones con otros espacios sutiles del cuerpo energético. Con esta respiración se va produciendo una energetización, un despertar de este órgano sutil, al conectarse simultáneamente esta respiración con ājñā chakra. A partir de aquí es posible ir descubriendo, percibiendo y conociendo de una forma progresiva el resto de los cuerpos sutiles.

Aunque Patañjali no hace una mención específica sobre ājñā chakra, sí habla sobre la retracción de los sentidos y la visión interior y este es el hilo conductor que me propongo seguir en este artículo.

El despertar del tercer ojo y la “visión”

La visión desde este órgano sutil no hace referencia a lo que vemos con los ojos físicos. Es una visión interna que comprende no sólo imágenes visuales – que puede no haber- sino sobre todo sensaciones, cualidades y el conocimiento directo de realidades más sutiles de nuestro Ser.

La visión interior es una función de su estructura, tiene la cualidad inherente de alejarse de la mente ordinaria a través del centramiento y por tanto aproximarnos a estados de conciencia mucho más ampliados y elevados. Mientras pretendamos llevar una vida espiritual dentro de la “caja” mental, justificando nuestro progreso con creencias teóricas, sean las que sean, estaremos limitados y encapsulados en los propios límites enmarcados por nuestro particular envoltorio mental.

Patañjali, en el Asthanga yoga nos muestra este proceso hacia estados de meditación y conciencia más y más finos, en el que marca el tránsito con Pratyāhāra hacia el yoga interior que describirá en su tercer capítulo. Por tanto, se puede decir que es un prerrequisito. Todos los órganos sensoriales se “vuelcan” hacia dentro. De alguna manera, podemos ver, oír, tocar, oler desde la visión interior: teniendo los ojos cerrados, los oídos tapados, nada tangible entre las manos y ningún olor alrededor. Esta descripción puede servir como una referencia inicial en cuanto lo que podemos “ver” desde la perspectiva del tercer ojo: una puerta de acceso hacia los mundos internos y sutiles. Sin olvidar en ningún momento que la esencia hacia la que nos dirigimos es el conocimiento de nuestro verdadero Ser, el Purusha.

¿Qué vamos a percibir a través del tercer ojo?

Y a partir de esta “visión” a través de ājñā chakra, ¿cuáles son los campos, los mundos, los aspectos a explorar como seres humanos espirituales?

Como practicantes de yoga sabemos que todos tenemos a nuestra “disposición“ un tercer ojo. Este tercer ojo nos va a permitir, como decía antes, ver más allá de los ojos físicos, ver más allá de los velos que interpone una mente no apaciguada a la que hace referencia el famosos aforismo de Patañjali: “Yogah citta vritti nirodhah”

Del mismo modo que en arquitectura un edificio está construido a base de elementos “burdos” como los ladrillos y cemento hasta conformar un bello edificio en el que habitarán personas, nuestra arquitectura sutil necesita reforzarse y hacerse consciente, tangible, para poder conocer realidades más profundas, no “visibles”. Es por esto que necesitamos ejercitarnos con āsana y prānāyāma.

En el despertar del tercer ojo se propone la práctica antes que la teoría, que aunque interesante y muy importante, no nos va a llevar por si sola a tener una experiencia, ni transformar nuestra mente, ni ampliar nuestra conciencia. Por muchos conocimientos anatómicos y teóricos que tengamos, por ejemplo sobre un āsana, la experiencia propia es la que nos permite conocer de primera mano nuestro cuerpo, nuestra respiración, nuestro nivel de energía y nuestro tipo de mente en ese momento de la práctica de yoga. A partir de nuestra propia experiencia en âsana, el conocimiento teórico va a aportar mayor riqueza y posibilidades de apertura y percepción interna.

En los principios, la percepción de âjnâ chakra es muy vaga. Estamos en los mundos sutiles. Pero poco a poco se va descubriendo un nuevo espacio interior por el que navegar, sentir y ver toda una inagotable fuente de conocimiento y autoconocimiento. Debido a un práctica reiterativa las estructuras del tercer ojo se van haciendo más y más tangibles hasta poder sentirlas, en mi caso, con sensaciones relativamente cercanas a como se siente cualquier órgano o parte del cuerpo físico. Otros practicantes las describen con la misma percepción como si de un órgano físico se tratara.

Uno de los conceptos clave para mí en nuestra capacidad para sentir los cuerpos sutiles que nos sostienen es, precisamente, la apertura al sentir, un refinamiento que permite traspasar una por una las diferentes capas, los diferentes cuerpos que nos conforman como y su increíble complejidad.

Con el despertar del tercer ojo se ha puesto de relieve para mi un espacio interior ya preexistente, un lugar que me permite primero apaciguar la mente. Con una mente mucho más apaciguada puedo expandirme en este vasto espacio de la conciencia; por supuesto, la mente no ha desaparecido completamente, pero si está muy acallada y me permite establecer contacto con este sentir más refinado.

Cualidades y conexiones espirituales

El rango de cualidades de la conciencia es vasto y fluido, no dimensional. A través del cuerpo en āsana comenzamos a refinar la percepción de nuestro cuerpo más burdo. Seguidamente o, mejor, de forma paralela, el cuerpo energético se hace evidente al incorporar el prānāyāma y el aquietamiento de manas hace posible la retracción de los sentidos, como requisito para un viaje más profundo.

Esta profundización en la escalera espiritual nos lleva al mismo tiempo hacia arriba y hacia dentro o hacia dentro y hacia arriba. De nuevo y de forma paralela, la apertura al sentir más refinado y puro va creando resonancias con otras esferas elevadas más próximas al Purusha y a todo un rango de fuerzas espirituales que nos sostienen, la mayoría de las veces sin ser conscientes de ellas.

Esta tangibilidad alejada de la mente aporta confianza, fe y un lugar donde la conciencia puede realmente descansar, encontrar su sitio.

Condicionamientos

Además de fortalecer y hacer tangibles los cuerpos sutiles como un método de construcción, de práctica (abhyâsa) es necesario al mismo tiempo de-construirnos, desapegarnos (vairâgya) de los viejos patrones mentales, creencias, comportamientos sociales y de los propios frutos de la acción.

A pesar o gracias a llevar ciertos años en el trabajo espiritual, empecé a descubrir muchas cargas, muchos samskaras difíciles de reconocer y me dí cuenta de que realmente no tenía la claridad que buscaba. Esta exploración de los estados de conciencia a través del tercer ojo me ayudó y me ayuda a tener una dirección y una atención específica en esta aventura humana aquí en la Tierra.

Me ayudó a comprender que queremos surfear los mares celestiales, cuando tenemos grandes y pesados anclajes que hacen imposible el vuelo. Y me viene a la mente la historia que cuentan en los cursos de Meditación Vipassana: ” Unos amigos tras salir de juerga y beber durante toda la noche, cogen su barca para cruzar el rio. Se afanan remando y remando durante mucho tiempo para llegar a la otra orilla, hasta quedar exhaustos y dormidos. A la mañana siguiente descubren que no se han movido de la orilla en la que estaban. Se habían olvidado de quitar el ancla”.

La exploración de los samskaras es fundamental para soltar el ancla y desapegarnos y es la otra cara de la moneda que traemos impresa cono seres humanos, además de seres espirituales. Ājñā chakra nos proporciona un espacio seguro y refinado para poder acceder a las cargas emocionales.Tomar conciencia de los mismos y descargar la impronta emocional posibilitan esta ascensión en la escalera espiritual.

En el aforismo 2.54 Patañjali describe la interacción entre los sentidos y la mente y cómo los samskaras están anclados al mundo sensorial. Con la práctica de Pratyāhāra se revierte el enfoque de la mente hacia el interior y abre paso al sondeo de una conciencia que registra todo acontecimiento, sentimientos y emociones en nuestra vida o vidas…

Hablar de cualquier tema en el mundo espiritual por su intangibilidad, supone un viaje más profundo que viajar al centro de la Tierra y mucho más lejos que las galaxias conocidas y en continua expansión, como nuestra propia conciencia. Los samskaras merecen una atención especial como obstáculos para nuestro crecimiento y su conocimiento y disolución, otra gran aventura.

La intuición

En su tercer capítulo dedicado a la expansión, Patañjali nos propone diferentes y variados samyamas como una serie de exploraciones de nuestras capacidades para conocernos y conocer el Universo. Nos ofrece un proceso de descubrimiento.

En el aforismo 3.5, nos habla de nuevo de la percepción y la visión interior. Cuando la percepción no está velada por la mente, tiene como resultado una nueva perspectiva basada en la experiencia directa y la intuición.

En mis experiencias en el espacio del tercer ojo, me han llegado atisbos y destellos de conocimiento que no tenían conexión alguna con mis conocimientos intelectuales, podría decir que son intuitivos y que son dados o que existe un estado de receptividad abierto para acogerlos. Como describe Patañjali en su aforismo 3.8, las cualidades del objeto sobre la que está dirigida la meditación fluyen, recibimos estos pequeños rayos de intuición que llegan desde el propio objeto, sin interferencias de la mente. Un nuevo ángulo para “ver” el mundo.

De los aforismos 3.26 al 3.28 los samyamas se dirigen hacia el Sol, la Luna y la Estrella Polar. Nos lleva a conectar con la exploración del Universo, del macrocosmos. Seguidamente describe varios samyamas, del 3.29 al 3. 31 en los que vuelve al cuerpo y tres lugares importantes; Nābhi cakre, el ombligo, kantha-kūpe, la garganta y kūrma nādyān, el tórax. Tres lugares del cuerpo coincidentes con el cuerpo energético, los cakras.

Tras el tórax y antes de exponer el asiento de hridaya en el corazón, en su aforismo 3.34 describe otro lugar, el ojo del cráneo dónde el samyama se dirige a una “conexión” con seres perfectos, seres más elevados. ¿Requisito para acceder a la intuición que describe después?

Siendo conscientes de la precisión de la obra de Patañjali cabe pensar que no es casual este orden, sino muy premeditado. Esta forma de presentación desde el macrocosmos a nuestro microcosmos coincide con la idea ya incorporada en muchos ámbitos del “mundo” como un espejo donde mirar nuestra propia imagen y viceversa. En el medio, el hombre en su búsqueda de “visión” interior para conocer el cosmos de la conciencia y acceder a conexiones espirituales que esperan con anhelo este contacto.

El Ser

Durante unas prácticas interactivas con otros compañeros tuve una “visión” en el que el planeta tierra aparecía salpicado de grandes flores. Las cualidades y sensaciones durante la experiencia no son fáciles de explicar con palabras.

La esfera me comunicaba la perfección de nuestro Ser, ahí en algún lugar o espacio esperando ser conectado, presente, inmutable pero no estático. Las flores estaban vivas, creciendo, expandiéndose de forma continua, bellas y con pureza de blanca luz. Y lo más importante, el estado de conciencia era cristalino, simple, estable y lleno de quietud.

No había mente, surgió de forma espontánea. No se parecía a nada que hubiera visto o imaginado. De ahí la certeza de una existencia real que me dejó con sensación de magia, de regalo y de asombro.

Conclusión

Hoy en día en el que están a nuestra disposición tantas técnicas, caminos y vías para despertar nuestra conciencia, os animo a que pongáis “visión” a través de vuestra propia experiencia en todo lo que os rodea. Hacerlo desde el tercer ojo nos abre una puerta a la sensibilidad, a lo sutil que está mucho más allá de nuestra mente ordinaria.

Por último insistir en que, paradójicamente, como siempre en el campo espiritual, la “visión” no tiene como meta el “ver” sino descubrir nuestras increíbles facultades en el proceso de visión al servicio de nuestra búsqueda espiritual. Despertamos al mundo espiritual cada vez que algo nuevo aflora, produce un destello en nuestra comprensión que nos desvela “algo” y al mismo tiempo este “algo”, ya era conocido por nuestro Ser. Nos hemos conectado y esta aspiración profunda queremos cultivarla y dará sus frutos.

(artículo publicado en Revista AEPY de mayo 2018)

Isabel Alcojor. Profesora de Yoga desde 1987. Formada en Sivananda, Aepy y Viniyoga y en las técnicas de percepción y regresión a través de Ajna Chakra de la Escuela Clairvision desde 2007.

Próximo curso: “Despertar del Tercer Ojo y Técnicas del Espacio interior”

6 al 14 de octubre 2018 en Ronda, Málaga

Información, contacto e inscripciones: infospanish@clairvision.org

Bibliografía

Formación y Postformación de profesores de Yoga con Claude Maréchal 2003-2008

Formación de profesores de Yoga AEPY 2013-2016 con Lula Cañas.

“El Despertar del Tercer Ojo”. Samuel Sagan. Clairvision School.(www.clairvision.org)

 

Otros artículos sobre
Por • 4 Oct, 2018 • Sección: Firmas