Artículos sobre ‘Amable Díaz’

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Méditation yogique-Vedantina
Posté le 14 septembre, 2017

Meditar no es controlar la atención, ni visualizar ni purificar los contenidos del yo. Esa mal llamada “meditación” ha de ser sustituida por otra que conlleve una dinámica interna con vida propia, que irá surgiendo en el interior del propio meditador. Escribe Amable Díaz. [1] La "Meditación Yóguico-Vedantina" es una formación postgrado específica en meditación que puede parecer al practicante de yoga y a muchos profesores poco usual o incluso innecesaria. Sin embargo, una mayoría importante de profesores de yoga que se dedican demás a la formación de futuros profesores se habrán encontrado, ellos mismos, con el problema que nos ha llevado a nosotros a concebir tal postformación. Cuando les pedimos a los alumnos, en nuestras aulas de formación, que guíen una meditación se resisten con frecuencia a participar respondiendo que es difícil, que cómo se hace, y no saben qué pautas seguir. Por su parte, el propio formador, al recordar cómo se inició él mismo en esta difícil pero indispensable tarea comprende mejor la aprehensión de sus alumnos, percibe el vacío teórico-práctico que existe en este campo. Hay que añadir además que esta situación está siendo utilizada -si no aprovechada- por profesionales de otros campos que han convertido lo que ellos llaman meditación en una pseudo-terapia. Semejante abandono/carencia viene a perjudicar tanto a profesores como alumnos de yoga, disminuyendo y recortando el muy estimable valor que nuestra disciplina posee. Porque meditar no es sólo cerrar los ojos y permanecer quieto e inmóvil o, como alternativa, observar la respiración, los pensamientos o controlar la atención. Tampoco es la meditación una concentración, ni hacer visualizaciones, ni únicamente relajarse, ni una simple terapia sobre los contenidos del yo. Sin embargo, sin ser nada de todo ello, la meditación lo contiene -porque ambas realidades forman parte del Yoga- y, a la vez, lo rebasa, dado que con ella se toca la realidad intangible, la Esencia, la Realidad eterna. Esta abusiva y mal llamada “meditación” ha de ser sustituida por otra que conlleve una dinámica interna con vida propia, que irá surgiendo en el interior del propio meditador. Consiste en escuchar, en darse cuenta, en dejar hacer y emerger otros planos y otros contenidos diferentes a lo que genera o representa nuestro yo, y a lo que nos demanda y exige nuestra realidad cotidiana. Contacto con la Unidad En el transcurso de nuestra meditación, la conciencia puede desplegar su energía, su luz y su conocimiento. Y en este estado, el yo cede temporalmente su protagonismo y, al silenciarse, se diluyen todos los condicionamientos, preocupaciones, responsabilidades, emociones, deseos y sentimientos. Cuando el meditador logra así este cambio, vuelve a su “realidad” renovado y reunificado, porque ha contactado con la Unidad, con la Esencia… De entre los muchos beneficios que la meditación nos aporta antes de alcanzar cualquier tipo de iluminación, destacaremos aquellos que son secundarios a su ejecución y que producen mejoras considerables en el ámbito orgánico-fisiológico y psicológico: suele corresponderse con las primeras vivencias del meditador. Pero para que esta iniciación sea eficaz psicológicamente, se requiere una condición, y es el no eludir el contacto con aquellos contenidos que nos aburren, molestan o incluso inquietan. Nuestro malestar interior siempre tiene algún porqué psicológico, orgánico o sensorial y es bueno y necesario escucharlo (sin que ello signifique que nuestro yo tenga siempre razón en dicha queja o demanda). Porque este malestar procede de la complejidad de nuestra vida psicológica y de que la atención es limitada y no puede procesar todos los estímulos con la profundidad que requieren y en el mismo momento en que suceden; por todo ello, la meditación hecha al final del día o en cualquier otro momento de la jornada, le sirve a la psique de catarsis, de limpieza o ajuste de los contenidos “sueltos” que, si no se atienden, irán generando interferencias negativas en cualquier ámbito de nuestro vivir cotidiano. No obstante, hemos de reconocer aquí que la verdadera meditación (la no dual o nirguna) no se puede convertir en un simple concepto, por ser su naturaleza intangible e ilimitada. Pero quienes llevamos años inmersos en este tipo de experiencia hemos llegado a determinadas conclusiones de tipo teórico y metodológico que creemos pueden facilitar los primeros pasos de las personas que se inician en este campo. Lo que conviene conocer Para meditar con aprovechamiento, además de conocer lo que ha sido la meditación a lo largo del tiempo en Occidente y Oriente, resultaría conveniente que... --quienes se arriesgan en este delicado terreno expliquen, desde el inicio, en qué marco teórico se mueven (dualismo/monismo y, subsiguientemente, creacionismo/inmanentismo) y cuáles son los contenidos de dicho marco; --exponer también claramente los elementos estructurales a partir de los cuales se medita, explicar los diferentes tipos de meditación y contemplación, tanto en la India como Occidente, abrirnos a la sugerente -y esencial- terminología semántica, adecuada para guiar una meditación; --destacar, igualmente, los temas específicos que utilizaremos para desarrollar progresivamente el aprendizaje de la meditación, diferenciar los ámbitos del yo, de la mente, de la psique, de lo supramental, explicar que campos abarca la individualidad, resaltar la importancia de la presencia y valor del Todo, tanto en nuestra existencia como en la meditación; --y, finalmente, destacar la presencia de lo transpersonal. Más información sobre este Curso de Meditación Yóguico-Vedantina AQUÍ [2] [3]Amable Díaz es profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983, y formadora de profesores, con escuela propia en Madrid, desde 1995: Centro de Yoga P [4]antanjali. [5]Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Psicóloga clínica en ejercicio. Expresidenta de la AEPY y Expresidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual.   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/meditacion-chi.jpg [2] http://www.centrodeyogapatanjali.es/FP_MEDITACION.pdf [3] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/Amable-Diaz.jpg [4] http://www.centrodeyogapatanjali.es/ [5] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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Pratyahara (contrôle des sens) et attention / partie 2
Publicado el 30 Sep, 2016

En el abordaje del Yoga no se suele tener muy en cuenta el Pratyahara (control de los sentidos) a la hora de concebir una sesión. En el capítulo anterior (ver primera parte [1]) se decía que, sin embargo, estamos ante un anga a modo de puente entre el yoga fisico y el mental. Escribe Amable Díaz. [2] Podríamos suponer, recordando la clasificación de Patanjali en cuanto al pratyahara, que estamos ante un anga, a modo de puente o transición, entre el yoga físico y el mental. Lo cual, en parte, es cierto, ya que desde la relajación de los sentidos llegamos a la relajación mental y también a la inversa. Y, no obstante, si hacemos un análisis más profundo, tal como hemos señalado anteriormente, sin pratyahara no hay Raja-Yoga, es decir no hay yoga mental. A fin de que nuestra exposición pueda ser mejor comprendida, queremos avalarla con algunos ejemplos prácticos, asociando Mûdras y Pratyaharas, Mûdras y Respiración controlada, Mûdras y relajación y, finalmente, Nyasas y Pratyahara. Mudrâs y pratyahara Los mûdras, tanto internos como externos, pueden producir un pratyahara, si bien no existe reciprocidad, ya que el pratyahara no genera un mûdra; no porque el pratyahara sea inferior, sino más bien porque este incide en estructuras más internas; y así, se podría decir que el mudra abre el camino para que pueda aparecer el pratyahara. Y es que el pratyahara o desconexión de los sentidos reorienta la atención, produce variación en la presión intraorgánica, aísla las sensaciones corporales de la mente, bloquea el flujo de los pensamientos y, en fin, suspende las emociones. Sin embargo, como ocurre en los mudras, existe un componente energético en los pratyaharas, si bien no tan explícito, pues al instalar un pratyahara se corta la comunicación con el exterior y la energía disponible queda encerrada dentro del cuerpo denso, dentro del sutil (chakaras y nadis), dentro de la mente, etc. Dicha energía podrá ser transmutada por el silencio y por la interiorización, o bien utilizada por la conciencia testigo para recuperar la conexión con nuestra parte espiritual y trascendente. El pratyahara, finalmente, nos prepara para romper con el pensamiento racional y nos abre la vía hacia el pensamiento intuitivo. En cuanto a los mudras externos, al delimitar ellos una zona concreta del cuerpo y cargarla de energía, atraen la atención hacia ese lugar, generando un pratyahara visual, ya sea que el mudra se haga con los ojos abiertos o cerrados. Por ejemplo: al instalar jñana mudra la piel y la musculatura de la cara anterior del cuerpo se contraen y se cierran las kshetrams de manipura, anahata, vishuddhi y, probablemente, también el de ajña. El pratyahara que surge entonces es visual, los ojos se agrandan y la mirada se desenfoca, se juntan los labios, los oídos internos se cierran, mientras que el oído externo se agranda, a fin de compensar la presión intraorgánica (abdominal y torácica). A las modificaciones anteriores conviene añadir el aislamiento de las sensaciones físicas (intero y exteroceptivas), con ello se amplía el campo de la conciencia y acontece la aparición del estado meditativo. Mudras internos y Pratyahara La primera respuesta que producen los mudras internos (khechari, ashvini, shambhavi) es la variación de la presión interna, la modificación de la posición de la atención y el control y canalización de la energía en una nueva dirección. Así, al hacer khechari mûdra, incidimos en la mirada y en los oídos, creando un pratyahara auditivo y otro visual. Otro de los mudras internos, shambhavi mudra, también desconecta los sentidos a partir de una nueva colocación de los globos oculares, dando lugar a una orientación diferente de la mirada; en esa situación la atención queda desconectada, apareciendo casi de manera inmediata la conciencia testigo y la conexión con lo supramental. Respiración controlada y pratyahara Para hacer una respiración controlada sostenida en el tiempo, es necesario que surja un pratyahara. La atención se divide entonces entre la sensación de contracción muscular y la concentración que se presta entonces a la salida y entrada del aire; los sentidos, en este caso, se vuelven espectadores pasivos; para ellos no queda ya atención ni energía disponible, con lo cual desconectan y, al cabo de un momento, se hace patente el pratyahara. Aun así, cada fase de la respiración posee sus propias peculiaridades, pues el pratyahara sólo se da en la expulsión: aquí, la mirada queda fija, la garganta y la boca se cierran y se incrementa la presión intraabdominal y torácica, mientras que en la inspiración, la atención va hacia la cara, la cabeza, el pecho y la zona superior de la nariz; los músculos del tórax se estiran, los ojos se abren completamente, la garganta y boca no cambia apenas y, a los oídos, llega más presión; aquí todos los sentidos se estímulan y se pierde el pratyahara que había funcionado en la expulsión. Si se hacen retenciones en vacío (bahir kumbhaka), todos los parámetros de la expulsión se acentúan y se alarga el pratyahara; en antar kumbhaka no existe ningún pratyahara. Pratyahara y relajación El pratyahara o desconexión de los sentidos se produce, en esta circunstancia, en primer en lugar, por estar el cuerpo en decúbito supino (shavasana), lo cual conlleva descarga de peso, desbloqueo de la respiración y relajación física. En segundo lugar, por estar cerrados los ojos y porque, en esta posición, los glóbulos oculares quedan orientados hacia los lados (conciencia de la horizontalidad), en vez de converger hacia el origen de la nariz (conciencia de verticalidad). Estos elementos sirven por sí mismos para desconectar la atención de los sentidos, generando un pratyahara que se ira haciendo más profundo, a medida que el proceso de relajación se vaya acentuando. En este estado de relajación, la información o estimulación sensorial aferente va desapareciendo, y desconectando, con la quietud física, la actividad eferente; la conciencia del yo se va diluyendo, y, a partir de aquí, aminorando todas las funciones fisiológicas; finalmente, la actividad de la corteza se inhibe, dando ya paso a la relajación completa. Pratyahara y nyasas Los nyasas son toques o contactos físico-sensoriales, ejecutados con las manos por un maestro o por el propio sujeto, en diferentes zonas del cuerpo (piel, sentidos, miembros, tronco, cara o cabeza etc.); se puede hacer en posición tumbada, sentados o de pie. La conexión de los nyasas con el pratyahara es directa y proporcional al tiempo de mantenimiento del contacto; se puede utilizar sobre un único sentido (ya que el nyasa produce generalización), o sobre varios simultáneamente, en cuyo caso los beneficios y su prolongación en el tiempo se incrementan. Estos sencillos ejercicios de los nyasas producen una cadena de respuestas que modifican directamente el automatismo de la rutina mental y crean un estado de autoatención plena que viene a facilitar la experiencia meditativa. [3]Amable Díaz López es psicóloga clínica en ejercicio y profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983. Formadora de profesores (ver sus formaciones aquí [4]), con escuela propia en Madrid, desde 1995: Centro de Yoga Pantanjali. [5] Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Expresidenta de la AEPY y Ex-Presidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual.   [1] http://www.yogaenred.com/2016/09/19/el-pratyahara-control-de-los-sentidos-y-la-atencion-1a-parte/ [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/Pratyahara-1.jpg [3] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/Amable-Diaz.jpg [4] http://www.centrodeyogapatanjali.es/patanjali_formacion.html [5] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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Pratyahara (contrôle des sens) et attention / partie 1
Posté le 19 septembre, 2016

En el abordaje del Yoga no se suele tener muy en cuenta el Pratyahara (control de los sentidos) a la hora de concebir una sesión. Tanto es así que incluso cuando un profesor empieza a impartir clases, le puede costar explicar adecuadamente a sus alumnos en qué consiste este quinto nivel o anga. Escribe Amable Díaz. [1] En los Yogasûtra de Patañjali se habla del Ashtanga Yoga como camino de realización que se compone de ocho niveles o pasos: yamas, niyamas, asana, prânâyàma, pratyahara, dharana, dhyana y samdhi. Dichos niveles se suelen agrupar en dos apartados: yoga externo (yoga físico) y Samyama (yoga mental). El primero de ellos comprende: yamas, niyamas, asana, prânâyâma, pratyahara. Y el segundo o Samyama: dharana, dhyana y samadhi. En Yoga, el tema de los sentidos (indriyas) es relativamente complejo, si lo comparamos con nuestra cultura. Estos sentidos se dividen en: karmendriyas, jñanendriyas y tanmatras, principalmente; podríamos añadir, ekendriya. Karmendriyas, los órganos de acción: Mano (pani), órgano de aprenhensión; pie (pada), locomoción; boca (vak), voz; genitales (upastha), reproducción; ano (payu). Jñanendriyas, los sentidos según la interpretación que les damos en Occidente: Oído (srota), sentido auditivo; nariz (gharana), olfato: lengua (jihva), sentido del gusto; ojos (chakshu), sentido de la vista; piel (twacha), sentido del tacto. Tanmatras, las esencias de lo que se percibe: Olor( gandha); sabor (rasa); forma (rupa); tacto (sparsa); sonido (sabda). Ekendriya: la mente (sexto sentido). En nuestra cultura también se habla del sexto sentido, referido a una capacidad fuera de lo común, o extrasensorial. En los Yogasûtra se hace referencia a los sentidos en la acepción de órganos, aun poniendo más el acento en las cualidades, pues son éstas las que representan la esencia de los indriyas. En el abordaje del Yoga no se suele tener muy en cuenta el Pratyahara (control de los sentidos), ni siquiera, prácticamente, a la hora de concebir una sesión de Yoga; tanto es así que incluso cuando un profesor empieza a impartir clases, le puede costar explicar adecuadamente a sus alumnos en qué consiste este quinto anga. También sucede algo semejante con los sentidos en la vida real: se valora mucha más la mente, el yo o la conciencia. Y, sin embargo, los sentidos son indispensables para el correcto desenvolvimiento de nuestra vida en el entorno en que vivimos. Si alguno de ellos viniera a faltarnos, tendríamos importantes limitaciones incluso para valernos por nosotros mismos. Los indriyas o sentidos podrían presentarse casi como “órganos”, pues sus nervios son específicos y sus células también lo son, ya que están destinados a percibir una cualidad específica: el nervio olfativo los olores, el auditivo los sonidos, el óptico la visión, etc. Y, en consecuencia, poseen su propia función, si bien, con alguna frecuencia, actúan conjuntamente en el comportamiento general. Sin ellos, la mente no podría recibir información del entorno físico y social, reduciría considerablemente la interacción, la autonomía y el placer de vivir, en fin. Sin ser aún mental, la actividad de los sentidos es “superior” a la sensación; de hecho no hablamos de sensación cuando nos referimos a los sentidos sino de sensibilidad (visual, auditiva, etc.) Y en su funcionamiento, los sentidos están también relacionados con la presión interna del organismo, tanto el oído como el olfato o la boca; son zonas abiertas al exterior y, si las tapamos, parcial o totalmente, variamos la presión interna y modificamos en cierto grado su funcionamiento, e incluso el de otros sistemas. Entre los sentidos y la atención, o la percepción o la mente, existe una relación directa que nos acerca ya al acto mental-racional. También los sentidos y la atención pueden actuar al unísono, por separado o desconectados temporalmente. De igual manera que su actividad conjunta es la respuesta más frecuente, por separado ocurre únicamente en tareas que ya tenemos automatizadas y durante un tiempo breve; y desconectados de la atención, sólo a través de técnicas específicas yóguicas o hipnóticas. Sin embargo, desde la Antigüedad el yoga y otras disciplinas espirituales, aun sin menospreciar la valía de los sentidos, suelen considerar estos como instrumentos que nos llevan hacia afuera, que crean apegos, que estimulan deseos y que potencian el yo, perturbando de esta manera nuestra atención para relajarnos, concentrarnos, meditar o captar la realidad sutil. Por eso es indispensable reducir su actividad externa para movernos mejor en el mundo interior y así poder sacar el máximo beneficio posible a un gran número de técnicas de yoga. Es bueno que nuestros practicantes sepan el valor que tiene el pratyahara y cómo, a través de su instalación, el resto de las estructuras mentales va cambiando. Incluso pedagógicamente podría tener interés poseer esta información, pues conociendo este proceso nos dotamos de herramientas que después utilizaremos autónomamente cuando nos plazca. Muy pocas personas habrán caído en la cuenta de que sin pratyahara no es posible mantener una prolongada y correcta concentración, ni lograr la conciencia-testigo, ni es tampoco posible alcanzar la relajación profunda o yoga nidra. Aunque quizá la mayor aportación del pratyahara al yoga sea la preparación para la verdadera meditación. Para llegar a comprender mejor el pratyahara es necesario, ante todo, conocer su relación con la atención, disposición innata que posee una capacidad limitada pero que sirve de elemento mediador entre un estímulo (ya sea interno o externo) y los sentidos, entre un pensamiento y la mente, entre un suceso y el propio yo, entre el darse cuenta y la conciencia, entre el malestar interno y la psique, entre el bienestar y las emociones. Es decir que la atención y los sentidos, junto con las sensaciones y percepciones, participan en todo acto senso-perceptivo, racional-mental y psíquico. Esta “red” que acabamos de describir es operativa y plenamente eficaz para desenvolvernos en el mundo objetivo, concreto y también en el mundo abstracto. Pero para poder hacer Yoga hay que conectar con otra “red” o ámbito que llamaríamos suprasensorial y suprarracional. La puerta del mundo interior En esta red alternativa se opera desde el pratyahara, desde la plena atención, desde la plena conciencia, desde vairagya (desapego), desde el descondicionamiento, desde la conciencia-testigo (sakashin), desde el conocimiento intuitivo. Y las “operaciones” que se produce a través de esta red no están supeditadas al tiempo o al espacio, ni tampoco a la ley de la causa y efecto. Así pues, para acceder al mundo interior tiene que producirse un control de la atención, fijándola en algún elemento concreto; si este control de la atención se mantiene, surgirá casi al instante la desconexión de la atención con los sentidos, dejando estos inactivos temporalmente. A este cambio es a lo que llamamos pratyahara. Al neófito en la práctica del Yoga podrá parecerle, a primera vista, un acto sin mayor importancia, pero el experto sabe bien que esta modificación es la que abre la puerta del mundo interior, y que es un salto cualitativo el que acontece. Y, en la mayoría de los casos, esto se produce sin que el practicante venga a percatarse. Por otra parte, quizás tengamos un poco olvidados los sentidos a la hora de concebir y aplicar una relajación, y más aún si buscamos que dicha relajación incida directamente en la mente. La relajación directa de los sentidos sería, sin embargo, casi indispensable, al menos en cuanto al oído y la vista, ya que estos órganos están saturados de ruido, de incesantes imágenes (trabajo ante el ordenador, televisión. etc.), y por la alta estimulación del gusto en los fumadores o adictos a otros excitantes. A más largo plazo, los beneficios de la relajación directa de cada sentido sirve para mantener estos “órganos” en buena salud y retrasar su deterioro. Podríamos suponer, recordando la clasificación de Patanjali en cuanto al pratyahara, que estamos ante un anga, a modo de puente o transición, entre el yoga físico y el mental. Lo cual, en parte, es cierto, ya que desde la relajación de los sentidos llegamos a la relajación mental y también a la inversa. Y, no obstante, si hacemos un análisis más profundo, tal como hemos señalado anteriormente, sin pratyahara no hay Raja-Yoga, es decir no hay yoga mental. A fin de que nuestra exposición pueda ser mejor comprendida, queremos avalarla con algunos ejemplos prácticos, asociando Mûdras y Pratyaharas, Mûdras y Respiración controlada, Mûdras y relajación y, finalmente, Nyasas y Pratyahara. (Continuará en un próximo artículo) Amable Díaz López es psicóloga clínica en ejercicio y profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983. Formadora de profesores, con escuela propia en Madrid, desde 1995: Centro de Yoga Pantanjali. [2] Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Expresidenta de la AEPY y Ex-Presidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual.   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/Pratyahara.jpg [2] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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El descondicionamiento en la meditación yóguica
Publicado el 10 Sep, 2015

La experiencia de la meditación yóguica es algo tan distinto de otras vivencias que resulta difícil distinguir el elemento orgánico o nivel de la persona responsable de este acto. Sin embargo, es lógico pensar que participen las mismas estructuras que en otros quehaceres del ser humano. Tal vez sólo cambie la manera en la que dichos mecanismos actúan. Escribe Amable Díaz. (Lee el artículo anterior: El condicionamiento [1]) [2] En la meditación yóguica se prescinde de lo que es común en otras actividades: movimiento corporal, razón lógica (tal como la usamos cotidianamente), recuerdos, motivaciones (a no ser, claro, la de la propia meditación); lo que permanece activo ( quizás sea este punto aquel al que la motivación nos guía) es la conciencia, depurada de los contenidos que la rodean en condiciones normales. El desarrollo del proceso meditativo no se percibe habitualmente ubicado ni en la mente ni fuera de ella (en lo trascendental); es en el centro de la persona, del ser, donde lo siente el meditante. Además, lo que acontece se autogenera autónomamente, algo parecido a lo que es el sueño consciente pero sin contenidos; más que vivencias o actividades serían percepciones que solo pueden reflejarse en la conciencia, a partir de las condiciones antes expuestas. ¿Deberemos considerar los resultados de la meditación como un conocimiento, como un descondicionamiento de nuestra sobresaturada conciencia, o bien como un efecto interactivo de ambas? Los grandes yoguis de la antigüedad hubieran respondido de forma afirmativa a la primera pregunta: sí, la meditación es un conocimiento, pues a través de ella se llega al samadhi o a la autorrealización consciente y trascendente, aunque nunca sin haber pasado por un descondicionamiento previo. A la segunda y tercera interrogantes (¿son los resultados de la meditación un descondicionamiento de nuestra sobresaturada conciencia, o bien un efecto interactivo entre ambas?), una mayoría de practicantes de yoga responderíamos afirmativamente, apoyándonos en los efectos posteriores de la meditación. Y es que el meditante siente, en el momento en que vuelve a la normalidad, una potenciación de afectividad generalizada hacia el entorno físico y humano, y un bienestar psicológico libre de cualquier prejuicio cultural o personal. A esta desinhibición emocional nos referimos cuando hablamos de catarsis o de descondicionamiento. Por otra parte, ¿quién podrá asegurarnos que no sea éste el primer paso hacia lo trascendente? El núcleo del descondicionamiento Llegados a este punto, vamos a profundizar en el núcleo central del “El descondicionamiento”. ¿En qué consiste? Mi reflexión personal al preparar este tema me ha llevado a elaborar, de manera provisional, la siguiente definición: Se trata de una vivencia innata que puede surgir de forma natural, ser inducida o aun buscada, de manera deliberada o intuitiva, y en ella influyen estímulos internos y externos propios del contexto cultural, social o derivados de las propias experiencias personales. La experiencia de descondicionamiento supone desinhibición mental y psíquica, con su correspondiente sentimiento de bienestar psicológico y de libertad personal recobrada. En la meditación yóguica, encontramos los elementos de descondicionamiento (vistos desde la óptica de la psicología) en los supuestos básicos del yoga (esto es, su filosofía y sus técnicas) y en los objetivos que busca y puede llegar a alcanzar el asceta o practicante de yoga. De manera general, es cierto que el yogui, antes de acceder a la práctica de la meditación, ha preparado su cuerpo con ejercicios físicos, ha trabajado el control de su mente con técnicas de concentración, ha modificado puntualmente los procesos fisiológicos a través del dominio de la respiración, ha aprendido a relajarse, ha sentido cómo en esta práctica varían los niveles de energía vital y mental y ha rozado ya, por instantes, la cercanía del espíritu y del alma. A través de la meditación, el yogui clásico pretendía alcanzar la libertad absoluta, ya que, llegado a este punto -octavo anga de Patanjali-, él podía desarrollar la capacidad de sustraerse al dominio puntual de las funciones biológicas, a la presencia del cuerpo, y a las nociones de tiempo y espacio. En suma, en esta búsqueda de libertad total, pretendía el yogui rescatar el espíritu del ámbito de la materia, guiado tal vez por reminiscencias previas de estados o existencias anteriores. Visto desde la óptica de la psicología, encontramos en nuestro análisis un componente de descondicionamiento psicológico (que el yogui llama libertad) como respuesta innata que forma parte, no obstante, de lo que la idea de libertad representa. La libertad podría ser una necesidad inscrita en la psique humana. ¿Cómo incide, pues, el descondicionamiento que hacemos en la meditación sobre las instancias psíquicas? Constatamos, en primer lugar, que este descondicionamiento afecta al “yo”, pues, si bien es verdad que se trabaja desde una vivencia consciente, curiosamente se produce fuera del “yo”, de cierta manera, ¡claro! La instancia “yoica”, en su función adaptativa, nos pone en relación con el mundo y los demás y, en parte, nos representa a nosotros mismos. Es esta instancia, igualmente, la que nos mantiene alerta frente al miedo de los peligros; es ella la que duda, se inquieta, piensa, persigue metas,. etc.; y todo esto, al igual que en el sueño, queda suspendido o aplazado durante el estado de meditación. Pero la meta de la meditación no es encontrar una mejor adaptación al medio, sino salir de él y romper con todo tipo de exigencias, restricciones, normas y límites, aunque sólo sea temporalmente. Algo parecido sucede en el espacio de lo psíquico; aquí tampoco se medita para encontrar un mayor equilibrio, sino que lo que se pretende es rebasar el ya existente o encontrar otro mejor. Por ello, al meditar, nos liberamos de las pautas establecidas, ya sean estas culturales o psicológicas. Señalábamos antes que si bien en la vivencia de la meditación está presente el “yo”, su papel parece ser más de un testigo que el de un sujeto agente, pues en la experiencia meditativa uno siente que lo que emerge a un primer plano es el ser o el “sí mismo”. Esta instancia (es decir el ser, el “sí mismo”) desempeña un papel distinto al del yo; así, cuando ella predomina en nuestra conciencia, los sentimientos que surgen responden a la idea de pertenencia a una esencia común, compartida por el conjunto de la humanidad, y de la cual derivarían los valores universales. En este estado de meditación desaparecen también, momentáneamente, las nociones de individualidad y la de dualismo, no se siente la diferencia entre materia y espíritu, entre mente y cuerpo, entre el “yo” el “tú”, entre el “yo” y el “nosotros”; se puede decir que accedemos a lo que el vedanta advaíta señala como el fin último, esto es “encontrar la diversidad en la unidad” y viceversa. Así pues, el principal elemento descondicionador de la meditación yóguica reside en el hecho de, en lo interno, poder evadirnos temporalmente del “yo” y de toda la serie de exigencias, miedos o metas que esta instancia representa y conlleva. Y al establecer este paréntesis, también nos desentendemos de los requerimientos externos, ya sean estos sociales o culturales. Constatamos, por un tiempo, que la meditación nos permite acceder a la vivencia de unidad, referida a la realidad humana y también cósmica. Elementos descondicionantes Los elementos básicos del proceso meditativo yóguico consisten en cambios físicos, fisiológicos, atencionales, mentales y psíquicos. De la quietud física se derivan cambios de las funciones fisiológicas gestionadas por el sistema nervioso autónomo (respiración actividad cardio-vascular, etc). Esta quietud física es, en sí misma, un elemento descondicionante, ya que supone romper con la rutina del movimiento. Además se induce ya, simbólicamente, a sentirse más en la esencia, es decir en el ser, más que en el hacer. La quietud física reduce las sensaciones que puedan perturbar la actividad mental y se asocia, igualmente, de manera espontánea, al tiempo presente. El cambio fisiológico, generado a partir de esta quietud física, potencia la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo, sintiendo el sujeto, a partir de aquí, que vive un proceso de reparación, en lugar de seguir siendo empujado a la acción, objeto propio de la rama simpática. Los cambios mentales se miden por la reducción del flujo de los pensamientos, lo cual incide positivamente en la ruptura de los automatismos (elemento éste descondicionador, igualmente), cuya función (la de los pensamientos automáticos) es, la mayoría de las veces, alimentar el conflicto psicológico y mantener activas las creencias irracionales. El control de los sentidos (ojos cerrados), reduce la estimulación distractora y varía el ritmo de las ondas cerebrales (de beta pasan a alfa), siendo por todo ello un elemento importante del proceso meditativo. También el manejo de la atención es un recurso específico del estado meditativo, al quedar ella orientada y focalizada, casi sin perturbación alguna, en el desarrollo del proceso intelectivo y de conciencia. Vista la anterior exposición, podemos concluir que el proceso descondicionador en el yoga viene dado por el uso que le demos a las funciones motoras, fisiológicas, mentales y psíquicas, y ello a fin de lograr el objetivo último que es la liberación. La psicología aplicada cuando opera sobre estas funciones lo hace para restablecer el equilibrio perdido por estados tales como la ansiedad o la depresión, sin percatarse quizá de que las modificaciones motoras, fisiológicas, mentales y psíquicas, antes aludidas, cuando se llevan a la práctica en el estado de meditación, pueden propiciar el crecimiento personal para una vida mejor y más sana, psicológicamente hablando. La conciencia, en el estado de meditación, no parece estar supeditada a las elaboraciones cognitivas, ni a la información procedente de los sentidos; es como si tuviera vida propia, se impone al sujeto de tal manera que es más real que la mente misma o aun que los procesos atencionales; tanto es así que resulta más sencillo hablar de lucidez de conciencia que de lucidez mental. En consecuencia, el descondicionamiento vendría aquí del hecho de poder conectar con una instancia que apenas se siente cuando existe actividad yóica. Esta conexión con la lucidez de conciencia, durante el estado de meditación, aporta, por sí misma, un sentimiento de plenitud que, desde el punto de vista psicológico, se puede considerar, probablemente, como un refuerzo intrínseco que le permite al sujeto liberarse de otras dependencias afectivas o materiales, y que le sostienen también en su autoestima, potenciando su sentimiento de libertad interior y un cambio de actitudes frente a la vida. Por otro lado, en el proceso meditativo la mente se descondiciona a partir del momento en que no se le pide que razone, que recuerde o que piense, ni siquiera que actúe; es la mente, en este momento, sólo un testigo, un observador de ese mundo interior que nada tiene que ver con la mente en blanco; al contrario, podríamos compararla al bullicio oculto de la vida en una noche cálida de verano, en la que nuestros ojos no están viendo lo que nuestros oídos intuyen. Otro elemento descondicionador es la ausencia de verbalizaciones de aquello que sentimos y percibimos cuando meditamos; es como si esa experiencia se almacenara en otro tipo de registro que no necesitara ser nombrado. Escucha interna Las meditaciones yóguicas en grupo suelen tener siempre un tema cuyo contenido puede incluir o no elementos de desinhibición mental, psicológica o ambas a la vez. En el caso de la meditación personal (no en grupo), el tema puede no estar predeterminado y emerger en el transcurso de la sesión. La forma como se viven y procesan los contenidos de lo meditado influye en los beneficios posteriores, pues constatamos que en esas circunstancias la que trabaja es sobre todo la zona intuitiva de nuestra mente, cosa esta beneficiosa para la parte racional, que puede en este momento desactivarse. Esto implica además, a nivel interno, una escucha, una recepción de información que no suelen estar presentes en las elaboraciones lógicas. Al moverse la intuición más en el terreno de la subjetividad, tal vez esté más cercana y en consonancia con los contenidos psíquicos. El marco de la meditación es idóneo, pues, para liberarse de experiencias pasadas, dolorosas o traumáticas. En la meditación yóguica, el proceso de emergencia o emanación interna de información es básico e indica que se está avanzando hacia la transformación de la plena conciencia. Este hecho, visto a partir de la psicología, nos lleva a pensar en la potenciación de un locus de control interno que activaría actuaciones de mayor autocontrol y de autonomía personal, desvelándole al sujeto posibilidades nuevas que él mismo descubre. Detalles a cuidar En una meditación yóguica, las instrucciones suelen ser más importantes en el comienzo de la meditación que en la parte media y final. Son necesarias al principio, sobre todo para encauzar el proceso, que es la parte más difícil de lograr. De manera general, la orientación no ha de hacerse con frases demasiado complejas, ni con un contenido excesivamente explicativo y razonado. El objetivo será situar al meditador en el arranque del camino y que sea él, luego, quien lo recorra, sacando a la luz sus propios contenidos. En esto radica la opción y la posibilidad de cambio. Y será igualmente importante dar tiempo suficiente entre cada instrucción verbal. Las correcciones posturales, a través del contacto físico, suelen ser sentidas como intromisión y vienen a romper, frecuentemente, el estado de introspección. Por otro lado, la influencia del instructor o maestro en el proceso meditativo varía según venga a ser su participación, ya que puede guiar la meditación sin hacerla él o, por el contrario, guiarla a la vez que la hace; es así como los maestros orientales suelen proceder. En el segundo caso (cuando el instructor guía la meditación, a la vez que la hace) suele ser mayor la influencia, ya que su voz irá variando de tono en función de su propio estado. Esta circunstancia va influyendo y creando una sintonía que, sin proponérselo el maestro, influye en quien la escucha. Efecto semejante puede tener la posición de meditación, si quien guía la mantiene de forma cómoda. Existen otros elementos que tienen que ver con la valoración que haga el alumno de la eficacia y valía profesional de dicho instructor. Son detalles todos estos que conviene cuidar, ya que de no proceder así sucede que, en vez de llevar a nuestros alumnos a un proceso de descondicionamiento a través de la meditación, caemos en lo opuesto, es decir en un proceso de sugestión hipnótica, que condiciona más que libera psicológicamente. [3]Amable Díaz López es psicóloga clínica en ejercicio y profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983. Formadora de profesores, con escuela propia en Madrid, desde 1995: Centro de Yoga Pantanjali. [4] Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Ex-Presidenta de la AEPY y Ex-Presidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual. [1] http://www.yogaenred.com/2015/08/31/el-condicionamiento-en-yoga-y-en-psicologia/ [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/09/Descondicionamiento.jpg [3] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/Amable-Diaz.jpg [4] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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El condicionamiento, en yoga y en psicología
Publicado el 31 Aug, 2015

La superación del dilema "hombre libre o condicionado" es un reto que la psicología del siglo XX deja sin resolver. La psicóloga clínica y formadora de profesores de yoga Amable Díaz escribe hoy este interesante artículo sobre el condicionamiento, al que seguirá próximamente otro sobre el descondicionamiento. [1] El término condicionamiento tiene, al menos en nuestra cultura, connotaciones negativas; sin embargo, ya sea como aprendizaje o como conducta social, resulta inevitable. Es cierto que este término no tiene el mismo significado para un psicólogo cognitivo-conductual, para un psicoanalista, para un sociólogo, para un historiador o para el hombre de la calle. El psicólogo cognitivo-conductual entiende por condicionamiento un tipo de aprendizaje de incalculable valor en el desarrollo evolutivo del individuo. Para el psicoanalista, el sociólogo o el historiador, el condicionamiento proviene de la cultura, de la sociedad y de sus concepciones y representaciones religiosas; es algo impuesto al individuo desde las superestructuras y que funciona encontrando eco en la persona en el plano psicológico, a través de la necesidad de cubrir el sentimiento de pertenencia, de identificación generacional, étnica, cultural, religiosa, etc. El hombre de la calle entiende por condicionamiento algo parecido a lo que sugerimos en el segundo ejemplo y relacionado también con las ideas, las formas de vida, los valores, las creencias o las ideologías. Así pues, la existencia del condicionamiento es innegable ya que, desde ámbitos diversos, se toma como realidad constitutiva del bagaje humano, con un componente innato y otro ambiental; lo innato está referido a la estructura neurológica, que puede ser más o menos condicionable y que, por esta misma circunstancia junto a otros elementos, determinarán un tipo u otro de personalidad. El componente ambiental actúa sobre todo en el plano cognitivo y psicológico; estas instancias asimilan normas, contenidos sociales, culturales y afectivos. Estamos de tal manera sometidos a este tipo de comportamiento que cabría hacerse la pregunta de si existe alguna conducta no condicionada, e incluso de si la misma libertad es posible. En occidente no se niega la existencia del condicionamiento social, cultural y psico-afectivo; lo que se intenta es trascender esta situación. Una de las opciones puede ser parecida a la de los yoguis, pues no debemos olvidar que nadie mejor que ellos sabe lo que es el condicionamiento social, debido, claro está, a la existencia en la cultura hindú del sistema de castas. Ser yogui o asceta, en otros tiempos, en aquel país, era acercarse a la libertad. Decíamos, pues, que una de las vías de superación del condicionamiento podría ser una baja implicación social, ya que es de esta estructura de donde se deriva el mayor grado de condicionamiento. También es cierto que una sociedad como la nuestra, donde existe un gran número de posibilidades de elección en cualquier ámbito de la actividad humana y social en que nos movamos, el condicionamiento es menor o se percibe menos. En los movimientos sectarios o minoritarios que, en origen al menos, suelen ser revolucionarios, estos subgrupos culturales tienden a tener la sensación de disfrutar de mayor grado de libertad o de sentirse menos condicionados. Tal vez sea cierto esto en un primer momento pues, a largo plazo, estos subgrupos pierden posibilidad de elección y, con ello, libertad. Al ser poco numerosos, son más fácilmente controlables desde las incipientes estructuras que les dirigen. Libertad interior Como señalábamos antes, probablemente la única salida a la situación así descrita sea la de apartarse sensiblemente de la sociedad y operar en la persona una transformación psicológica desde el yoga o también desde la psicología del crecimiento personal. Desde esta opción, la persona -ya sea yogui o una persona sin conflictos psicológicos- se siente libre interiormente, porque la mayoría de sus elecciones y de su vivir las realiza desde el interior de sí mismo, desde la necesidad sentida, desde el deseo genuino y no desde de la mente, que es tanto como decir a partir de las necesidades creadas desde fuera. La superación del dilema hombre libre o condicionado es un reto que la psicología del siglo XX deja sin resolver; el Yoga, por su parte, lleva milenios intentando lo mismo. Salvando todas las distancias, este dilema es parecido al planteado en el Yoga, a través de las Upanishads, entre el conocimiento y la avidya o ignorancia; incluso igualmente, el que se plantea en el Kaivalyapâdah, entre “lo que percibe y la mente.” La diferencia entre la cultura occidental y la India, referente a los aspectos que aquí acabamos de comentar y relacionado con nuestro tema, estriba en que en Occidente al individuo se le entiende y se le explica desde su participación en lo social; en el Yoga, al individuo se le analiza inmerso en lo social pero sobre todo fuera de dicho contexto. Incluso sería esta una de las aportaciones más importantes y peculiares del Yoga, pues esta disciplina, concebida para construir al hombre liberado o incondicionado, se aplica hoy con éxito en la recuperación del sentimiento de libertad interior, en la potenciación de la resiliencia y en alcanzar una mejor comprensión de la realidad intangible. [2]Amable Díaz López es psicóloga clínica en ejercicio y profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983. Formadora de profesores, con escuela propia en Madrid, desde 1995: Centro de Yoga Pantanjali. [3] Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Ex-Presidenta de la AEPY y Ex-Presidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual.   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/condicionamiento-Yoga.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/Amable-Diaz.jpg [3] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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El Yoga no es solo ejercicio físico
Publié le septembre 1, 2014

El Yoga, como legado cultural, no agota su significado en el Hatha Yoga o yoga físico (aunque sea éste el aspecto más visible), ni tampoco considerándolo únicamente como una filosofía de vida, que ciertamente lo es, pues en sí misma esta variable conlleva un mayor equilibrio mental y psíquico. Escribe Amable Díaz. [1] La verdadera finalidad del yoga podremos encontrarla en los contenidos metafísicos del Vedanta advaíta que impregnan también el Darshana Yoga; esta visión propone, como último objetivo, acceder al conocimiento de lo Real de la vida (la vida existe, nosotros somos unicamente una manifestación), lo Real del tiempo también (el tiempo es sólo un concepto biográfico, psíquico e histórico), y de lo Real del espacio (el espacio es sólo una noción útil para la estabilidad del yo). Se trata, en su suma, de conocer lo que perdura, lo Eterno, lo que va más allá de lo finito y de lo cuantificable. Sin este conocimiento último, no habrá liberación, y los seres humanos nos encontraremos irremisiblemente perdidos, decepcionados, incompletos, cargados de preguntas a las que nuestro limitado yo no podrá nunca responder enteramente. Para acercarnos a estos objetivos -en esta u otras vidas-, es necesario reinterpretar la aplicación de las diferentes técnicas de Yoga. Hoy día, lo más común es la práctica del Hatha, esto es, ejercicio físico de intensidad baja, media o alta, acompañado, en el mejor de los casos, de respiraciones, y ello sin mencionar, ni siquiera, en el transcurso de la sesión, la palabra prânâyâma y lo que conlleva. En lugar de ir a la auténtica filosofía, asistimos a la realización de visualizaciones más o menos peregrinas y a ciertas inducciones seudopsicológicas, procedentes de sincretismos varios. Nuestra propuesta de “rescate” del mejor Yoga se fundamenta en una experiencia práctica de treinta años de enseñanza, con su correspondiente aplicación en la realización de sesiones, enfoque que consiste en integrar en la sesión de yoga, paulatina y sabiamente ordenadas, las diferentes técnicas yóguicas, sabiendo, no obstante, que cada una de ellas pertenece a un campo específico (físico, energético, mental, psíquico, espiritual), y que con su ejecución conjunta incidimos, en el lapso de tiempo de una clase, en los diferentes planos o cuerpos (saharira) y sus koshas (envoltorios). Así conseguiremos varios objetivos a la vez: Presentar sesiones de denso contenido, con una base experimental / reflexiva importante. Que el practicante sienta, desde el inicio, que realmente está haciendo Yoga. Demostrar que la experiencia de Yoga modifica el cuerpo, la respiración, la circulación de las energías sutiles, el estado mental y psíquico. Que los adeptos comprendan que este tipo de trabajo integral les introduce de manera directa y espontánea en la práctica de la meditación. El caminar hacia los últimos objetivos del Yoga sólo se puede llevar a término a través de la meditación, ¡tan de moda en el momento actual y tan poco apta para el desquiciado sujeto occidental, buscando penetrar en su misterio sin preparación o purificación previa! No hay técnicas que enseñen a meditar, pero quienes tenemos algo de experiencia sabemos que la meditación surge cuando desconectamos de la realidad fenoménica (entorno, yo, sentidos, emociones, deseos, apegos, tiempo, espacio condicionamientos…), y se produce una conexión espontánea con la Realidad que ES. Todas esas otras pretendidas meditaciones del momento actual -erróneamente nombradas así-, tal vez sean visualizaciones, concentraciones, relajación y concentración o respiración y silencio, pero en ningún caso meditación. El Yoga enseña que en la meditación se activa antah karana, órgano interno de conocimiento, cuyo campo de actuación es una búsqueda que conlleva todo lo que se puede conocer, hacia la experiencia de plenitud. Es, en última instancia, vía de luz, de liberación, de conocimiento. Amable Díaz López es profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983, y formadora de profesores, con escuela propia en Madrid, desde 1995: Centro de Yoga Pantanjali. [2] Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Psicóloga clínica en ejercicio. Ex-Presidenta de la AEPY y Ex-Presidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2014/02/Meidtacion-yoga.jpg [2] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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Yoga et physiologie ésotérique / partie 2
Publicado el 31 Jul, 2014

Amable Díaz, profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983 y formadora de profesores, ha escrito este interesante artículo cuya primera parte la publicamos el lunes pasado y que puedes ver en este enlace [1]. Estructuras a través de las cuales fluyen la energías yóguicas, según el Tantra (Nadis, Chakras y otros circuitos energéticos) [2] En este resumen didáctico, presentamos las diferentes estructuras energéticas, por separado y de manera esquemática, a fin de que resulte más fácil su comprensión y retención, sin olvidar que el cuerpo energético es un conjunto, semejante en muchos aspecto a nuestro cuerpo denso. En ambos ejemplos, el conjunto final es ya un todo, con cualidades diferentes a lo que representaban sus elementos constituyentes. Los nadis son canales por los que fluyen diferentes tipos de energía. Según la tradición yóguica existirían setenta y dos mil, aunque los más conocidos son Ida, Pingala y Sushumna y, quizás, en el momento actual de nuestro desarrollo evolutivo, los únicos, sobre los se pueda trabajar, cuando practicamos Yoga. En cuanto a los llamados “nadis periféricos” de los chakras, ciertas escuelas tántricas hablan de una correspondencia entre el número de pétalos de cada uno de estos centros, si esta realidad fuese un hecho, habría de ser una correspondencia bastante compleja dado que el número de pétalos va variando de un chakra al otro, sin causa u orden aparente. Así por ejemplo, Mûlâddhâra posee cuatro y svâdhisthâna seis. Por Ida y Pingalâ fluye el prâna, bajo forma de energía vital por el primero de ellos; y de energía mental por el segundo. Por los nadis periféricos de los chakras asciende la energía del chakra inicial que se comunica con el inmediato superior, y así hasta llegar a âjñâ, siempre en sentido ascendente. Los nadis que acabamos de citar, en condiciones de normalidad se encuentran siempre en funcionamiento con mayor o menor flujo energético. Sin embargo, Sushumna es un canal hueco y vacío por el que ascenderá la kundalini, cuando ésta sea activada. Además, para que este cambio suceda, en Sushumna, será necesario que se hayan desbloqueado previamente los granthis (nudos) de Brahma en mûlâdhâra, de Vishnú en anahâta y de Shiva o Rudra en Âjñâ. Los nadis Ida y Pingala poseen volumen y, pese a que nos pudiera parecer que se cruzan entre sí, al verlos gráficamente, no es así, pues cada uno de ellos transporta su propia energía y no hay más contacto entre ellos que el roce de la capa externa. Sushumna, es igualmente independiente en su estructura y función. En último término, resulta necesario señalar que entre nadis y chakras existen los siguientes elementos comunes: - Ambos pertenecen al cuerpo energético. - Por ellos siempre circula energía (salvo Sushumna), aunque de naturaleza diferente y conectan el cuerpo físico con el energético. Nadis: - Ida→primer chakra y llega hasta âjñâ. - Pingala→ primer chakra y llega hasta âjñâ. - Sushumna → primer chakra y llega hasta sahasrâra Chitrini Vajrini Brahmanadi Chakras: Mûlâdhâra → cuatro nadis que conectan su energía con la del inmediato superior. Svâdhithâna → seis nadis. Manipûra → diez nadis. Anahâta → doce nadis. Vishuddhi → dieciséis nadis. Âjñâ → dos nadis. Saharâra → mil nadis. Otros circuitos energéticos: - El de amrit → bindu visarga → ajñâ→ vishuddhi → bindu visarga → âjñâ →vishuddhi. - El arohan (cara anterior del cuerpo, kshetrams) → mûlâdhâra → svâdhisthâna → manipûra → anahâta → vishuddhi → bindu visarga → âjñâ → vishuddhi. - El awarohan (cara posterior del cuerpo, origen de los chakras) → vishuddhi → anahâta → manipura → svâdhisthâna → mûlâdhâra. El circuito de Amrit En Yoga, en lo referente a Amrit, se conocen dos circuitos principales sobre los que se puede actuar: uno destinado a incrementar la secreción de amrit, y el otro a su reutilización. Para cumplir la primera función podemos recorrer mentalmente el siguiente circuito: bindu visarga → vishuddhi → âjñâ →bindu visarga, conviene repetirlo varias veces, si quisiéramos cerrarlo, para que el amrit no se pierda deberíamos realizar khechari mudrâ con frecuencia. En lo referente a su reutilización, cuando dicha substancia ha llegado ya al ombligo, se la puede reconducir haciendo el recorrido inverso manipûra→ anahâta →vishuddhi. Este recorrido lo propician, de manera natural, las posturas invertidas y semi-invertidas. De todas formas, lo que aquí señalamos es la manera directa de estimular y de realizar una toma de conciencia real del amrit, pero sobre ella repercuten también los beneficios generales que nos aporta el conjunto de la sesión de Yoga. El Arohan y Awarohan (canales psíquicos) Los recorridos energéticos de Arohan y Awarohan poseen los beneficios de los que nos habla la tradición yóguica, a largo plazo, pero en la inmediatez de la sesión de Yoga también nos permite destacar otras ventajas: - Paso directo a la conciencia testigo, dejando en pleno descanso el cuerpo físico. - Toma de conciencia de la realidad profunda. - Facilitan la percepción de la realidad psíquica ya que permiten la desconexión del yo, a través de la experiencia de la conciencia testigo o conciencia psíquica. El recorrido de Arohan (cara anterior del cuerpo) se inicia en la proyección de mûlâdhâra y va hasta la proyección de vishuddhi; desde aquí, se conecta, por el interior de la garganta y de la cabeza, con Bindu visarga. La vía que corresponde a Awaroham (cara posterior del cuerpo) parte de bindu visarga, va hasta el origen de âjñâ, de vishuddhi, y termina en el origen de mûlâdhâra. Estos circuitos se encuentran situados en la superficie del cuerpo denso (sthula saharira), y, por ellos, fluye la energía prânica o psíquica, si bien la naturaleza de estas energías es interpretada de manera diferente por cada línea o escuela hindú. En Yoga, estos circuitos se trabajan con diferentes técnicas: físicas respiratorias atencionales vibracionales purificadoras, etc. Y, entre todas ellas, destacan los llamados kriyas (purificación de los nadis ) Chakras Según el tantrismo, los chakras, junto con los nadis, configuran la estructura del cuerpo energético; poseen conexiones con el cuerpo físico a través de los plexos nerviosos, y su estimulación mejora el funcionamiento de los órganos internos, de los sistemas (circulatorio, linfático, etc.) y de las glándulas de nuestro organismo; sobre ellos influye, igualmente, la energía cósmica. Cada chakra se define como un centro con naturaleza y función propia, aunque, entre ellos, existe una interconexión a través de los nadis periféricos; además de esta naturaleza específica absorben prâna y la transforman en otras energías. Los chakras pueden quedar bloqueados por tensiones físicas, mentales o psíquicas; de hecho, en relación con la kundalini, y según la tradición tántrica, existirían, de manera innata, tres nudos, llamados Granthis: El primero, Brahma granthi (situado en mûlâdhâra), el segundo, Vishnú granthi (ubicado en anahâta) y el tercero, Shiva granthi (coincidente con âjñâ chakra). El desbloqueo de estos tres nudos es previo e indispensable para el ascenso de la kundalini. Chakras Mayores Mûladhâra Swadhistâna Manipûra Anahâta Vishuddhi Âjñâ Sahasrâra Chakras Menores: Bindu visrga Lalana chackra En las articulaciones En la planta y en las yemas de los dedos de los pies En la palma y en las yemas de los dedos de las manos Estructuras a través de las cuales fluye la energía (según el Vedanta) En la tradición vedantina, se explica la realidad del sujeto humano a partir de una compleja estructura compuesta por tres cuerpos con diversas capas cada uno de ellos. Y en el núcleo más central de la persona, se halla Purusha (el espíritu). En cuanto a los tres cuerpos, el primero, Sthula saharira (cuerpo denso), está recubierto por dos capas: annamaya y prânamaya kosha. El segundo, Suksma saharira (cuerpo sutil), está envuelto también por dos capas: vijñanamaya y manomaya kosha. El tercero, Karana saharira (cuerpo causal) aparece rodeado por una sola capa: anandamaya kosha. Estos cuerpos son presentados como configuraciones energéticas, y cada uno de los cuales procede de una cualidad específica de la materia (gunas); por ello poseen su propia vibración. El más externo, cuerpo denso/físico, ya mencionado, es el cuerpo físico que necesita de alimento y de respiración y esta constituido por una cualidad de materia densa, por ello nuestros sentidos lo pueden captar y ver. El segundo (cuerpo sutil) resulta invisible a nuestro sentidos, y también su vibración es imperceptible, necesitando del cuerpo denso para subsistir, si bien sus funciones son cualitativamente distintas, por ser intangibles. El tercero (cuerpo causal), es aún más fino que los dos anteriores y su naturaleza es todo beatitud. Finalmente, en lo más recóndito, se halla Purusha, el espíritu, protegido u oculto por los tres cuerpos anteriores. Es necesario tener presente, en relación a los cuerpos y sus capas, que existe cierta controversia, pues a veces se atribuye a los cuerpos, en sí mismos, una estructura con funciones propias y, en otras ocasiones, se presentan los cuerpos representando sólo la estructura y atribuyendo a las capas la función. La energía de estos cuerpos y sus capas se interconecta entre sí, generando un dinamismo energético que puede ir de fuera hacia dentro o a la inversa; en el primero de los casos, la respuesta energética depende de las acciones, pensamientos, emociones, estados de ánimo, bloqueos y conflictos que tenga cada sujeto. En el segundo caso, el flujo energético se inicia en Purusha (espiritu) y su fuerza y poder van atravesando cuerpos y capas hasta llegar a lo más denso. El Yoga puede influir positivamente en la dirección de los dos flujos energéticos, gracias a la variedad de técnicas que contiene y a la aplicación específica que de ellas se puede hacer. De fuera hacia dentro, operan de manera más directa los âsanas y las respiraciones, los mudrâs externos y los kriyas (purificaciones). De dentro hacia fuera, son más eficaces las técnicas mentales, los mudrâs internos, la práctica de vairagya (desapego), sakshi (conciencia testigo) y la meditación. En este segundo caso, es igualmente muy apropiado, situar la atención en los distintos cuerpos, en las capas e incluso en Purusha, cuando realizamos respiraciones, hacemos los movimientos de Sûryanamaskar, recitamos los mantras o, finalmente, cuando se hacemos vibraciones. Esquema - Cuerpos: -- Sthula saharira. Annamaya kosha → está configuarada por el alimento Prânamaya kosha → formada por el prâna, está situada entre el cuerpo denso y el sutil. -- Suskshma saharira. Vijñanamaya kosha → representa el conocimiento mental y psíquico Manomaya kosha → está referido al pensamiento -- Karana saharira. Anandamaya kosha → contiene el sentimiento de plenitud y felicidad.   Amable Díaz es profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983, y formadora de profesores, con escuela propia en Madrid, desde 1995: Centro de Yoga Pantanjali. [3] Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Psicóloga clínica en ejercicio. Ex-Presidenta de la AEPY y Ex-Presidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual.                                                       [1] http://www.yogaenred.com/2014/07/28/yoga-y-fisiologia-esotetica-1a-parte/ [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2014/07/chakras.jpg [3] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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Yoga et physiologie ésotérique / partie 1
Publicado el 28 Jul, 2014

¿Qué sabemos sobre "lo energético", a la luz de los conocimientos clásicos yóguicos? Amable Díaz, profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983 y formadora de profesores, ha escrito este interesante artículo que publicaremos en dos partes en esta misma semana. [1] Cuando hacemos referencia a la palabra “esotérico”, en Yoga, queremos significar que aludimos a procesos que pertenecen a la realidad sutil, ilimitada y/o trascendente del ser humano, y que sólo se puede percibir de una manera intuitiva por mentes predestinadas, o, en el caso de personas normales, a través de un trabajo previo que irá transformando su sensibilidad corporal y mental; por ello, sería un ejercicio vano el intentar encontrar similitudes con la realidad tangible del cuerpo denso. Por ello, en Yoga el concepto que engloba “lo energético” no puede ser sólo considerado como una creencia, ya que, en nuestra realidad de seres humanos existen aspectos y posibilidades afines a lo que la realidad ilimitada representa. Y es aquí donde la fisiología esotérica encuentra, quizás, su sitio. El legado hindú referente a esta cuestión aparece expresado en el sistema Vedanta, en el Sâmkhya, en las Upanishads del Yoga y también en el Tantra. Sin olvidar, igualmente, que la llamada fisiología esotérica forma parte de otras culturas con gran tradición filosófica, religiosa y mística, tanto en Occidente, como en otros lugares de Oriente. Para tratar este tema, en lo que a la disciplina práctica del Yoga se refiere, aparecen dos fuentes principales, mencionadas ya anteriormente: la vedántica (relacionada con el ashtanga yoga de Patañjali y con las Upanishads del Yoga), y la tántrica. En el Vedanta y en el Samkya, se habla de la teoría de los tres cuerpos y sus capas o envoltorios energéticos: Sthula: Annamaya y prânamaya kosha. Sukshma: Vjñanmaya y manomaya kosha. Karana: Anandamaya. Prâna. Vayus. Energía solar. Energía lunar. Nadis. Por su parte, el enfoque tántrico esta relacionado con: El Hatha-Yoga. El prâna, Los Chakras Los Nadis. La energia Solar. La energía lunar. La Kundalini. El Amrit. Tipos de energías --Energías cósmicas: Shakti. Solar. Lunar. Telúrica. --Energías relacionadas con el aliento/respiración (vayus): Udana. Prâna Samana. Apâna. Vyana. --Energías transmutadas: Kundalini. Amrit Mental. Vital. --El aura. La Shakti Es la energía cósmica venerada por los hindúes; de ella depende el dinamismo de la vida y la existencia misma de los dioses, principalmente, de Shiva. Según la tradición tántrica del yoga, de la Shakti proceden también las diferentes clases de energía que utilizamos en la práctica yóguica, especialmente la kundalini, por la función que desempeña en el logro de la iluminación. La energía solar y lunar En Yoga, la energía solar y lunar forman parte de aquellas realidades cósmicas que suscitan con facilidad en el ser humano una respuesta de identificación y también, quizás, porque nos damos cuenta -gracias a la práctica del Yoga- de que existen similitudes entre esas realidades y ciertas dimensiones de nuestra interioridad. Es siempre positivo en Yoga trabajar conscientemente con vivencias que rebasen los límites del yo, de lo mental y de lo psíquico. Según la tradición india, la energía de los nadis está regida por el movimiento del sol, de la luna, y, para los terrícolas del movimiento de la tierra. La energía solar suele estar asociada con el nadi derecho (Pingala) y con la energía mental, mientras que la energía lunar lo está con el nadi izquierdo (Ida) y con la energía vital. No obstante, es necesario resaltar que no hay unanimidad entre las escuelas hindúes a la hora de otorgarle al nadi derecho el flujo de la energía mental y la lunar al lado izquierdo. De la energía lunar procede también “el néctar de la inmortalidad” (Amrit). En la estructura del cuerpo energético, esta energía esta asociada a bindu visarga (chakra de la coronilla). La energía telúrica La energía telúrica esta relacionada con el elemento natural “tierra” (prithivi). Es la energía sobre la que existe menos teorización, pues sólo se habla de ella en relación a la orientación de Mûlûdhâra, ya que este chakra, según algunas escuelas, se encontraría orientado hacia la tierra, y por ello sin proyección en la zona anterior del cuerpo. Existen, no obstante, en Yoga diversas prácticas en las que se usa la energía telúrica, como contrapunto a un exceso de prânificación que a veces se puede dar en Yoga. Estos ejercicios consisten en visualizaciones, o contacto físico a partir del cuerpo, pies o manos. El Prâna y el Apana El Prâna es la energía que permite la vida y el buen funcionamiento de nuestro organismo; se encuentra en el aire, en los alimentos, en el agua y en el sol. Y, según la tradición yóguica, llegará un tiempo en que nos podamos alimentar sólo de prâna. En nuestro cuerpo, cuando es considerado uno de los cinco vayus, prâna ocupa el espacio físico del tórax. El Apâna, o energía de eliminación, aparece como opuesto al prâna, y en el cuerpo físico se sitúa entre el ombligo y el suelo pélvico. A primera vista, la relación entre Prâna y Apana podría ser considerada como un mecanismo equivalente al de la respiración; equiparando el oxígeno con el prâna y el dióxido de carbono CO2 con apâna. En ambos casos, la fuente original es el oxígeno y el prâna, si bien darían un producto final diferente, una vez cumplidas sus funciones: dióxido de carbono para el oxígeno y apâna en el caso del prâna. Sin embargo, se podría decir que las similitudes se terminan en la semejanza de los procesos ya que, si persistimos en referirlo a todo al cuerpo visible, volvemos a los contenidos propios del yo, mientras que la fisiología energética se refiere al plano del ser y al de la realidad sutil. Udana Este vayu tiene por origen la línea de las clavículas y sube hacia el cuello y la cabeza; está implicado en el buen funcionamiento de los sentidos y en la función del habla. Samana Samana se extiende desde la parte final del esternón y llega al ombligo; posee una función interna, operando principalmente sobre la digestión. Apana Apana empieza en el ombligo y termina en el suelo pélvico. Su función consiste en la eliminación de los desechos internos y externos. Vyana Se mueve en el entorno del cuerpo, armonizando las energías de los diferentes vayus. Kundalini La kundalinî es el nombre que se atribuye al cúmulo de energía procedente de la Sakti y que nos ha sido otorgada en el momento del nacimiento; dicha energía se encuentra adormecida y oculta en la base de la columna. Nuestro cuerpo sutil posee una estructura propia para el momento en que dicha energía se ponga en movimiento, y, en este caso particular, es el nadi Sushumna con sus tres finísimos nadis internos (chitrini, vajrini y brahmani) el que canalizará la energía kundalini, cuando ésta se ponga en movimiento. En el momento del “despertar” esta energía inicia el movimiento de ascenso por brahmanadi, desde la base del tronco hasta el séptimo chakra, Sahasrâra, generando la iluminación de manera irreversible. El Amrit El Amrit o “néctar de los Dioses”, según la tradición tántrica del Hatha Yoga, es un fluido que otorga la inmortalidad a quienes saben utilizarlo; se produce en Bindu Visarga, está relacionado con la energía lunar, con los estados meditativos y con la conciencia testigo (Sakshi). Según la tradición yóguica, el desconocer la existencia de esta substancia y su desaprovechamiento supondría la degeneración orgánico / física de manera prematura y la muerte de la persona. En el trabajo de Yoga, se puede estimular la secreción del amrit gracias a las posturas invertidas, a la visualización de ciertos recorridos chakráticos, a la concentración en Bindu visarga, etc. Cuando dicha substancia rebasa el chakra vishuddhi, que es donde debe ser utilizada para alcanzar los beneficios esperados, estamos ante una mala utilización de “este néctar”. Si llegará a manipûra y allí se consumiera, no produciría ningún beneficio. Por ello, los yoguis, además de haber elaborado técnicas que estimulan e incrementan su producción, saben también cómo reutilizarla en el caso de que fluyera sin control. Para esta circunstancia, proponen que se realicen, principalmente, las posturas invertidas, a fin de favorecer su retorno, desde manipûra hasta vishuddhi. El Aura Forma parte de la fisiología esotérica ya que pertenece a esas realidades que no captan los sentidos, que no contiene sensaciones y que no está presente en la conciencia yóica. Se podría definir el aura como la energía que emerge de la totalidad del organismo, cuya función sobre el cuerpo físico desconocemos, aun intuyéndola cuando, por ejemplo, en una situación diádica, alguien invade nuestro espacio de privacidad interpersonal, o bien cuando percibimos la presencia de alguien o algo sin verlo. Esta capa energética se encuentra situada a unos veinticinco centímetros del cuerpo denso, posee volumen y varios colores que podrían corresponderse con los diferentes cuerpos de los que habla el Vedanta, y variar con los estados de ánimo o de salud. Esta aura puede ser vista por personas muy sensibles o con capacidades extrasensoriales. En la práctica del Yoga, se encuentra un tanto relegada al olvido, quizás por la existencia de esa multitud de opciones que el Yoga nos ofrece. La estimulación del aura y toma de conciencia por el sujeto nos facilita la vivencia de la conciencia testigo, amplía los límites de la mente y de la conciencia y nos une de forma instantánea a la conciencia cósmica. Relación y/o función de las principales energías yóguicas Energías cósmicas: Shakti→kundalini → despertar. Solar → mental (nadi derecho, Pingala). Lunar→ vital (nadi izquierdo, Ida y amrit) Telúrica→ visualizaciones, enraizamiento. Prâna → Respiración (chakras y nadis) Energías relacionadas con la respiración/aliento (vayus): Prâna→ con la absorción de energía. Apâna→ con la eliminación. Udana→ con los sentidos y con el habla. Samana → con la función digestiva. Vyana → con el entorno del cuerpo. Energías transformadas o trasmutadas: Sakti →Kundalini→ mûlâdhâra →con el despertar. Amrit → Lunar → bindu visarga →logro de la inmortalidad. Aura → Con los tres cuerpos, sus capas y con purusha. Solar → Energía mental (pingala). Lunar → Energía vital (ida) y amrit (bindu visarga). Centro de Yoga Pantanjali. [2] Discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar y de André Van Lysebeth. Psicóloga clínica en ejercicio. Ex-Presidenta de la AEPY y Ex-Presidenta, durante cuatro años, de la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de veinte años, viene ejerciendo con seriedad y respeto esta noble disciplina, vinculando su actividad al contacto con la India y swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el Yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el Yoga es, ante todo, realización espiritual. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2014/07/Yoga-meditacion.jpg [2] http://www.centrodeyogapatanjali.es/

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Formation pour les amateurs d'yoga
Posté le 25 septembre 2013

Amable Díaz es una de las formadoras de yoga con más experiencia y reconocimiento en España."Buscamos formar a gente con una vocación definida, que ame el yoga y desee transmitir a otros lo que tanto les ha beneficiado a ellos mismos". [1] Profesora de la Asociación Española de Prácticantes de Yoga (AEPY) desde 1983, y formadora de profesores, con centro propio en Madrid, Patanjali [2], desde 1995, Amable es discípula de Eva Ruchpaul, conocedora de las enseñanzas de B.K.S. Iyengar, y de André Van Lysebeth. Además es psicóloga clínica en ejercicio, presidió la AEPY y, durante cuatro años, la Comisión Pedagógica de la Asociación Europea de Yoga (UEY). Durante más de 20 años viene ejerciendo con seriedad y respeto la noble disciplina del yoga, vinculando su actividad al contacto con la India y con Swami Veda Bharati. Su amplia experiencia le permite considerar el yoga, en su vertiente terapéutica, como el método psicofísico más completo y aconsejable para remediar problemas de agotamiento, estrés y ansiedad, sin olvidar que el yoga es, ante todo, realización espiritual. La formación profesional en yoga que imparte la escuela de Amable Díaz sigue el programa de base europeo, respaldada por la Asociación Española de Practicantes de Yoga (AEPY) y la Unión Europea de Yoga (UEY). "En esta formación encuadramos el yoga en su marco cultural y filosófico, a fin de preservar su esencia, si bien transmitiéndolo a partir de un lenguaje y con unos objetivos y necesidades adaptados a nuestro tiempo y a los hombres y mujeres de hoy", explica Amable. "Nuestro yoga toma como referencia las obras clásicas a partir de las cuales podemos comprender lo que realmente es nuestra disciplina en su totalidad, sin prestar una particular atención a etiquetas u orientaciones tal vez más parciales". El programa estará vertebrado en torno a los grandes temas de: Yoga en todos sus apartados (Asanas, respiración controlada, Pranayamas, Mudras, Bandhas, cuerpos energéticos, Meditación, estructuración de sesiones prácticas, análisis pedagógico, anatómico y energético), Hinduísmo, Psicología, Anatomía, Pedagogía, distinguiendo por niveles en lo teórico y lo práctico. Estos temas se trabajan en todos y cada uno de los seminarios a lo largo de cada curso, y de ellos nuestros alumnos rinden prueba de sus conocimientos, trimestral y anualmente. Modalidades 1ª opción: Un fin de semana / mes (sábado, de 10:00 a 14:00, y de 15:30 a 20:00; domingo, de 9:00 a 14:00) - Tiempo de formación: cuatro años - Precio: 132 € /mes (10 seminarios al año) 2ª opción: todos los viernes, de 17:30 a 21:00 - Tiempo de formación: cuatro años - Precio: 132 € /mes Más información: http://www.centrodeyogapatanjali.es/patanjali_centro.html [3] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/09/Amable.jpg [2] http://www.centrodeyogapatanjali.es/patanjali_centro.html [3] http://www.centrodeyogapatanjali.es/patanjali_centro.html

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Femmes et yoga: 7 questions pour eux
Publié le 4 avril 2013

Rosa Mª Marcos, Pilar Luna, Amable Díaz, Cayetana Ródenas y Eva Espeíta (por este orden, en las fotos) responden a siete preguntas que todos los practicantes de yoga nos hemos hecho alguna vez. [1] 1. ¿Por qué las mujeres practican más yoga? Amable Díaz: Porque quizás somos más intuitivas; porque nos resulta más gratificante, al ser la respuesta de nuestro cuerpo más inmediata; porque todavía hay mujeres que tienen más tiempo… Pero, bueno, yo casi todos los alumnos varones que he tenido han sido muy aplicados y muy interesados en la parte filosófica del yoga; la mujer, más práctica, puede quedarse en la parte postural y profundizar menos. 2. La enseñanza del Yoga ha sido patrimonio de los hombres durante muchos años. ¿Hay en España más predominio (influencia) de los profesores que de las profesoras por este motivo? Pilar Luna: No estoy segura de que la enseñanza del yoga haya sido patrimonio de los hombres. Desde luego, lo que es patrimonio de los hombres es su transmisión en los últimos tiempos… Por ejemplo, recordamos a todos los “descubridores”, pero desconocemos todos los nombres de las mujeres que les acompañaron y que, cuando murieron, siguieron solas adelante… Si lees la Mahabharata que contiene la Ghîta (uno de los grandes libros del yoga), ves el gran protagonismo de la mujer en la historia de la India: la madre de Arjuna, elegido discípulo por Krishna; la madre de los Pandavas, héroes de la gran epopeya, que tiene cinco hijos con cinco maridos distintos elegidos por ella, todo un reconocimiento a una poligamia femenina… impensable en la India actual. Si miras de verdad al interior del yoga, a lo que de verdad importa, habla de dos energías distintas y complementarias (purusha y prakriti, Ida y Pingala). La plenitud se adquiere por la integración de ambas en igualdad y sin preponderancia; hasta entonces, somos incompletos. Eso sí, el poder hoy está más frecuentemente detectado por los hombres, y puedes verlo en que las aulas las llenan las mujeres pero las asociaciones las dirigen mayoritariamente los hombres. Pero eso no es el yoga, sino el entorno socio-politico-cultural y el poder. 3. ¿El yoga tradicional ha sido siempre patriarcal, masculino? Eva Espeíta: Sí, hay algo de cierto en eso. Pero el patriarcado es el fluir del mundo desde hace unos 4.000 años, y lo vivimos tanto, a todos los niveles en todo el mundo, que la mujer misma no conoce su papel como mujer. Hay una tendencia en el patriarcado, tanto en la India como en el mundo, de considerar que la realidad, la tierra, la mujer, es algo a explotar, a usar, pero no a reverenciar, no a sentir devoción profunda por lo que simboliza. Y la mujer, en ese proceso, ha sido desvalorizada. La única forma de volver a valorizar y sacralizar a la mujer, la tierra y el universo es a través del amor, decidir que todos somos uno. Y el amor se despierta contemplando al otro atentamente, dándote cuenta de que el otro está ahí. Pero hay que pararse a contemplar (dhyana) sin poner tu ego o tus necesidades por delante, viendo las cosas como son realmente. 4. ¿Aportan algo especial las profesoras de Yoga por el hecho de ser mujeres? Pilar Luna: Sí, desde luego, y los hombres también. Y hasta llegar a ser seres realizados, a los dos les queda un camino maravilloso e interesante por aprender. Cada uno somos una naranja completa y tenemos que encontrar el sabor de nuestra otra mitad interna. La aventura vale la pena. 5. A la hora de enseñar, ¿hay diferencias entre profesores y profesoras? Cayetana Ródenas: Yo creo que podemos hacer un Yoga diferente, porque somos diferentes hombres y mujeres. Hay hombres más fuertes que fomentan la práctica más dura, más física, aunque luego hay profesores maravillosamente espirituales y dulces. Puede, de todos modos, que por el hecho de tener la menstruación y de tener hijos, podemos entender la parte femenina de otra manera. Hay profes chicos que les da vergüenza decir que si tiene la menstruación no hagas la Vela, o les da cierto miedo tener a una embarazada en clases. Nosotras, las profesoras, podemos entenderlo mejor. Rosa Mª Marcos: Sin menospreciar en absoluto, sino todo lo contrario, las enseñanzas de la mayor parte de profesores de yoga que he tenido el placer de conocer, y teniendo en cuenta que en las clases hay habitualmente más practicantes del sexo femenino, tal vez una profesora puede aportar una mayor sensibilidad en determinadas situaciones (embarazo, menstruación…), por la propia experiencia de su constitución física. En la práctica regular del Yoga es indiferente que sea un profesor o una profesora quien guíe al alumno; lo importante es que sepa acompañarle en su evolución personal. Amable Díaz: Si hay diferencias, son muy pequeñas. Yo lo que veo es que hay mujeres que siguen cargadas de prejuicios. En principio, suelen estar más interesadas en los profesores que en las profesoras; si un profesor dice algo, aunque sea una bobada, es como si les transmitiera más confianza. La mujer es más intuitiva, tiene más disponibilidad, pero a ves le cuesta dar el paso definitivo en el compromiso o la búsqueda. También depende de la etapa en que se encuentre la mujer; de jóvenes están demasiado volcadas en la afectividad cercana, y a partir de los 40 son menos emocionales y mucho más racionales, y pueden empezar una búsqueda de metas finales. Los hombres hacen el recorrido al contrario; de jóvenes se implican a tope en el deporte y el trabajo y luego, a partir de los 50, empiezan a sentir que la afectividad es importante. 6. ¿Dirías que actualmente ya hay más profesoras que profesores? Rosa Mª Marcos: Cuando empecé a practicar yoga en los años 70, casi todos los profesores que tenía a mi alrededor eran del sexo masculino, en cambio en las clases había y hay un claro predominio de mujeres. En una sociedad patriarcal como la nuestra, hubo que esperar a que la mujer se liberara de sus labores cotidianas y tuviera acceso a estudios superiores para igualar y superar en número a los profesores de yoga. 7. ¿El yoga puede acercarnos, a los dos sexos? Pilar Luna: Mi amigo Toni, un yogui que hay que tener cerca, contestó a un comentario mío feminista: “Te estoy oyendo desde mi parte femenina y estoy muy contento de los avances que realizamos”. No recuerdo mi comentario, pero sigo recordando la sabiduría de su respuesta y me llena de esperanza en la vida y en el yoga. Lama Thubten Yeshe, en su libro Introducción al Tantra (Ediciones Dharma, 2005), nos invita a comportarnos ya como seres iluminados, llenos de felicidad y compasión, con la certeza de que esa actitud, acelera el camino a la Iluminación. Aplicando esta correcta actitud, el yoga camina a la esencia de nuestro desarrollo y nos hace iguales; solo falta que nos demos cuenta y cambiemos, como en todo lo demás, nuestros automatismos. Amable Díaz [2] Cayetana Ródenas [3] Eva Espeíta [4] Pilar Luna [5] Rosa Mª Marcos [6] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2013/04/mujeres.jpg [2] http://www.yogaenred.com/2013/01/10/entrevista-con-amable-diaz-hay-escuelas-que-condicionan-mas-que-ayudar-a-alcanzar-la-libertad/ [3] http://www.yogaenred.com/2013/01/28/entrevista-con-cayetana-rodenas-hay-que-cambiar-desde-uno-mismo-sin-exigir-que-cambie-el-del-al-lado/ [4] http://www.yogaenred.com/2013/02/07/entrevista-con-swami-radhananda-podemos-salir-de-la-crisis-cambiando-la-mente/ [5] http://www.yogaenred.com/2013/03/26/ayurveda-medicina-occidental-medicina-china-y-yoga-podemos-combinarlos/ [6] http://www.yogaenred.com/2013/01/31/entrevista-con-rosa-ma-marcos-tenemos-alumnos-que-llevan-35-anos-viniendo-a-clase/

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