La flor de luz

2020-04-13

Existe una maravillosa leyenda sobre el origen de la flor de loto que muestra la relación que existe entre las cualidades de las que se compone el universo físico (los denominados cuatro elementos) y los chakras o centros vitales del ser humano. Escribe Pedro López Pereda.

Un día, a la orilla de un lago solitario, se encontraron cuatro hermanos: Tierra, Agua, Fuego y Aire.

— ¡Cuánto tiempo sin vernos! —dijo Fuego lleno de entusiasmo, ya que raramente tenían tiempo de encontrarse, atareados como estaban todos con sus importantes trabajos—. Vamos a festejar este momento en que nos podemos ver fuera de las formas y charlemos junto a estos árboles que se han creado gracias a nuestra unión.

Todos aplaudieron la propuesta y empezaron a contar todo lo que habían hecho durante su larga ausencia.

Cada uno relataba con orgullo su labor y todo lo que había aportado a la Vida para que ésta pudiese manifestarse día a día en formas cada vez más bellas y perfectas, poniendo ejemplos de animales y plantas que evolucionaban con su ayuda de forma estética y armoniosa.

En un determinado momento, y en medio de toda esta alegría, surgió el recuerdo del hombre, y el gozo se tornó en tristeza.

El hombre tenía que ser la cima de la evolución, pues lo habían creado aportando lo mejor de todos ellos, y en cambio se comportaba con ingratitud y sus actos estaban abocados a su propia destrucción y a la devastación de su entorno.

Llegaron a pensar en posibles escarmientos que le hicieran reflexionar sobre lo errado de su comportamiento, pero después de razonarlo pausadamente decidieron no castigarle, sino seguir un camino más eficaz. Entre los cuatro, y para recordar siempre aquel encuentro, concluyeron crear algo especial que, al unir las más puras esencias de cada uno de ellos, sirviese de guía y ayuda a los hombres justos para el despertar de su conciencia.

Después de mucho pensar, decidieron que entre los cuatro iban a crear en el interior del hombre una sutil planta, etérea pero poderosa, que tuviese sus largas raíces en la Tierra que proporciona energía al hombre; que pudiese desarrollarse en el Agua que le infunde sus sentimientos; y que creciese en plenitud en el Aire que le abre al conocimiento. Después con el brillo del Fuego del Sol esa planta llegaría a florecer en los hombres sabios.

De esta forma, Tierra concentró toda su fuerza en crear y alimentar sus raíces en lo que hoy llamamos loto o chakra Muladhara; Agua dedicó toda su esencia a hacer crecer su tallo en lo que llamamos chakra Manipura; Aire consagró su esfuerzo en el chakra Visuddha para calcular la geometría perfecta de las hojas; y Fuego se introdujo en el chakra Ajna o tercer ojo de los buscadores para ayudarles a impulsar el florecimiento.

Muchos años después de concluir su labor, los cuatro hermanos observaron que la flor que habían creado en el interior del hombre estaba perdiendo su esplendor, y todo por un arrogante y ponzoñoso enemigo que trataba de adueñarse de la belleza del loto, infectando poco a poco toda la planta. Sus raíces estaban faltas de energía por un largo confinamiento, su tallo ya no tenía la alegría que le daba firmeza y sus hojas y pétalos se estaban deprimiendo.

Entonces, el primero de los cuatro hermanos, la Tierra, nutriente y sustento de la vida de todo el universo, hizo que el hombre practicara la postura de yoga denominada el Triángulo (Utthita Trikonasana), con lo que aumentó la energía de la planta y la estabilizó. Después sanó las raíces de su loto con otra postura: Supta Baddha Konasana.

Su hermano el Agua se centró entonces en reducir la angustia que se estaba apropiando de los humanos, y lo hizo con la fuerza más poderosa del universo: el amor; el amor hacia sus semejantes. Después les enseñó a abrir su pecho con Ushtrasana, la Postura del Camello, y a masajear presionando suavemente con pequeños círculos el chakra del corazón: Anahata.

Tras realizar la serie de posturas, el hombre se dispuso a meditar, y fue entonces cuando el Fuego, avivando al Aire, hizo que surgiese una energía ascendente que convirtió su depresión en la más hermosa flor de la naturaleza: La Flor de Luz. Y el Aire volvió a soplar de forma circular en el entrecejo del hombre y después ascendió a la cumbre de su cabeza, al punto de unión con el chakra Sahasrara, el «loto blanco de mil pétalos», el lugar donde todo es armonía y nada ni nadie nos puede vencer.

Pedro Mª López Pereda

En 2001 crea el centro Namaskar de yoga y autorrealización en la línea de Antonio Blay. En 2014 es nombrado presidente de la Fundación Yoga y es el actual presidente de la Asociación Yoga Meditativo.

Es miembro de la Asociación Nacional de Profesores de Yoga desde 2002, donde ha participado en muchas de sus actividades y asistido a muchos de sus intensivos.

Maestro de Reiki desde 1997.

Centrado en el yoga adaptado y en el diseño inclusivo, ha participado como ponente en diversos congresos y en casi todas las Comunidades Autónomas españolas. Ha participado como ponente en diversos congresos de yoga.

Ha publicado: Diseñando un Ser Consciente (2001), Manual de instrucciones del Ser Humano (2006), El nacimiento del Yoga (2008), El origen de los ásanas (2009), Viyoga, la técnica que forjó a los seres libres (2010), Viaje hacia el Ser (2013), Cómo poner la mente en blanco (2014), Los planos del crecimiento espiritual (2015), ¿Y yo? ¿Estoy muerto? (2016), El mandala oculto (2017), El cuenco vacío (2018).