Abus sexuels dans l’yoga

Como medio periodístico que es, YogaenRed no puede ignorar los temas que preocupan a la comunidad yóguica, aunque sean tan dolorosos como los casos de abusos. Karen Rain, víctima de ellos, ha querido compartir con los lectores de esta revista su testimonio enviándonos dos artículos que pronto publicaremos.

Antes de publicar en este medio los artículos de Karen Rain, queremos dejar clara nuestra posición en este tema, como editoras de YogaenRed. Y también aportar los antecedentes que rodean el caso de Karen, a modo de introducción.

Creemos que, frente a cualquier tipo de abuso, la misión de la prensa a la que le llega información fiable es dar cuenta de ello, a fin de colaborar a que esas conductas no prosperen ni se reproduzcan impunemente.

Los abusos por parte de individuos que se amparan en su figura de autoridad moral o espiritual para perpetrarlos son especialmente odiosos. Las víctimas están en una situación de vulnerabilidad y/o indefensión frente al poder del abusador, que se sirve de su influencia y del sentimiento de miedo, subyugación o vergüenza del otro para someterlo a sus fines.

Engagement pour la vérité

No estamos a favor del silencio ni del olvido en nada que tenga que ver con el maltrato o la humillación del fuerte contra el vulnerable. La memoria, aunque no pueda reparar los agravios infringidos en el pasado, sí devuelve parte de la dignidad robada a las víctimas y les ofrece un clima de confianza para que puedan hablar y sanar su trauma.

Aunque sabemos que abundan quienes opinan que “no hay que remover el lodo” y que “lo pasado, pasado está”, sobre todo cuando afecta a figuras de autoridad influyentes o de “buen nombre”, no estamos de acuerdo. El silencio puede ser una postura confortable y conservadora pero no es justa con las víctimas ni previene potenciales nuevos casos de abusos. No nos parece ético mirar hacia otro lado; quien en una comunidad conoce una injusticia o una agresión y calla, se transforma en cierta medida en cómplice de la misma.

Yoga y #MeToo

El mundo del yoga no se ha librado ni se librará en el futuro de los abusos sexuales. Tiene su lógica, porque se dan en él una serie de factores que pueden propiciarlos: la tradición patriarcal; la relación guru-discípulo proclive a la dependencia, la admiración incondicional o la sumisión; los propios mecanismos de los ajustes, sobre todo en estilos de yoga con posturas extremas; la noción de “sacrificio” y de sometimiento del ego que interioriza el practicante durante toda su trayectoria…

Lo que se ofrece en el nombre del Yoga debe ser lo más limpio y ético posible. No hay que permitir que la cultura del respeto (cuando no adoración) al maestro camufle o esconda malas prácticas por parte de éste, máxime cuando, por imperativo de su propio código ético, el yoga ha de ser transmitido con toda su pureza y ejemplaridad.

Le cas de Pattabhi Jois

Lamentablemente hemos aprendido que personas muy exitosas pueden resultar abusadores. Lo hemos visto ya en la música, el cine o la religión. Lo mismo sucede con el yoga. Todos conocemos los escándalos en torno a maestros de yoga reconocidos que fueron encausados, como John Friend o Bikram Choudhury. Menos se ha hablado de los que implican a Pattabhi Jois, el maestro del Ashtanga Yoga fallecido en 2009, cuya conducta de “ajustes inapropiados”, abusivos e invasivos sexualmente –injustificables desde cualquier punto de vista– hacia numerosas mujeres estudiantes suyas está saliendo a la luz en los últimos años.

Los antecedentes, muy resumidos pero con sus correspondientes enlaces a la información en la Red (en inglés), son estos:

–La primera o una de las primeras estudiantes de Pattabhi Jois que denuncia su caso es Anneke Lukas, quien escribió el siguiente artículo, publicado originariamente en 2010: https://theshiftnetwork.com/blog/2018-07-09/metoo-rouses-yoga-community

–Otro testimonio importante es el de Jubilee Cooke sobre cómo Pattabhi Jois la “enseñaba” en 1997: http://www.decolonizingyoga.com/why-didnt-somebody-warn-me-a-pattabhi-jois-metoo-story-jubilee-cooke/

—La pareja de veteranos profesores de Ashtanga Yoga Gregor Maehle et Monica Gauci, quienes abandonaron la comunidad de Mysore, también aportaron su testimonio: http://anahataelbolsonyoga.blogspot.com/p/porque-deje-la-comunidad-mysore-en-1999.html

La plainte déposée par Karen Rain

Pero quien denuncia con toda su gravedad y alcance la conducta del guru del AshtangaYoga es una de sus exalumnas, Karen Rain, quien estudió en Mysore durante el periodo de 1994 a 1998. En un tuit del movimiento #MeToo que produjo una gran conmoción en su momento, dijo:

“Después de leer otras publicaciones de mujeres, me inspira la importancia de compartir experiencias y pronunciar nombres. Pattabhi Jois me agredió sexualmente con regularidad en sus ‘ajustes’ de yoga. También fui testigo de su asalto sexual a otras mujeres regularmente, de manera similar. Sus acciones fueron protegidas por una cultura de negación y crípticas justificaciones”.

Asímismo, Karen Rain creó un blog con el nombre de “Karen Rain: Ashtanga Yoga and #MeToo” en el que ha ido publicando su testimonio en una serie de artículos.

Poco más tarde, el profesor de yoga y ayurveda y escritor Matthew Remski recogió el testimonio de Karen y escribió un artículo sobre Pattabhi Jois y el acoso sexual con las voces de ella y de otras ocho mujeres: https://thewalrus.ca/yogas-culture-of-sexual-abuse-nine-women-tell-their-stories/

Estas nueve mujeres describen los abusos como tocamientos, frotamientos y penetración digitalmente de sus genitales con el pretexto de “ajustar” sus posturas, a veces mientras Pattabhi Jois las sujetaba con su peso corporal. Un vídeo de sus ajustes, que puede verse por cualquiera en YouTube, es suficientemente explícito.

En Vimeo está colgada la entrevista que le hizo Matthew Remski a Karen Rain, y también se puede leer su transcripción completa aquí.

Examen de la dynamique du culte

En relación con todo ello, Matthew Remski escribió el libro Practice and All Is Coming. Abuse, Cult Dynamics, and Healing in Yoga and Beyond (Practica y todo llega. Abuso, dinámica de culto y sanación en el yoga y más allá), donde alerta contra las dinámicas de culto en el yoga y propone el camino de pensamiento crítico, empoderamiento de los estudiantes, respeto hacia uno mismo y rechazo ante los abusos de tipo físico, emocional y espiritual en la comunidad.

En definitiva, a raíz del movimiento #MeToo, que apoyaba a las víctimas de acoso sexual y las animaba a hablar para sanar sus heridas y señalar públicamente a los acosadores, en el mundo del yoga las mujeres violentadas van atreviéndose a romper un silencio tóxico propiciado por una comunidad elitista como la del Asthanga Yoga, en la que coexisten (¿coexistían?), junto con los sentimientos de devoción al maestro, el culto a la superación del dolor y al esfuerzo supremo.

Como reacción a esa dinámica de poder tóxico, en la actualidad está renaciendo, y no solo en el Ashtanga sino en el Yoga en general, un nuevo modo de transmitir y practicar más respetuoso con las personas tanto física, emocional y espiritualmente, más democrático y participativo, más feminista en cuanto a igualdad entre géneros y más genuinamente compasivo.

Como ha dicho Karen Rain en uno de sus artículos: “La complicidad debe terminar. Necesitamos estar mejor informados, aprender a reconocer el comportamiento depredador y recordar que el delincuente sexual es a menudo alguien que conocemos, e incluso confiamos, en lugar del monstruoso extraño que está al acecho en el callejón”.

En los próximos días ofreceremos a los lectores de YogagenRed dos artículos traducidos por Atenea Acevedo que Karen Rain ha querido enviarnos para su publicación.

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Par • 23 Apr, 2019 • Sección: Générales