Artículos sobre ‘Montse Simon’

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Vivir intensamente
نشرت 1 فبراير 2018

Vivir intensamente no tiene nada que ver con hacer, ni con consumir la felicidad que nos venden con productos externos, sino con vivir de forma auténtica, lo cual implica ser honesto y coherente con uno mismo. ¿Te has planteado que significa para ti vivir intensamente? Escribe Montse Simón. [1] Una amiga me contó una vez que estando en una reunión en la que se daba vueltas a temas irrelevantes y superficiales, dijo mientras se levantaba: “Lo siento, pero me estoy muriendo”, y se marchó. Fue su manera de expresar que no le interesaba malgastar el tiempo en conversaciones y relaciones que no sumasen a un vivir pleno y consciente. Recuerdo que cuando me lo contó me pareció un poco exagerado, pero había una gran verdad en sus palabras y su acción: desde que nacemos estamos muriendo y es importante valorar de qué modo queremos vivir. La muerte como horizonte nos plantea la cuestión sobre lo que significa vivir. Hay un vivir que tiene que ver con la actividad interna que poseen los seres vivos. Pero hay un vivir que tiene que ver con el sentido de ser y con la dicha que proporciona el pleno desarrollo de ese ser. Cuando nos preguntamos por la vida y su sentido cabe cuestionarse también: ¿qué significa vivir intensamente? Hagamos la prueba. Antes de seguir leyendo piensa a qué te suena si te hablo de vivir intensamente. En el cine, en los anuncios de televisión, en las redes sociales, en las revistas, en algunos libros y en los medios de comunicación en general, se transmite a menudo la idea de que vivir intensamente es hacer muchas cosas y por supuesto todas ellas de nuestro agrado. Parece que vivir intensamente sea sinónimo de hacer actividades que nos suban la adrenalina (parapente, puenting, salto base y deportes de aventura varios), viajar, salir de marcha, comer copiosamente, hacer “locuras”, apuntarse a un bombardeo... Esta es una imagen muy falseada de lo que significa vivir intensamente y por ende la felicidad. Vivir intensamente no tiene nada que ver con hacer, ni con consumir la felicidad que nos venden con productos externos. Vivir intensamente tiene que ver con vivir de forma auténtica, lo cual implica ser honesto y coherente con uno mismo. La intensidad de la vida no se mide en cantidad, no tiene que ver con que una vida sea larga o corta, sino que se mide en calidad. Y la calidad, de nuevo, no se mide en cantidad, si haces más o menos cosas, o si tienes más o menos cosas, sino en profundidad, en veracidad y en la paz que una encuentra en la coherencia con lo que es. La muerte invita a saber elegir Resulta entonces que un tema tan tabú como la muerte nos invita mirar si estamos viviendo una vida auténtica o si nos limitamos a seguir gustos ajenos, o pequeños placeres que en lugar de conducirnos a lo más auténtico de nosotros nos conducen en la dirección opuesta. En la Kaṭha Upaniṣad hay un momento en el que el dios de la Muerte elogia al joven protagonista de la historia por su capacidad de saber distinguir entre lo que verdaderamente conduce hacia el conocimiento de sí mismo y lo que no. Naciketas distingue claramente lo que es más placentero pero pasajero de aquello que, aunque a corto plazo no resulta lo más placentero, a la larga le aporta el mayor de lo bienes. Ese bien mayor consiste en descubrir su esencia, más allá del cuerpo físico, de las posesiones, la familia, los amigos y los roles sociales. Ambos, lo mejor y lo placentero, se presentan al hombre. Los sabios lo valoran, ven la diferencia y eligen lo mejor por encima de lo placentero. Pero el tonto elige lo placentero, en lugar de lo que es beneficioso” (Ka. Up. 2.2) Hay que comprender que el mensaje no dice que tengamos que renunciar a lo placeres por el hecho de ser placeres, ni que lo mejor no pueda, en un momento dado, ser placentero. A lo que se refiere es a que no siempre lo mejor es lo que más nos apetece. Tomemos el ejemplo del medicamento amargo que nos puede curar; no es lo más apetecible tomarlo, pero es lo que nos devolverá la salud. Para poder elegir lo mejor es necesario tener una visión amplia en la que podamos valorar lo que realmente suma a nuestra vida en su totalidad y tener el valor para soltar aquello que, aunque a primera vista puede resultar muy suculento, no nos conduce a lo más auténtico de nosotros mismos. Si puedes elegir entre una felicidad pasajera y otra que conduce a la plenitud total, ¿con qué te quedas? Yo elijo la segunda opción y enseguida me surge la cuestión: ¿qué significa una vida plena? Y ¿qué nivel de compromiso estoy dispuesta a tomar con la vida para ir en esa dirección? Entiendo que una vida plena es aquella en la que reconociendo nuestros límites y sabiendo distinguir cuáles son, los aceptamos plenamente. Dejamos de luchar para demostrar algo o llegar a ser algo porque comprendemos que somos y nuestras acciones emergen de la dicha de ser. Dice el filósofo Francesc Torralba hablando de la muerte como límite del ser humano: “El que reconociendo el límite no vive consternado por él, ese hombre es feliz.” Cada día tomamos un montón de decisiones y en cada una de nuestras decisiones damos pasos en una u otra dirección. A veces por comodidad, a veces por miedo, otras veces por sentir un pequeño o gran placer, actuamos en sentido contrario a la felicidad. Para poder dirigirnos a lo más auténtico de nosotros que nos ha de permitir vivir una vida intensa tenemos que estar dispuesto a morir cada día un poco, morir a lo que pensarán de nosotros, morir a las idealizaciones acerca de nosotros mismos y del mundo, morir al reduccionismo de las identificaciones, morir a las posesiones, a los juicios y creencias, morir a las comodidades y la pereza, morir como sinónimo de soltar , porque aprender morir es abrirnos a la plenitud de ser. Y tú, ¿qué es para ti vivir intensamente?, ¿en qué medida tus acciones priorizan el placer a corto plazo por encima de lo que te hace sentir más pleno o plena?, ¿cuáles son las limitaciones que no te permiten ser auténtica o auténtico?, ¿cuáles de ellas estás dispuesto o dispuesta a soltar? Estas son unas poquitas preguntas para invitarte a caminar hacia lo más profundo de ti y una vida plena. Montserrat Simón. Filósofa, especializada en India y comprometida con la filosofía práctica. Vivió en India donde se formó con distintos maestros de la tradición hindú. Imparte cursos y talleres de filosofía acercando de modo práctico y cotidiano esta disciplina a todas las personas. Además de la filosofía da clases de sánscrito y de yoga. Miembro y docente de la Asociación de Yoga y Filosofía Práctica Retiro de Semana Santa, 28-31 de marzo, Mallorca “Vivir-morir-vivir”. Cuatro días de recogimiento, en un entorno natural, con actividades y espacios de reflexión entorno al desapego y la posibilidad de vivir de forma más auténtica, meditación y un poco de yoga (220 € en febrero) Más información y reservas: biijayoga@gmail.com http://formacion-yoga.org/index.php/yoga/retiros-de-yoga-2012.html [2] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2018/02/Vivir_Intensamente.jpg [2] http://formacion-yoga.org/index.php/yoga/retiros-de-yoga-2012.html

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فلسفة كالطرق، واليوغا والفلسفة
Publicado el 4 Dec, 2017

Cuando organizo un curso en el que el que la filosofía es el eje central, me descubro buscando términos que substituyan la palabra “filosofía” para no asustar a nadie. El sinónimo que más fácilmente acude a mi mente es el de “sabiduría” porque para mí ese es el verdadero sentido de la filosofía. Escribe Montse Simón. [1] Muchas veces pensamos que la filosofía consiste solamente en exponer una serie de abstracciones conceptuales y debatir acerca de ellas defendiendo cada uno una postura. Desgraciadamente así ha sido para algunos llamados “filósofos”. Pero la filosofía sólo cobra sentido cuando es práctica, cuando la llevamos a nuestra vida y la reflexión es observación y conciencia. En ese caso lejos de ser una abstracción se convierte en una capacidad de observación y sorpresa ante la vida que transforma nuestra forma de vivirla. ¿En qué sentido decimos que transforma nuestra forma de vivirla? En el sentido de que dejamos de verla bajo los filtros que la veíamos habitualmente. Los filtros de juicios y opiniones que nos hemos creído y con los que lejos de observar y escuchar lo que es tal como es, nos hacían ver las cosas tal como yo pienso que son. Cuando la reflexión es indagación en uno mismo irremediablemente transforma nuestra forma de vivir porque nos sumerge en un nuevo espacio, un espacio de paz, que obviábamos a través del ruido de nuestra mente producido por el miedo a lo desconocido, el miedo al silencio y al espacio infinito. El yoga es sabiduría Hoy en día somos muchas las personas que practicamos yoga. La práctica del yoga nos ayuda a tomar conciencia del cuerpo, purificarlo con determinados ejercicios,fortalecerlo, hacerlo más flexible... Sin embargo lo realmente importante de la práctica de yoga es que nos prepara para la concentración de la mente en un solo punto. Concentrar la mente en un solo punto a su vez nos ayuda a situarnos ene el lugar del observador, y aunque cuando practicamos un reato de meditación nos concentramos en un objeto concreto (la respiración, la llama de una vela, los pensamientos que surgen...) cada día de nuestra vida, a cada momento tenemos la posibilidad de situarnos en el lugar del observador, realizando las acciones con plena conciencia, sintiendo lo que sentimos y pudiéndolo acompañar. El yoga, al igual que la filosofía, tiene sentido en cuanto nos ayuda a situarnos en el lugar del observador. El yoga es ante todo sabiduría, la sabiduría de no ser esclavos de nuestros pensamientos, emociones y circunstancias. La sabiduría que nos permite vivir los pensamientos, emociones y circunstancias de forma libre, sin identificarnos con ellas. La sabiduría que nos hace saber que la Vida que somos no se agota en nuestro pequeño personaje. El yoga es una forma de vida porque la práctica de yoga como sabiduría trans-forma (va más allá de la forma) nuestra percepción del mundo y por tanto nuestra forma de relacionarnos con él. Entonces el yoga es un camino y una filosofía, y donde digo filosofía puede decirse sabiduría, que no se reduce a prácticas físicas sino que es la conciencia que ponemos al hacer esas prácticas. En realidad el título del artículo es una media verdad, porque sólo expone la idea de yoga y filosofía como camino, pero cuando el yoga y la filosofía son integrados en todo nuestro ser, el yoga y la filosofía son entonces no sólo el camino sino el fin, o dicho de otra forma, nos damos cuenta de que el propio camino es la cima, es el fin en sí mismo, el instante presente en el que vivimos desde la conciencia sin creernos más las víctimas o esclavos de los instintos, los pensamientos, las emociones. El último testigo A veces en un acto de idealización acerca del yogui perfecto pensamos que tiene que ser como una piedra insensible. Sin embargo, la diferencia no está en sentir o no ciertos impulsos, emociones, pensamientos, sino en dejarnos o no arrastrar por ellos. Y no dejarnos arrastrar no significa luchar contra ellos sino poder observarlos sin ahogarnos en ellos porque pensamos que eso es lo que somos. Por ejemplo: siento envidia y en un primer momento me enzarzo en alimentar los pensamientos asociados a esa envidia (¡fíjate que suerte la suya! ¿por qué a mí no me ocurren estas cosas? ¡ya me ha quitado mi sitio, mi protagonismo o el coche que quería yo para mí!,etc.), es posible que inmediatamente surja un sentimiento de culpabilidad alimentado por pensamientos tales como “¿qué mal, no debería sentir envidia!, ¡qué monstruosa soy, debería estar alegrándome por la otra persona en lugar de envidiarla!, etc.”. En ambos casos hay una plena identificación con lo que sentimos, como si sólo fuésemos eso. Sin embargo existe la posibilidad de decirse “algo dentro de mí siente envidia”, o mejor aún, “veo el nudo que se me ha puesto ene le estómago cuando me han dicho que fulanito ha conseguido tal cosa”. En ese momento podemos acompañar lo que sentimos sin identificarnos con eso, porque lo que nosotros somos es el observador, el acompañante de esa emoción, ese pensamiento, el testigo último de todo lo que ocurre, el que lo ve y vierte su luz sobre lo que ve y en función del tipo de luz que vierte puede verlo más claro o más oscuro. Te invito a practicar yoga en tu vida cotidiana, no sólo como trabajo corporal sino como toma de conciencia de cada una de tus actividades, de cada emoción y pensamiento que acudan a ti. En el momento en que te des cuenta de que una emoción o un pensamiento comienzan a emerger obsérvalo, simplemente date cuenta de “está surgiendo este pensamiento o esta emoción” y en lugar de reaccionar quédate ahí acompañando lo que sientes, dándote cuenta de que lo que piensas es sólo eso, un pensamiento, pero que tú eres Algo mucho más grande que simplemente mira y desde ahí puedes actuar sin reaccionar, desde la sabiduría que te permite ver.   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2014/09/problema-existencial.jpg

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الموت، بعملية تحول
نشرت في 11 أكتوبر 2017

La muerte es un tema tabú en nuestra sociedad. Se esconde, se habla poco de ella, se mira hacia otro lado, y cuando se presenta se intenta que todo aquello que conlleva, velatorio, ceremonias de cremación, entierros, despedidas, duelo, cierre..., sea lo más breve posible. ¿Qué tiene de malo la muerte? ¿Por qué tememos incluso mencionarla como si con ello la estuviésemos invocando? Escribe Montse Simon. [caption id="attachment_31954" align="aligncenter" width="605"] [1] (c) Can Stock Photo / Jozef [2][/caption] “Cuando una acción termina y un deseo, un pensamiento, se evaporan, hay una especie de muerte sin la sombra de un mal. Ahora piensa en los periodos de la vida, en la infancia, en la adolescencia, en la juventud, en la vejez. El paso de uno a otro periodo es una verdadera muerte. ¿Hay algo en esto de malo? (...) Lo mismo será la muerte: cesación, interrupción o cambio de toda la existencia.” (Marco Aurelio, Pensamientos) En realidad la muerte está presente por doquier. Como señalaba Marco Aurelio, el paso de un período a otro implica una muerte: muere el niño para dar paso al joven, sin embargo nadie en nuestra sociedad dice: “ha muerto el niño y morirá después el joven”. Vemos las flores caer para dar lugar a los frutos y sin embargo no nos apenamos por la muerte de la flor. Tan siquiera lo vemos como una muerte sino que en este caso percibimos la transformación. Ahora bien, cuando se trata de personas o seres queridos o bien cuando proyectamos nuestra propia muerte, entonces tendemos a conectar con sentimientos de angustia y profundo dolor. Por supuesto, existe el dolor por la pérdida, la nostalgia que nos trae el recuerdo de lo que fue. Pero ¿hasta qué punto la forma en la que percibimos la muerte es la que condiciona en verdad el modo en qué nos relacionamos con ella? ¿Y si la muerte no existe? Cuando hablamos de muerte proyectamos una especie de fin, de ruptura, de desaparición absoluta y vacuidad angustiosa, el aniquilamiento de la vida. Incluso si imaginas un color es fácil que pienses en el negro o el gris. Y la imagen de la Muerte personificada en un esqueleto, con una capa negra y llevando una guadaña ha llegado a convertirse en una imagen arquetípica. Pero ¿qué ocurre si en lugar de definir la muerte como “cesación o término de la vida” (RAE) la definimos como “parte del proceso de transformación de la vida”? Párate un momento a pensar en ello. Te propongo pensar primero en algunos procesos de la naturaleza: El agua del mar que se evapora y se convierte en nube y la nube en lluvia, que vuelve a la tierra y alimenta las plantas, los ríos, los mares... ¿Quién o qué muere aquí?, ¿muere el mar?, ¿muere la nube?, ¿muere la lluvia? La semilla que se rompe para brotar, que da lugar a una pequeña planta y la planta a un enorme árbol y el árbol da lugar a las flores y de las flores nacen después los frutos que nos comemos, o que vuelven a caer a la tierra y se descomponen en ella... ¿Muere la semilla?, ¿muere la planta?, ¿mueren el árbol, la flor, el fruto? El huevo que se convierte en larva y después en insecto que en algún momento es engullido por una rana y la rana comida por una serpiente... ¿Muere el huevo?, ¿muere la larva?, ¿muere el insecto?, ¿muere la rana?... ¿Dónde está el límite en el que la transformación pasa a llamarse muerte y la muerte pasa a ser entendida como fin de la vida? ¿El fin de qué vida? Si nos detenemos a observar los ejemplos que hemos puesto o si pensamos incluso en las personas, lo que muere es lo concreto, lo individual, pero la Vida no muere, la Vida sigue su curso: “Hijo mío, si alguien le hiciera un corte a este árbol en su raíz, su savia sangraría, pero seguiría viviendo. Y lo mismo sucedería si lo hiciese en el medio o en la copa. Pero como está penetrado por la vida, sigue en pie, bebe y se deleita con la vida. Si la vida abandona una de sus ramas esta se seca. Si abandona una segunda, también se seca, y si abandona una tercera rama, también se seca. Si abandona todo el árbol, entonces todo el árbol se seca. Del mismo modo, cuando la vida abandona el cuerpo, el cuerpo muere pero la vida no muere.” (Chāndogua Upaniṣad, 6.11. 1-3) Cuando podemos pensar la muerte en términos de transformación, irremediablemente nos remite a una Vida mucho más grande y vasta que lo concreto e individual. Y a su vez, esto nos invita a reflexionar en la vida que vivimos. ¿Identificamos nuestra vida con lo concreto y lo particular?, ¿nos identificamos sólo con el cuerpo y la mente?, ¿nos vivimos como individuos concretos separados de los demás?, ¿quién soy yo y quién es el que muere cuando muere el cuerpo? Todo este tipo de cuestiones son una invitación a la Vida. Resulta que aquello que llamamos muerte tal vez sea sólo un proceso de transformación; ahora bien, la mente tiene un papel fundamental a la hora de determinar nuestra forma de vivir-morir. Igual que el tipo de flor, de fruto, o la distribución de la lluvia, dependerán de los condicionantes previos, del mismo modo nuestra forma de morir también estará condicionada por nuestra forma de vivir. Dicen que cuando dispararon a Mahatma Gandhi cayó al suelo diciendo “Sri Ram, Sri Ram”. Es decir, vivió su vida con la mente enfocada a lo divino en todos los seres y murió repitiendo el nombre de la divinidad. Si la mente crea la realidad, ¿es posible que en el momento de la muerte nos convirtamos en aquello que pensamos? Y cuando llegue el momento de esa muerte, ¿cómo querría que me encontrase? La muerte forma parte de la vida y al elegir cómo nos gustaría morir, elegimos también como queremos vivir. La Vida se expresa a través de la transformación entre muerte y vida. Cierro citando a Jñāneśvara, un santo indio del s.XII: “Los anhelos que una persona tiene mientras vive, que moran fijos en su corazón, vienen a la mente en el momento de morir.” Montse Simon es licenciada en Filosofía, postgrado en Historia de las Religiones y diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Miembro de la Asociación de Yoga y Filosofía s’Om (http://formacion-yoga.org/ [3]).Amplía los estudios de Vedanta y de textos de la tradición con pandits y con swamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito. Si te interesa indagar más en el tema de la muerte, Montserrat Simón impartirá próximamente un curso con ejercicios prácticos y lecturas que faciliten la indagación en el autoconocimiento y las enseñanzas que la muerte nos puede proporcionar para la Vida: “La muerte, una enseñanza de Vida” Cuándo: viernes 3 de noviembre, de 19.00 a 21.00h. (del 3 de noviembre al 26 de enero, 10 sesiones) Dónde: En Centro-Sol. Atocha, 20, 2º dcha. Inscripciones y más información: biijayoga@gmail.com [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/10/MuerteTransformacion.jpg [2] http://www.canstockphoto.es [3] http://formacion-yoga.org/

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احترام الذات
نشرت في 19 يونيو 2017

No se ama al marido por amor al marido, sino por amor a uno mismo (ātman). No se ama a la esposa por amor a la esposa, sino por amor a uno mismo (ātman). No se ama a los hijos por amor a los hijos, sino por amor a uno mismo (ātman). ¿Te parece egoísta? No lo es: la verdadera autoestima reconoce a uno mismo en todos los seres. Escribe Montse Simón. [caption id="attachment_30262" align="aligncenter" width="605"] [1] (c) Can Stock Photo / transurfer [2][/caption] No se ama la riqueza por amor a la riqueza, sino por amor a uno mismo (ātman) (…). No se ama a los seres por amor a los seres, sino por amor a uno mismo (ātman) (…). Hay que escuchar, reflexionar y meditar sobre uno mismo (el ātman). En verdad, cuando se ha visto, escuchado, pensado y conocido uno mismo (el ātman), todo este mundo es conocido. Este texto pertenece a la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad (5.5-6), uno de los textos filosóficos más antiguos de la tradición védica. La palabra ātman es un pronombre sánscrito que significa uno mismo y que en la filosofía pasó a referirse a la energía que habita en nosotros como una y la misma energía que da lugar al universo entero. Algo muy parecido a esa energía a la que se refirió Einstein cuando decía que la energía nunca desaparece, sólo se transforma. Este texto puede sonar muy egoísta, pero lejos de ello, lo que propone es darnos cuenta de lo que tenemos en común y no lo que nos distingue. Nos enamoramos de otra persona y en realidad nos enamoramos de la imagen que nos hacemos de esa persona, de nuestros pensamientos acerca de esa otra persona, sin prestar atención a la energía vital que subyace en cada uno de nosotros que es una y la misma. El personaje y el testigo Lo que nosotros somos en realidad, más allá de las aventuras que atraviesa nuestro personaje, es un estado de paz. La energía de Vida que vivifica nuestro personaje no se ve alterada por lo que le ocurre a dicho personaje, igual que una pantalla de cine no se ve en realidad afectada por las imágenes que se proyectan sobre ella. Pues bien, a menudo nos identificamos sólo con el pequeño “yo”, con el personaje, su forma, las cosas que le “ocurren”, su opinión, lo que le han dicho, lo que dirá, lo que tiene, lo que ha conseguido, etc., y esto nos hace perder de vista por completo nuestro verdadero ser, Aquello en nosotros que es testigo de todo lo que va y viene, Aquello que ya está siempre en paz, de modo que comenzamos a buscar esa paz y felicidad en las formas, en los objetos externos, en los otros seres, a los que les pedimos que nos proporcionen esa felicidad, esa paz que hemos olvidado. Así pues, creo que me enamoro del otro por sus cualidades, por su forma de ser, sus circunstancias, su pequeño “yo”... cuando en realidad lo que me lleva a amar es el Amor mismo, es la Conciencia que ya soy y lo que amo y busco en el otro es ese Amor que ya está en mí, pero como no lo veo en mí misma lo busco fuera y confundida lo vuelvo a proyectar en formas limitadas y cambiantes, que no me permiten ver lo que el otro es en verdad, lo mismo que yo, el Ser, la Energía de Vida que siempre está en Paz. Aquí llega el punto crucial: a veces confundimos la autoestima con generar un pequeño “yo”, un personaje, seguro de sí mismo, de sus pensamientos y habilidades, de sus opiniones, de sus formas, y olvidamos de nuevo el amor a uno mismo, no en tanto que personaje sino por el re-conocimiento de lo que uno es más allá del personaje, o mejor dicho, en el fondo del personaje. Si buscamos en la Wikipedia la definición de "autoestima" nos encontramos con esto: La autoestima es un conjunto de percepciones [3], pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la percepción evaluativa de nosotros mismos. (1) La cuestión estriba en definir qué entendemos por “nosotros mismos”. Si por uno mismo entendemos el personaje que a veces se siente de una forma a veces de otra, que actúa de distintas maneras, que tiene opiniones cambiantes, cuyo cuerpo se transforma con el paso del tiempo, entonces la autoestima se convierte en un esfuerzo por hacer una valoración y proyección positiva de ese personaje. En cambio, si definimos uno mismo como la Conciencia última que siempre es testigo de las transformaciones que ocurren en el personaje, el asunto cambia por completo. Amarse a uno mismo es ver al personaje y amarlo tal cual es y tal cual se modifica. Amarse a uno mismo es concentrar la atención, no en aquello que nos hace diferentes, sino en Aquello que es igual en todos los seres, en todo el universo. Amarse a uno mismo es concentrar la atención no en lo que cambia constantemente sino en el espacio del Corazón que es testigo de todos esos cambios, el lugar del cual emerge la energía de Vida a través de la cual se viven todos esos cambios. Sería como ir al punto donde brota por primera vez el agua que luego da lugar a un enorme río, que en unos tramos baja con furia y en otros parece estanco. La verdadera autoestima El personaje vive condicionado por aspectos de la naturaleza que hacen que unas veces esté ofuscado y deprimido, otras veces exaltado y emocionado y en otras ocasiones sereno y armonioso. Es cierto que si nuestro personaje se encuentra en un estado de oscuridad y apatía, fomentar ciertas habilidades que nos permitan descubrir un personaje más enérgico, vital y seguro de sí mismo puede resultar positivo de cara a que la persona pueda abrirse a nuevas formas de pensarse, percibirse y percibir el mundo. Ahora bien, si nos quedamos sólo ahí seguiremos siempre en la lucha por mantener un personaje “sano”. La verdadera autoestima no puede consistir solamente en un personaje que se viste de seguridad y habilidades que sean socialmente reconocidas; la verdadera autoestima sólo puede proceder de la tranquilidad de Ser, simplemente Ser, sin que sea tan importante si ese Ser se expresa a través de unas formas y habilidades u otras. Cuando puedo reconocerme a mí misma desde ese lugar, puedo reconocer el mundo entero. Amarse a uno mismo es Amar, no con una acción, sino como reconocimiento de ser ese Amor. La Vida es Amor expresado a través de múltiples formas. Lo que amo en el otro es ese Amor, es lo que yo Soy, lo que él Es, el hecho de Ser. Con este post no pretendo decir que los trabajos de autoestima que buscan hacer que la persona sea más asertiva, tenga una imagen mucho más segura sobre su personaje, valore sus habilidades, sea más independiente,etc. no resulten útiles en muchos casos e incluso puede que sea necesario comenzar por ahí y dando soporte desde trabajos de conciencia corporal y estímulo de las capacidades manuales. Lo que quiero decir es que es importante no quedarse sólo con eso. Sería algo parecido a quitar los síntomas de un resfriado repetitivo sin ir a la causa. ¿Cuánto tardaremos en resfriarnos de nuevo? Creo que la verdadera autoestima tiene su origen en última instancia en el claro reconocimiento y experiencia de Ser, de ese lugar de Paz en nuestro corazón. La verdadera autoestima ve en uno mismo a todos los seres y se reconoce a sí mismo en todos los seres, de modo que en realidad es sólo Estima, Amor. (1) José-Vicente Bonet. Sé amigo de ti mismo: manual de autoestima [4]. 1997. Ed. Sal Terrae. Maliaño (Cantabria, España). Montse Simón, licenciada en Filosofía, postgrado en Historia de las Religiones y diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Miembro de la Asociación de Yoga y Filosofía s’Om (http://formacion-yoga.org/ [5]).Amplía los estudios de Vedanta y de textos de la tradición con pandits y con swamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/06/Autoestima.jpg [2] http://www.canstockphoto.es [3] https://es.wikipedia.org/wiki/Conciencia [4] http://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=iTwVTnXcuBcC&oi=fnd&pg=PA11#v=onepage&q&f=false [5] http://formacion-yoga.org/

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اليوجا والإفراج
Publicado el 6 Apr, 2017

Quizás hayas escuchado o leído alguna vez el término moksha. Es la palabra sánscrita que se utiliza para referirse a la “liberación”. ¿Pero qué es exactamente la liberación? ¿De qué se supone que tenemos que liberarnos? Escribe Montse Simón. [1] Una de las definiciones que aparecen en el diccionario acerca de la palabra “liberación” es “poner en libertad”. En buena parte de la tradición india, ese poner en libertad consiste más bien en descubrir que eres libre. La idea de libertad no tiene aquí nada que ver con hacer “lo que me de la gana”, ni si quiera con la posibilidad de elegir, sino con un estado de perfección, de plenitud, que más que un estado es nuestra esencia más íntima, aquella esencia de la vida de la cual se dice “la vida no muere”. La libertad no depende de ningún factor externo y precisamente esto es lo que la hace libre. La libertad es liberación del sufrimiento. Y aunque a veces se pueden llevar los argumentos teóricos al extremo de que la persona liberada sea como una piedra que no sienta nada (y por eso ya no sufre), estoy convencida de que la liberación del sufrimiento tiene que ver más bien con no identificarse con emociones que puedan seguir surgiendo. La persona liberada vive sabiéndose el testigo y no la víctima de todo lo que ocurre. Son muchas las tradiciones que en la India persiguen algo así como la “liberación” y distintas escuelas difieren a la hora de vincular o desvincular esa libertad absoluta con la vida diaria en la que se observa: cambio, enfermedad, envejecimiento, muerte... La tradición del yoga es una de las tradiciones que busca esta liberación. Como existen distintas tradiciones yóguicas, en este artículo vamos a referirnos, sobre todo, a la idea de liberación expuesta en los Yoga sutras de Patañjali, el recopilador y gran representante del yoga clásico. Liberación según Patañjali Sólo hace falta poner cinco minutos las noticias para que a uno se le pueda pasar por la cabeza que hay mucho sufrimiento en este mundo. Pues bien, más allá de las crisis, las quejas de una sociedad que cambia demasiado rápido, las quejas acerca del consumo desorbitado, la corrupción, etc., parece que esto del sufrimiento ya viene de antiguo, y filósofos, sabios y místicos se plantearon muy seriamente encontrar la forma de acabar con el sufrimiento. Para ellos la liberación tiene que ver con liberarse del sufrimiento y sus causas. Es decir, no se conformaban con eliminar los síntomas, como muchos de los medicamentos que se anuncian, sino que lo que buscaban eliminar de raíz aquello que originaba la enfermedad. En el segundo aforismo en el que Patañjali habla de la tradición del yoga, define este yoga como “cese del flujo mental” (yogaś citta vṛtti nirodhaḥ, Yoga Sutras, I.2), y uno puede preguntarse: ¿qué tendrán que ver los pensamientos (flujo mental) con el sufrimiento?, ¿acaso no es gracias al pensamiento que el hombre se distingue y, para algunos, supera incluso el resto de animales? Pues bien, aunque la tradición india da una gran importancia al hecho de nacer como ser humano y tener un intelecto que nos permite alcanzar la comprensión- vivencia de nuestro Ser más auténtico-, nos invita, sin embargo, a vaciar la mente de pensamientos, porque “cuando uno consigue que los pensamientos cesen se establece en su verdadera naturaleza”, “de lo contrario, se identifica con ellos” (Yoga sutras, I. 3-4). Y aquí está el meollo de la cuestión, en la identificación de nosotros mismos con los pensamientos. Para la tradición clásica del yoga, la ignorancia es la verdadera raíz de todo sufrimiento. Pero “ignorar” no es exactamente aquí una falta de conocimiento sino que se trata más bien de un conocimiento erróneo: nos confundimos y creemos ser aquello que no somos. Creemos ser aquello que sentimos, aquello que hacemos, aquello que nos ocurre, nuestro cuerpo (gordo, flaco, sano, enfermo, lindo o feo...), aquello que pensamos (noble, mezquino, absurdo, inteligente...), y este es el gran error que nos encadena al sufrimiento. Si cuando me siento enfadada, me identifico completamente con el sentimiento de enfado, esto me tiene que infligir sufrimiento y más todavía si sigo alimentando mentalmente ese enfado en el tiempo, porque ya no sólo me identifico con el sentimiento (que tampoco puede durar mucho) sino con la recreación mental de ese sentimiento. ¿Por qué? Porque reducimos nuestro ser a ese enfado. Si en cambio podemos descubrir algo en nosotros que ve ese enfado, que ve cómo “algo en mí se siente muy enfadado”, ya no estamos limitando nuestra persona al enfado, sino que reconocemos algo mayor en nosotros que puede ver ese enfado. Ese testigo último de todo pensamiento, emoción, objeto, circunstancia... es lo que en la tradición del yoga recibe el nombre de Purusha. Según esta tradición, existe una Consciencia (puruṣa) ante la presencia de la cual toda la naturaleza (prakṛti) cobra sentido. Y no es que esta Consciencia cree el universo, sino que ante su mirada la maquinaria de la vida se pone en marcha. Desidentificación con los pensamientos Esta Consciencia no es diferente de la que te permite a ti tomar consciencia de las cosas, pero sí que es, según dice esta tradición, independiente de esas cosas, es eterna, no se ve afectada por nada, ni es el agente de nada... Conseguir que cesen los pensamientos, que forman parte del universo y no de esa Consciencia inmutable, es importante porque así tenemos la posibilidad de dejar de identificarnos con ellos y descubrir que en última instancia nosotros somos esa Consciencia que nunca muere. Esto es lo que libera nos libera del sufrimiento. Las pautas que da Patañjali para conseguir ese cese de pensamientos pasan por el control de los sentidos, el esfuerzo constante para concentrar la mente y el desapego. Para todo ello proporciona distintas herramientas y siempre resulta muy importante la comprensión, porque es la que nos permite que el desapego o el control no se conviertan en represión. Entonces, ¿dejar de pensar es lo que nos libera del sufrimiento? No exactamente. Lo que nos libera del sufrimiento es poder desidentificarnos de los pensamientos. El yoga se presenta como un medio para conseguir distinguir la Consciencia absoluta (purusha) de la naturaleza cambiante (prakriti), y ese Conocimiento es liberador porque la causa raíz, la causa primordial de todo sufrimiento es, como hemos dicho, la errónea identificación del sujeto con el objeto, de la Consciencia con el universo: “ la causa de lo que hay que superar [el sufrimiento] es el vínculo entre el sujeto [testigo último, Consciencia absoluta] y el objeto [todo lo demás]”. “ Con la desaparición de esta ignorancia, el vínculo también desaparece. Este es el cese total, el aislamiento total [la liberación, la unicidad absoluta] del testigo último” (Yoga sutras, II. 17, 25). A pesar de que hablamos de la liberación, algunos textos influyentes en la escuela del yoga clásico señalan que en última instancia nunca hubo liberación, porque la Consciencia ya siempre fue libre y se trataba sólo de un error creer que no lo era y que teníamos que liberarnos. Si en algo coinciden varias tradiciones es en señalar que tú ya eres libre y que sólo hace falta que te des cuenta de ello. Que renuncies y abandones todas esas identificaciones que te limitan y te hacen (pero sin las cuales todavía crees que no existirías) para vivir Eso que ya eres. Te invito a que reflexiones acerca de lo que es para ti la libertad. No lo que te han dicho o incluso lo que te he contado aquí acerca de la libertad, sino qué necesitas tú para sentirte completamente libre de sufrimiento: ¿te sirve una felicidad pasajera?, ¿la felicidad depende de ti o de algo externo a ti que tienes que conseguir en un futuro?, ¿puedes observar lo que sientes por dentro?, ¿quién o qué es el que observa? Aprovecha cada sentimiento y cada pensamiento (que pueden ser millones) para verlos, observarlos y observar los juicios que les vinculas. Aunque sentarse a meditar puede ser de gran ayuda, no esperes a poderte sentar para hacerlo: observa cuando entras en una tienda y no te atienden, o cuando sientes un nudo en el estómago y tensión en los hombros porque llegas tarde, etc. Observa en cualquier contexto lo que estás sintiendo y tal vez puedas decirte algo así como “mmm... veo que hay en mí un sentimiento de....”. Montse Simón, licenciada en Filosofía, postgrado en Historia de las Religiones y diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Miembro de la Asociación de Yoga y Filosofía s’Om (http://formacion-yoga.org/ [2]).Amplía los estudios de Vedanta y de textos de la tradición con pandits y con swamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito.   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/04/yoga-sutras-patanjali.jpeg [2] http://formacion-yoga.org/

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اليوجا للعمل
نشرت في 27 فبراير 2017

La acción es uno de los elementos cruciales de la vida en general y de nuestra sociedad en particular. Hace años un amigo me dijo: “En esta sociedad eres aquello que haces”, y cuando comencé a dar vueltas a esta contundente afirmación me di cuenta de que había mucho de cierto en ello... Escribe Montse Simon. [caption id="attachment_28377" align="aligncenter" width="605"] [1] (c) Can Stock Photo / MitaStockImages [2][/caption] Tendemos a responder qué somos: abogados, profesoras, panaderos, estudiantes, etc., o bien decimos nuestro nombre y enseguida contamos aquello a lo que nos dedicamos o que nos gusta hacer. Casi de forma inevitable, la persona conecta hoy con la incertidumbre que genera el amplio abanico de posibilidades de cosas a hacer y la creciente inestabilidad laboral. Si no tengo claro a qué me voy a dedicar en la vida, ¿quién soy? ¿quién voy a ser? Te preparan con un montón de estudios y de información para ser algo que no llega. Sin embargo, es interesante notar que el hecho de tener claro a qué te dedicas y que además eso sea lo que te gusta, no parece ser garantía de ninguna felicidad plena. Hay un gran número de personas que a pesar de tener un buen trabajo, que se supone que hacen lo que les gusta, que ocupan una determinada posición social,etc. no se sienten satisfechas, parece que “algo falla”. ¿Saber a qué me dedico y qué hago es saber quién soy? Místicos y sabios de distintas tradiciones han hecho notar que en realidad no valemos por lo que hacemos sino por lo que Somos, y escribo Somos en mayúsculas porque no se trata aquí de ser alto, bajo, inteligente, tonto, médico, arquitecta, padre, madre.... sino del simple hecho de Ser, sin importar los atributos. “Eres algo más que lo que haces”. Karma, los resultados de la acción En la Bhagavad Gita, uno de los grandes textos de sabiduría de la India, se pone de manifiesto la dicotomía entre la acción y la inacción. Arjuna es un gran guerrero y tiene que luchar en una batalla para hacer justicia. Sin embargo, quiere desistir, no se ve capaz de luchar contra aquellos que son amigos y familiares suyos. Su gran amigo Krishna (una encarnación del Absoluto, aunque Arjuna todavía no se ha percatado de ello), le dará distintas enseñanzas para que comprenda por qué debe luchar. De entre estas enseñanzas es muy conocida y nos suele tocar de lleno aquella en la que Krishna dice: «Sólo tienes derecho a las acciones, nunca a los resultados. No te identifiques con el que causa los resultados de la acción ni te apegues tampoco a la inacción» (Bh. G. II.47) En sánscrito la palabra que traducimos como “acción” es la palabra karma, y karma significa tanto la “acción” como “los resultados de la acción”. Toda acción tiene unos resultados y, a menudo, cuando realizamos una acción es en aras de un resultado concreto. Sin embargo, parte de la tradición hindú nos enseña que no apropiarnos de la acción ni de los resultados nos libera de la carga de la identidad y la atadura de las expectativas. La propuesta de Krishna es que hagamos lo que tengamos que hacer sin apegarnos a la idea de “yo hago” y a los resultados. Esta idea de la acción por la acción, sin las identificaciones de “yo” y “mío”, cobra sentido bajo el paraguas de otro concepto que es el de dharma (deber, ley, rectitud, moralidad, religión). Como decía un maestro de Varanasi, el dharma son los faros del coche que nos permiten ver y guiarnos en la oscuridad. Fuera del contexto de la Bhagavad Gita, donde la enseñanza se transmite a un noble y honrado guerrero, el mensaje despierta cuestiones importantes como la posibilidad de que algún “salvador del mundo” cometa atrocidades en nombre de “su deber” y apele a que no es él quien hace la acción, ni el dueño de sus resultados porque lo hace en nombre de algo mucho mayor que él. Por eso es importante que la persona cultive en sí misma valores como el discernimiento entre lo que perdura y lo que es cambiante y perecedero, el desapego, el respeto, la humildad, la tranquilidad, la pureza del corazón, la ecuanimidad, la confianza, etc. No puedo insistir aquí lo suficiente en la importancia de cultivar este tipo de valores, antes de situarse “más allá del bien y del mal”. Tampoco queremos que esta enseñanza se convierta en una justificación de acciones corruptas o de del abandono de toda responsabilidad frente a nuestras acciones. Otra cuestión que se nos presenta hoy en día ante esta enseñanza es la de “¿cuál se supone que es mi deber?”. Krishna le dice a Arjuna que su deber como guerrero es luchar, pero en el mundo que vivimos no siempre está claro nuestro rol social: “¿cómo puedo cumplir con mi deber si ni tan solo tengo claro cuál es mi deber?”. Podemos optar aquí por hacer aquello que hacemos en cada momento de la mejor manera que sabemos y estar atentos para darnos cuenta, en la medida de lo posible, si estamos haciendo algo que “no debemos”. A menudo resulta más fácil saber lo que uno “no debe” hacer que lo que uno “debe” hacer. Krishna revela a Arjuna (Dhanañjaya) la enseñanza del karma yoga (el yoga de la acción) y le define el yoga como “ecuanimidad”: «¡Oh, Dhanañjaya! Abandonando todo apego y permaneciendo íntegro ante el éxito o la derrota, ejecuta las acciones establecido en el yoga. El yoga se define como ecuanimidad». (Bh. G. II.48) Habiendo establecido que el yoga es ecuanimidad, le insta a practicarlo como “habilidad en la acción”: «Aquel que posee una mente imparcial abandona en este mundo [la idea de] la acción buena y la mala. Con esa actitud [ecuánime] practica el yoga. Yoga es habilidad en la acción». (BH. G. II.50) El yoga de la acción El yoga de la acción consiste pues en realizar nuestro deber de forma completamente desinteresada. Desinteresada de cualquier resultado, “bueno” o “malo”, “ganancia” o “pérdida”, “gloria” o “deshonor”. Aunque en la actualidad se usa con frecuencia el término de karma yoga para referirse al servicio gratuito que se ofrece a un maestro o comunidad, me parece que vale la pena devolverle al término la profundidad de la que a veces lo despojamos. Se reciba o no una retribución, se reciban halagos o reproches, se trata de cumplir con nuestro deber, desempeñar nuestro rol, nuestra acción, de la mejor manera posible, sin apegarnos a cualesquiera que sean los resultados, sin apegarnos a la idea de “qué buena soy” o “qué mala soy” y un sinfín de juicios: «Pero, oh Arjuna, aquel que a través de la mente controla los sentidos y comienza [a practicar] karma yoga, desapegado de los órganos de acción, se vuelve excelso». (Bh. G. III. 7) La acción desinteresada y ecuánime está muy ligada al control de los sentidos y la mente para no identificarnos con el “hacedor” ni el “que goza de los frutos”. Un propuesta práctica para forjar ese desapego es la de ofrecer a lo divino, a la Vida, a la Energía Universal, al mundo, a nuestro ser más querido... cada una de nuestras acciones. Te invito a que pruebes en los próximos días a dedicar cada una de tus acciones a un ser querido.   Montse Simón, licenciada en filosofía, postgrado en Historia de las religiones y diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Miembro de la Asociación de Yoga y Filosofía s'Om (http://formacion-yoga.org/ [3]).Amplía los estudios de Vedanta y de textos de la tradición con pandits y con svamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito. [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/02/manos.jpg [2] http://www.canstockphoto.es [3] http://formacion-yoga.org/

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Śiva، يوغي رائعة
Publicado el 20 Jan, 2017

Cuando alguna vez he preguntado qué sabrían decirme acerca de la cultura o las religiones de India, a personas que no conocían prácticamente nada de ella, mayoritariamente han coincido en señalar que les sonaba a un montón de dioses, ¡con muchos brazos! Escribe Montse Simón. [1] Efectivamente, la India ha representado lo divino a través de multitud de símbolos que en muchos casos han tomado formas antropomórficas. Hay quienes han visto o ven en lo que se ha llamado hinduismo una forma de politeísmo, es decir, la creencia en muchos dioses distintos. Sin embargo, la mayoría de los hindúes coinciden en señalar que no se trata de distintos dioses sino distintas representaciones de Dios o de la Conciencia Absoluta. Cada divinidad muestra un aspecto de la energía de Vida que nos sostiene: unas divinidades encarnan la creación, otras la preservación, la destrucción, la cultura, la humildad, el servicio, la fortaleza, la expansión, la salud, la prosperidad, la claridad mental, el amor incondicional, la fe... Hay divinidades que son encarnaciones (avatares) de otra divinidad principal y hay representaciones que simbolizan distintos aspectos de una misma divinidad. En el caso de Śiva nos encontramos precisamente con distintas representaciones suyas que simbolizan su energía creadora, protectora y destructora. Una de estas representaciones de Śiva es la de Mahāyogī, el arquetipo del yogui por excelencia. Aparece sentado sobre una piel de tigre en la postura del loto (padmāsana) o la postura perfecta (siddhāsana), frente al monte Kailash, que también es venerado como símbolo de esta divinidad. A menudo con una de sus manos hace un gesto de protección, abhayamudrā, que significa “sin miedo” y por lo tanto aleja todo aquello que pueda causarnos miedo o hacernos daño. Esta divinidad aparece acompañada de muchos otros símbolos como son el tridente, el río Ganges naciendo de su melena, la luna creciente, el tambor llamado damaru, un recipiente para el agua (kamaṇḍalu), una serpiente alrededor de su cuello, malas (tipo de rosario) hechos de una semilla llamada rudrākṣa, el cuerpo repleto de cenizas... Casi todos estos símbolos que hemos mencionado tienen que ver con el aspecto ascético y la devoción hacia esta forma de la divinidad ayuda a fomentar esa energía en nosotros mismos. No vamos a comentar aquí el significado de cada símbolo ya que nos extenderíamos mucho. Baste con hacer una lectura general de este arquetipo ascético. Cuando nos sentamos a meditar lo hacemos en la misma postura y con los ojos cerrados o entreabiertos, como es el caso de la mayoría de imágenes en las que aparece Śiva como yogui. Esta representación viene a mostrar que la tradición ascética, estrechamente vinculada con las prácticas de yoga, se basa en una enseñanza eterna, que tiene un fundamento divino. Muestra una forma de vida, que recuerda a la de aquellos que decidían abandonar la vida social para dedicarse exclusivamente a la meditación y perfeccionar el control sobre la naturaleza del cuerpo y de la mente, en los bosques, las montañas y las cuevas, aisladas de toda distracción. Hoy en día el yoga ha traspasado todas las fronteras y se practica alrededor del mundo, contando con una gran variedad de estilos. En algún momento del hilo temporal, el yoga dejó de ser una práctica exclusiva de los ascetas para integrarse en la vida de personas que tenían familia y trabajo. Y aun así, el arquetipo del gran yogui sigue ejerciendo su poder ya que la renuncia y el control no tienen por qué limitarse a algo externo sino que es ante todo una cuestión de actitud interna. Hay quienes aparentemente lo puedan haber abandonado todo y se sienten largos períodos en actitud meditativa, pero si su mente sigue apegada a objetos y deseos, tal como señala la Bhagavad Gītā, serían unos hipócritas. En cambio, es posible que uno lleve una vida aparentemente muy normal, realizando las acciones pertinentes a su trabajo o labor en la familia y la sociedad, y que se mantenga ecuánime, en su centro, con la mente concentrada en el Ser eterno que da vida a todo cuanto existe, desapegado de todo cuanto va y viene en su vida. Śiva como gran yogui es una figura de fuerza interior, de desapego y concentración de la mente, que nos invita a contentarnos, ¡que no resignarnos!, con poco, a vivir de forma sencilla forjando en nuestro interior el poder de la meditación que conduce al reconocimiento de nuestra verdadera esencia divina, presente en el corazón de todos los seres. En su representación como yogui, aparece con el tercer ojo (tryambakam) que señala el punto energético de la sabiduría, el conocimiento que gobierna el individuo y el universo entero. Esta sabiduría nos lleva a reconocer nuestra verdadera naturaleza y nos conduce así de la muerte a la inmortalidad. Śiva, más allá de las formas en las que aparece, simboliza también la Realidad última y nos muestra el Silencio, la Conciencia Absoluta y libre que es la energía que sostiene todo cuanto existe y que no es distinta de nuestro ser. Montserrat Simón es profesora de yoga, sánscrito y filosofía india. Retiro por Shivaratri Entre febrero y marzo se celebra en India Shivaratri, la noche de Śiva, y los devotos suelen ayunar durante el día y dedican la noche a recitar su nombre, hacerle ofrendas y rituales varios, meditar e invocar su energía y sus bendiciones, porque Śiva significa precisamente “el benevolente”. Este año la festividad es el 24 de febrero y hemos organizado un Retiro de yoga y meditación en Llanes, en el que Montse Simón nos guiará en la profundización en la energía de esta divinidad y todo lo que nos puede aportar a nuestra propia vida. 24, 25, 26 de febrero Retiro de yoga y meditación. Especial noche de Śiva. Llanes, Asturias. Puedes consultar el programa en http://www.laposadadebabel.com/eventos/ [2] Para más información e inscripciones escribir a retirosenasturias@gmail.com [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/01/shiva.jpeg [2] http://www.laposadadebabel.com/eventos/

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La sabiduría del Yoga a través de los tiempos
نشرت في 23 أبريل 2015

Es muy posible que hayas escuchado que la palabra yoga significa “unión” y que precisamente lo que persigue es la unión con lo divino. Sin embargo, lo que significa esta palabra y lo que implica como disciplina ha tomado distintos matices en distintos momentos y escuelas de la tradición india. Escribe Montse Simón. [1] El yoga como yugo, como control de los sentidos, como ecuanimidad, como extinción de los pensamientos, como una serie de prácticas de purificación, como meditación... De algún modo, el significado profundo de la palabra yoga sólo puede conocerse en el contexto de cada filosofía. Por ejemplo, en la Bhagavad Gītā Kṛṣṇa define el yoga como ecuanimidad y también como habilidad en la acción y apunta hacia un yoga de la acción y un yoga del conocimiento, como dos caminos distintos. El yoga de la acción hace referencia en este contexto a la capacidad de llevar a cabo las acciones y los deberes que uno debe cumplir sin esperar ningún resultado, permitiendo que la acción sea un fin en sí misma, una ofrenda a la divinidad. El yoga del conocimiento hace referencia a los seguidores de una filosofía que busca liberarse del sufrimiento y de los ciclos de nacimiento-muerte-nacimiento a través de la reflexión que lleva a la persona a discernir la Consciencia Absoluta de la Materia y que le permite en última instancia conocerse a sí mismo como Consciencia Absoluta, es decir, que el yoga del conocimiento hace referencia a un conocimiento (gnosis) que libera. Por otro lado tenemos el haṭha yoga, que da una cierta prioridad al trabajo de purificación del cuerpo sutil a través del cuerpo físico, con la finalidad, según señala uno de los textos más representativos de esta tradición, el Haṭhayoga Pradīpikā, de conducirnos al yoga más elevado, el de la meditación (rāja yoga). Lo cierto es que en todas las tradiciones y escuelas el control de los sentidos y de la mente juega un papel importante, ya que el yoga se presenta como una disciplina que conduce a la liberación definitiva del sufrimiento, y para ello es necesario dejar de dispersarnos a través de los sentidos y de identificarnos con el cuerpo, la mente, nuestra identidad limitada... Sin embargo, los caminos para conocer nuestra verdadera esencia varían de una escuela a otra y con ellos la definición de lo que es el yoga. Además el yoga no sólo se presenta como camino sino que en algunos contextos el yoga se presenta también como fin, como el Estado de Plena Consciencia. Hasta aquí unas pinceladas acerca de la tradición, donde habría que ir desgranando lo que es el yoga como escuela filosófica de lo que son prácticas yóguicas más vinculadas a un vida ascética, ¿pero que ocurre con el yoga qué practicamos en la actualidad?, ¿qué es exactamente?, ¿qué finalidad persigue? Al parecer la práctica basada en una gran cantidad de posturas (āsana) y que llamamos haṭha yoga, está muy vinculada a nuevas concepciones del yoga que resaltan su dimensión terapéutica así como a la influencia de la gimnasia europea en la India de principios del siglo XX. No es este el lugar para desentrañar las muchas y distintas influencias que invitaron a una reinterpretación de la práctica del yoga, a lo que hay que sumar las grandes dosis de culto al cuerpo que han hecho que en muchas de las prácticas del yoga actual se haya abandonado por completo el trabajo con el cuerpo sutil, tan fundamental en el haṭha yoga tradicional. Simplemente mencionar que estas influencias, los elementos modernos mezclados con los elementos tradicionales y con sus diversas interpretaciones, nos llevan a menudo a una cierta confusión acerca de lo qué es el yoga exactamente o lo que debería ser y poner de relieve la importancia de indagar en lo que el yoga nos aporta, lo que ha sido y lo que es, con el fin de dar a nuestra práctica una base sólida y poder compartir la sabiduría y aportaciones que el yoga nos ha aportado a través de los tiempos. Imparte Montse Simón, licenciada en filosofía, postgrado en Historia de las religiones y Diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Amplía los estudios de Vedanta y de textos de la tradición con pandits y con svamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito. El Curso En el curso “Yoga: teoría y práctica” que iniciamos el miércoles 6 de mayo en Casa Asia, lo que haremos es precisamente un recorrido por los significados del yoga desde la antigüedad hasta nuestra práctica actual, veremos el origen de tantos estilos y prácticas de yoga y dedicaremos en cada una de las sesiones una pequeña práctica relacionada con las distintas concepciones del yoga. Imparte: Montse Simón Inscripciones: formacionmadrid@casaasia.es Información sobre el curso: http://www.casaasia.es/actividad/detalle/215177-curso-yoga-teoria-y-practica [2]     [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/04/Sabiduria.jpg [2] https://www.yogaenred.com%20http://www.casaasia.es/actividad/detalle/215177-curso-yoga-teoria-y-practica

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El conocimiento de uno mismo
Publicado el 12 Feb, 2015

En varias de las escuelas filosóficas del hinduismo la clave para la liberación tiene que ver con el Conocimiento. A veces esto nos puede chocar, podemos pensar que el conocimiento será sólo para aquellos a los que el estudio y la concentración de la mente les vaya bien. Escribe Montse Simón. [1] Probablemente para distintas personalidades existan caminos distintos que nos lleven a nuestro Ser, sin embargo sea por el camino que sea al final siempre hay el Conocimiento de uno mismo. Este Conocimiento no tiene nada que ver con un compendio de información, ni con haber leído muchos libros, sino con el lugar al que leer muchos, pocos o ningún libro nos lleva. Hay quien llama a esto honestidad con uno mismo. La honestidad tienen que ver con Ser lo que uno Es. En sánscrito para referirse a la Verdad, se utiliza la palabra Satya que procede de la raíz sat, que significa Ser. De modo que lo verdadero es aquello que Es. Bien, si la liberación tienen que ver con el Conocimiento es porque el sufrimiento, el repetir una y otra vez los mismos patrones, el renacer una y otra vez bajo distintas formas, se basa en un conocimiento erróneo, en una confusión que se ha convenido en traducir como Ignorancia. La Ignorancia que nos ata al sufrimiento es aquella por la cual confundimos lo que Somos, más allá de toda apariencia, con lo que aparentamos. Sería algo así como si un actor llegase a un punto en la interpretación en la que olvidase que está actuando y creyese definitivamente ser ese personaje que representaba en la obra. Algo parecido nos ocurre a nosotros. El Ser nos lleva a la vida (cada escuela explica esto a su manera) y a través de la forma que hemos tomado olvidamos ese Ser y vivimos identificados solamente con nuestro nombre y forma, identificados con todos los atributos que somos y con lo que poseemos, y relegamos al olvido nuestro Ser esencial, que es uno y el mismo en todos los seres. Bajo ese velo de ignorancia, me confundo creyendo que sólo soy mi cuerpo y mi mente-emociones y me relaciono con los demás percibiéndolos sólo como un cuerpo con su mente-emociones. Es un conocimiento confuso porque sólo percibo lo perecedero en mí y en el otro y no alcanzo a ver la Luz, el Ser que nos da vida a ambos. Si varias escuelas filosóficas ven en el Conocimiento la única forma de liberarse definitivamente de las cadenas del sufrimiento y la reencarnación es porque consideran que el sufrimiento viene causado por nuestra identificación con lo perecedero y sólo se puede romper esta cadena comprendiendo que lo perecedero es sólo un nombre y una forma y estableciéndonos en lo que somos en esencia: lo Imperecedero, Eterno, siempre Libre, siempre Dichoso. Este Conocimiento no consiste en ningún tipo de ejercicio intelectual sino que, como señalaba más arriba, tiene que ver con una indagación honesta. Y la indagación, o la mirada abierta, se puede dar en cualquiera de los caminos que recorremos. Tal vez la devoción, tal vez el cuidar de los demás, tal vez el hacer mis tareas sin expectativas acerca de los resultados, tal vez dedicándome a la vida contemplativa... Haga lo que haga, me lleve la vida por el camino que me lleve, puedo mantener esa mirada atenta: ¿quién soy? ¿quién actúa? ¿quién ofrece qué a quién? El Conocimiento es liberador sólo en tanto que des-cubre y manifiesta lo que en realidad siempre Soy, más allá de las formas que tome. Conocerse a uno mismo es penetrar en el espacio del Corazón, que contiene todo el universo, y esto no es una metáfora o una imagen bonita sino un mensaje de que lo que es “fuera” es también “dentro”, y viceversa: lo que es sostiene todas las múltiples formas: “Tan vasto como el espacio alrededor nuestro es el espacio en el corazón y en él están contenidos ambos la tierra y el cielo, el fuego y el viento, el sol y la luna, los rayos y las estrellas. Lo que pertenece al espacio alrededor nuestro y lo que no le pertenece, todo está contenido en él.” (Chāndogya Upaniṣad, 8.1.3) Si esto es así, cabe la posibilidad de que adentrándome en lo que hay en mi corazón pueda adentrarme en el universo entero, que siendo lo que Soy pueda Ser lo que el universo Es. Si mi sufrimiento viene causado por creer que soy algo que no soy, entonces tendré que des-cubrir lo que en verdad Soy y simplemente Ser. El Curso Enseñanzas de la Filosofía India y Nociones de Sánscrito Sábado 21 de febrero y 21 de marzo (de 10.00h. a 19.30h.) Imparte: Montse Simón, licenciada en filosofía, especializada en filosofías y religiones de la India y Diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Amplía los estudios de vedanta y de textos de la tradición con pandits y con svamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito. Inscripciones y reserva de plaza: T 606568772 / info@escueladeyoga.org Más información: www.escueladeyoga.org [2] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/02/Autoconocimiento.jpg [2] http://www.escueladeyoga.org/

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السنسكريتية، سلطة إيجاد الكلمات
نشرت في 6 أكتوبر 2014

El sánscrito es una de las lenguas más antiguas que se conservan. Aunque no se sabe exactamente el momento en que se comenzó a utilizar el sánscrito védico, sí que tenemos textos que parecen datar al menos del 1500 antes de nuestra era. Se trata una lengua que transmite una sabiduría muy antigua. Escribe Montse Simon. [1] La transmisión de dicha sabiduría tenía carácter oral y por tanto siempre fue muy importante la pronunciación y los acentos (en el caso del sánscrito védico) que daban entonación a las palabras. Las palabras se recitaban con una cierta melodía e incluso con gestos que ayudaban a fijar en la memoria aquello que se pronunciaba. La palabra siempre fue importante y estuvo muy vinculada al sacrificio que da origen al mundo. Para los rituales ni si quiera era de mayor importancia conocer o no el significado de aquello que se pronunciaba, sino pronunciarlo todo correctamente y realizando las acciones correctas para que el ritual en cuestión surtiese efecto. Esto cambiaría con el tiempo y en los textos finales de los Vedas, de carácter mucho más filosófico y sapiencial, se proclama que OM es el canto por excelencia y que conocer el significado profundo de aquello que se dice es lo que aporta verdadera sabiduría: «Aquellos que saben esto y aquellos que no lo saben, ambos llevan a cabo rituales utilizando esta sílaba. Pero el conocimiento y la ignorancia son dos cosas muy distintas. Tan sólo aquello que se lleva a cabo con conocimiento, con fe y con consciencia de las conexiones ocultas (upaniṣad) deviene realmente efectivo» (Ch. Up. I.1.10) El mundo entero es OM: penetrar en el significado de esta sílaba es uno de los caminos que nos conduce hacia la realidad más profunda de nuestro Ser. OM se menciona en distintos textos de la tradición hindú, pero muy especialmente en la Mandukya Upanishad, donde se le describe desglosado en los tres fonemas AUM. El sánscrito es una lengua bella en cuanto a sus sonidos y a través de ella se nos invita a reflexionar acerca del poder de creación de la palabra. No es en vano que cuatro de las seis ciencias auxiliares de los Vedas, conocidas como vedangas, tuviesen que ver con la lengua. Estos cuatro vedangas son: la gramática, la etimología, la fonética y la métrica. A través de la palabra se genera la realidad tal como la percibimos, a través de la palabra nos relacionamos con el entorno y lo comunicamos. A través de los rituales, que siempre hacían uso de la palabra. se establecía la relación entre humanos y divinidades o antepasados. Estos rituales eran los que permitían mantener el orden cósmico. Y también es a través de la palabra que el maestro transmite al alumno el conocimiento acerca de aquello que en última instancia no puede ser nombrado. La excepción la encarna el maestro primordial, Shiva Dakshinamurti, que enseña en silencio, sólo con su mera presencia. Y al Silencio es donde nos conduce finalmente la palabra, haciéndonos saber que es del Silencio de donde emergió y que sólo el Silencio la hace posible. En el desplegar de la palabra a través del sánscrito se despliega toda una idiosincrasia, los múltiples colores de una cultura variopinta como es la India. El sánscrito nos conduce por la historia de pensadores, sabios, poetas, gramáticos, médicos, científicos, bailarinas, reyes... Nos muestra una de las maravillosas formas que toma la Vida en este mundo. El estudio del sánscrito es para mí una de las formas de entrar en contacto con el significado profundo de algunas tradiciones sapienciales de India en las que veo reflejadas grandes cuestiones de la existencia que resuenan en mi corazón. Montse Simon es licenciada en filosofía, especializada en filosofías y religiones de la India y sánscrito en Benarés (universidad y estudio de textos clásicos con pandit Narayan Mishra), amplía estudios de sánscrito en Alemania y de vedanta con Sw. Nityananda Giri (Tamil Nadu, India), formación de profesora de yoga y yoga terapéutico. Da clases de yoga, vedanta, filosofía india y sánscrito Namaste. Curso de Iniciación al Sánscrito Un sábado por la mañana al mes: 25 octubre 22 noviembre 20 diciembre 24 enero Información y reservas: Escuela de Yoga de la Tablas / info@escueladeyoga.org http://www.escueladeyoga.org/index.php/cursos-y-talleres/item/161-talleres-de-sanscrito-curso-2014 [2] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2014/10/Om-sanscrito.jpg [2] http://www.escueladeyoga.org/index.php/cursos-y-talleres/item/161-talleres-de-sanscrito-curso-2014

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