El relámpago que danza

¿Algo te atrae hacia la búsqueda espiritual? ¿Qué te puedes encontrar al final del camino si te decides a profundizar en el Yoga? Quizás “un relámpago que danza”. Escribe este artículo Saúl Martínez, director de la formación profesional de Yoga del Centro Nagual de Madrid.

Relámpago

Los seres humanos hemos buscado –y en ocasiones hallado– el lugar donde se asienta el sentido de la existencia. Jamás en nuestra historia hemos vivido momentos como los actuales, en los que la posibilidad de acceder a las enseñanzas espirituales de todas las tradiciones es tan vasta como posible.

Las vías monásticas y ascéticas, dado su propio carácter, pueden desconectarnos de la vida y de las posibilidades de aprendizaje que ésta nos ofrece. Sin embargo, una vida enteramente mundana, alejada de toda propuesta de trascendencia, nos aboca a la desesperación y a la infelicidad. Por esa razón el Yoga es una feliz posibilidad como propuesta práctica.

Las técnicas del Yoga nos ofrecen la posibilidad de aprender a trabajar con nuestros miedos y pautas del pasado como elementos de aprendizaje en nuestro camino espiritual. Este proceso exige individuos hechos en la clarificación de su mundo psicológico y animados por la autenticidad en la búsqueda de los aspectos superiores de su personalidad.

Las grandes enseñanzas y técnicas que se proponen en el Yoga pueden sonar en ocasiones extrañas, y, a lo peor, incomprensibles. Sin embargo puedo asegurar que funcionan, sobre todo si las sabemos revestir de la madurez indispensable a todo proceso de búsqueda interior y si no perdemos nuestro carácter de occidentales. Por ello, debemos diferenciar en todo momento las verdades a integrar en nuestra existencia de los aspectos culturales que, por foráneos, nos pueden resultar sumamente atractivos pero que quedan demasiado lejos de nuestra rica herencia cultural.

Con la divulgación de la milenaria técnica hindú del Yoga nos han llegado filosofías como el budismo o el tantrismo y, con ellas, la necesidad de pasar de la divulgación a la profundización en estos temas. Lamentablemente sigue existiendo un cierto desconocimiento de las metas reales que estas técnicas persiguen. Todo ello indica dos cosas: la primera, que no se ha sabido divulgar de una forma suficientemente clara lo que realmente es el Yoga; la segunda, que los propios profesores, maestros y divulgadores del Yoga no hemos sabido explicar la esencia de nuestras prácticas de forma que llegaran claramente a los receptores o simplemente alejaran a todos aquellos que se atrevían desde su desconocimiento a opinar o a impartir clases.

El objetivo último

La espiritualidad implícita en el Yoga lo convierte ciertamente en una técnica especial. Muchas de las enseñanzas que contiene tienen todavía un marcado carácter de índole secreta o esotérica. No obstante, ello no debe ser obstáculo para que podamos ir ganando en profundidad o conocimiento. Hay una visión del Yoga “iniciática” que trata de vías de acceso a unas formas de conocimiento que conducen al practicante a una nueva manera de vivir y entender su existencia. Hay otra visión “profana” cuyas aplicaciones y divulgaciones quedan enmarcadas en los ámbitos de salud o bienestar físico, aunque desprovistas del contenido de profundidad que las caracteriza.

El objetivo último es realmente práctico: llegar a experimentar el “vacío de todos los fenómenos”, descubrir que no existe un “sí mismo” inherente a ellos y así realizar la “auténtica naturaleza de la mente”.

En toda la historia de la humanidad, muchos han sido los seres, conocidos o desconocidos, que lo han logrado. Si estas leyendo estas palabras, es que hay algo en ti que te impulsa a la búsqueda. Y ese algo es la más legítima de las aspiraciones a la que el ser humano puede acceder.

Todo, absolutamente todo, lo que llamamos realidad compone una dulce música que suena en lo más profundo de nuestro ser como “vacío” y “plenitud”. Descubrimos entonces la danza inherente a esta música que nos hace fluir en el mundo de la oscuridad y de la luz. Y la gran revelación del baile es que, de una forma natural, “el relámpago danza”, la separación no existe, y ello ocurre a cada instante.

Saúl Martínez. Maestro de Yoga y Tantra. Director de la formación profesional de Yoga del Centro Nagual de Madrid.

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