Yoga y amor a la sabiduría

La práctica de auto-observación experiencial que ofrece el yoga facilita la concentración necesaria para iniciar los procesos contemplativos y para despertar las inquietudes existenciales y filosóficas más profundas. Escribe Nale.

Quizás para reflexionar sobre yoga y filosofía sería interesante diferenciar entre escuelas, linajes, interpretaciones de yoga contemporáneo, sendas del yoga y filosofías del yoga. Sin embargo creo que será más sencillo iniciar la reflexión desde la idea original de filosofía como amor –phileo– a la sabiduría –sophia-. Y es que los que se entregaron al amor a la sabiduría siempre iniciaron el trayecto hacia el interior. No buscaron la fuente de la felicidad fuera: éxito, fama, belleza, riqueza o cualquier elemento de poder. Al menos, sin asumir la responsabilidad humana que éste implica. Tampoco, en el desarrollo de su autonomía, suelen ser representantes de dogmas, tópicos o convenciones del mundo de la apariencia. Ni es posible el desarrollo de la claridad mental y la paz interior sin una ética basada en la comprensión profunda.

Todas las filosofías del yoga desarrollan mapas para inspirar dicho trayecto interior. Inspiran a ese filósofo y/o yogui que todos llevamos dentro a desarrollar viveka, la capacidad de discernimiento. Es necesario ver las diferencias entre la senda de la ignorancia y la de la sabiduría para no perderse. Podríamos iniciar el trayecto de viveka en el acto de responsabilidad ante la interpretación/creación de la realidad y continuar hasta comprender que el mal es ignorancia. Y ya que hemos llegado tan lejos y tan cerca, propongo una pausa reflexiva para fusionar ambas ideas, permitir que resuenen en nuestro interior y puedan ser un propósito activo: “los límites de mi comprensión son mis propios límites”.

Cuando hablamos de comprensión filosófica, hablamos de comprensión como un estado de Ser, como una experiencia sentida. A veces, me refiero a ello como aceptación-amor-comprensión para intentar acercarme con las palabras a una “realidad viva” de la que las palabras, a veces, nos alejan.

Por eso añadiría que el yoga es una filosofía especialmente interesante, porque tiene muchos recursos y técnicas que no utilizan tan sólo la vía reflexiva.

Yoga, ejercicio de autoconocimiento

Sin entrar en matices de estilos, la base de las técnicas del Hatha yoga es el pranayama. Es decir, el yoga asienta sus prácticas en técnicas de control respiratorio que afectan a todo el organismo y, sobre todo, al sistema nervioso. Al ser el sistema respiratorio el único que podemos controlar de manera autónoma, podemos afirmar que aprendemos a dirigir mentalmente la respiración para aprender a dirigir nuestra mente. Además, al ser constantes, vamos activando nuevos alvéolos y ampliamos gradualmente la capacidad pulmonar. De este modo todo nuestro organismo dispone de más energía. A través de dicha consciencia fisiológica, vamos desarrollando las posibilidades de responsabilizarnos de nuestro equilibrio. Lo cual podría ser un ejemplo de comprensión “viva” experiencial, independientemente de que podamos traducir dicha consciencia en palabras. La experiencia descrita una vez realizada facilita la comprensión de intentar sostener el mayor equilibrio posible en cualquier circunstancia. Amor en acción hacia nuestro propio organismo.

Y desde esta comprensión de empoderamiento o autonomía interior, las asanas pueden ser experimentadas cómo formas que asume nuestro organismo para adaptarse al mundo. Y si seguimos profundizando en el bien como conexión con nuestra sabiduría interna, podrá comprenderse como un entrenamiento vital para intentar sostener SATVA -el mayor equilibrio posible-, en cualquier circunstancia, más allá de atracciones o aversiones.

De este modo, la práctica, que podría confundirse con una práctica gimnástica, se convierte en un ejercicio de autoconocimiento. Y en el momento en el que la práctica se hace más íntima y profunda, se va desde ese Pratyahara o atención interna, a la práctica en estado meditativo. Cuando logramos practicar Hatha de este modo, se convierte en un entrenamiento psico-físico-energético o en un juego filosófico, que se realiza en la esterilla para aplicar a la vida.

Intentando acercarnos a la misma idea desde una perspectiva más global, podemos decir que el yoga es una filosofía transformadora con multitud de ejercicios prácticos capaces de equilibrar un mundo que enfatiza la actividad del hemisferio izquierdo: lógica, racional, verbal, resolutora de problemas, enfocada hacia la acción y el mundo exterior. Equilibra dichos excesos que fomenta la sociedad, poniendo énfasis en la mencionada experiencia fisiológica interna, actividad más propia del hemisferio derecho. Dicha práctica de autoobservación experiencial facilita la concentración necesaria para iniciar los procesos contemplativos y para despertar las inquietudes existenciales y filosóficas más profundas.

La mayoría de las sabidurías ponen énfasis en la “vía del medio”. Por otro lado, se puede ver el equilibrio hemisférico como algo que facilita la ausencia de conflicto entre el mundo externo -hemisferio izquierdo- y el mundo interno -hemisferio derecho-. Es decir, la paz, la claridad mental y la comprensión. Ese “hombre y mujer a la vez simbólico”, que se atribuyó a algunos sabios, señalando el equilibrio entre la energía femenina y masculina. Equilibrio expresado en los términos Hatha (ese Sol-Luna tan cercano al yin-yang), o en la unión de Shiva-Shakti (consciencia y energía vital). Tierra y cielo o entre lo mundano y lo espiritual, expresan la misma idea: la valentía de optar por una vida plena y consciente.

Lo que propongo a continuación, más allá de las apariencias de algo serio, es tan poco matemático cómo la vida, tan sólo un juego de pensamiento:

Autonomía interior = Responsabilidad en el propio equilibrio interno = aprender a sostener el mayor equilibrio que nos sea posible en cualquier circunstancia = Amor en acción hacia nuestro organismo = ausencia de conflicto entre el mundo externo y nuestro mundo interno = Equilibrio hemisférico = Aceptación-Amor-Comprensión.

Y desde la responsabilidad de juego, hacia una comprensión despierta y amorosa, con una gran capacidad de visión y discernimiento, con una gran comprensión/compasión-sin justificaciones-. Jugando a desarrollar una comprensión no tan sólo conceptual, sino experiencial y autoconsciente, no tan sólo ideal, sino real y sentida. E insistiendo en el juego con alegría para poder ver más allá de lo que antes eran apariencias.

Nale. Licenciada en Filosofía por la UB. Acharya de yoga, formada en diversas escuelas, lleva más de veinte años en el mundo del yoga y su enseñanza. Directora de la Formación de Profesores de Yoga de la Asoc. de Yoga y Filosofia.

http://formacion-yoga.org/

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Door • 2 Feb, 2017 • Sección: Handtekeningen