Entrevista con Javier Ruiz Calderón: “La clave es que el yoga aporte libertad”

Intelectual y yogui tradicional, Shánkara huye de fundamentalismos. Al contrario, afirma: “El objetivo del yoga es la liberación, y el yoga moderno, aunque no se plantee como objetivo la liberación absoluta, si se plantea que la persona sea más libre en alguna medida, sí sería yoga”. Sus palabras hablan de equilibrio entre inteligencia y corazón. Entrevista Yoga en Red.

Javier Ruiz Calderon

Javier Ruiz Calderón (Shankara), es discípulo de Swami Krsnananda Sarasvatī y de Mātā Amrtānandamayī (Amma). Su currículo, que podemos leer abajo, es el de un intelectual especialista en pensamiento índico, pero dentro de él aún sonríe una infancia ávida de experiencias espirituales:

“Fui de esos niños que desde los once o doce años empezaron a mostrar interés por la espiritualidad. Mi padre tenía un libro de yoga, lo leí y quise seguir leyendo cosas, pero en aquel tiempo estaba Ramiro Calle y poco más. Me gustaban mucho ver la serie de televisión Kung Fu, esas escenas en las que el protagonista mostraba mucha sabiduría y ecuanimidad y su maestro le daba sus enseñanzas”.

“Luego llegaron a Madrid Swami Vishnudevananda y yoguis con pedigrí, discípulos de un gran maestro de la India, Sivananda, y empecé con ellos a los catorce años. Aunque a los trece ya le había escrito a Swami Chidananda, discípulo de Sivanandanda en Rishikesh: “Dentro de ocho años, cuando sea mayor de edad (entonces era a los veintiuno) iré a la India y seré tu discípulo”. Y me contestó: “Estaré muy contento de guiarte, pero por ahora estudia…”. Y le volví a escribir diciéndole: “Hago el saludo al sol, ásanas básicos, respiración alterna y bhastrika”. Y me respondió: “Haz todo eso pero no bhastrika, hasta más adelante”. Entonces pensé que esperar ocho años era demasiado y que me iba a ir en bicicleta a la India. Y todavía conservo el atlas donde marqué las doscientas etapas de cincuenta kilómetros que iban a llevarme ir de Madrid a Rishikesh”.

Conoció a su primer maestro , Swami Krsnananda Sarasvatī (del Sivananda Ashram) en el año 88, ya con veintisiete años, la primera vez que fue a la India, a Rishikesh “Estuve seis meses en el áshram, le pedí todos sus libros, que había escrito treinta,e hice una tesis doctoral sobre su filosofía”. Fue su discípulo hasta su muerte en 2003.

Después buscaste un nuevo maestro. ¿Cómo elegiste a Amma?
Fue en 2003. Amma, además de dar abrazos es una yóguini y una maestra de primera, y está instalada desde pequeña, yo creo, en el estado final del yoga. Me costó un poco decidirme porque es como una guru de masas, con miles de personas alrededor, y parece difícil tener un trato con ella cara a cara todos los días. Ahora estoy muy satisfecho, y en todos los momentos en los que he tenido dudas, preguntas, se las he podido hacer en persona y me ha contestado. Es muy trabajadora, no duerme apenas pero tiene una energía tremenda.

Te especializaste en filosofía de la religión…
Sí, y empecé a dar clases en la universidad sobre religiones orientales. Era una universidad católica, y al cabo de unos años el obispo de Madrid dijo que ese máster no podía darse allí y lo cerró. Justo en ese momento me dieron una beca para ir a la India y estuve tres años allí traduciendo textos de Vedanta. O sea que mi trayectoria ha sido, por una parte, práctica espiritual de yoga con maestros, a la manera tradicional y, por otra parte, una carrera académica de profesor, escritor, traductor.

Buena parte de esa actividad la desarrollas mediante talleres en centros de yoga.
El yoga es pura práctica, pero ha habido mucha incultura, y faltaba el gramo de teoría. Había gente que tras dedicar toda su vida al yoga decía que el yoga existía hace cinco mil años y cosas así. Ahora quienes se dedican al yoga van enterándose de su contexto. Ese es un ambiente en el que me encuentro muy cómodo y hablo de las cosas que me gustan a practicantes de yoga.

¿Qué opinas de la evolución del yoga?
Hay que distinguir entre el yoga tradicional y el yoga moderno. El yoga tradicional es un camino espiritual cuyo objetivo es conseguir la liberación. Y dentro de él hay diversos tipos de yogas; uno es el hatha yoga, que intenta llegar a ese estado final mediante el control del cuerpo, la mente y las energías sutiles.

En el yoga tradicional no existían las “clases de yoga”, sino un maestro en un estado avanzado que enseñaba a sus discípulos el camino que él había recorrido. Es una guía y una práctica individual, con algunas cosas que se hacen en grupo. El yoga moderno, que se empezó a desarrollar en torno a los años veinte del siglo pasado, es el de las clases de yoga. Empieza en la India, antes de Krishnamacharya incluso, y es una combinación de técnicas del hatha yoga tradicional con la gimnasia occidental, donde hay clases colectivas en las que el profesor da las mismas instrucciones a todos los alumnos, con más o menos adaptaciones.

Dentro del yoga moderno hay dos líneas: una que conserva la finalidad espiritual y otros estilos de yoga cuya finalidad es estar mejor física y mentalmente, crecer personalmente, pero olvidando esa aspiración tan elevada que es la liberación. No sé cómo se podría llamar a esta línea del yoga moderno, más popular. Creo que es legítima y que es yoga, aunque haya gente que diga que eso no es verdadero yoga. A mí me parece que sí lo es porque utiliza técnicas tradicionales y porque aunque no se aspire a llegar a la liberación absoluta, en toda práctica del yoga hay un grado de liberación y de paz interior. Cualquier pequeña mejora que se consiga en ese campo, va en la dirección del yoga.

¿Y cómo están evolucionando tus propias inquietudes respecto al yoga y a tu trabajo?
En el trabajo intelectual, desde hace mucho me interesan los estudios índicos: filosofía, espiritualidad, religiones de la India, sánscrito. Y otra línea de mis intereses es más general: filosofía de la religión, de la espiritualidad, diálogo interreligioso, religiones comparadas… Por ejemplo, fui invitado recientemente en el Monasterio de Silos para hablar durante una hora hora y después dialogar con miembros de otras religiones.

En mi estudio personal, lo que más me gusta es traducir y hacer ediciones de textos sánscritos. Y en clase, me gusta comentar textos, coger un texto –de la Hatha Yoga Padrípika, Bhágavad-Gita, Úpanishads– e ir leyéndolo poco a poco y casi ir explicándolo palabra por palabra. Tiene mucho jugo saber de qué raíz viene una palabra, cómo se relacionan unas palabras con otras… Sirve para entender muchas cosas que, si no, no se comprenden.

Hay que saber un poco más de sánscrito porque, por ejemplo, casi todos los libros en sánscrito los hemos traducido del inglés, y como en el inglés no hay géneros ni acentos, no se suele saber si una palabra es masculina o femenina o cómo se acentúa. Así, en realidad es el ásana y no la asana. En suma, decimos muy mal las palabras en sánscrito, y conviene ir aprendiendo poco a poco, sobre todo a los profesores de yoga.

¿Y para el practicante medio? ¿Qué valor añade a su práctica conocer esas referencias culturales del yoga tradicional?
Depende de lo que uno llame yoga. Si está haciendo técnicas de origen yóguico con una mera finalidad higiénica, no hace falta saber nada de eso. Pero si uno aspira a crecer personalmente mediante el yoga y se aproxima más al yoga tradicional, viene muy bien conocer el contexto del yoga y los textos de donde procede. ¿Por qué? Porque entiendes mejor lo que estás haciendo. Swami Krishnananda, mi primer maestro, insistía mucho en eso: hay que entender qué estás haciendo porque si no, no puedes hacerlo bien, es imposible. Amma, mi maestra actual, que es muy devocional y tiene fama de que es todo amor y corazón, nos dice: tenéis que entender muy bien los principios espirituales, porque de lo contrario ni la devoción ni nada servirá. Aunque estés haciendo tu práctica con gran pasión, si no entiendes lo que haces, no puede servir para nada.

Vivimos en una época y lugar, y es inevitable que la popularización del yoga implique adaptaciones y variaciones. En tu opinión, ¿qué es lo imprescindible del yoga, su esencia, lo que no puede faltar en el yoga actual?
“Yoga” en la India significa cualquier camino espiritual que lleve a la liberación. Eso era así, era su esencia hasta principios del siglo XX; pero el yoga moderno no ha de aspirar forzosamente a ello, porque si fuera así la mayor parte de los yogas que conocemos no serían yoga; eso sería ir en contra de algo que ya se ha impuesto y que se llama también yoga, aunque no en sentido tradicional.

Ma para que haya yoga tiene que ser algún tipo de práctica que haga a la persona crecer en libertad y paz interior; eso es lo esencial, esencialísimo. Si la persona tiene como anhelo lo espiritual, seguramente hará yoga en un contexto más tradicional. Y otras personas menos espirituales harán yoga en el sentido moderno, y notarán más paz interior y por lo tanto serán más libres. La libertad es la clave; lo que se busca en el yoga es Moksha, la liberación, liberarse de todas las esclavitudes interiores, que son muchas, pues estamos enganchados a muchas cosas, no somos autónomos sino que dependemos de situaciones, de objetos…

El objetivo del yoga es la liberación, y el yoga moderno, aunque no se plantee como objetivo la liberación absoluta, si busca que la persona sea más libre en alguna medida, sí sería yoga.

Incluso un maestro tradicional como era Swami Chidananda, decía: “Normalmente se piensa que la liberación es algo que está ahí en el futuro, algo que hay que conseguir, pero no; eso lo decimos para motivar a los discípulos. En realidad la liberación está aquí y ahora, porque en cualquier momento que meditas, que haces un ásana, en ese momento te estás volviendo más libre”. Cada momento, cada día que haces yoga, eres un poco más libre. Eso conserva mucha relación con el yoga tradicional.

Luego puede haber cosas contrarias al espíritu del yoga…
Hay tres gunas o estados mentales: pasividad (tamas), agitación (rajas) y equilibrio (sattva).El yoga busca llegar a un estado sáttvico; cualquier supuesto yoga que te ponga rajásico o tamásico no tiene nada que ver con el yoga. Si un estilo de yoga moderno tiene alguna relación con el yoga tradicional y va en la línea de más paz, más libertad, es coherente con la tradición del yoga; pero aunque procediera de la tradición del yoga, si tiene un objetivo que es opuesto, ya no tiene sentido llamarlo yoga.

A veces no entendemos que las rigideces, los fundamentalismos en el yoga, no liberan, sino al contrario.
Infatti el yoga es un medio, y el objetivo, la transformación interior personal. Todo lo que ayude es bueno y lo que perjudique, malo; y hay que adaptarlo lo que haga falta. Yo, como occidental operado de menisco, lo máximo que puedo estar sentado con las piernas cruzadas son veinte minutos. Cuando voy a la India, me siento en una silla, igual que cuando doy cursos de cualquier cosa, y con una mesita delante y todo. Si se puede, es mejor hacer las posturas tradicionales, porque tras siglos de práctica se sabe que tienen efectos muy positivos sobre la mente; pero si uno no puede o se va a lesionar, mejor no hacerlas.

¿Seguimos las prácticas porque entendemos su sentido, como tú decías antes, o porque “si siempre se han hecho así, será por algo”?
Hombre, que algo venga de una tradición venerable tiene su peso. Si no hay ninguna razón fuerte para cambiar una práctica tradicional, suele ser mejor conservarla. Por ejemplo, un mantra tradicional, que no tienes ni idea de lo que significa pero sabes que viene de los grandes maestros, lo dices y crea un efecto especial, porque tiene historia, su pátina.

Las posturas de meditación -espalda recta, piernas cerradas sobre sí mismas, cuerpo firme y relajado a la vez- no puede haber muchas, y la tradición ha demostrado que son buenas. Y no solo porque procedan de la costumbre india de sentarse en el suelo. Cuando te sientas en una silla, el cuerpo no está tan interiorizado, hay una sensación inconsciente de que algo se va por los pies… Falla algo, al margen de que creas o no en pranas o energías. Lo cierto es que se medita peor sentado en una silla que sentado con las piernas cruzadas.

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Ulteriori informazioni:
http://www.escueladeyoga.org/index.php/component/k2/item/161-talleres-de-sanscrito-curso-2014

Javier Ruiz Calderón (Shankara) es doctor en filosofía y está especializado en pensamiento indio y filosofía de la religión, temas sobre los que desarrolla una intensa labor investigadora, docente y divulgativa. Ha sido profesor de Historia de las Religiones en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) e investigador en el Instituto de Filosofía y Religión Jnana Deepa Vidyapeeth (Pune, India).Entre sus publicaciones se encuentran los libros Dhammapada (2004), Breve historia del hinduismo (2008) y Il Bhagavadgita (2008) y Vedantasara. La esencia del Vedanta (2009).

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Da • 7 Jan, 2014 • Sección: Intervista