Entretien avec Christine McArdle: « yoga aide les enfants et les enseignants »

Christine McArdle es una conocida especialista en yoga terapeútico para niños y en proyectos educativos de inspiración yóguica. Abierta y expresiva, apuesta por un cambio radical en el sistema educativo occidental. Y también por un yoga más social: “No creo que volvamos a un yoga bhakti indio sino a algo nuevo… y a veces tiznado de los fallos de nuestra sociedad”. Entrevista Yoga en Red.

Christine

Nació en Nueva York y vive desde hace cuatro años en Granada. Tiene un máster en Educación y ha enseñado en escuelas públicas y privadas a niños den todas las edades. Experta en métodos educativos alternativos, se entrenó en las escuelas Montessori y Waldorf (Rudolph Steiner), pero son las herramientas basadas en el yoga, y en particular en las del Anusara Yoga, las que le están dando mejores resultados en su labor educativa con niños.

Christine es la creadora del Programa de Formación para Maestros de Yoga Para Niños OM Shree OM, y ha entrenado a cientos de maestros en varios países. En Madrid es en Ville Yoga donde los interesados pueden obtener más información, y también en el facebook de OM Shree Om.

¿Cuál es el objetivo de Home Shree Home?
Es un juego de palabras que remite a la frase “hogar dulce hogar”. Y ese es el objetivo: crear herramientas para llevar a los niños de vuelta a su corazón.

La formación de yoga para niños es mi prioridad de momento, pero además ahora tengo por delante un proyecto muy ilusionante. Estoy en una escuela alternativa de Iznalloz, en Granada, donde no doy una hora de clase sino todo un día de dinámicas yóguicas. Es un proyecto nuevo de dinamización que me ha encantado, porque es una mezcla de pedagogías que llevo enseñando años, para niños de 5 y 6 años”.

Has trabajado en tu carrera con los métodos Montessori y Waldorf.
Sí, pero en este proyecto los padres se quedan todo el día a trabajar con nosotros, voluntariamente. En Waldorf y Montessori a los padres les quieren fuera, y recuerdo que a mí como madre eso me molestaba mucho; yo quería estar, quería aprender. Los resultados de trabajar padres y maestros con dinámicas yóguicas son fabulosos. Este es un proyecto que iré desarrollando poco a poco a lo largo de mi vida.

Otro trabajo que tengo entre manos es con adolescentes de etnia gitana, en un centro público donde se imparten clases compensatorias. La maestra no sabía muy bien cómo abordarlo y yo me brindé a ayudarla. Y las clases han sido tan fascinantes… No estoy tan sorprendida, sabía lo que podía ser, pero los maestros y los directores están completamente fascinados. Llevo años moviendo el trabajo de yoga para niños de todas las edades, pero sé que lo que va a empezar a difundirlo rápidamente es ver los resultados con niños y adolescentes con riesgo de exclusión y fracaso escolar.

¿Cuáles son los beneficios del yoga para niños con problemas (y sin ellos)?
¡Y para todo ser humano! Te pone en contacto contigo mismo. Somos cuerpo, mente y espíritu o corazón. Veo que la práctica une esas tres fuerzas, y al unirlas y equilibrarlas podemos aprender mucho mejor, somos más felices, más centrados, más abiertos… Pero cuando hay desequilibrios en cualquiera de esas tres fuerzas, puedes ser más agresivo y se puede cortar el aprendizaje. Es el caso de los niños que vienen a clase con una tensión fuerte debido a abusos u otras muchas razones.

Hoy día sabemos que en una situación de estrés mantenido lo que funciona es la parte más primitiva del cerebro, que está en modo de lucha o huida. Y sabemos que las conexiones neurológicas de la parte prefrontal y cognitiva del cerebro no están activadas porque se están usando todos los recursos para resolver la situación de estrés. Entonces, el yoga es la solución para niños que viven en ese estado y necesitan volver a tener esas conexiones para seguir aprendiendo.

¿Y más beneficios que hayas observado?
El yoga ayuda muchísimo a la integración de todos, porque hacemos posturas dinámicas y actividades de conciencia en las que tú y yo somos iguales. En la educación convencional más bien sucede al revés, tú eres el tonto y yo el listo. El yoga beneficia la integración de etnias, de sexos, sociocultural…

Yo intento no solo que la práctica te relaje, sino que te ayude a soltar trauma. Está científicamente estudiado que el trauma se queda fijado en el cuerpo. Me he guiado mucho por la terapia llamada Somatic Experiencing, que ha investigado todo tipo de trauma y concluido que, sin necesidad siquiera de hablar de ello, podemos liberarnos simplemente trabajando el cuerpo. Y con eso ya obtenemos otra perspectiva de la vida en sí, y podemos aprender y crecer de una forma más equilibrada. Y eso muy poca gente lo cuenta como un beneficio.

¿Más beneficios del yoga? Concentración, aprender a respirar, a cuidar la higiene, incluso. Veo que los niños han cambiado la ropa que llevaban, se cuidan para venir a clase de yoga, y esto es un apredizaje que la maestra normal no les da.

Trabajas también con las emociones…
Muchísimo. Para mí es importante destacar aquí el Anusara Yoga. John Friend nos ha enseñado que asociamos las pautas emocionales a las sensaciones físicas. No es simplemente que estires el brazo, sino estar consciente de todo el cuerpo mientras recibes esa pauta.

Imagina que se trata de arraigarte para sentirte más libre, que es una pauta clásica del Anusara. Les digo a los niños que sientan todo su cuerpo y cómo sus raíces van más allá del suelo. Y ya hay otra intención más allá de mover el cuerpo. Y sigo: Ahora toma aire y desde el corazón extiende tus brazos y tus manos e imagina que abres la puerta a un pájaro enjaulado y le dejas volar, siente lo que es dar esa libertad…

Es un trabajo dar una clase así, pero funciona, cambia a las personas rápida y radicalmente. Cuando trabajamos esos temas emocionales una y otra vez enlazándolos con el cuerpo y los movimientos, el trabajo es profundo. Y no solo porque los alumnos han cerrado los ojos y han entrado y visto sus problemas, sino porque además les damos las soluciones, físicas, mentales.

Qué satisfacción ver a los niños mejorar…
Hay niños a los que nunca les han enseñado a relajarse, a sentir su respiración. No tiene precio que les demos esas herramientas ahora, que crezcan con ellas; esto va a hacer que sean personas más centradas, que sepan quiénes son, qué necesitan y cómo afrontar los problemas. Y, sí, ves los cambios a mejor rápidamente; ves niños que quieren hacer otras cosas con sus vidas. Porque no tienen 40 años de carga en la mochila como nosotros, sino 10 o 15, y esa carga se libera más rápidamente. Cuanto más tiempo has vivido con un trauma, más tiempo te lleva quitártelo.

Un trauma frecuente, que quizás padecemos la mayoría, lo genera la propia educación cuando nos condiciona para ser lo que no somos…
Si eso es extraordinariamente traumático. Yo me hice maestra porque surgió la oportunidad en Estados Unidos, probé y me enamoré. Pensé que todo el mundo tenía que dedicar un tiempo de su vida a estar con niños de cinco años para aprender de la vida misma. Era una situación privilegiada, trabajando proyectos que involucraban varias culturas e integraban también a los padres. Cuando, por la misma época, tomé mi primera clase de yoga, pensé: esto es lo que tengo que enseñar a los niños. Y de ahí empecé a investigar la pedagogía alternativa, los métodos Montessori y Waldorf (lo que había entonces en Estados Unidos). Me cambió la vida y dije: esto es lo que quiero. Pero luego pensé que eran escuelas privadas y que había que tener un nivel económico para acceder a ellas y dije: no, no; hay que ver cómo podemos ayudar desde la escuela pública. Y pensé evidentemente en el yoga. Y empecé a enterarme de que había gente como yo investigando cómo ayudar a los niños desde el yoga en las escuelas de las áreas más conflictivas de Los Angeles, Yoga ED, así se llamaban.

Así fue como me hice especialista de yoga con niños, pero dejé de ser profesora porque vi que el sistema era fallido.Y todavía siento que el yoga sigue siendo una gran herramienta de cambio, y no solo ayuda a los niños a cambiar, sino también a los maestros. En mi proyecto de Iznalloz (Granada) del próximo curso los profesores tienen clase de yoga cada semana. Y los padres están invitados a venir a clase de yoga todos los martes con los niños. Alguna madre me ha dicho: “Es como que venimos a una escuela de padres”. Porque las pautas que enseñamos a los niños, de afirmarse, o de defenderse, o de abrirse, también les valen a ellos.

¿Cuál es el modo idóneo de asociar el yoga a la educación? Como actividad extraescolar no es lo que más deseáis los pedagogos, sino que preferís integrar el yoga en el aula, ¿no?
Los niños de Iznalloz tienen yoga un día a la semana como una materia que podemos llamar como queramos: aprendizaje social, emocional y físico. Básicamente es una integración de cuerpo, mente, espíritu. También puede ser dentro de la hora de educación física, cuando la escuela opta por el alineamiento y bienestar del yoga.

Una de las cosas en las que insisto mucho en mi formación es que educamos y motivamos al niño, no le imponemos el yoga. Si ves que en una escuela prefieren otras cosas, como el fútbol, acéptalo y trabaja con lo que tienes; por ejemplo prepárales con estiramientos inteligentes.

La francesa Micheline Flak (Research on Yoga in Education) forma a profesores para que utilicen herramientas yóguicas antes de la clase, respiración, concentración, a fin de preparar a los niños para aprender. Me parece bien, pero estamos en las mismas a nivel de pedagogía; la escuela sigue igual, pero ahora damos un plus para que los niños aguanten más. Para mí esa no es la respuesta, soy partidaria de una reforma educativa mucho mayor. Me alegro de que los maestros tengan esas herramientas para ellos mismos y para los niños, pero es como poner un parche…

¿Y una clase semanal como actividad extraescolar no se queda corta?
¡Me gusta más llamarlo un club de yoga en vez de “clase”! ¿No hay clubes de fútbol o de basket? Entonces los niños van porque es divertido, y no porque su madre les ha apuntado porque se tienen que relajar. Hay niños que les gusta la magia de entrar en uno mismo y compartir con los demás. Pero si lo toman como una obligación, hasta que no te ganas al niño es un sufrimiento. Y no todos los profesores saben ganarse a un niño. Trabajar con niños es todo un mundo…

Parece que cada vez cuesta más mantener la atención de los niños, debido a la creciente cantidad de estímulos a los que están sometidos desde bebés.
Sí. Si cada vez van a nacer niños más sensibles o más especiales (como defienden las teorías de la Educación 3000 y los niños Índigo, etc.), como no cambiemos lo que estamos haciendo van a estar cada vez más deprimidos. Yo he visto niños deprimidos en la escuela y no es que tengan un problema familiar, es que no les gusta lo que están viviendo en el aula. No estamos llegando a sus necesidades, que quizás sean más sutiles. Tenemos el mismo sistema educativo que hace 40 o 60 años, no hemos cambiado nada. Y hablo de todo el mundo, incluido Estados Unidos. Hay muchas cosas que cambiar, pero mi granito de arena va más por aquí, por la educación.

¿Y percibes que se vaya progresando?
Sí, en todo. Hace cuatro o cinco años, cuando llegué a Granada, tenía clases de diez alumnos, y ahora son de 50 para arriba. Antes el 80% de los alumnos que venían a mi formación de yoga para niños eran profesores de yoga; ahora un 20% son profesores de yoga y un 80% madres y padres que han asistido a clases de yoga y han dicho: esto es lo que yo quiero para mis hijos, para los niños, para hacer algo por el bien común.

Tú conoces bien el yoga en Estados Unidos. Parece que, en general, prima lo corporal en detrimento de lo espiritual.
Creo que en Estados Unidos les encanta su cuerpo y la competencia; eso se respira, se ve. Los que ya nos hemos lesionado sabemos que el yoga no va de presionar tus límites. Lo físico es importante pero tiene que haber un equilibrio. Pero en general no estamos por volver a las cuevas a meditar y a hacer un yoga más bhakti, yo eso no lo veo. Incluso los budistas tibetanos están cambiando sus prácticas radicalmente; ya no pueden enseñar a los occidentales como hace diez años.

Creo que John Friend, aunque ha habido fallos en su camino, sí ha llevado con el Anusara una conciencia nueva de espíritu yóguico. Es sorprendente; se ha contado todo lo peor sobre él pero no se ha contado lo bueno que ha hecho a nivel de filosofía y de volver a centrar la práctica en el corazón, en el bienestar de la comunidad. Sus discípulos están haciendo un yoga precioso con una filosofía de la vida, no solo interior sino exterior, muy positiva para la humanidad.

En Estados Unidos siempre convive lo bueno con lo malo. Bikram, el culto al cuerpo, la competitividad, todo eso existe, pero el otro río también fluye y está cambiando comunidades enteras. No creo que volvamos a un yoga bhakti indio sino a algo nuevo… y a veces tiznado de los fallos de nuestra sociedad.

Me encantada caminar por Manhattan a las 8 de la mañana y ver decenas de personas con su esterilla; hombres, mujeres, niños, hasta los perros llevan esterilla. En vez de correr por Central Park y dañarte las rodillas, vas a clase de yoga. Y además, si tienes una buena profesora con una visión amplia y una conciencia amorosa, vas a salir a hacer cosas muy positivas ese día en tu trabajo.

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Par • 2 Sep, 2013 • Sección: Interview