Simplicidad radical: ¿Cuánto es suficiente?

Enoughness no significa caer en la pobreza involuntaria, sino descubrir quién eres en realidad y que necesitas.

Zen

Acababa de salir de un retiro en el Norte de la India de tres semanas; después de haber estado en el más absoluto silencio se me ocurrió sentarme en un kiosco del camino y se me acercó un occidental que acababa de llegar a India y pensaba recorrerla caminando.

Este señor me empezó a hablar de su relación con el dinero y de cómo había logrado su independencia financiera a pesar de que su mujer le engañó, su socio le llevó a la bancarrota y sus clientes le denunciaron. Era un famoso cirujano. Llegó a deber tanto a los otros, sin haber hecho nada delictivo, que en cierto momento tuvo que decidir si continuaba trabajando para seguir pagando hipotecas imposibles a los bancos o si quería plantearse otra vida, sin trabajar formalmente pero en la que tuviera suficiente para él.

Este cirujano oftalmológico finalmente decidió venderlo todo y trabajar solo con organizaciones que necesitaran sus servicios puntualmente. Ahora el reto de su vida es vivir caminando.

La pregunta del millón

De vez en cuando uno se va a un monasterio para un retiro de silencio. Las comidas son austeras y servidas por los monjes. Las grandes extensiones de tierras que rodean el camino no tienen vallas que los limiten. Hay ermitas minúsculas donde caben pocos seres. Cada cuarto tiene una cama pequeña de talla medieval, un escritorio, una silla y nada de wi-fi y la luz no funciona siempre. El lema: silencio, paz y vacío.

Poco importa si el monasterio esta aquí o en India. En retiro uno se pregunta: Si pudiera dejar de necesitar el mucho y quedarme solo con el suficiente, ¿sería feliz? La respuesta es sí.

A través de mi trabajo muchas personas me hablan de su sufrimiento; la economía personal es una de las fuentes más grandes de dolor. Aunque muchos están bastantes despiertos sobre dónde y cómo se producen las cosas, pocos se hacen la pregunta del millón: ¿Cuánto es suficiente?

Muchas de estas personas son incluso activistas, se dedican a trabajar contra las desigualdades, guerra o pobreza… Pero la locura más loca es que nuestra cultura de consumo también consume pobreza. Todas estas personas me reconocen en privado que nunca se han preguntado: ¿Cuánto es suficiente? ¿Cuántas guerras tenemos que ver para que sean suficientes? ¿Cuántos suicidios más tiene que haber para cuestionarnos el derecho pleno a una vivienda?

Todos nosotros podríamos aquí y ahora confesar nuestros “inconfesables lujos”, desde la timidez a la culpa dolorosa.

Desde mi experiencia y a través de esas relaciones, he observado algunas cualidades que pocos, muy pocos, tienen en relación a lo que “es suficiente” en sus vidas:

  • Conocen el propósito sentido de su vida, aquello que es más grande que su deseo y el nacimiento de otro deseo. Los deseos son inacabables, después de uno nace el otro. Un propósito sentido de la vida, por el contrario, regula las necesidades reales frente a los caprichitos o lujos preferenciales. Dirigen la atención a esos propósitos que realmente sirven como misión.
  • Saben en todo momento lo que tienen. Saben de dónde viene y a dónde va su dinero. Tienen el flujo de sus finanzas claro, con precisión y atención. Si tú no sabes cuánto tienes en cada momento, nunca sabrás si tienes lo suficiente.
  • Tienen un patrón interno fuerte de lo que son. Su sentimiento de “basta” no se basa en lo que tienen sus vecinos, o en lo que su familia espera de ellos: se mantienen fieles a sí mismos. Cada vez que tienen que comprar algo miran hacia adentro y ven si ese algo les hará realmente feliz, o es algo más para el armario, para acumular, olvidar y finalmente tirar.
  • Poseen un sentido de responsabilidad hacia el mundo, un sentido profundo de cómo es su vida y qué opciones encajan en el puzle y cuáles no.

Los modelos y teorías económicas que prevalecieron a lo largo del siglo XX han caído. Los economistas se apresuran a ofrecer soluciones catastrofistas mientras la gente lo pierde todo. Sin embargo, gran parte del mal había sido previsto años atrás por E. F. Schumacher, quien propuso una teoría de la “economía budista”.

Schumacher fue uno de los primeros en sostener que la producción económica era demasiado derrochadora con el medio ambiente y con los recursos no renovables. Pero aún más que eso, vio hace décadas cómo la producción y el consumo caerían, ya que la base de la economía moderna es insostenible. Criticó a los responsables políticos por medir el éxito económico en el crecimiento del PIB independientemente de cómo se produce ese crecimiento y a quiénes beneficia.

Schumacher sostuvo que la economía debe existir para servir a las necesidades de las personas, pero en una economía materialista las personas existen para servir a la economía. El trabajo es algo más que la producción, tiene el valor psicológico y espiritual… y como tal debe de ser respetado.

Era 1973, cuando “economía budista” y otros pequeños ensayos se publicaron en su obra “lo pequeño es hermoso”, promovió la idea de “enoughness” o ¿cuánto es suficiente? Desde una perspectiva budista, hay mucho más que sostener una economía que para aliviar los deseos, ya que la adquisición de cosas no nos hará más felices.

A partir de estas reflexiones, en las formaciones de Mindfulness incluyo un compromiso que puede ayudar a las personas a buscar la paz y a contentarse con lo que tienen y lo que necesitan, sin mayor deseo. El compromiso es descubrir cuánto es suficiente para ti, para ser realmente auténtico contigo y consumir solo eso y nada más. También se incluye el compromiso de procurar que todo el mundo tenga lo necesario para prosperar y acceder a lo más elemental. A través de este ajuste comprometido, la justicia social está incluida en tu atención plena, y eres parte de la sanación del mundo.

Saber cuánto necesitas, o hasta cuánto, o desde cuándo, es algo precioso que descubrir a través de un proceso auténtico de ver la vida verdadera con compasión plena.

Por Koncha Pinós- Pey Ph. D, www.estudioscontemplativos.com

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Von • 15 Apr, 2013 • Sección: MIMIND, Nachhaltigkeit