يوجا القراصنة

'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

Vender yoga
Publicado el 17 Mar, 2017

Compartimos por su interés este artículo publicado en el blog El Arte de la Calma, que escribe con brillantez nuestro colaborador Roberto Rodríguez Nogueira. La foto también es tomada del propio blog. Para leer el original, mirad al final del texto. [1] ¿Cómo vender algo que quita? ¿Cómo vender lo que nadie quiere? ¿Cómo vender lo que está prohibido por el mercado? Nadie te dice (que el yoga está hecho para quitar): -Haz yoga para quitarte la pestilencia de un alma encerrada. -Haz yoga para quitarte las tensiones que te permiten levantarte por las mañanas y te sostienen para que puedas hacer lo contrario de lo que tu alma y el mundo necesitan que hagas. -Haz yoga para relajarte y dejar de hacer lo que necesitas hacer para conseguir lo que te han dicho que necesitas conseguir. -Haz yoga para despertarte y dejar de prostituirte. Nadie te dice haz yoga para hacerte preguntas interesantes que lo cuestionen todo. Pero deberían decírtelo Nadie te dice (que tú no quieres descubrir lo que te va a mostrar): -Haz yoga para descubrir que eres vulnerable. Mucho más de lo que pensabas, muchísimo más de lo que desearías e infinitamente más de lo que lo que te has esforzado en disimularlo. -Haz yoga para descubrir los puntos débiles que tanto te esfuerzas en ocultar con ejercicios que te están machacando, con maquillaje y ropa que te disfraza, con guiones que no son tu vida sino la de otros que no existen en ti ni en ellos mismos. -Haz yoga para ser compasivo. La compasión es la verdadera sabiduría y la auténtica fuerza. Nadie te dice que te matará como nunca te han matado -Haz yoga para encontrar satisfacción en tu propia existencia unida a todas las demás existencias. Pero te dicen: -Haz yoga para tener algo que no tienes. -Consume yoga para encontrar algo que te falta, algo que te hará feliz: técnica, salud, seguridad, milagros, sedación, atractivo sexual, concentración extra, aumento del rendimiento, poder dormir menos para trabajar más, aprender mejor cosas que no necesitas, una conversación inteligente, un “estilo de vida”, un título, el final del dolor, una relación mejor, una paz exclusiva que requiere elementos muy complejos. -Haz yoga para hacerte sano, fuerte, listo, sexualmente atractivo, famoso, invulnerable al desaliento, al dolor, a la vejez , al miedo . -Haz yoga para comprar productos que nunca soñaste que estaban ahí, para tener experiencias que nunca creíste que podrías pagar tan baratas. ¡Es tan fácil! Hay un yoga para todo el mundo. Incluso para los que quieren ser profesores de yoga sin haber tomado una sola clase. Leer el artículo original: http://elartedelacalma.com/vender-yoga/ [2] [3]Roberto Rodriguez Nogueira. Profesor de yoga desde 1992. Escritor y bloguero. Estudia, practica y enseña diferentes enfoque de chamanismo, filosofía y magia. http://elartedelacalma.com/ [4] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2017/03/yoga_pants.jpeg [2] http://elartedelacalma.com/vender-yoga/ [3] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/CaraRoberto.jpg [4] http://elartedelacalma.com/

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

Gertrudis الرقيب، التخفي، دليل على أن اليوغا
نشرت في 17 نوفمبر 2016

"Quinto Congreso Internacional de Yoga patrocinado por Solein Orange. He logrado infiltrarme satisfactoriamente de acuerdo con el plan de mi comandante Guruberto. (Grabación de la sargento Gertrudis Soldevilla)". Es un relato de Roberto Rodríguez Nogueira, Yoga Pirata. [1] Nadie piensa que tras el sofisticado alias de Susananda se esconde la sargento Gertrudis Soldevilla. Me he apuntado a un montón de seminarios, stages, masterclasses, tupper/yoga y a un practical worshop de Financial Yoga Business (FYB), un estilo nuevo con muchos adeptos. Voy a grabarlo todo. Día 1 a las 10:00: Clase práctica de yogajutsudo. Imparte Senseigurú Tom Stronghold. Senseiguruji, como le gusta que le llamen familiarmente sus amigos -y nos dice que ya los somos- sale a la arena vestido de tatuajes, calzón negro y cinto negro. Nos saluda con una muy sentida inclinación que dura tanto que creo que le ha dado un aire... No. Es una reverencia para dejar claro que debajo de ese cuerpazo esculpido hay un yogui muy espiritual. Menos mal que lo hace saber... Aunque yo me lo tiraría lo mismo sabiéndolo que no. ¡Ay, que lo he dicho en voz alta!… Perdón. Empezamos. Se planta majestuoso, hierático en la parte de delante del aislante, micro en garganta y empieza a mandar. Voz profunda y bien templada. Iré traduciendo. Manos arriba, mirada arriba. Inclínate hasta tocar el suelo con las palmas… Sonido descacharrante… (Fin de la grabación. A continuación, informe escrito de Gertrudis Soldevilla al comandante Guruberto) Ha habido una baja. El equipo de grabación ha caído. A continuación yo he caído sobre él. D.E.P. No contaba con la moda de las posturas invertidas radicales. Toda la clase estuve puesta de manos y la grabadora espía se me cayó en el primer handstand. La primera parte de la clase estuvo bien. Un saludo al sol de media hora con 45 formas diferentes de hacer el pino. En la segunda, Senseiguruji nos enseñó cómo incluir patadas de karate en nuestra práctica sin atizar al vecino de aislante. Luego nos enseñó a matar pateando, compasiva y limpiamente, first series, desde sirsasana... Original y fresco, pero poco práctico a mi modo de ver. El stage me pareció muy a la moda, muy currao, muy de autor, y Senseiguruji está como un queso. Pero las maneras de matar compasivamente, first series, se me antojaron poco realistas si bien sanísimas para una buena circulación. Senseiguruji me ha dado el cinto negro (pero no su teléfono, el muy cobarde) cuando he superado desde un perro bocabajo su ridícula guardia en sirsasana y lo he pateado, dislocado y estrangulado con técnicas clásicas de pencak silat indonesio, mala leche castellana y la gracia de la madre que me parió, que era de Cái. Él se lo pierde.Tras el stage entré a la conferencia de Neurobiociencia geneticocuántica fullness impartida por el premio nobel y monje zen Zarathustra Schroedinger, “Realidad, percepción y felicidad”. Como el venerable no pudo venir nos colocaron a un becario al que, a todas luces, no le contaron con quién iba a vérselas. El infeliz se trajo un gato, lo metió en una caja y nos dijo, haciéndose el interesante, que a nivel cuántico se podía decir que el gato estaba vivo, estaba muerto y estaba vivo y muerto dentro de la caja porque nuestra percepción no alcanzaba a fijar una probabilidad concreta. Probando con el Pole Classic Yoga Con indignado y feroz rugido felino los presentes nos abalanzamos yóguicamente, todos a una, sobre el desgraciado, liberamos al gato y lo metimos a él en la caja. Los veganos radicales querían tirarlo a la calle. Finalmente prevaleció el compasivo sentido común y lo echamos al río, que es más blandito. Como nos sobraba tiempo debido a la brevedad de la intervención, nos sentamos en círculo, nos fuimos pasando al gato y nos presentamos. Había yoguis de todos los formatos, y se respiraba un ambiente de tanta relajación, paz, falta de competitividad y satisfacción que no dudé, en un despiste, en hacerme con el felino y llevármelo a mi cuarto. Lo he llamado Apofis. El tercer evento de la tarde se llamaba Pole Classic yoga, y es una variante del clásico Mallakhamb, excelente y espectacular disciplina india que aparentemente consiste en empalarse voluntariamente de cuantas formas sea posible en un poste clavado al suelo. Hasta ahora siempre ha venido como modalidad de exhibición, pero ya empieza a ser practicado en algunos yogashalas occidentales. Míralo aquí: [youtube]https://www.youtube.com/watch?v=QRA9QA3236I[/youtube] Es una modalidad tradicionalmente para hombres, así que me puse un bigotazo para pasar desapercibida. Yo pensaba que tendría que ver con el sensual pole dancing que siempre me ha parecido ejercicio y espectáculo harto elegante, sensual y grato de ver... pero qué va. Por lo que he visto esto va de apretar a correr tras encomendarse a los dioses para estrellarse, esparrancado y con las vergüenzas por delante, contra el palo de marras. Debe ser para mantener el celibato, creo. Los instructores indios controlan magistralmente todas y cada una de las partes en la ejecución del ejercicio. Saltan, tiran para arriba como bonobos y ejecutan a toda pastilla unas refinadísimas cabriolas y monerías. Los demás, los desgraciados, simplemente y a toda pastilla, se ejecutan las partes, resbalan hasta el suelo con unos gruñiditos muy muy suaves y se quedan encogidos en trance fetal. El maestro, un anciano de Pune vigorosamente amostachado, no ocultaba su felicidad cada vez que un inglés lo intentaba. Me dijo que yo tenía futuro y me felicitó por mi bigote. Aquello me dio hambre, así que me dirigí al restaurante. La comida, en vez de ser encomendada a los sikhs o a los hare krihsna, como debe de ser, se solicitó en un innovador catering de Cocina Pránica de síntesis. Foto-síntesis. Estuvimos media hora aprendiendo a absorber prana solar con las retinas. Como estaba nublado nos pusieron una degustación de leds azules más bien sosos, como de bote. Subzero Yoga para liberar lamente y dominar pasiones Tras instruir a Apofis para traer bocatas de tortilla del bar de la esquina me fui a la clase de Subzero yoga, esas que se hacen a quince grados bajo cero en pelota picada y resultan fantásticas para curar lesiones, dominar las pasiones y liberar la mente. Creo, pero esto es una opinión no contrastada, que el profesor e inventor del método lleva muerto varios meses. He observado cómo sus asistentes lo meten y lo sacan de la sala en postura de loto y ni parpadea ni respira durante la sesión. Dicen los folletos que es el nivel maestro de Subzero Yoga o Límite Disney. Debo señalar que da lo que promete. Estar en pelotas a 15 bajo cero no excita pasión alguna, y como no te mueves más que dando saltos y jurando mucho, no hay sobreestiramientos agresivos. Abandonar aquel espacio procura, efectivamente, una experiencia de absoluta liberación. Raro, pero no me sentía tan liberada desde que salí de mi última clase de Bikram. Nirvikalpa Samadhi enpaquetado Tras el yoga Subzero asistí a un seminario de FYB (Financial Yoga Business), que estaba abarrotado. Consistía en una conferencia y en una práctica interactiva simulando abrir un centro de yoga nuevo. Decidí poner a prueba mis recién adquiridas habilidades yóguicas. La conferencia trataba de cómo producir, procesar, envasar, transportar y vender el yoga al consumidor, fresco y en su punto. Fue impartida por un economista metafísico de la escuela de Viena y chef de Adriá. Nos mostró cómo con la Nanotecnología y con cosas que no entenderíamos, pero casi ecológicas y muy veggies, hoy ya es perfectamente posible materializar un estado de nirvikalpa samadhi (estado de iluminación absoluto) y empaquetarlo en un tetrabrick. Dicen las malas lenguas que lo hacen con jugo de sadhu exprimido. Clonado, además. La empresa afirma que eso es una salvajada y que sólo usan carne vegetal. Sadhus veganos certificados criados en libertad. Los conservantes y aditivos necesarios hacen que se pierda un 99.9 de efectividad, pero el sabor dulce sin azúcar añadido y el colocón, como de saciedad y canabinoides, lo hace ideal para niños con déficit de atención, diabéticos y gordos insatisfechos... El mercado americano es suyo. Además no supera el límite del felicidad en sangre durante la conducción. Estará disponible en cinco sabores. Lo llaman Soilen Orange y son los patrocinadores del evento. La práctica consistió en dividirmos por equipos, nos dieron una ciudad en una simulación informática y repartieron zonas de influencia para cada uno. El ganador recibiría el patrocinio de Soilen Orange para hacer real su proyecto. Yo trabajo sola. Los demás, siguiendo el modelo teórico propuesto, enfatizaron la mercadotecnia, perfil socioeconómico del barrio, pirámide de población y demás. Yo opté por una estrategia clásica de infantería reclutando un pelotón de modelos de fitness y otro de porteros de discoteca. Adiestré al primero para hacer coreografías molonas donde sobresaliesen culo, tetas y abdominales. Algunas ideas las tomé de Senseiguruji Stronghold y otras de mis conocimientos de Sri Daiva yoga. Mandé al segundo batallón a hacer visitas de cortesía a los demás equipos y a los instructores del seminario. Llevaban unas fotos frescas de los novatos del Pole yoga y mi cinto negro de yogajutsudo para que ilustrasen los inconvenientes de no contratar mi protección en tan peligroso negocio. Organicé macroyogaparties con S. Orange gratis para todos y realicé sorteos de yogapants de Alibaba "Kardasian ass style" mientras los modelos hacían sus rutinas en masteryogaclasses multitudinarias. Me inspiré en el yoga subzero para hacer exactamente lo contrario. A los cinco minutos tenía 2.000 solicitudes de plaza, al menos 1.750 de gordas infelices (hombres y mujeres). Con semejante panorama el banco se me abrió de piernas con el crédito loquetuquierasmiamol, la mercadotecnia por su cuenta y un cohíbas especial prendido con billete de 50 entre mis dientes. Los otros grupos me felicitaron profusamente tras pagar, muy bien motivados, la citada tasa de protección que les indicaron mis porteros-gestores, y los instructores me han contratado para dirigir el departamento de Inversión Amorosa Multinacional (I´AM), que entre nosotros llamamos "blitzkrieg". El yoga y la portera Como siempre, tras la victoria me sentía vacía, así que en vez de asistir al seminario de Biomecánica miofascial “Maniobras de autoosteopatia de emergencia para cuando te lesiones la sacroiliaca” al que los yoguis más youtubers acudían en bigotuda y disfrazada procesión, preferí meterme en una sala pequeña y vacía donde vi a una mujer sobre una esterilla de mercadillo haciendo torsiones simples. Estuve un rato haciendo yoga, siguiéndola en silencio en su rutina. Acabamos con una meditación sentadas. Por primera vez en el día me sentí serena, con el espíritu henchido y el cuerpo relajado y atento. Di las gracias y pregunté a la mujer qué estilo de yoga era aquel. Me dijo ella que era la portera, que era su rato de descanso y que no sabía qué era el yoga, que ella imitaba, jugando, a su gata, a todas luces la mamá de Apofis, que ahora dormitaba del otro lado del aislante junto a su retoño. [2]Roberto Rodriguez Nogueira. Profesor de yoga desde 1992. Escritor y bloguero. Estudia, practica y enseña diferentes enfoque de chamanismo, filosofía y magia. http://elartedelacalma.com/ [3] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/11/SargentoGertrudis.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/CaraRoberto.jpg [3] http://elartedelacalma.com/

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

كاتو اليوجا أو اليوغا للاعتداء
نشرت في 24 أكتوبر 2016

Este es el Memorandum de la sargento Gertrudis Soldevilla. Escribe Roberto Rodríguez Nogueira ‘Yoga Pirata’. [caption id="attachment_26628" align="aligncenter" width="605"] [1] Foto: Can Stock Photo© / photocreo[/caption] En el batallón gallego de la Serenidad Suprema hemos hecho un descubrimiento inquietante. Afirmamos que en el entrenamiento actual del yogui de infantería se subraya demasiado el acondicionamiento físico y táctico de sala. Es evidente, a poco que se mire una guerra, que a una emboscada no se va con cita. “Lo dejamos para el lunes, que el martes he quedado con el enemigo para que me escabeche” es como decir: “No puedo ir al cine porque tengo yoga”. El yoga no se tiene, y menos un rato en un sitio y luego se suelta. Esperar lo inesperado. Adaptarse con fluidez y eficacia. Eso es es lo que distingue a un yogui o a un boina verde de un guerrero de fin de semana. Eso no se “tiene” un rato dos veces por semana. Eso se hace con técnicas de kato Yoga: ¡SHAAAAAAAAAAA! El comandante Guruberto y yo misma hemos desarrollado la operación, nombre en clave “Kato Yoga”, o yoga de asalto, inspirándonos en la película de Blake Edwards La Pantera Rosa. En la cinta, el inspector Clouseau era leal y metódicamente emboscado por su asistente Kato. [youtube]https://www.youtube.com/watch?v=jw1f94dx4xo[/youtube] Siguiendo los esfuerzos de Kato, hemos diseñado varios programas similares para nuestra tropa. Decidimos desechar por inviables y anticuadas las emboscadas artesanales, hechas en persona y a mano. y optamos por el uso de la tecnología digital. Bombardeamos sin piedad y sin avisar el uasap de cada infante con órdenes breves (ejercicios de no más de un minuto), fulminantes e inesperadas a lo largo de varios días. Estas ordenes respondían a dos tipos básicos: relajación o activación. Así testamos en la tropa: 1.- Su flexibilidad y mimetismo para realizar, sin que se note en público, una técnica yóguica súbita. 2.- El aumento en A.- la atención relajada y sostenida, B.- los niveles de fuerza física y C.- El optimismo tras la breve práctica 3.- Su capacidad de adaptación creativa: “No puedo hacer el pino en el quirófano ahora mismo, pero puedo hacer una meditación de un minuto después del by-pass”, o “En diez minutos me escaqueo de la ofi, me encierro en el baño y me calco unas retracciones escapulares en la tubería del agua”. Resultado La mayoría (80%) lo dejó para luego y nunca hicieron nada. El 10% se estresó con tanto uasap. Un 5% lo intentó un rato. Un 5% ejecutó la maniobra con éxito en cada uno de los tres puntos testados. Este grupo logró permanecer en un estado de atención relajada y contundente durante todo el día. Los soldados, lejos de refugiarse en la cómoda zona de queja, salieron a campo abierto a hacer lo que se les pedía cuando cuando se les pedía, o al rato si en el momento no era posible. A cambio de su esfuerzo, los vencedores refirieron que los días del ejercicio vivieron su jornada habitual con mucho más interés, energía y sosiego que de costumbre, tanto como para seguirlo practicando, con la moral alta, el resto de la semana. En este sentido el Método Kato ha sido un éxito. Ahora es preciso motivar al resto de la tropa para que lo adopte. Análisis de los resultados Estudiando al grupo que culminó la misión advertimos inmediatamente que tenían algo en común ya antes de comenzarla. Hemos intentado reproducir ese algo para contagiar a la panda vagos restante... Y ha sido muy interesante porque... ...El 5% vencedor estaba formado por principiantes... Este hecho nos condujo a preguntarnos: ¿Qué hace que un principiante se desempeñe mejor en el conflicto urbano que un practicante habitual? Sospechamos que la repuesta viene incluida en la palabra “habitual”. El principiante no ha hecho del yoga un hábito. Para un principiante la práctica del yoga es tan deseada, desconocida, grande y atractiva que se le desparrama por la mente y por el cuerpo y la vive con una intensidad irrefrenable. Un principiante “no tiene” yoga. Un principiante lo flipa, por lo menos. Vamos que no le importa el horario o no estar en la sala de prácticas para aprender yoga. El nuevo desafío es: ¿Cómo hacer de un yogui resabiao, hábil con los Saludos al Sol, diestro en los Guerreros, sensible en los pranayamas, versado en los sutras y vago como la chaqueta de un caminero, un principiante?… Difícil cuestión la de desaprender yoga... Roberto Rodriguez Nogueira. Profesor de yoga desde 1992. Escritor y bloguero. Estudia, practica y enseña diferentes enfoque de chamanismo, filosofía y magia. http://elartedelacalma.com/ [2]   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/10/soldado-yoga.jpg [2] http://elartedelacalma.com/

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

مدربين حدود
Publicado el 19 Oct, 2016

Hay profesores de yoga que son reyes. Se han ganado su reino. Su saber abarca inmensas extensiones, leyes claras, fronteras estables. Conocen y se relacionan con otros reinos. Encarnan la auténtica cultura del yoga. Auténticos sabios. Nos inspiran a todos. Escribe Roberto Rodríguez Nogueira ‘Yoga Pirata’. [caption id="attachment_26570" align="aligncenter" width="605"] [1] Foto: Can Stock Photo© / Leaf[/caption] Hay profesores encastillados. Atrincherados en su verdad única. Yoga es lo que nadie más que ellos enseña en esta era de kali yuga, internet y capitalismo feroz. Sólo en su escuela encontrarás la Verdad del Yoga. Tiranos. Tóxicos en distintos grados. Nos advierten a todos. Hay profesores de conquista. Insatisfechos que se lanzan a los mares buscando su ser, su espacio, y terminan por inventarlo. Algunos se encastillan pronto y ferozmente conformándose con ser diferentes. Asi se hacen los tiranos. Otros no se conforman con ser diferentes. No es diferenciarse lo que buscan en el yoga y su enseñanza. Navegan mucho más lejos mucho más tiempo dejando atrás sus trincheras internándose en terra incognita. Así nacen los reyes. Hay legionarios. Los que buscan con pasión un sistema, un método, un patrón, un padre. Quieren pertenecer a un reino y se encuentran de maravilla defendiendo el uniforme que otro ha inventado. Lo hacen con más énfasis que el propio inventor y no se lo quitan ni para dormir. Son apasionados, disciplinados y hábiles. Son excelentes profesores para alumnos que busquen lo mismo y muy útiles para cualquier otro. En realidad ellos son la fortaleza del reino. Hay corsarios. Se patentan con una licencia fácil que sumar al ego y venden clases. Buenos para quienes creen que el yoga es la forma espiritual de cultivar y exhibir un cuerpo delgado con músculos. O para quienes confunden espiritualidad con autocomplacencia. Dado lo que la sociedad comprende por yoga, no es raro que asciendan al grado de tiranos patentando y franquiciando su propia flota corsaria. Hay piratas. Gente tan apegada a su desesperación que no les funcionan las recetas clásicas, vengan de donde vengan. Estos se ven empujados a buscarse algo diferente sin licencia ni permiso de nadie. Desprecian los castillos, prefieren los barcos. Antiguos legionarios que ganaron todas las batallas y perdieron la guerra y que sueñan aún con un tesoro, con el método perfecto. Siempre están en tránsito. Algunos conquistarán un reino. Buenos profesores para alumnos que necesitan cuestionarse las cosas más que seguir una autoridad infalible. Hay profesores de frontera. Acostumbrados a aumentar su incomprensión un mucho al comprender otro poco. Cómodos en la incomodidad de la tierra de nadie, en tránsito, felices en el camino donde nadie quiere quedarse, sólo pasar. Ya no buscan tesoros. No buscan castillo ni reino. No buscan método, patrón ni padre, uniforme ni licencia. Antiguos legionarios, antiguos piratas. Conocen los reinos y los castillos, pero no pueden servir a ningún rey, aunque lo respeten. Sólo sirven a sus alumnos. Prefieren caminar entre la niebla que separa las leyes y vagar entre los ríos, las montañas y las murallas que separan los reinos. No encarnan la cultura del yoga aunque siempre se habla de ellos. Buenos para guiarte al reino que necesites, o para ayudarte a salir de él cuando lo desees. Buenos para que pierdas el miedo salir de tus defensas y caminar soltando el exceso de apego a lo conocido. Malos si buscas un método único, un patrón un padre. [2]Roberto Rodriguez Nogueira. Profesor de yoga desde 1992. Escritor y bloguero. Estudia, practica y enseña diferentes enfoque de chamanismo, filosofía y magia. http://elartedelacalma.com/ [3] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/10/profesor-Yoga.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/CaraRoberto.jpg [3] http://elartedelacalma.com/

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

فرانكينسيوجا الثالث: السوترا والحب وغيرها ندوب... (وقليلاً من الفودو)
نشرت في 29 سبتمبر، 2016

Sutura y sutra comparten raíz, dice Deepak Chopra, y señalan acercamiento, unión. Yoga y yugo también son hermanos y ambos tienen que ver con hacer de varias tendencias, una. O sea que suturarse los fantasmas interiores, coserse las partes y funciones percibidas como diferentes de la propia mismidad, con la mayor armonía posible, es hacer yoga... o Frankensyoga. Escribe Roberto Rodríguez Nogueira ‘Yoga Pirata’. [1] Deseo y miedo parecen ser cosas opuestas. No lo son. Son enfoques distintos. Ilusiones, fantasías, fantasmas diferentes del mismo ser. Encontrar la sutura que los une, la expresión secreta y exacta que los vincula aumentará tu consciencia del evento, liberará los fantasmas de su penar. Les permitirá ser lo que son, consciencia y la oportunidad de hacer lo correcto. Ejemplo: enamorarse. El intenso deseo de estar con una persona puede ser directamente proporcional al miedo que da sufrir la soledad. Si no se es consciente de ambos extremos, se desea a la persona equivocada. O seremos la persona equivocada. Y en cualquier caso desearemos, pensaremos y actuaremos equivocadamente. Si no trabajamos y suturamos el miedo junto con el deseo; si no los unimos conscientemente lo mejor que nos sea posible, no estableceremos una relación armónica ni con nosotros mismos ni con nadie. Todo lo contrario, crearemos un laberinto de espejos donde buscando a otro, siempre acabaremos encontrándonos a nosotros mismos donde quiera que miremos, consiguiendo lo que tememos, es decir, estar solos por todas partes. Seguro que has oído, así o de otra forma, que el mundo (o tu mente, o tu memoria) responde a la intensidad. Si deseas intensamente... ¡premio! Si temes tan intensamente que no quieres ni mirar... ¡el gordo! Unir, suturar deseo y miedo. Una forma de practicar yoga, como lo es unir respiración y movimiento. Unir correctamente, expresar, suturar nos permite reconocer la sutura básica, la oración, el conjuro, el lema esencial de la vida: todo está conectado. No puedes pensar correctamente con la emoción equivocada, y tu cuerpo expresará esa incoherencia perfecta e instantáneamente. Hablando de lo que el cuerpo expresa... Me gusta mucho lo poco que conozco del vudú. ¿Quién no se asusta ante la idea de ser poseído por un espíritu diferente de aquel que llama yo? Sin embargo el yo es un fantasma entre fantasmas. Y en el movimiento físico, lo mismo que en la danza de quien invoca, se revelan los fantasmas que lo cabalgan a uno. No pueden esconderse tanto... ni quieren. En el vudú el brujo es poseído, cabalgado por un ser superior. Por eso me agrada. Lo normal fuera del vudú es ser poseído por fantasmillas del tres al cuarto. Fuera del éxtasis del vudú, en la vida diaria los fantasmas son invocados y fijados con un entrenamiento sostenido y tenaz del que nadie escapa. No con el atento ritual sagrado, sino con la persistencia habitual de lo cotidiano, de lo que se repite sin consciencia. Los fantasmas se refuerzan con cada gesto, cada paso, con cada respiración en la que son ellos, los sufrimientos temidos, los deseos no expresados, las cargas y culpas acumuladas como piedras... quienes realmente gesticulan, caminan y respiran, no el desgraciado huésped que se quiere creer un yo y en el fondo se sospecha montura de fantasmas. Conjurar a los fantasmas, hallar el acertijo que los disuelve, el hechizo que los revela, la oración que los libera... el sutra. Siempre tengo presente que a Patanjali se le llama serpiente y gramático, dos cualidades que también posee Hermes, Dios del lenguaje, el significado, la magia. Tal vez no hermanos, pero parientes cercanos, fijo que lo son. Creo que los yogasutra, además de las revelaciones de Patanjali, han de ser reescritos por cada practicante de yoga. Uniendo respiración con movimiento, pensamiento con acción, culpa con redención, miedo con atrevimiento. Uniendo fantasma con significado y acción útil. Disolviendo posesiones fantasmales. Integrando movimientos coherentes.   [2]Roberto Rodriguez Nogueira. Profesor de yoga desde 1992. Escritor y bloguero. Estudia, practica y enseña diferentes enfoque de chamanismo, filosofía y magia. http://elartedelacalma.com/ [3] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/Frankesyoga-3.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/CaraRoberto.jpg [3] http://elartedelacalma.com/

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

مبادئ فرانكينسيوجا (اليوغا سلسلة ب)
Publicado el 15 Sep, 2016

Si, como yo, decides hacerte un Frankensyoga o conocerte a ti mismo en plan bricolaje doméstico, tal vez este código deontológico o receta de laboratorio frankensyóguico pueda ayudarte. Procuraré presentárselo ordenadamente. Escribe Roberto Rodríguez Nogueira 'Yoga Pirata'. [1] 1- El cementerio está dentro de ti (con perdón) No es preciso que agarres el capote, la pala, a Igor, y te vayas al camposanto más neblinoso y de lápidas más torcidas y decadentes a desenterrar al último ahorcado. Los fantasmas no están fuera. Cuando encuentras la practica meditativa ideal que te refleja perfectamente y es lo que habías estado buscando siempre, acabas de animar un trozo de tu Frankenstein interno. Has dado vida a una parte de ti que la esperaba pero no tenía energía espacio ni oxígeno para expresarse, así que aullaba en la oscuridad caminando a trompicones con los brazos rígidos, palpando las paredes. Por ejemplo. Yo he sido y soy muy inquieto y movido. Me pasé varios años practicando un yoga basado en postura-descanso que me aportaba un importante bienestar... una de cada diez sesiones, normalmente cuando estaba lesionado o fatigado por practicar otras cosas donde sí que me movía. Las demás veces intentaba creer con abnegación y estoicismo que la abnegación y el estoicismo eran el camino hacia el Nirvana. Entonces descubrí el ashtanga. Era perfecto. No tenía tiempo ni espacio interno para pensar más que en lo que pasaba. Expresar todo el movimiento que llevaba dentro me liberaba de toda tensión. Las relajaciones eran sublimes. Había animado una parte de mi Frankensyoga. Su corazón. Su movimiento. Algo que estaba en mí y penaba por no tener espacio, energía, oxígeno para expresarse. Ahí empecé un gran viaje con mapa en este sitio: (ver Frankensyoga 1 [2]). 2- Ten claro tu ideal. Tu guión. ¿Por qué estás en esto? ¿Por qué quieres conocerte? Esto queda muy bien y todos lo decimos, pero en el fondo es mentira. En realidad es imposible tener un mapa previo perfecto (que le pregunten a Ulises por dónde se vuelve de Troya). Vas porque ya sabes que si no lo haces, el dolor permanecerá sin cambios, no porque sepas adónde y por dónde vas. Aunque debes intentarlo. Frankensyoga es bricolaje inverso. Deconstrucción del sufrimiento, unificación de los fantasmas interiores. Las dinámicas, los procesos, los mapas, surgen con la práctica, con la intención. Que se hace camino al andar, vaya. No hay cartografías definitivas. Uno puede creer que la prioridad es su ansiedad, o el dolor del cuello. Está ahí por eso, pero cuando se pone a trabajar y extiende ordenadamente los pedacitos de sí mismo en el laboratorio, se pone a coser y da el chispazo: ZASKA! El dolor de cuello o la ansiedad no están. Ha aparecido algo nuevo, inesperado. Ha aparecido vida. O lo que es lo mismo, a uno le encanta lo que esta pasando, y puede ser que lo que esté pasando sea que está bocabajo, con la cabeza en el suelo y los pies en el aire, dando zapatetas en el aire como D. Quijote en su penitencia de enamorado. Una de esas cosas que ni uno ni la literatura jamás ha calificado como de gusto. El mapa era para salir del dolor. El cómo se descubre saliendo. Básicamente hay un motivo y solo uno para hacer yoga. Haces yoga para sacar del sótano a tu monstruo interno malcosido a pedazos. Papá, mamá, dios, dinero, premio, castigo... cada jirón con su discurso, sus emociones, sus temores y sus deseos, su mundo, su forma de respirar, de moverse y mover tu cuerpo, de dolerse... su vida. Su vida de fantasma. Los fantasmas están dentro. Ya te lo dije. Haces yoga para coser lo mejor posible, para unir de la mejor forma posible a ese (mogollón) que piensa dentro de ti tus pensamientos, para aceptarlo y quererlo, para dejar de justificar tus miedos y atreverte a cumplir tus sueños encarando ambos. Para permitirte descubrir cómo la compasión, que empieza dentro sin ser pena por uno mismo, es el pilar de la verdadera fuerza. O sea, porque duele. Claro que todo esto, tan complicado, puede aparecerse, manifestarse, poseerte como un dolor de espalda, algo mucho más simple, con menos discurso, y más puñetero. -Y por que has decidido hacer yoga? -pregunta la profe a la alumna nueva. -Porque me duele la espalda. Sin embargo, para aliviar el dolor de espalda también está el pilates, hay escuelas de espalda, de nombre poco equívoco, gimnasias específicas, natación, ejercicios de rehabilitación, entrenadores personales, analgésicos, osteópatas... La profesora sabe que la alumna vive una metáfora. Su espalda se ha hecho tan presente en su vida que la tiene delante todo el tiempo gracias al dolor y no puede mirar a otro lado. Necesita conocer aquello que va con ella siempre, aquello que ya no puede aguantar más carga. Aquello esencial que ha dejado atrás y ahora ya no puede dejar de mirar. El ruido y la tensión de las cadenas arrastradas por los condenados fantasmas se ha hecho insoportable. Y necesita el yoga, aunque no sepa exactamente qué mapa está siguiendo para acabar ahí. -Estás en el sitio adecuado -dirá la profe, que se acuerda perfectamente de que ella empezó también porque le dolía la espalda en el alma. Hemos hablado de dolor, pero no existe sin su contraparte, el deseo. Si eliges el yoga conviene que asumas que tienes deseos de serenidad, ecuanimidad, sabiduría, tal vez de probadita, inmersión o incluso borrachera espiritual, puede que con experiencias bizarras como viajes astrales, sueños lúcidos, revelaciones, o simplemente encontrar un espacio interno donde los fantasmas no te duelan todo el tiempo. No sabes adónde te llevará, pero algo te dice que es por ahí. No hay sufrimiento sin deseo, lo mismo que no hay fantasmas fuera. Verdades simples. Conviene conocerlos a ambos, lo que te duele y lo que deseas, porque, y de eso hablaremos otro día, en la tercera parte de esta peli de serie B, suelen ser la misma cosa vista desde lugares o en momentos diferentes. No servirá para trazar un mapa perfecto (ninguno lo es), pero te ayudará a comenzar a poner un pie delante del otro. A eso me refería con “ten claro tu guión”. Recapitulando: Asume la responsabilidad de conocerte y reconoce lo mismo tu sufrimiento que tus deseos. Conoce a tus fantasmas. Muévelos. O: no escapes de tus monstruos. Es tu huida la que los hace así. El error del buen doctor F. fue asustarse y escapar horrorizado de su criatura, no fue error haberla creado. El error nunca es de la criatura. Roberto Rodriguez Nogueira. Profesor de yoga desde 1992. Escritor y bloguero. Estudia, practica y enseña diferentes enfoque de chamanismo, filosofía y magia. http://elartedelacalma.com/ [3]   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/Frankesyoga-1.jpg [2] http://www.yogaenred.com/2016/09/01/frankensyoga-y-los-fantasmas-yoga-serie-b/ [3] http://elartedelacalma.com/

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

فرانكينسيوجا وأشباح: سلسلة اليوغا ب
نشرت في 1 سبتمبر 2016

Vivo mi práctica y mis clases con la felicidad de un friki demente en el laboratorio del Jovencito Frankenstein. Aceptarlo por completo me ha llevado más de veinte años porque... veinte años después me he dado de bruces con aquello de lo que llevo escapando veinte años. Escribe Roberto Rodríguez Nogueira 'Yoga Pirata'. [1] La enseñanza que he obtenido, gritando en calzón raído con las barbas desaliñadas al chocar contra la picota de la que huí (gritando en calzón raído y con las barbas desaliñadas) es: -Jo tío, ¡qué viaje! No me importa haber llegado al mismo sitio porque, realmente: jo tío, ¡qué viaje! Esto me motiva, esto es lo que me inspira para seguir practicando y enseñando. El viaje. El experimento... Y ahora, el retorno de mis fantasmas. Mientras miro la picota, el yugo con el que se enjaeza al condenado, pienso en cuántos yugos, en cuántos cepos he confundido con el mío, con mi yoga, hasta volver al primero de la lista. Es que no eres nada natural. No aprietes. Relaja. Pero estírate. Tienes que llegar a los pies. Tienes que apoyar las palmas en el suelo en la flexión de pie. Y no hagas fuerza. Relaja. No te ablandes. Haz fuerza. Si no haces fuerza no te estiras. Hay muchas maneras equivocadas y sólo una cierta de hacer una postura. Hay tantas formas como individuos. La falta de alineamiento conduce, irremediablemente, a las lesiones. El exceso de alineamiento conduce, irremediablemente, a las lesiones. La respiración, abdominal, simple y natural, es la respiración yóguica. La respiración, si no es victoriana con bandas, con refajo y con libro de salmos sobre la coronilla, no es yóguica ni es ná. La respiración... ¿Qué respiración? Con asana no hay que prestar tanta atención a la respiración. La respiración, simple y natural. Para eso está el pranayama. ¡Sirsasana, lo menos 10 minutos y hasta tres horas! -Ah. Y Patanjali ya lo dijo. -¿El qué? -Lo que yo te diga que él dijo. Y heme aquí en calzón corto, dejando de gritar de a pocos, sabiendo que todos tienen razón (salvo el trastornao de sirsasana), incluso los yoguis más rancios y aburridos con el yoga físico conservador, soporífero e infraexplicado (natural-relájate) del que llevo 20 años escapando... Lo que me hace gritar más. Por eso desde hace años practico y enseño como en el laboratorio del Jovencito Frankenstein. No puedo evitar robar, cortar y pegar los cadáveres más frescos y apuestos e intentar llenarlos de vida...Una afición como otra cualquiera… Cut up. Cortar y pegar. Como Burroughs. Si fortalece sin forzar y hace reír, me vale. Sólo los fuertes mantienen la calma y el humor en la tormenta, en la vida, y no sólo sobre la alfombrita. Una clase de yoga tiene que ser un poco tormentosa ¡¡¡Vive!!! ¡¡¡Está vivo!!!! Y sin duda, algo del yoga conservador, soporífero y frecuentemente poco y mal explicado (natural)... también resulta útil. A mí, algunas veces, como descanso profundo y liberador. A algunos les resulta útil siempre, como camino. No veo que se equivoquen si les funciona. No veo que me equivoque cuando me funciona. Me equivocaba cuando creía que aquello era para mí, aunque mi intuición me decía que no. Y me volví a equivocar, con toda la ilusión y emoción, con el siguiente estilo, y con el siguiente... Queriéndomelos creer todos hasta las cachas. Veinte años no es nada, qué febril la mirada... He explorado esos espacios internos de insatisfacción, temor, dolor o duda creando y borrando el mapa mientras caminaba, aprendiendo a escuchar mi intuición, aprendiendo a reconocer lo que necesitaba, descubriendo que nunca he estado solo. Hay vida más allá del método en el que ya no puedes apoyarte. Hay vida más allá del miedo: ¡estás tú! Doy por sentado que un practicante de yoga busca formar un espíritu crítico despierto y positivo. Un discernimiento agudo y sereno. Seguir un método, un culto, sin poner nunca nada en duda suele acabar en falsa comodidad o idolatría, en debilidad y estrés camuflado. Saltar entre métodos puede provocar exactamente lo mismo. Y por eso ambos caminos pueden funcionar, porque para eso está la práctica del yoga. Para descubrir nuestros espacios de falsa comodidad, idolatría y estrés camuflado. Nuestros fantasmas. Y esto es algo absolutamente personal. El método o los métodos sirven como apoyos o espejos y cada uno debe elegir, con su mayor sinceridad, su relación con él. Si un método que sirve para encontrarte a ti acaba separándote de él, es un buen método. Encontrarse con uno es aceptar la compañía de sus fantasmas dejando de escapar de ellos. Ante mí, junto al yugo, los veo en fila, en calzón raído, con las barbas desaliñadas. Cada uno en su estilo. El castrense iyengarita que se me murió en un guerrero sin saberlo y ahí sigue, sosteniendo. El inquieto astanguita, despeñado en su último y emocionante salto a sentarse, siguiendo el orden perfecto, creyendo que su cuerpo ya estaba escrito y sólo tenía que avanzar pose a pose para encontrarlo. Mi natural sivananda, deprimido por no ser animal de fe, fallecido en sirsasana de aburrimiento y culpa. El clásico auténtico, D.E.P., muerto intentando morirse, intentando no sentir nada. El siempre amoroso, muerto de rabia contenida por no encontrarse dentro la tensión inhumana con la que la ocultaba. Poco a poco nos vamos mirando. Nos sacudimos la ceniza blanca y nos atusamos las barbas. El sivandita muestra su inocencia infantil, el clásico su inagotable sed de aventura, el ashtanguita su elegante gracia animal, el iyengarita su incontenible pasión contenida. El amoroso la persistencia de su compasión. Son como niños. Ahora todos somos útiles y bellos. Ellos están en su sitio en la luz, no en la sombra. Todos son útiles. Ahora yo estoy en mi sitio ¡Soy legión! ¡Santa compaña! El yugo está vacío. Siempre será imperfecto... Es viaje, no destino. A fin de cuentas, lo único perfecto es la muerte. O no... He sentido una colleja y un escalofrío ¡El espíritu de mi amado Iyengar acaba de guiñarme un ojo...! -Jo tío, ¡qué viaje! [2]Roberto Rodriguez Nogueira. Profesor de yoga desde 1992. Escritor y bloguero. Estudia, practica y enseña diferentes enfoque de chamanismo, filosofía y magia. http://elartedelacalma.com/ [3]     [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/Frankesyoga.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2016/09/CaraRoberto.jpg [3] http://elartedelacalma.com/

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

Un relato de verano: “Yoga Noir, 1959”
Publicado el 27 Aug, 2015

"Aquel no iba a ser un día como los demás. Era uno de esos días densos de verano en los que hasta las sombras buscan la sombra. Una de ellas la buscó en la puerta de mi oficina. Pude verla tras mi resaca y el vidrio traslúcido donde venía escrito mi nombre del revés. Una sombra llena de curvas". Es un relato de Roberto Rodríguez Nogueira/Yoga Pirata. [1] -Toc, toc -golpeó la sombra en la puerta. Esperé en silencio. La puerta se abrió lentamente. La sombra avanzó desde el pasillo, condensándose paso a paso. Y qué pasos. Por educación elemental no miré las piernas interminables que los dirigían a la luz. Zapatos brevísimos de tacón. Rojos. Medias de lycra recién inventadas por un héroe francés. Profesionalmente ignoré la perfección de aquellas caderas que habrían tensado, como velas de fragata, todos los hábitos de una congregación de hermanos trapenses. -Hola -dijo la sombra, ahora reducida al espacio entre unos labios coralinos y el ala de un sombrero negro. La seguí mirando, saltándome lo demás para luego. -Hola, respondí haciéndome el interesante, una de las pocas cosas interesantes que me puedo permitir hacer con mis ingresos. -El señor... -miró la puerta- Wolram. -Marlow -corregí. Miré desde dentro. La mujer terminó de entrar. Ceñida en negro. se giró con elegancia y contempló el nombre escrito. Yo la contemplé a ella. Descubrí dónde terminaban sus piernas interminables y cómo mis viejos hábitos también podrían tensarme. -¿Ha escrito su nombre para leerlo usted mismo? -Créame, algunas mañanas me es muy útil. La mujer se volvió hacia mí. Yo le indiqué la silla desvencijada que me mira durante horas. Ella la convirtió en trono con el solo gesto de sentarse. Tuve muchos celos de la silla. -Me llamo Helen d' Spinosa. Voz clara, profunda, bien templada. Su acento era del sur. Determiné algún lugar entre Badajoz y la Patagonia. Me tendió la mano. -Por favor, llámeme Helen. Estreché aquella mano suave, cálida y fuerte. -Marlow. Ella sonrió y se llevó la mano. -¿Marlow Marlow? -preguntó sonriendo. -En realidad es Wolram Marlow. Su risa animó su rostro e hizo brillar unos ojos oscuros. -Alguien me ha hablado muy bien de usted -me dijo. Negué con la cabeza. -Entonces no me conoce. -Créame, lo conoce a usted. -¿Y le ha hablado bien de mí? -insistí-. Entonces yo no conozco a esa persona. ¿Le importaría presentármelo? Me viene bien un amigo este mes. Volvió a reír. Una risa más cercana, menos intensa, más profunda y suave. -Toni. Yo sólo conozco a un Toni. -¿Toni Manos de Plata, el percusionista del Samarkanda? -Exactamente. Me dijo que usted era la persona ideal para resolver mi problema. En realidad me dijo que usted sería el único que podría hacerlo. Tenía una extraña lógica. Toni me debía dinero y me mandaba una clienta solvente. No era la primera vez. -¿Y qué problema es ese que Toni le aconseja que resuelva yo? -El mismo que tiene él. Toni tiene mujer y tres hijos. Está enamorado de Henry Li, acróbata de la Ópera china al que adoraría poder tocar en público como a sus bongos, pero no puede por la obvia diferencia cromática, la escasa diferencia sexual y la certeza de que su mujer lo mataría. -No lo creo -me conformé con decir. -Créalo -Helen bajó la mirada-. Él y yo buscamos exactamente lo mismo. Era difícil pensar que se refiriera al acróbata. No tenía idea de en qué clase de búsqueda podían coincidir esos dos. Maldito calor. Mi cerebro estaba espeso. -Nos buscamos a nosotros mismos- terminó por confesar y suspiró. Suficiente para un viernes. Me incliné hacia atrás y abrí el cajón nevera donde, rodeado de hielos, descansa Mr. Daniels, mi asistente. Lo pensé mejor y miré a Helen. Acaricié un blanco de Rueda llamado Cu-cú Cantaba la Rana. ¡Qué diablos! Me la jugué. A fin de cuentas no sabía si Toni buscaba a Helen, si Helen buscaba a Toni, o si ambos, juntos o por separado, buscaban a Henry... O si éste los buscaba a ellos... Puse el vino y un vaso casi limpio sobre la mesa. Helen se sorprendió. Punto para mí. Serví el elixir dorado que realzaba su vestido negro. Helen tomó el vaso e hizo las cosas bien. El bourbon se paladea chasqueando ruidosamente la lengua y echando el escalofrío con un suspiro prolongado, rasposo. El buen vino se paladea lentamente, se lo deja deslizar y contar su historia y, tras tragarlo, se inspira profundamente. El whisky es relajación, espiración. El espíritu desgastado sale con fuerza. El vino es escucha. La inspiración invita a la renovación espiritual... He sido un atento y fiel monaguillo trapense. -Me busco a mí misma -confesó Helen inspirada. Me lo empezaba a temer. Guardé el Cu-cú y me eché dos dedos de Jack en un vaso menos limpio. -¿Y Toni dijo que yo era el tipo indicado para eso? -Insistió mucho. Le eché dos dedos a los dos dedos. Miré a Helen d' Spinosa directamente a los ojos olvidando que aún no había contemplado a gusto su escote, que es mucho olvidar, y vacié el vaso. Chasqueé la lengua, raspé el suspiro, exhalé y dije entre lágrimas de cuarenta grados: -Ya no me dedico a eso. -Toni dijo que antes lo hacía. No quería oírlo. Pensé en volver a echar dedos. El estómago dejaría de arder pronto. -Le he dicho que ya no me dedico a eso. -Él dijo que era usted el mejor. -¿Cree que halagándome logrará su propósito? ¿Se lo dijo Toni? -Dos dedos. -Me dijo que reservara lo mejor para cuando se beba su siguiente trago. Odié a Toni. Ella sonrió inquisitiva. Me desafiaba. Malo... para mí. Ella y Jack hacían una pareja perfecta. Ladrones de espíritus. Dos dedos más. Bebí. El servicio prestado por Jack I me evitó la sesión de chasquido, escalofrío, etcétera. Permanecí incólume. -Intente ahora -me planté con voz firme, o eso quiero creer. -Me busco a mí misma y le necesito a usted para eso. -No -raspé con determinación, o eso quiero creer. -Detecto un temblor en su voz, Sr. Marlow. A la porra. -Detecta usted a Mr. Jack Daniels. Mi determinación sigue encolumnada. Mi mástil sigue incólume. Incólume. A la porra. Fui a echarme otros dos dedos de cuatro. Ella tapó el vaso. -¿Hemos llegado a esto? -pregunté, o eso creo-. Odio a Toni... ¿Eso lo he dicho yo o usted? -Lo ha dicho usted -dijo Helen- pero creo que no quería decirlo. Ella seguía sin destapar el vaso. Aparté la botella. -Es cierto, es un odio privado, el mundo no necesita saberlo. -¿Cómo puedo encontrarme a mí misma? -insistió sin compasión. Inútil resistir. Arrinconado, apaleado, espeso. Aquí debo contar otra historia, pero antes le echo dos dedos de cuatro al vaso de Helen, que no ha tapado. -Relájese d´Spinosa -le acerco el vaso. Ella lo toma y se lo bebe sin pausa. Bravo. Chasquea, gruñe, yergue la espalda, exhala y se agita como una leona. Se desnuda. No eso no. Mi imaginación se desboca, pero mi determinación ya no está incólume. He pasado esa fase hace varios dedos. La historia es la siguiente. No siempre he sido detective privado o dedicado monaguillo trapense. Una vez.... una vez muy larga, de más de veinte años, fui profesor de yoga. Tuve que dejarlo cuando las cosas se pusieron feas. O bonitas. Sí, bonitas. Todos querían cosas bonitas. Todos podían tenerlo todo o eso les habían contado. Y muchos quisieron conocerse, encontrarse, aceptarse y amarse bonitamente porque estaba de moda. El último producto del mercado. Antes de que el yoga estuviese de moda era cosa de beatniks y otros raros. De pronto las estrellas empiezan a hacer yoga y sus satélites, su legión de fans, deciden descubrir sus yos interiores. Entonces descubren que el tal yo interior no se parece un pelo a la jeta de su admirada estrella, como esperaban, sino que es más bien como el estallido abundante y repentino de una escrófula purulenta. Cuando descubren que su niño interior es un nosferatu... entonces quieren matar al mensajero, que no es otro que el profesor de yoga. Salí por piernas del yoga shala, me cambié el nombre y me saqué una licencia de detective en cuya foto salgo aún con turbante. Los ojos de Helen brillan como los míos. Sé que los míos lo hacen porque lo veo todo rodeado de un aura resplandeciente. La de Helen es azul, dorada y rosa, con toques púrpura aquí y allá y algún que otro trauma sin resolver que no quiero mirar. No puedo dejar de ver, aunque lo intento, un anhelo profundo, tierno, infantil. Y lleva, como sospechaba, una leona dentro. -He practicado el método Pilates -dice con voz de nena-. Ocho años de ballet. Universidad. Kung Fu. Meditación Zen. He leído a Kerouak y a Ginsberg. He tenido un par de novios. Padres perfectos. Los odio. Me odian. Tengo mi propio negocio, gano una pasta y mis padres me pasan otra puntualmente -se queja. -Pues no sé si está preparada para conocer algo mejor, Helen. -No me importa que sea peor. Respuesta correcta a mi pesar. -¿Qué quiere usted conocer de sí misma? -El origen de mi dolor. -El origen de algo feo no suele ser bonito. -No me importa. -¿Se sufre tanto siendo una mujer de éxito que está como un queso? -pensé o pregunté, no lo recuerdo. Sus ojos se clavaron en los míos. No era una mirada de pena; era una mirada dura, cortante, de esas que te hacen tragar cristales. Mejor rabiar que quejarse, pensé a su favor incólume, impávido, borracho perdido. -¿Sólo desea encontrar dolor? -Deseo dejar de sufrir -¿Para qué? Ponga un nombre, una meta a su anhelo, un puerto al que llegar. -Inocencia. Recuperar la inocencia -respondió sin pensar. Sus ojos brillaban. Sonreía. Estaba allí sin saberlo. El momento pasó y ella no pudo verlo. -¿Puede ayudarme el yoga? -No. Quedó helada. Al segundo sus ojos echaban chispas. -Oiga, Helen, vino usted porque quiso. Yo no la llamé. Se inclina hacia delante sobre la mesa y apoya los antebrazos en ella. Repta hacia mí. Su escote está a la altura de su magnífico trasero... No. Está bastante más arriba y del otro lado, pero yo estoy ya muy impávido. Helen duda entre levantarse, estrellar los vasos y la botella en mi impávida jeta e irse o quedarse ahí odiándola. -¿Puede ayudarme usted? Se queda odiándola. La miro fijamente a los ojos y la echo otros cuatro dedos de whisky al vaso porque dos caen fuera al no mirarlo. -No. Helen tomó el vaso y miró la bebida. Sus ojos parecieron volverse de ámbar oscuro como Jack, que la sostenía la mirada sin alterarse. Yo deseaba decirle: “Lo tienes delante, Helen. La respuesta está en tu mano y te entra por los ojos”, pero a los monaguillos trapenses se nos entrena en el silencio más estricto. -¿Se lo va a beber? -pregunté como pista número uno. No respondió. -¿Lo va a mirar? -enervante pista número dos. No respondió. -¿Qué ve ahí tan interesante? -y hasta aquí puedo leer. Esta vez sí que respondió. Se levantó de la silla y estrelló el vaso contra la pared a mi espalda. No pestañeé. No me malinterpreten. Soy un cobarde bien entrenado, si no estuviera impávido habría saltado como una gacela de Thompson. Helen respiraba agitadamente. Cogí otro vaso. Cuatro dedos. Dos fuera y dos dentro, y eso que lo estaba sujetando para que no se moviera. Se lo pasé. -Mira usted con demasiada emoción. Hágalo con dulzura. Helen me arrancó el vaso de las manos, pero se detuvo a mirarlo en vez de estrellarlo contra el muro de mi estoicismo. -¿Qué ve ahora? Miró la superficie. Quedó en silencio. Una lejana sonrisa se acercó desde muy muy lejos. Llegó y floreció en su rostro. Ya saben ustedes qué veía. -El yoga no puede ayudarla -repetí-. Yo tampoco. Sólo puede usted. Haga lo que quiera. Yoga, pilotes, dirigir su empresa, pero hágalo con esa mirada de ámbar, leona. Véase haciendo lo que hace con la pasión de esa mirada de cuarenta grados. Vea lo mejor de usted. Encuéntrelo en cada cosa que hace. Deje de buscarlo en el yoga, en mí, en Toni. Deje de culparse a sí misma, a sus padres, a los novios. Haga lo que quiera y encuentre su espíritu en vez de agotarse por buscarlo sin descanso donde no puede estar, donde usted no está. Helen volvió a mirar su reflejo en el vaso. Lo levantó. -A mi salud -bebió de un trago. Exhalación. Escalofrío. Sus ojos refulgían como diamantes en las manos de un avaro. Saqué el Cu-cú Cantaba la rana y un tercer vaso. Se lo puse delante. Ella lo tomó entre sus dedos largos y fuertes y se buscó en el dorado. Su aura se expandió y sus ojos también. Me miró. -A su salud -Bebió. Paladeó. Inspiró. Sonrió. -El yoga no va ayudarla a encontrar nada que esté buscando -dije-. Yo tampoco. Me miraba con interés y con tranquilidad. Se sentó y tardó unos quince minutos en cruzar sus interminables piernas, o eso me pareció. -Siga respirando así. En el presente. Espire la tensión, inspire la vida. Acompáñese siempre de su espíritu. Eso es respirar. Yoga es encontrar, es dejar de buscar. Es reposar en su espíritu y no correr tras su ansia. -Practicar yoga -continué- estar con usted, será mejor que emborracharse cada día para encontrar su propia aceptación, su propio perdón, su veredicto de inocencia. La volverá perfectamente... impávida. Burps. -¿Y ya está? -Por supuesto que no. Deberá seguir emborrachándose a diario. Elija la opción más sensata: drogas o yoga. Todos los días se alejará de usted misma y deberá encontrarse de nuevo, atrapar su espíritu. El yoga es medicina para la memoria. -Marlow -su voz rasgada acarició mi nombre fundiéndolo en sus labios-, ¿por qué es detective? -Se me da bien encontrar cosas. -¿El trabajo de un detective no es buscarlas? -No. Quién es [2]Roberto Rodríguez Nogueira es profesor de yoga, blogger y escritor. http://elartedelacalma.com/ [3] https://www.facebook.com/yogapirata?ref=ts&fref=ts [4]   [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/yoga-noir.jpg [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2012/10/Roberto_Nogueira-cuad.jpg [3] http://elartedelacalma.com/ [4] https://www.facebook.com/yogapirata?ref=ts&fref=ts

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

مراوح (أشعة والمعلمين والطلاب)
Publicado el 18 Aug, 2015

"Para los que cabalgan sobre el rayo. Gracias". Así dedica este artículo Roberto Rodríguez Nogueira a los profesores de yoga fanáticos e irreductibles. [1] Hoy quiero hablarte de algo que un auténtico profesional del ejercicio físico (con todos mis respetos a la profesión) es improbable que encuentre. Esto no es para profesionales. Esto es para profesores de yoga fanáticos e irreductibles. De esos que cuando las cosas les han ido mal no sólo no han dejado de aprender, enseñar ni practicar yoga sino que han hecho todo lo contrario. Porque el no saber no los detiene y no saben cuando parar. Ni pueden. Y no sólo no lo dejan, aprender, practicar y enseñar, sino que además insisten, más curtidos y sensibles, dispuestos a intentarlo de nuevo, a reír y a enseñar, si hay quien quiera aprender. Esto es para los que pueden haber perdido a todos sus alumnos porque les cambian las condiciones laborales. O los han echado de la sala donde daban las clases porque el dueño ha decidido darlas él, que gana más. O los ha expulsado el ayuntamiento del centro cívico, tras años de crear escuela, y subasta las clases al empresario de ocio que menos cobre. Un profesional del ejercicio físico variará sensatamente las condiciones laborales en su beneficio. Pues me titulo de Pilates y doy Pilates. Pues me saco uno de hipopresivos, que es buena cosa y se vende cara. Pues monto yo la empresa de ocio. Pues me formo en Ashtanga, masaje thai, Bikram y H'oponopono, tojunto. Un profesional sensato habrá tomado nota de su verdadero valor: Cero. Soy un añadido de aula. Y se dedicará a aumentar su valor como complemento de aula o cambiará el rumbo. Un fanático del yoga tomará nota de su verdadero valor: Soy Profesor de Yoga y creo en lo que hago. Así que el fanático probablemente abra un centro. Y unos meses después, probablemente (fijo que el profesional se lo habrá advertido...) descubra que su valor es menos que cero. Números rojos. Y se preguntará: ¿Y qué esperabas? Si vales menos que cero, si tu ego está en números rojos es que vas muy bien. ¡El Yoga funciona! Un fanático ríe. Un profesional flexible y emprendedor largará trapo buscando nuevos recursos o salidas laborales. Un fanático no. Porque no puede. Porque si juegas en serio este juego estás incapacitado para hacer otra cosa con la misma pasión y la misma devoción. Porque si juegas este juego en serio sabes que dar clase y “tener alumnos” no es la parte más importante, sabes que la parte principal son la pasión y la devoción en las relaciones: que tu corazón limpio y radiante presida todas y cada una de tus relaciones. Por eso no tienes amigos o alumnos cerca. Tienes Maestros. Y nunca estás solo:todo es tu maestro. Un profesor es un profesor (el Mejor Oficio del Mundo). Y punto. Y fregando escaleras, cepillando tablas, poniendo vacunas seguirá siendo un profesor. Y en la cola del pan seguirá siendo un profesor. Y dentro y fuera de un aula. Con alumnos o sin ellos seguirá siendo un profesor. Y encontrará y potenciará siempre, como mejor sepa, relaciones armónicas y claras a su alrededor. Y a veces meterá la pata, pero seguirá en lo mismo. Y sin duda alguna vez, cansado, dejará de ser profesor para, como dice Jim Carrey, [2] meter la pata y fracasar a todo trapo en aquello para lo que no sirve... Lo que, sin duda, le hará mejor profesor. Y si ese profesor es un yogui, no te quepa duda, entonces reirá mientras las máscaras se resquebrajan y caen y el alma respira. Los buenos profesores no se fabrican ni mejoran con la acumulación de habilidades o títulos, así como el buen vino no mejora con la gaseosa. Las habilidades te hacen más hábil, no necesariamente mejor. Los títulos te titulan, pero la rosa huele igual con otro nombre. ¿Quieres ser profesor? Monta el rayo. Esto no es para profesionales. Es para fanáticos. Los buenos profesores mejoran dentro de su propia vida, despejando su espíritu ante las inclemencias, ante los cambios. Lijan las máscaras dejando respirar al alma. No hay profesionales de eso. Eso no se paga con cuotas, no mejora con habilidades, no se logra con títulos. Se es o no se es. Y se sabe. Y los buenos profesores lo son por los buenos alumnos. Ser alumno es también algo que se es o no se es. Un alumno no busca un título. Y punto. Ser alumno (y de yoga, más) es sentir la energía del rayo arrastrándote sin tener nada con que sujetar la experiencia. Puedes llamarlo sufrimiento, angustia, ansiedad, pero es una fuerza terrible que te empuja. Un alumno nace como un ser exaltado en un momento irrepetible en el que otro alumno interpreta el papel de profesor. Dos extremos. Un rayo. El alumno también lo monta. Y cuando aprende a montar, si es un yogui, no te quepa duda... reirá mientras las máscaras se resquebrajan y caen y el alma respira. Diez años después el profesional sensato será mejor profesional. Y puede que haya logrado una cierta holgura financiera y estabilidad mental. Diez años después el fanático puede seguir en números rojos y ser consciente de que su mente no es tan estable como debería. También es consciente de que eso no es malo. Como decía Krishnamurti: “Una mente perfectamente adaptada a una sociedad enferma no es una mente sana”. Con el ego bajo cero, o intentándolo, el fanático ríe. Sabe perfectamente que no olvidar los principios es una lección de humildad y que no haber hallado el perfecto equilibrio le permitirá ser útil a su alumnos, los que se acercan tocados por el rayo. Y esa es la magia del juego, el arte de montar el rayo: el alumno y el profesor crean una Relación Auténtica, pura energía brillante que entre cielo y tierra destila el sufrimiento en consciencia. Y, por supuesto, a estas alturas ya lo sabes, sobre todo si eres un yogui, que los papeles de un alumno y un profesor cambian constantemente. En la vida y hasta en el aula (cuando la relación sucede en una). Eso tampoco es para profesionales. Un profesional siempre enseña. Un profesor siempre aprende. El fanático infectado En 1998 o 99, pongamos que un miércoles por la tarde, cuando descubrí el Ashtanga vinyasa y que todo lo que yo pudiera yo pensar o hacer ya lo había pensado y hecho mejor un indio antes, en pleno subidón de sudorosa adrenalina experimenté una epifanía: la gente va a amar esto. Es imposible que no lo hagan. Aprendí dos cosas. Primera: sustituir “yo” por “la gente” es algo arriesgado, incluso estúpido. Segunda: Spain is different y Valladolid más. A día de hoy en Valladolid han pasado dos cosas (entre otras cuantas). Primera, en Valladolid, que yo sepa, hay una profe que lo hace bien, enseñar Ashtanga, digo: Helena Zapke. Segunda, la mayoría de la gente sigue pensando que el Ashtanga yoga es una modalidad brasileña caracterizada por un atuendo minimalista. Pero el boom va llegando. Cada vez hay más alumnos que buscan más allá de los centros cívicos y me consta que numerosos centros en la ciudad tienen las clases llenas casi todo el año. [3]Quién es Roberto Rodríguez Nogueira es profesor de yoga, blogger y escritor. http://elartedelacalma.com/ [4] https://www.facebook.com/yogapirata?ref=ts&fref=ts [5] [1] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/08/fanaticos_yoga.jpg [2] https://www.youtube.com/watch?v=TjAlZBz9_xE [3] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2012/10/Roberto_Nogueira-cuad.jpg [4] http://elartedelacalma.com/ [5] https://www.facebook.com/yogapirata?ref=ts&fref=ts

[+]


'; $fincen = '">'; $values = get_post_custom_values("miniatura-rect"); $TXT_tam=20; ?>

Respuesta a ‘El elitismo en el yoga’
Publicado el 27 Jul, 2015

Roberto Rodríguez Nogueira responde al autor de "El elitismo en el yoga", Rogelio Barreiro, artículo de opinión publicado por Yoga en Red el jueves pasado, que puedes leer aquí [1]. [2] “En definitiva, el yoga es las asanas por antonomasia. Hay que procurar guardase nuestras ideas para nosotros mismos y dejarlas fuera del estudio. Rogelio Barreiro Magi es estudiante de yoga con tres años de práctica.” Rogelio, creo que esto habla por sí mismo. Con tres años de práctica no puedes decir lo que es o no es el yoga. He practicado aikido tres años, arte en el que eres profesor, y estarás de acuerdo conmigo en que no puedo tener más que una vaguísima idea muy difusa de un arte que el maestro Ueshiba tardó toda su vida en desarrollar. Si en algo coincidimos el 99% de los yoguis es que el yoga NO son las ásanas. Si no entiendes esto, Rogelio, debes preguntárselo a tus profesores porque o no te lo han explicado bien o no lo has comprendido. Si en algo coincidimos el 99% de los yoguis es que las ideas no pueden dejarse aparte nunca. Las ásanas se definen como un acercamiento a través de los sentidos para ver lo que no se puede ver (David Williams): nuestra capacidad para la relajación, nuestro resplandor interno. Son alta tecnología de descondicionamiento. Lo importante en ellas es tu presencia interior abierta y compasiva para revelar tus prejuicios y descansar de los fanatismos. Sí te acepto que puede haber “profesores de yoga” que exigen reverencia a las escrituras, pero tú exiges que no conocer la base religiosa y filosófica del yoga es algo que un profesor de yoga debería poder permitirse... No. A mí nadie me ha pedido que crea en nada en yoga, pero es evidente que el yoga sale de un lugar y de un tiempo y hay que conocerlos profundamente... lo que no significa, ni de lejos, “tener que creer” cuanto expresan. Actualmente no soy vegetariano. Lo he sido y muy probablemente volveré a serlo. Pero la cualidad de la no violencia es otro de los irrenunciables del yoga. A mí ningún yogui me ha mirado mal por no ser vegetariano ni me ha exigido serlo para estar en su compañía, porque no juzgar y la compasión son bases de la no violencia, preceptos yóguicos más importantes que ásana... Lo que nos lleva a otro punto. SÍ que hay que cumplir requisitos previos para hacer ásanas. Está en los yoga sutras de Patánjali. Nuestra primera cartilla, Rogelio, que parece que no conoces. El yoga sin Patanjali no existe, punto, como el aikido sin Ueshiba. Yama y Niyama antes que ásana. Si esto no se tiene en cuenta, ásana es un ejercicio efectuado desde una perspectiva muy limitada e ignorante, un moverse de acá para allá, como un irimi nage hecho al aire sin uke ni sensei que nos guíe: sin uke, sin resistencia, y sin guía no reconocemos nuestra resistencia ni nuestra ignorancia y no podemos liberar el potencial de nuestro movimiento. Yama y Niyama apenas ocupan unas pocas líneas, pero sin ellos, no hay yoga, igual que sin un mínimo porcentaje de sal en el agua no hay océano (Godfrey Devereux). Rogelio, si es así como enseñas, no estás enseñando yoga porque o no te he entendido, o no lo expresas bien o no conoces el yoga. Da la impresión de que quieres acercar a ti a todos los que puedan pensar como tú y darles aquello que tú puedes y quieres dar llamándolo yoga. Yo leo en tu artículo: “Si te asusta el cambio, si no quieres observar tus prejuicios, si sólo quieres ásanas, ven conmigo”. ¿Que quieres llamar a eso yoga? Tú mismo, pero si es lo que has aprendido no dejas en buen lugar a tus maestros Con afecto y sinceridad, Roberto. Quién es Roberto Rodríguez Nogueira es profesor de yoga, blogger y escritor. http://elartedelacalma.com/ [3] https://www.facebook.com/yogapirata?ref=ts&fref=ts [4]       [1] http://www.yogaenred.com/2015/07/23/opinan-los-lectores-el-elitismo-en-el-yoga/ [2] http://www.yogaenred.com/wp-content/uploads/2015/07/Elitismo.jpg [3] http://elartedelacalma.com/ [4] https://www.facebook.com/yogapirata?ref=ts&fref=ts

[+]