Vivir intensamente

Vivir intensamente no tiene nada que ver con hacer, ni con consumir la felicidad que nos venden con productos externos, sino con vivir de forma auténtica, lo cual implica ser honesto y coherente con uno mismo. ¿Te has planteado que significa para ti vivir intensamente? Escribe Montse Simón.

Una amiga me contó una vez que estando en una reunión en la que se daba vueltas a temas irrelevantes y superficiales, dijo mientras se levantaba: “Lo siento, pero me estoy muriendo”, y se marchó. Fue su manera de expresar que no le interesaba malgastar el tiempo en conversaciones y relaciones que no sumasen a un vivir pleno y consciente.

Recuerdo que cuando me lo contó me pareció un poco exagerado, pero había una gran verdad en sus palabras y su acción: desde que nacemos estamos muriendo y es importante valorar de qué modo queremos vivir.

La muerte como horizonte nos plantea la cuestión sobre lo que significa vivir. Hay un vivir que tiene que ver con la actividad interna que poseen los seres vivos. Pero hay un vivir que tiene que ver con el sentido de ser y con la dicha que proporciona el pleno desarrollo de ese ser.

Cuando nos preguntamos por la vida y su sentido cabe cuestionarse también: ¿qué significa vivir intensamente? Hagamos la prueba. Antes de seguir leyendo piensa a qué te suena si te hablo de vivir intensamente.

En el cine, en los anuncios de televisión, en las redes sociales, en las revistas, en algunos libros y en los medios de comunicación en general, se transmite a menudo la idea de que vivir intensamente es hacer muchas cosas y por supuesto  todas ellas de nuestro agrado. Parece que vivir intensamente sea sinónimo de hacer actividades que nos suban la adrenalina (parapente, puenting, salto base y deportes de aventura varios), viajar, salir de marcha, comer copiosamente, hacer “locuras”, apuntarse a un bombardeo… Esta es una imagen muy falseada de lo que significa vivir intensamente y por ende la felicidad.

Vivir intensamente no tiene nada que ver con hacer, ni con consumir la felicidad que nos venden con productos externos. Vivir intensamente tiene que ver con vivir de forma auténtica, lo cual implica ser honesto y coherente con uno mismo. La intensidad de la vida no se mide en cantidad, no tiene que ver con que una vida sea larga o corta, sino que se mide en calidad. Y la calidad, de nuevo, no se mide en cantidad, si haces más o menos cosas, o si tienes más o menos cosas, sino en profundidad, en veracidad y en la paz que una encuentra en la coherencia con lo que es.

La muerte invita a saber elegir

Resulta entonces que un tema tan tabú como la muerte nos invita mirar si estamos viviendo una vida auténtica o si nos limitamos a seguir gustos ajenos, o pequeños placeres que en lugar de conducirnos a lo más auténtico de nosotros nos conducen en la dirección opuesta. En la Kaṭha Upaniṣad hay un momento en el que el dios de la Muerte elogia al joven protagonista de la historia por su capacidad de saber distinguir entre lo que verdaderamente conduce hacia el conocimiento de sí mismo y lo que no. Naciketas distingue claramente  lo que es más placentero pero pasajero de aquello que, aunque a corto plazo no resulta lo más placentero, a la larga le aporta el mayor de lo bienes. Ese bien mayor consiste en descubrir su esencia, más allá del cuerpo físico, de las posesiones, la familia, los amigos y los roles sociales.

Ambos, lo mejor y lo placentero,
se presentan al hombre.
Los sabios lo valoran, ven la diferencia
y eligen lo mejor por encima de lo placentero.
Pero el tonto elige lo placentero,
en lugar de lo que es beneficioso” (Ka. Up. 2.2)

Hay que comprender que el mensaje no dice que tengamos que renunciar a lo placeres por el hecho de ser placeres, ni que lo mejor no pueda, en un momento dado, ser placentero. A lo que se refiere es a que no siempre lo mejor es lo que más nos apetece. Tomemos el ejemplo del medicamento amargo que nos puede curar; no es lo más apetecible tomarlo, pero es lo que nos devolverá la salud.

Para poder elegir lo mejor es necesario tener una visión amplia en la que podamos valorar lo que realmente suma a nuestra vida en su totalidad y tener el valor para soltar aquello que, aunque a primera vista puede resultar muy suculento, no nos conduce a lo más auténtico de nosotros mismos.

Si puedes elegir entre una felicidad pasajera y otra que conduce a la plenitud total, ¿con qué te quedas? Yo elijo la segunda opción y enseguida me surge la cuestión: ¿qué significa una vida plena? Y ¿qué nivel de compromiso estoy dispuesta a tomar con la vida para ir en esa dirección?

Entiendo que una vida plena es aquella en la que reconociendo nuestros límites y sabiendo distinguir cuáles son, los aceptamos plenamente. Dejamos de luchar para demostrar algo o llegar a ser algo porque comprendemos que somos y nuestras acciones emergen de la dicha de ser.

Dice el filósofo Francesc Torralba hablando de la muerte como límite del ser humano: “El que reconociendo el límite no vive consternado por él, ese hombre es feliz.”

Cada día tomamos un montón de decisiones y en cada una de nuestras decisiones damos pasos en una u otra dirección. A veces por comodidad, a veces por miedo, otras veces por sentir un pequeño o gran placer, actuamos en sentido contrario a la felicidad. Para poder dirigirnos a lo más auténtico de nosotros que nos ha de permitir vivir una vida intensa tenemos que estar dispuesto a morir cada día un poco, morir a lo que pensarán de nosotros, morir a las idealizaciones acerca de nosotros mismos y del mundo, morir al reduccionismo de las identificaciones, morir a las posesiones, a los juicios y creencias, morir a las comodidades y la pereza, morir como sinónimo de soltar , porque aprender morir es abrirnos a la plenitud de ser.

Y tú, ¿qué es para ti vivir intensamente?, ¿en qué medida tus acciones priorizan el placer a corto plazo por encima de lo que te hace sentir más pleno o plena?, ¿cuáles son las limitaciones que no te permiten ser auténtica o auténtico?, ¿cuáles de ellas estás dispuesto o dispuesta a soltar? Estas son unas poquitas preguntas para invitarte a caminar hacia lo más profundo de ti y una vida plena.

Montserrat Simón. Filósofa, especializada en India y comprometida con la filosofía práctica. Vivió en India donde se formó con distintos maestros de la tradición hindú. Imparte cursos y talleres de filosofía acercando de modo práctico y cotidiano esta disciplina a todas las personas. Además de la filosofía da clases de sánscrito y de yoga. Miembro y docente de la Asociación de Yoga y Filosofía Práctica

Retiro de Semana Santa,

28-31 de marzo, Mallorca

“Vivir-morir-vivir”.  Cuatro días de recogimiento, en un entorno natural, con actividades y espacios de reflexión entorno al desapego y la posibilidad de vivir de forma más auténtica, meditación y un poco de yoga (220 € en febrero)

Más información y reservas: biijayoga@gmail.com

http://formacion-yoga.org/index.php/yoga/retiros-de-yoga-2012.html

Be Sociable, Share!

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a nuestro RSS para no perderte nada

Otros artículos sobre
Por • 1 Feb, 2018 • Sección: Firmas, Yoga y Filosofía