La muerte, un proceso de transformación

La muerte es un tema tabú en nuestra sociedad. Se esconde, se habla poco de ella, se mira hacia otro lado, y cuando se presenta se intenta que todo aquello que conlleva, velatorio, ceremonias de cremación, entierros, despedidas, duelo, cierre…, sea lo más breve posible. ¿Qué tiene de malo la muerte? ¿Por qué tememos incluso mencionarla como si con ello la estuviésemos invocando? Escribe Montse Simon.

“Cuando una acción termina y un deseo, un pensamiento, se evaporan, hay una especie de muerte sin la sombra de un mal. Ahora piensa en los periodos de la vida, en la infancia, en la adolescencia, en la juventud, en la vejez. El paso de uno a otro periodo es una verdadera muerte. ¿Hay algo en esto de malo? (…) Lo mismo será la muerte: cesación, interrupción o cambio de toda la existencia.” (Marco Aurelio, Pensamientos)

En realidad la muerte está presente por doquier. Como señalaba Marco Aurelio, el paso de un período a otro implica una muerte: muere el niño para dar paso al joven, sin embargo nadie en nuestra sociedad dice: “ha muerto el niño y morirá después el joven”. Vemos las flores caer para dar lugar a los frutos y sin embargo no nos apenamos por la muerte de la flor. Tan siquiera lo vemos como una muerte sino que en este caso percibimos la transformación.

Ahora bien, cuando se trata de personas o seres queridos o bien cuando proyectamos nuestra propia muerte, entonces tendemos a conectar con sentimientos de angustia y profundo dolor. Por supuesto, existe el dolor por la pérdida, la nostalgia que nos trae el recuerdo de lo que fue. Pero ¿hasta qué punto la forma en la que percibimos la  muerte es la que condiciona en verdad el modo en qué nos relacionamos con ella?

¿Y si la muerte no existe? Cuando hablamos de muerte proyectamos una especie de fin, de ruptura, de desaparición absoluta y vacuidad angustiosa, el aniquilamiento de la vida. Incluso si imaginas un color es fácil que pienses en el negro o el gris. Y la imagen de la Muerte personificada en un esqueleto, con una capa negra y llevando una guadaña ha llegado a convertirse en una imagen arquetípica. Pero ¿qué ocurre si en lugar de definir la muerte como “cesación o término de la vida” (RAE)  la definimos como “parte del proceso de transformación de la vida”?

Párate un momento a pensar en ello. Te propongo pensar primero en algunos procesos de la naturaleza:

  1. El agua del mar que se evapora y se convierte en nube y la nube en lluvia, que vuelve a la tierra y alimenta las plantas, los ríos, los mares… ¿Quién o qué muere aquí?, ¿muere el mar?, ¿muere la nube?, ¿muere la lluvia?
  2. La semilla que se rompe para brotar, que da lugar a una pequeña planta y la planta a un enorme árbol y el árbol da lugar a las flores y de las flores nacen después los frutos que nos comemos, o que vuelven a caer a la tierra y se descomponen en ella… ¿Muere la semilla?, ¿muere la planta?, ¿mueren el árbol, la flor, el fruto?
  3. El huevo que se convierte en larva y después en insecto que en algún momento es engullido por una rana y la rana comida por una serpiente… ¿Muere el huevo?, ¿muere la larva?, ¿muere el insecto?, ¿muere la rana?…

¿Dónde está el límite en el que la transformación pasa a llamarse muerte y la muerte pasa a ser entendida como fin de la vida? ¿El fin de qué vida?

Si nos detenemos a observar los ejemplos que hemos puesto o si pensamos incluso en las personas, lo que muere es lo concreto, lo individual, pero la Vida no muere, la Vida sigue su curso:

“Hijo mío, si alguien le hiciera un corte a este árbol en su raíz, su savia sangraría, pero seguiría viviendo. Y lo mismo sucedería si lo hiciese en el medio o en la copa. Pero como está penetrado por la vida, sigue en pie, bebe y se deleita con la vida.

Si la vida abandona una de sus ramas esta se seca. Si abandona una segunda, también se seca, y si abandona una tercera rama, también se seca. Si abandona todo el árbol, entonces todo el árbol se seca. Del mismo modo, cuando la vida abandona el cuerpo, el cuerpo muere pero la vida no muere.”  (Chāndogua Upaniṣad, 6.11. 1-3)

Cuando podemos pensar la muerte en términos de transformación, irremediablemente nos remite a una Vida mucho más grande y vasta que lo concreto e individual. Y a su vez, esto nos invita a reflexionar en la vida que vivimos. ¿Identificamos nuestra vida con lo concreto y lo particular?, ¿nos identificamos sólo con el cuerpo y la mente?, ¿nos vivimos como individuos concretos separados de los demás?, ¿quién soy yo y quién es el que muere cuando muere el cuerpo?

Todo este tipo de cuestiones son una invitación a la Vida. Resulta que aquello que llamamos muerte tal vez sea sólo un proceso de transformación; ahora bien, la mente tiene un papel fundamental a la hora de determinar nuestra forma de vivir-morir. Igual que el tipo de flor, de fruto, o la distribución de la lluvia, dependerán de los condicionantes previos, del mismo modo nuestra forma de morir también estará condicionada por nuestra forma de vivir. Dicen que cuando dispararon a Mahatma Gandhi cayó al suelo diciendo “Sri Ram, Sri Ram”. Es decir, vivió su vida con la mente enfocada a lo divino en todos los seres y murió repitiendo el nombre de la divinidad.

Si la mente crea la realidad, ¿es posible que en el momento de la muerte nos convirtamos en aquello que pensamos? Y cuando llegue el momento de esa muerte, ¿cómo querría que me encontrase?

La muerte forma parte de la vida y al elegir cómo nos gustaría morir, elegimos también como queremos vivir. La Vida se expresa a través de la transformación entre muerte y vida. Cierro citando a Jñāneśvara, un santo indio del s.XII:

“Los anhelos que una persona tiene mientras vive,
que moran fijos en su corazón,
vienen a la mente en el momento de morir.”

Montse Simon es licenciada en Filosofía, postgrado en Historia de las Religiones y diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Miembro de la Asociación de Yoga y Filosofía s’Om (http://formacion-yoga.org/).Amplía los estudios de Vedanta y de textos de la tradición con pandits y con swamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito.

Si te interesa indagar más en el tema de la muerte, Montserrat Simón impartirá próximamente un curso con ejercicios prácticos y lecturas que faciliten la indagación en el autoconocimiento y las enseñanzas que la muerte nos puede proporcionar para la Vida:

“La muerte, una enseñanza de Vida”

Cuándo: viernes 3 de noviembre, de 19.00 a 21.00h.  (del 3 de noviembre al 26 de enero, 10 sesiones)

Dónde: En Centro-Sol. Atocha, 20, 2º dcha.

Inscripciones y más información: biijayoga@gmail.com

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Por • 11 Oct, 2017 • Sección: Firmas, Yoga y Filosofía