Yoga y liberación

Quizás hayas escuchado o leído alguna vez el término moksha. Es la palabra sánscrita que se utiliza para referirse a la “liberación”. ¿Pero qué es exactamente  la liberación? ¿De qué se supone que tenemos que liberarnos? Escribe Montse Simón.

Una de las definiciones que aparecen en el diccionario acerca de la palabra “liberación” es “poner en libertad”. En buena parte de la tradición india, ese poner en libertad consiste más bien en descubrir que eres libre.

La idea de libertad no tiene aquí nada que ver con hacer “lo que me de la gana”, ni si quiera con la posibilidad de elegir, sino con un estado de perfección, de plenitud, que más que un estado es nuestra esencia más íntima, aquella esencia de la vida de la cual se dice “la vida no muere”.

La libertad no depende de ningún factor externo y precisamente esto es lo que la hace libre. La libertad es liberación del sufrimiento. Y aunque a veces se pueden llevar los argumentos teóricos al extremo de que la persona liberada sea como una piedra que no sienta nada (y por eso ya no sufre), estoy convencida de que la liberación del sufrimiento tiene que ver más bien con no identificarse con emociones que puedan seguir surgiendo. La persona liberada vive sabiéndose el testigo y no la víctima de todo lo que ocurre.

Son muchas las tradiciones que en la India persiguen algo así como la “liberación” y distintas escuelas difieren a la hora de vincular o desvincular esa libertad absoluta con la vida diaria en la que se observa: cambio, enfermedad, envejecimiento, muerte… La tradición del yoga es una  de las tradiciones que busca esta liberación. Como existen distintas tradiciones yóguicas, en este artículo vamos a referirnos, sobre todo, a la idea de liberación expuesta en los Yoga sutras de Patañjali, el recopilador y gran representante del yoga clásico.

Liberación según Patañjali

Sólo hace falta poner cinco minutos las noticias para que a uno se le pueda pasar por la cabeza que hay mucho sufrimiento en este mundo.

Pues bien, más allá de las crisis, las quejas de una sociedad que cambia demasiado rápido, las quejas acerca del consumo desorbitado, la corrupción, etc., parece que esto del sufrimiento ya viene de antiguo, y filósofos, sabios y místicos se plantearon muy seriamente encontrar la forma de acabar con el sufrimiento. Para ellos la liberación tiene que ver con liberarse del sufrimiento y sus causas. Es decir, no se conformaban con eliminar  los síntomas, como muchos de los medicamentos que  se anuncian, sino que lo que buscaban eliminar de raíz  aquello que originaba la enfermedad.

En el segundo aforismo en el que Patañjali habla de la tradición del yoga, define este yoga como “cese del flujo mental” (yogaś citta vṛtti nirodhaḥ, Yoga Sutras, I.2), y uno puede preguntarse: ¿qué tendrán que ver los pensamientos (flujo mental) con el sufrimiento?, ¿acaso no es gracias al pensamiento que el hombre se distingue y, para algunos, supera incluso el resto de animales?

Pues bien, aunque la tradición india da una gran importancia al hecho de nacer como ser humano y tener un intelecto que nos permite alcanzar la comprensión- vivencia de nuestro Ser más auténtico-, nos invita,  sin embargo,  a vaciar la mente de pensamientos, porque “cuando uno consigue que los pensamientos cesen se establece en su verdadera naturaleza”, “de lo contrario, se identifica con ellos” (Yoga sutras, I. 3-4). Y aquí está el meollo de la cuestión, en la identificación de nosotros mismos con los pensamientos.

Para la tradición clásica del yoga, la ignorancia es la verdadera raíz de todo sufrimiento. Pero “ignorar” no es exactamente aquí una falta de conocimiento sino que se trata más bien de un conocimiento erróneo: nos confundimos y creemos ser aquello que no somos. Creemos ser aquello que sentimos, aquello que hacemos, aquello que nos ocurre, nuestro cuerpo (gordo, flaco, sano, enfermo, lindo o feo…), aquello que pensamos (noble, mezquino, absurdo, inteligente…), y este es el gran error que nos encadena al sufrimiento. Si cuando me siento enfadada, me identifico completamente con el sentimiento de enfado, esto me tiene que infligir sufrimiento y más todavía si sigo alimentando mentalmente ese enfado en el tiempo, porque ya no sólo me identifico con el sentimiento (que tampoco puede durar mucho) sino con la recreación mental de ese sentimiento. ¿Por qué? Porque reducimos nuestro ser a ese enfado.

Si en cambio podemos descubrir algo en nosotros que ve ese enfado, que ve cómo “algo en mí se siente muy enfadado”, ya no estamos limitando nuestra persona al enfado, sino que reconocemos algo mayor en nosotros que puede ver ese enfado.  Ese testigo último de todo pensamiento, emoción, objeto, circunstancia… es lo que en la tradición del yoga recibe el nombre de Purusha. Según esta tradición, existe una Consciencia (puruṣa) ante la presencia de la cual toda la naturaleza (prakṛti) cobra sentido.

Y no es que esta Consciencia cree el universo, sino que ante su mirada la maquinaria de la vida se pone en marcha.

Desidentificación con los pensamientos

Esta Consciencia no es diferente de la que te permite a ti tomar consciencia de las cosas, pero sí que es, según dice esta tradición,  independiente de esas cosas, es eterna, no se ve afectada por nada, ni es el agente de nada…

Conseguir que cesen los pensamientos, que forman parte del universo y no de esa Consciencia inmutable, es importante porque así tenemos la posibilidad de dejar de identificarnos con ellos y descubrir que en última instancia nosotros somos esa Consciencia que nunca muere. Esto es lo que libera nos libera del sufrimiento.

Las pautas que da Patañjali para conseguir ese cese de pensamientos pasan por el control de los sentidos, el esfuerzo constante para concentrar la mente y el desapego. Para todo ello proporciona distintas herramientas y siempre resulta muy importante la comprensión, porque es la que nos permite que el desapego o el control no se conviertan en represión.

Entonces, ¿dejar de pensar es lo que nos libera del sufrimiento? No exactamente. Lo que nos libera del sufrimiento es poder desidentificarnos de los pensamientos. El yoga se presenta como un medio para conseguir distinguir la Consciencia absoluta (purusha)  de la naturaleza cambiante (prakriti), y ese Conocimiento es liberador porque la causa raíz, la causa primordial de todo sufrimiento es, como hemos dicho, la errónea identificación del sujeto con el objeto, de la Consciencia con el universo: “ la causa de lo que hay que superar [el sufrimiento] es el vínculo entre el sujeto [testigo último, Consciencia absoluta] y el objeto [todo lo demás]”. “ Con la desaparición de esta ignorancia, el vínculo también desaparece. Este es el cese total, el aislamiento total [la liberación, la unicidad absoluta] del testigo último” (Yoga sutras, II. 17, 25).

A pesar de que hablamos de la liberación, algunos textos influyentes en la escuela del yoga clásico señalan que en última instancia nunca hubo liberación, porque la Consciencia ya siempre fue libre y se trataba sólo de un error creer que no lo era y que teníamos que liberarnos.

Si en algo coinciden varias tradiciones es en señalar que tú ya eres libre y que sólo hace falta que te des cuenta de ello. Que renuncies y abandones todas esas identificaciones que te limitan y te hacen (pero sin las cuales todavía crees que no existirías) para vivir Eso que ya eres.

Te invito a que reflexiones acerca de lo que es para ti la libertad. No lo que te han dicho o incluso lo que te he contado aquí acerca de la libertad, sino qué necesitas tú para sentirte completamente libre de sufrimiento: ¿te sirve una felicidad pasajera?, ¿la felicidad depende de ti o de algo externo a ti que tienes que conseguir en un futuro?, ¿puedes observar lo que sientes por dentro?, ¿quién o qué es el que observa? Aprovecha cada sentimiento y cada pensamiento (que pueden ser millones) para verlos, observarlos y observar los juicios que les vinculas.

Aunque sentarse a meditar puede ser de gran ayuda, no esperes a poderte sentar para hacerlo: observa cuando entras en una tienda y no te atienden, o cuando sientes un nudo en el estómago y tensión en los hombros porque llegas tarde, etc. Observa en cualquier contexto lo que estás sintiendo y tal vez puedas decirte algo así como “mmm… veo que hay en mí un sentimiento de….”.

Montse Simón,  licenciada en Filosofía, postgrado en Historia de las Religiones y diploma en sánscrito por la Banaras Hindu University. Miembro de la Asociación de Yoga y Filosofía s’Om (http://formacion-yoga.org/).Amplía los estudios de Vedanta y de textos de la tradición con pandits y con swamis de la tradición vedantina. Profesora de yoga, filosofía india y sánscrito.

 

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Por • 6 Abr, 2017 • Sección: Yoga y Filosofía