El número de espartanos

El Congreso de Yoga de la Costa del Sol es único en muchos aspectos. Se diseñó para que cada ponente pudiera exhibir su propia voz y no sólo la voz de las grandes escuelas, para que hasta el más humilde de los instructores mostrara sus técnicas al lado de los grandes bueyes sagrados del yoga… Escribe Víctor M. Flores.

Victor M.Flores

Para que de todas partes de nuestro país acudieran amigos, amantes y profesionales de esta disciplina, el Yoga, que convierte tu columna en bambú, te enseña a utilizar no tu fuerza sino tu ligereza, convierte al cuerpo en pura acción, a la mente en pura intuición y al espíritu en dirección, nos enraiza con la tierra mientras nos proyecta al cielo, transforma al esclavo en sabio y al sabio en hombre diminuto y vacía la mente y rebosa el corazón.

Personalmente, el Congreso de Yoga de la Costa del Sol fue un sueño hecho realidad. Queda ya muy lejos en el tiempo el primer congreso de yoga que organicé en la que fuera mi ciudad de residencia durante doce años, Marbella. Siempre ha sido para mí una ciudad cuajada de encantos, mágica. Quienes la mencionan con desprecio es que viven en la espuma de la cerveza, en el noticiero, en el escándalo, en la cupletista. Muy por el contrario, Marbella es una ciudad cálida, sin fronteras, un puerto abierto desde el cual, cuando patinaba por su paseo marítimo o lo recorría en bicicleta, podía ver en el horizonte, los días fríos y despejados, el continente africano y la punta más austral de nuestra piel de toro: Tarifa.

Desde el primer momento el sur me enamoró. Desde sus playas nos conquistaron los árabes; desde sus puertos partieron los conquistadores de América. El cielo de Sevilla es indescriptible, la Mezquita de Córdoba estremece los huesos, Granada es el sueño de un opiómano… Pero fue  Marbella quien me rindió, me lo entregó todo y aquí, en la  localidad más insospechada del mundo por su fama de frívola y de paraíso de la jet set europea, encontré a un grupo enorme de buscadores espirituales, serios en su compromiso personal y en su práctica, grandes amigos a los quienes recuerdo a diario.

En el año 2007, con la colaboración de unos cuantos amigos muy entusiastas y del Ayuntamiento de la ciudad, tuvimos el primer encuentro cuyo éxito condujo paulativamente  a que el año pasado fueran hasta 3.000 visitantes los que llegaron a nuestra convocatoria. Desde ese otoño del 2007 han pasado 400 profesores y artistas y más de diez mil visitantes…

Y, claro, hubo alguien vital, el eje sobre el que pivotó ese primer éxito del Congreso de Yoga de la Costa del Sol: Ramiro Calle. Fue él el ojo del huracán, el epicentro, la zona cero. Su apoyo incondicional, lucidez y amor fue una llamada cósmica a todos los practicantes de yoga del país.  Inauguré con él, me despedí de su dirección con él mientras un tenor cantaba E lucevan le stelle.

 Gracias padre, maestro, hermano

Siempre fue un congreso abierto a la diversidad, independiente de cualquier linaje. Siempre ha mantenido su integridad, financiándose con buena voluntad y la contribución de una pequeña feria de muestras. De ahí su carácter de gratuidad, de ahí que sea fuente de inspiración dentro y fuera de nuestras fronteras.

Este año es, pues, un año de grandes emociones por su simbólico décimo cumpleaños… Si he de ser sincero nunca pensé que durara tanto. Además tengo el privilegio de ser uno de los ponentes invitados gracias a la terca insistencia de mi equipo, un generoso sponsor y con el de ayer, 300 mails que son un canto de sirenas: ¿Cuando vas a volver? ; Me debes un capuccino…; Tengo uno de tus libros pero nunca me lo firmaste…  Trescientos: el número de espartanos.

Gracias caminantes, mis hermanos. Uno habría sido para mí ya suficiente. Cada uno es una lágrima, un estremecimiento, un mordisco en carne viva. No puedo negarme a compartir con quienes han sido mis alumnos, estudiantes y maestros estos dos años de ausencia acompañada. Volver a pisar mi tierra, a besar las esquinas de sus calles y alúmbrarme bajo sus faroles y tomarme un chato en El Estrecho con una tapa de caracoles para mí no tiene precio. Te diré que ser emigrante no es fácil aunque estés rodeado de gente maravillosa: te conviertes en un extranjero doble, no eres ni del puerto al que llegaste y poco a poco te vas desligando del que partiste. Vives entre dos aguas. Es imposible el dulce olvido. Aún el sabor se hace remolino en el paladar.

Este año confluiremos en Marbella el mexicano Fabián Montes de Oca con su taller de apoyo sobre brazos, nuestro invitado internacional, un bello hermano, y el muy esperado Tiago Rochas y su exhibición de Power Yoga, que acudirá desde Barcelona. También veremos a David Barreto (Jay Shri Hanuman, taller de invertidas). Dos auténticas máquinas. También a la sutil  sevillana Lourdes Vidal y al estratega de la respiración David Yasit. Y dos talentos locales a destacar: Fermín Suárez (Hot fit yoga) y Manuel Medina, experto también en pranayâma. Son una parte destacada de los más treinta magníficos profesores  que en cuatro salas (Master, dos de talleres físicos y  una de meditación, más el salón de actos) mantendrán una actividad continua durante todo el fin de semana

Inauguraremos el viernes 23 de septiembre, a las 18.00 horas con una clase master y un espectáculo posterior y finalizaremos con nuestra tradicional conferencia de despedida el domingo a las 15.00h.

Por mi parte, impartiré dos talleres, uno de biomecánica especializada (Biomecánica de la inversión), un taller sobre el arte del ajuste y la asistencia: Manos ajenas en cuerpos propios.

Todo sucederá del 23 al 25 de septiembre en el Palacio de ferias y Congresos de Marbella.

Más información en www.congresosdeyoga.com

Contacto: info@tu-mismo.es

 

Be Sociable, Share!

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a nuestro RSS para no perderte nada

Otros artículos sobre
Por • 16 Jun, 2016 • Sección: Congresos y festivales