Hay cosas peores que las lesiones de yoga

Esas cosas nunca suceden en España. Aquí la peña se lesionará corriendo toros o jugando a deportes viriles y étnicos como el fútbol o el frontón de fin de semana. Pero ¿haciendo yoga? ¿Qué clase de mariquita ñoño y absurdo se despeña desde la Postura del Árbol? ¿Alguien se ha caído del Gato? Por Roberto Rodríguez Nogueira.

Profesora

Sé que no estoy solo en esto y que si me levanto valientemente y digo: “Me llamo Julito Contreras (nombre simulado para proteger la identidad del autor) ¡y me he lesionado haciendo yoga!”, otros valientes yoguis saldrán de sus padmasanas y exclamarán: “¡Y yo! ¡Yo también soy Espartaco!”.

Admitámoslo. Todos los avariciosos que hemos querido ponernos noséqué nosédónde sin la paciencia suficiente o la técnica precisa, día tras día, y todos aquellos que nos tomamos muy en serio la práctica y no vemos como una opción practicar una hora dos veces por semana, lo hemos vivido. Y, sobre todo, los que ya no cumplimos los 40 sabemos de qué hablo, ¿verdad? A ti te digo, compañera, a la admirada en los Ado Mucka Vrksasana (pino) a los que subes con una perfección magistral… Pero sólo tú sabes lo que has pasado con las muñecas hasta aprender a no hacerte daño, o con los rotadores del hombro, o con las lumbares, o con el cuello, porque no empezaste a hacerlo a los seis años sino a los 30. Por eso lo enseñas de maravilla. Por eso tus alumnos tardarán más que tú en hacerlo. Irán por el mejor camino, el más hermoso y seguro. El que tú te has currado.

Y es que el yoga es como las noches de marcha, las borracheras o las artes marciales: cuanto más mayor, peor recuperas. Así que cuanto más mayor, más técnica, menos atrevimientos y matando sin morir en ello.

Ya es habitual ver gente en España practicando vinyasas “a la americana”. ¡¡Por fin!! Empiezo a ver que el Ashtanga ya no se confunde con unas braguitas minimalistas. Veo que el nivel sube, y veo que los que llevamos en esto un poquito más de tiempo (no mucho más, tampoco; Tomás Zorzo lleva mucho más que todos los demás) debemos mostrar las cicatrices para que nadie cometa nuestros errores. Conste que hablo de profesores y alumnos muy, muy dedicados. No sé de lesiones yendo a clase dos días por semana y nada más. Un alumno puede cometer algún pequeño error. Un profesor que enseña la misma postura diez veces al día, cinco días por semana y en sus ratos libres practica y perfecciona, no.

Si tienes más de 35 y haces vinyasa… hazte ver

Ya que las he nombrado sigo con ellas: muñecas. Van pegadas a los hombros a través del brazo, y la fuerza con la que empujamos el suelo desde la palma de las manos hasta la pelvis en las posturas invertidas sobre las manos es devastadora si no se hace a través de un alineamiento absolutamente exquisito a lo largo de todo el recorrido, al menos para los que practiquen mucho. ¡¡Y no digamos en los vinyasas sentado entre posturas de Ashtanga!! Primer consejo: si practicas vinyasa yoga, HAZTE VER por tu profesor o profesores con la mayor frecuencia posible. Sobre todo si tienes de 35 para arriba y estás cachas.

Practicar mucho no es suficiente. Eso es un mito peligroso. Y si practicas Ashtanga, no lo hagas sin ir a clase al menos dos veces por semana, pues los ajustes de un profesor experimentado son absolutamente indispensables. Piensa que en la tradición las clases son a diario junto a un ojo y unas manos expertas . Y si no vas a clase y tu práctica se limita a la postura a la que llegas con ayuda, ahí te paras. Y la siguiente postura que no sea por libro ni DVD. Te la tiene que enseñar el profe ajustándote en ella. Y si no tienes un profe cerca… échale kundalinis que no serás la primera o primero, pero mírate TODOS los tutoriales en internet y vete a clase siempre que puedas (hoy ambas cosas son más fáciles que hace diez años).

Un ajuste proporciona una fuerza extra a través de una palanca que el aprendiz no posee todavía. Tal vez el alumno llegue al mismo lugar sin esa palanca, pero puede estarse cargando un punto de apoyo inadecuado por el camino (muñecas, hombros y cuello en los vinyasas entre posturas, y en las invertidas, sacro y lumbares en las extensiones de espalda, lumbares en las flexiones…y un poquito de todo en todas partes).

¿Sólo se lesionan en yoga los cafres, los impacientes, los ansias, los que (en vez de hacer el “auténtico yoga”) quieren mejorar su culo cuanto antes o hacer posturas radicales sin estar preparados, los inflados de ego?

No. Los monos también se caen de los árboles.

Una lesión no es algo malo. Siempre digo que hay algo peor que lesionarse haciendo yoga, y es lesionarse sin hacerlo. No he visto a nadie lesionarse al caerse de la postura sobre la cabeza porque, generalmente, sabemos enseñar bien a los alumnos. Pero sí he visto gente lesionarse por dar un ligerísimo traspiés en la calle cayendo sobre una articulación sobrecargada. Y, por cierto, yo mismo me he curado rapidísimamente de esguinces, torceduras e incluso cosas más serias que me he hecho fuera de clase de yoga gracias a un cuerpecito muy entrenado (y lleno de cicatrices).

Para un yogui una lesión es conocimiento, que no está escrito en ningún libro, acerca de cómo funciona su personalísimo cuerpo, de cómo fortalecerlo y mimarlo y de cómo no. Conocimiento puro. No es un pecado. No es una penitencia. No es un castigo divino. Es una oportunidad y un desafío para volverse más atento, más informado, más amoroso, más paciente y más sabio. Mejor yogui y profesor, vaya. Y si me apuras, también es una cicatriz de que lo está intentando… tal vez con demasiado entusiasmo, pero ahí está.

Acumulación de errores

Las lesiones en la práctica suelen ser sobreesfuerzos normales propios de un entrenamiento físico dedicado y la falta de conocimiento de los propios puntos débiles. Y es que desplazar la articulación sacroilíaca, por ejemplo, no suele venir precedido de mensajes de dolores dignos de un parto, ni es un problema de ego inflado. Es algo que se produce por una acumulación de errores casi imposibles de percibir, incluso por un profesor experimentado que mire de cerca a un alumno –a no ser que le haya pasado eso mismo y los alumnos le confíen casi todas sus sensaciones- ¿Es malo? No. Es peor la misma lesión por sentarse mal durante años ocho horas diarias ante un ordenador (nada raro, por cierto). Un yogui sabrá poner remedio buscando la mejor ayuda y reeducando su práctica. Un periférico humano de ordenador puede que vaya al médico:

-¿Cuántos años dice que tiene?

-46.

-¿Ordenador? Eso es artrosis (mirando de lejos al paciente con la peculiar visión de rayos X que sólo dan los años de decir lo mismo). Una de esas al día.

-¿Durante cuánto tiempo?

-Acostúmbrese, que es para siempre. Que ya tiene una edad. ¿No querría ser un chaval toda la vida?

Y ante todo. El vinyasa yoga nos engancha porque nos coloca. Es una meditación en movimiento. Nos permite un punto de palanca estable para una vida emocional intensa. Un cuerpo que no medita físicamente suele verse abrumado con mayor facilidad por descargas emocionales, que se transforman, con entrenamiento y debilidad, en posturas físicas permanentes. De todas las drogas que he probado, el vinyasa yoga para mí es, con diferencia, la mejor.

Ojalá me hubiera puesto un culo como el de Banderas (si fuera por horas de práctica, me lo habría ganado), pero sí ha fortalecido mi corazón y mi inteligencia y, de paso, todos mis grupos musculares, tendones, mi movilidad articular y mis habilidades físicas. Y me ha presentado a Dios permitiéndole estrechar su mano, y era mi mano. Me ha enseñado que Dios es la rata que lleva a Ganesha no menos que Ganesha mismo. Me enseña a servir como mi cuerpo me sirve a mí.

Y tienes que ver esto si no lo has visto ya:


Quién es

Roberto Rodríguez Nogueira es profesor de yoga, blogger y escritor.

http://elartedelacalma.com/

https://www.facebook.com/yogapirata?ref=ts&fref=ts

Be Sociable, Share!

¿Te gustó este artículo?

Suscríbete a nuestro RSS para no perderte nada

Otros artículos sobre ,
Por • 13 May, 2013 • Sección: Yoga pirata