Empatía resonante

Hay muchas experiencias comunes que dominan la vida de las personas en la tierra: el hambre, la pobreza y la violencia son las principales. Nos alegremos mucho de que no nos sucedan a nosotros. Pero eso, que es bueno para nuestro cuerpo físico, no es necesariamente bueno para nuestra psique. Por Koncha Pinós-Pey para Espacio MIMIND.

Pobreza

Estaba viendo la tele de madrugada cuando salió una fina línea de letras que anunciaba los asesinatos de la Maratón de Boston; una señora dijo que cuando se asomó por la ventana y vio la calle no se lo podía creer: “Boston era como Afganistán o Iraq”. Entonces no pude dejar de preguntarme: ¿qué sentirá una señora de Afganistán e Iraq cuando se levante cada mañana y mire también su calle? ¿Qué siente la niña que asoma la cabeza entre las ruinas de una casa en Siria? ¿Qué te parece? Cuando ocurre algo como el atentado de Boston parece que todos nos preguntamos por quienes viven en ese lugar, pero pocos por quienes viven en Afganistán, Iraq o Siria.

Durante los ataques de Boston, los habitantes experimentaron en primera persona el efecto de la violencia indiscriminada; tal y como lo experimentan a diario muchas personas en todo el mundo. Ya tenemos algo más en común. El miedo y la ira que sentimos sobre lo que sucedió en Boston se ha multiplicado por diez mil en nuestros corazones… Pero cada día hay millones de vidas en todo el mundo que sufren. Dos días más tarde del atentado de Boston, 60 personas fueron asesinadas por varias explosiones en Irak. 70.000 sirios han sido asesinados en los últimos dos años. Las asociaciones que cubren los conflictos dicen que las diez grandes zonas de conflictos del mundo no han disminuido en la última década, todo lo contrario.

Otras formas de violencia devastan de múltiples maneras a millones de personas en todo el mundo. Muchas personas en España se acuestan con hambre cada noche, muchos niños están desnutridos, pierden sus casas, sus padres no tienen trabajo. La mitad de las personas del mundo vive con menos de dos euros al día.

Hay muchas experiencias comunes que dominan la vida de las personas en la tierra: el hambre, la pobreza y la violencia son las principales. La mayor parte del tiempo decimos: ¡menos mal que no me pasa a mí! Aunque esto es bueno para nuestro cuerpo físico, no es necesariamente bueno para nuestra psique

¿Por qué? El hecho de que sepamos la verdad sobre las personas y el mundo que nos rodea no hace que sepamos la verdad sobre nosotros mismos. Somos totalmente dependientes de los otros y del mundo en el que vivimos. Desde el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que comemos, la casa donde vivimos, la escuela donde vamos, los jueces que nos juzgan o los políticos que nos representan, todo depende de todos.

La respuesta espiritual a nuestra total dependencia es de doble vía: por un lado tenemos la disciplina de la falsa gratitud, y mediante ella continuamente reconocemos las fuentes que hacen posible nuestra existencia. Tener una ética de la gratitud en el compromiso e ir poco a poco cambiando es bueno. Pero seguimos tomando más del planeta y de los otros de lo que deberíamos. Si nos disociamos del hambre, la pobreza y la violencia en el mundo, no estamos tomando nuestra responsabilidad de tratar al mundo como a nosotros mismos.

Ejercicios de consciencia

¿Cómo tomamos el hambre, la pobreza y la violencia en el mundo? Para ello te voy a proponer un ejercicio muy sencillo. Lo primero, si es posible, trata de no comer un día. Si te da hambre, pero mucha hambre, bebe. Ayuna un día y tendrás una experiencia personal y directa de lo que millones de personas en todo el mundo viven.

Además el ayuno te va a beneficiar de otras formas. Dada la larga historia del ayuno como disciplina yoguica, será benéfico. Nuestros cuerpos han ido evolucionado para comer cada vez más, lo cual solo se hacía cuando había mucha comida y con la perspectiva de poder soportar periodos de escasez. El ayuno nos hace más saludables tanto física como espiritualmente.

El segundo ejercicio es (si puedes) ir caminando a donde tengas que ir, durante un par de días. La mayoría de las personas en el mundo no tiene coche ni acceso a los transportes públicos. Si tienes que ir a algún sitio, ve andando, y si tienes que hacer algo, camina para obtenerlo.

El tercer ejercicio es intentar desconectarte de todos los aparatos eléctricos y comunicaciones por un día. Dos tercios de las personas en el planeta no tienen acceso ni luz eléctrica. Trata de sentir un poco de empatía hacia ellas. Así podrás comprender más lo que sienten. Si quieres leer un libro o un periódico, te basta ir a una librería para encontrarlo. SI quieres comunicarte con alguien, marcas un número. Si quieres ver una película, vas al cine. Pero la mayoría de las personas en el planeta no tienen acceso a la cultura ni a las redes de comunicación.

La ausencia de internet en nuestras vidas por un día puede ser una experiencia que nos ayude a conectarnos con las personas que no tienen. También puedes considerar unos días al mes de protesta digital silenciosa contra el hecho de que casi un tercio de todo lo que pasa por la web es violencia y pornografía.

Estos ejercicios sencillos no son para participar en un baile retrógrado, sino para tener empatía responsable. Nuestro sufrimiento, aunque sea sobredimensionado y temporal, nos conecta con aquellos que se ven obligados permanentemente a vivir en el sufrimiento.

Cuanto más cerca nos llega el sufrimiento del mundo en primera persona, más probable será que hagamos algo personal por reducirlo. Se nos ha dado mucho, hay que estar agradecido. Pero debemos mucho a cambio, y debemos sentirnos más co-responsables.

Por Koncha PInós-Pey

 

estudiosContemplativos

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Por • 13 May, 2013 • Sección: MIMIND, Sostenibilidad