El Camino del Té (2)

La mayoría de las personas que beben té lo relacionan con una sensación agradable de calidez. El consumo de té diario es beneficioso para la salud. No solo por su acción sobre el cuerpo y la mente, sino porque es un tónico estimulante del estado de ánimo.

Te

Las diversas sustancias que contiene el té, así como su efecto y su sabor, hacen que el contenido de taninos y cafeína varíe. Depende de la zona de cultivo, el clima y el momento, así como el tipo de recolección que se realiza.

El té como medicina

En la Medicina Tradicional China se considera que el cuerpo, la mente y el espíritu son una unidad, siendo esa visión global una de sus premisas fundamentales. Además, el hombre, la naturaleza y el universo forman un todo, y ese todo relacionado está en constante evolución. En la filosofía zen oriental todo contiene dos aspectos: yin y yang. Se trata de fuerzas contrapuestas que actúan en todos los niveles de la naturaleza y tienen que estar en armonía. El yin no puede existir sin el yang y viceversa. Sin embargo, al mismo tiempo se complementan para formar un todo armonioso y se mezclan el uno con el otro. Así pues, acciones como comer y beber también sirven para mantener o recuperar el equilibrio entre yin y yang. Solo así la energía vital puede fluir libremente. Por eso en Oriente se toma el té con las comidas.

Cada comida, como cada planta, tiene su efecto especial. Debido a sus componentes -entre otros, aceites esenciales, minerales y oligoelementos-, el té verde y el té negro son medicinales naturales. Los taninos que contiene la bebida tienen un efecto antiinflamatorio, calmante del estómago y el intestino y curativo de mucosas respiratorias en el caso de resfriado. Cuanto más tiempo se deja el té en el agua, tanto más taninos se liberan y, como consecuencia, el té adquiere un sabor más bien amargo. Dado que el té verde contiene más taninos que el negro, su tiempo de infusión no debe superar los dos minutos.

Las investigaciones más recientes apuntan a que el consumo de té verde reduce el riesgo de infarto de miocardio y de padecer cáncer. Las distintas variedades de té también contienen teofilina, sustancia que tiene un efecto estimulante de la circulación y relajante muscular.

Sobre todo el té verde y también el negro son ricos en flúor. Fortalece los dientes e incrementa la resistencia del esmalte dental frente a los ácidos y las bacterias, lo cual reduce la caries. El té verde contiene gran cantidad de vitamina C, la cual es destruida durante el proceso de fermentación. Además, ni el té verde ni el negro tienen ninguna caloría si no se le pone azúcar, por lo que están especialmente indicados en dietas de adelgazamiento.

El té una vez usado también tiene múltiples usos en la casa: alivia los ojos cansados si se pone sobre los párpados. Ante una quemadura solar leve, las compresas de té alivian el dolor. El olor a pescado o a ajo de las ollas y sartenes desaparece si se frota con hojas de té mojadas.

Cómo preparar una taza de té

Una taza de té se puede tomar en muchos países, pero parece que todos se ponen de acuerdo en que un entorno armónico, en consonancia con la naturaleza, es un elemento esencial en la ceremonia de beber una taza de té.

En China, el agua se calienta hasta que empiezan a aparecer burbujas como ojos de pez y hasta que, debido al hervor del agua, el aire empieza a silbar en la tetera. Entonces se echa una pizca de sal y se mete un palito de bambú para que pare el proceso del hervor. Luego se pone una cantidad de polvo de té suficiente para que cubra la superficie. El té se bebe caliente sin adornos. Esta manera de tomar el té se extendió por toda la Ruta de la Seda. Así, en los pueblos nómadas de Asia Central (Mongolia y Tíbet) existe aún la cultura del té aunque ligeramente modificada, pues se ha convertido en “sopa de té”.

En India se prepara el té con la misma devoción que se medita. El té esta integrado tan fuerte en la cocina que los platos nacionales se sirven con tés particulares. Por regla general el té se sirve con leche o con especias como la canela, clavo, anís o cardamomo.

En Rusia el té se prepara en el samovar, un hervidor de agua especial: un recipiente de latón provisto de un tubo interior que se utiliza desde hace aproximadamente 250 años, donde se quema carbón vegetal y otros combustibles orgánicos. El samovar mantiene el agua caliente durante todo el día y mediante un grifo exterior, que se cierra con una espita, sale el agua caliente. Se acompaña de una tetera con un concentrado de té. El vaso se sirve con una cuarta parte de extracto de té y se llena con agua caliente. Se sirve en vasos de cristal y se toma con un poco de azúcar o con melaza.

En Marruecos y Oriente Medio el té llego más tarde, pero en la actualidad está muy presente en toda la cultura. Sobre todo el té a la menta, una infusión de té verde y brotes de menta fresca con un poco de azúcar. En la ceremonia tradicional, el se té sirve en una tetera panzuda desde bastante altura, de esa manera toda la estancia queda impregnada del aroma de la menta.

Si existe sin duda un país donde la ceremonia del té tenga rango de protocolo de estado es Japón. Originariamente llevada a cabo por los monjes budistas, la ceremonia cotidiana se transformó en una vía de meditación o senda del té (Chado)

La Senda del té se fundamenta en cuatro principios fundamentales: armonía (wa), respeto (kei), pureza (sei) y tranquilidad (jakul). La armonía y la unión con la naturaleza se potencian de la misma manera que el aprecio y el respeto por todos los hombres y las cosas. La pureza no solo se refiere a la exterior, si no a la interior, la de los pensamientos. Una vez conseguidos los tres principios, con el tiempo se encuentra el cuarto: tranquilidad y paz interior.

Tu taza está llena (vacíala)

Una vez, hace mucho tiempo, hubo un sabio maestro zen. La gente de cerca y de lejos buscaba su consejo sabio. Muchos iban y le pedían que les enseñara el camino hacia la iluminación del Zen. Pero rara vez el maestro hablaba.

Un día un hombre importante, un gobernante acostumbrado al mando y la obediencia, fue a visitar al maestro: “Hoy he venido a pedirte que me enseñes el Zen. Abre mi mente para la iluminación”. El tono de la voz del hombre era arrogante. El maestro zen sonrió y dijo que discutirían el tema delante de una taza de té. Cuando el maestro sirvió el té, llenó la taza y levantó más la tetera y comenzó a derramarlo por la mesa, hasta llegar a las ropas del hombre rico. El visitante, irritado, gritó: “Basta, es un idiota; está derramando el té por todas partes. ¿No puede ver que su taza está llena?”.

El maestro zen dejó de verter y sonrió al invitado: “Usted es como esa taza de té, tan lleno que nada le cabe. Vuelva a mí cuando la taza esté vacía. Vuelva a mí con una mente vacía”.

La historia del té es un gran recordatorio para aprender que hay que ser humildes, vaciar nuestra mente y dejar espacio para lo nuevo. En la mente del principiante que prepara el té hay muchas posibilidades, en la del experto hay pocas.

Por Koncha Pinós- Pey. Ph. D.

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Por • 3 May, 2013 • Sección: General